Ateísmo en el Golfo

Publicado por

Sultan Sooud Al-Qassemi

Publicado el 27 Mar 2014

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Los Estados del Golfo tienen unos lazos muy estrechos con el islam; después de todo, la religión se fundó en la península árabe hace más de 1.400 años. Más recientemente, movimientos como el wahhabismo o el salafismo también se fundaron allí. Sin embargo, en los últimos años un número ascendente de ciudadanos del Golfo han empezado a distanciarse de la práctica religiosa y en algunos casos han empezado a criticar públicamente la utilización de la religión en la sociedad.

Resulta irónico por tanto que el padrino de los ateos modernos del Golfo creciera en lo que es Arabia Saudí en la actualidad y se hiciera salafista antes de abrazar el ateísmo. Abdullah al-Qasemi nació en 1907 en el Najd, Arabia central, en el seno de una familia conservadora y con un padre estricto. Tras la muerte de su padre, Qasemi viajó a la India y a lo largo de Oriente Medio, antes de que cursara sus estudios en El Cairo, donde defendió las enseñanzas del salafismo en un principio, lo que hizo que lo expulsaran de la universidad de Al-Azhar.

Resulta irónico que el padrino de los ateos modernos del Golfo creciera en Arabia Saudí y fuera salafista antes de abrazar el ateísmo

Qasemi se fue distanciando lentamente del salafismo tras la publicación de su libro Mienten para ver a un Dios hermoso. Qasemi sobrevivió a dos intentos de asesinato en Beirut y en El Cairo por no ser creyente, y siguió publicando un gran número de libros, incluyendo El universo juzga a Dios y La consciencia universal, antes de morir en El Cairo en 1996. A día de hoy, los ateos árabes citan ampliamente su impopular declaración: ‘‘La forma en la que los dioses ocupan nuestros cerebros es la peor forma de ocupación’’.

Una de los primeros encuentros que tuve con la hostilidad hacia la religión – algo que para mí, que estaba creciendo, era incomprensible – fue a través de un artículo del famoso académico kuwaití Ahmed al-Baghdadi, que murió en 2010 con 59 años. El artículo, publicado en 2004, se titulaba ‘‘¿No hay final para este atraso?’’

La ira de Baghdadi iba dirigida al Ministerio de Educación de Kuwait, al que acusaba de ‘‘destruir sistemáticamente la educación privada’’, a raíz de una propuesta de un comité de especialistas que instaba a reemplazar las clases de música por clases adicionales de religión. ‘‘No tengo nada que decir excepto que Dios maldiga a los miembros de este comité en esta vida y en el más allá por su atraso intelectual’’, declaraba Baghdadi.

«No quiero que mi hijo aprenda de ignorantes que le enseñen a no respetar a las mujeres y a los no musulmanes», clamó Baghdadi en un artículo

‘‘No me asusta la religión, ni la gente con barba o con turbante, y creo que la música y desarrollar una sensibilidad artística son más importantes que memorizar el Corán o las clases de religión. Las [clases de religión] que hay ya son más que suficientes. No quiero que se gaste mi dinero en enseñar religión (…) Y no quiero que mi hijo aprenda de ignorantes que le enseñen a no respetar a las mujeres y a los que no son musulmanes’’, continuaba.

Baghdadi proseguía diciendo que quería que su hijo aprendiera ciencias y lenguas extranjeras, no ‘‘que se convirtiera en imán’’ o en ‘‘terrorista’’. ‘‘Las únicas personas que estudiaban en las instituciones religiosas en el antiguo Kuwait civilizado eran las que fracasaban en los estudios de ciencias’’. No hace falta decir que el artículo de Baghdadi causó un alboroto que llevó al escritor a expresar su intención de buscar asilo en Occidente. Aunque Baghdadi nunca se declaró ateo, era muy bien visto entre los ateos clandestinos del Golfo como alguien que había luchado por sus causas y sus exigencias.

Aunque es casi imposible dar con números precisos sobre la cantidad de ateos que hay en el Golfo, un sondeo de WIN-Gallup Intenational en 2012, titulado ‘‘Índice global de religiosidad y ateísmo’’, revelaba un número sorprendente de saudíes que se declaraban ateos. Los investigadores descubrieron que hasta un 5% de los saudíes que respondieron declaraban ser ateos, un número comparable con Estados Unidos y partes de Europa.

