El pueblo español debe decidir

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Andrés Mourenza

@Andresmourenza

Periodista (La Coruña, 1984). Corresponsal de El País en Turquía.

Publicado el 2 Jun 2014

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El 13 de abril de 1931, tras el triunfo de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del día anterior, el Rey de España, Alfonso XIII, anunciaba su marcha de España. Hoy, ochenta y tres años después y nuevamente unos días después de unas elecciones –europeas- en las que las candidaturas que se oponen a la monarquía han experimentado un importante avance, su nieto ha anunciado la abdicación.

La Casa Real ha desmentido que ésta tenga que ver con el resultado de las elecciones, pero el momento elegido parece desmentir a su vez a la Casa Real. Está claro que tras años de escándalos la imagen del que una vez fuera el monarca más popular de Europa se ha resentido, algo que, unido a los problemas de salud del Rey, han desembocado en su renuncia.

 Durante años, para escribir sobre algún miembro de la Familia Real había que cogérsela con papel de fumar

Puede que alegue que los motivos son personales, puede incluso que la abdicación tenga que ver con la intención de Juan Carlos I de divorciarse de Sofía de Grecia sin crear un escándalo mayúsculo –hace unos dos meses, una fuente cercana a los círculos reales me aventuraba esta posibilidad-, puede haber todo un cúmulo de razones, pero no hay duda de que la desastrosa imagen que el Rey se ha ganado en los últimos años a base de estrafalarias cacerías, contactos con vendedores de armas y dictadores varios, relaciones extraconyugales, exabruptos en reuniones internacionales y, especialmente, el caso de corrupción que afecta a su yerno y a su hija han minado esa figura cultivada con esmero durante décadas.

Los que trabajamos en los medios de comunicación sabemos que durante estas décadas resultó muy difícil informar en profundidad sobre lo que ocurría en y con la Casa Real. En palabras de un jefe que tuve, para escribir sobre algún miembro de la Familia Real “hay que cogérsela con papel de fumar”. Yo mismo recuerdo una noticia que hube de escribir para la Agencia EFE sobre la participación de la Reina Sofía en la reunión del Club Bilderberg en Estambul en 2007: mi nota, tras ser editada en Madrid, quedó muy recortada.

Por otro lado, varios trabajadores del Instituto Cervantes me han hecho llegar a lo largo de años sus quejas de que sus problemas laborales apenas aparecen en los medios de comunicación, hecho que ellos achacan a que el Patronato del Instituto está presidido por el Rey de España.

La sociedad española ha madurado, los problemas son otros y los más jóvenes exigen un nuevo pacto social

Afortunadamente ese tabú, como muchos otros, ha caído en España, signo de la evolución política y mental de nuestra sociedad. Noticias sobre la Corona como las que han aparecido en los medios de comunicación españoles en los últimos tiempos eran impensables hace tan sólo nueve años, cuando comencé a trabajar como periodista. El progresivo cuestionamiento de las elites políticas y económicas del país que ha traído la crisis que vive España ha democratizado el debate, incluyendo en este cuestionamiento todas las instituciones del país. Y la monarquía no podía ser una excepción.

Muchos en España –y también fuera de sus fronteras- consideran que con la abdicación de Juan Carlos I se pone fin al sistema surgido de la Transición. Entonces, el pacto entre las fuerzas políticas –republicanas, monárquicas y franquistas- se hizo necesario para lograr avanzar en aquellos años de plomo en los que la dictadura se resistía a morir y la democracia pujaba por nacer. El papel de Juan Carlos I en el 23-F, real o exagerado, lo instituyó como una figura clave del sistema político español. Y la izquierda, de origen republicano, se vio obligada a aceptar con mejor o peor gana a un monarca nombrado por el dictador.

Los monárquicos harían bien en abrir el debate: si no, el sistema política perderá la legitimidad que le queda

Pero la sociedad española ha madurado, los problemas hoy son otros y buena parte de la población, en especial la más joven, exige un nuevo pacto social en el que aquellos que no votaron por la Constitución de 1978 tengan también la palabra. Argumentos como que Felipe VI será un rey joven y preparado es una paparrucha que no se sostiene entre unos ciudadanos que ven a sus sobradamente preparados jóvenes abocados a la emigración.

En un momento en que todo el sistema político surgido tras la muerte de Franco está en cuestión, resulta imprescindible que el pueblo español sea consultado sobre si prefiere una monarquía o una república. El debate debe abrirse. De otra forma, el sistema político español al completo perderá la legitimidad que le queda.

Y los monárquicos son los primeros que harían bien en abrir este debate; de otra forma el reinado de Felipe VI, despojado de ese velo de autoridad que daban al de su padre las circunstancias excepcionales en el que se gestó, nacerá muerto.

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