En una inusual entrevista, un saudí que se declaraba ateo hablaba de la necesidad de aparentar ser creyente frente a otros, al tiempo que le decía al entrevistador que ‘‘le había impactado el número’’ de ateos. El entrevistado proseguía resaltando a las redes sociales como herramientas que facilitan a los ateos el encontrarse unos a otros.

De hecho, la llegada de Twitter y Facebook supuso una proliferación de cuentas de personas que se declaran ateas en el Golfo, que incluían las palabras ‘‘ateo’’ o ‘‘humanista’’ en su nombre, prácticamente todos anónimos.

En la década anterior a Twitter y Facebook, Paltalk, un servicio de chat comunitario fundado en 1998, que incluía audio y vídeo, era la sensación en el Golfo. Este servicio, que se lanzó en 1998, empezó a coger fuerza en la región que más limita la libertad de expresión. En semanas, brotaron canales populares de Paltalk como ‘‘Humanidad’’ (administrado por un kuwaití) y ‘‘Personas No Religiosas’’, en el que se trataban temas diversos, y se dejaba entrar a personas autorizadas solo para discutir cuestiones sobre religión.

La llegada de Twitter y Facebook supuso una proliferación de cuentas de personas que se declaran ateas en el Golfo, todas anónimas

En un intercambio de correos electrónicos, un usuario ateo de Twitter me confirmaba su preocupación: ‘‘Mi identidad es totalmente confidencial, y no la comparto con nadie. Tomo muchas precauciones para protegerla’’, después de que haya habido amenazas contra ‘‘muchas personas que escribían cosas mucho más suaves que opiniones completamente ateas’’. Le pregunté a la persona de 47 años acerca del uso de las redes sociales. ‘‘Me encuentro con muchos ateos en la red, sobre todo en Twitter. Y también me encuentro cada vez con más ateos en la vida real’’, dijo.

Quizás el bloguero más conocido, pionero en el Golfo, es el ateo de los Emiratos Ahmed Ben Kerishan. Después de dos años sin escribir entradas, Ben Kerishan volvió a las redes sociales en noviembre de 2012 pidiéndole a la gente que ‘‘abriera los ojos’’, y añadía que ‘‘todas las religiones mienten’’ y que el ‘‘laicismo puede emancipar a la gente’’. El famoso bloguero bahreiní Mahmoud Al-Yousif escribió una vez que el blog de Ben Kerishan ‘‘debería ser razón suficiente para que cualquiera que no sepa árabe empezara a aprender la lengua’’.

En el Golfo árabe, se mezcla muchas veces el ateísmo (ilhad) con el laicismo (ilmaniya). Aunque – hasta puntos diferentes – los dos son inaceptables en estas sociedades, la ley no castiga el laicismo, pero sí el ateísmo. Hace unas pocas décadas la mayoría de gente en el Golfo no había oído hablar del laicismo, por no hablar del ateísmo, a pesar de que mucha gente llevaba un estilo de vida semilaico, en el que mujeres y hombres interactuaban abiertamente.

En el Golfo árabe se mezcla a menudo el ateísmo con el laicismo, aunque la ley no castiga el laicismo pero sí el ateísmo

La llegada del petróleo dio a los gobiernos la oportunidad de institucionalizar y estandarizar la práctica religiosa en la sociedad. Además, debido a la historia del islam en esta región, muchas personas en el Golfo asocian enfáticamente la religión con la identidad nacional. Cualquier distanciamiento o crítica a la religión también equivale a distanciarse de algo que los gobiernos enfatizan con gran interés: la identidad nacional. La propagación del islam político en muchas partes del mundo árabe hizo que muchos jóvenes de estos países se distanciaran de la religión.

En la lucha entre el Estado y los no religiosos, los últimos están en clara desventaja. Uno de los casos más conocidos de blasfemia fue el del bloguero saudí Hamza Kashgari, al que se arrestó en 2012 por tuitear acerca del profeta Mahoma: ‘‘No me gusta el halo de divinidad que te rodea. No rezaré por ti’’. Después de un período de dos años en una cárcel saudí, se puede leer en su primer tuit: ‘‘Una buena mañana para tener esperanza… para las almas que nunca mueren… gracias a Dios’’.

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