Las cosas claras

Publicado por

Imane Rachidi

Publicado el 23 Jun 2014

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Ha llegado al poder hace menos de quince días y ya ha enviado varios mensajes claros y rotundos a los egipcios y a la comunidad internacional. El nuevo presidente de Egipto, Abdelfatah Sisi, ha dejado claro a lo largo de esta última semana que con él no se juega. Sus advertencias y amenazas van en serio y lo ha demostrado con hechos.

Entre los pasados 16 y 19 de junio, al menos siete personas fueron ejecutadas en la horca en la primera aplicación de la pena capital en Egipto desde 2011. Hasta entonces, la última que se recordaba, fue en octubre de aquel año, cuando fue ejecutado un joven acusado del asesinato de un policía y varios coptos en Alejandría.

Durante los gobiernos de Hosni Mubarak, la Junta Militar, Mohamed Morsi y Adli Mansur fueron ejecutadas cinco personas, según resaltaban algunos periodistas críticos con el nuevo mandatario.  (Amnistía Internacional, sin embargo, registra 11 ejecuciones en los últimos cuatro años del régimen de Mubarak aunque, eso sí, la inmensa mayoría de las más de 500 condenas a muerte en este periodo quedaron sin aplicarse).

 El primer mensaje de Sisi: las sentencias judiciales en Egipto se cumplen, no quedan sobre el papel

Este fue el primer mensaje de Sisi: las sentencias judiciales en Egipto se cumplen, no quedan sobre el papel. Ni Morsi ni Mansur dieron su aprobación para ejecutar a los condenados a pena de muerte, ni siquiera después de que la máxima voz religiosa del país, el gran mufti egipcio, otorgara ya su visto bueno.

La semana pasada hubo varias sentencias a pena de muerte, en distintos casos. El más llamativo y chocante fue el macrojuicio contra 683 supuestos seguidores de los Hermanos Musulmanes en Miniya.

Del total, 183 fueron sentenciados a la pena máxima con la acusación de asesinato premeditado de un policía y de crear disturbios durante las múltiples manifestaciones registradas en el país tras el violento desmantelamiento de las acampadas islamistas en  las plazas cairotas de Rabea al Adawiya y Al Nahda y en la que murieron hasta un millar de islamistas.

Este fue el segundo mensaje de Sisi: tu sabrás lo que prefieres, pero si decides no estar de acuerdo con las decisiones del gobierno, entonces ya sabes a lo que te arriesgas. No nos quedaremos cortos ante la disidencia. Los Hermanos Musulmanes fueron declarados organización terrorista y el movimiento juvenil 6 de Abril, formado por activistas pro democracia, fue ilegalizado. Ese siempre es el primer paso, la primera advertencia, que después suele ser seguida de la detención, encarcelamiento y sentencia judicial.

Los periodistas fueron condenados tras un proceso judicial ridículo, con acusaciones nunca probadas

Hoy ha llegado la condena a entre siete y diez años de prisión a tres periodistas del canal qatarí Al Jazeera en Egipto. Fueron detenidos el pasado diciembre y durante estos meses fueron sometidos a sucesivos juicios por el conocido como ‘el caso Marriot’, nombre de un hotel del acomodado barrio cairota de Zamalek donde esos profesionales –dos  de ellos extranjeros– se estaban hospedando.

Los acusados escucharon sus sentencias vestidos con un uniforme blanco y metidos en unas jaulas, mientras asomaban la cabeza entre las rejas con rostros de desesperación por no saber qué será de ellos después de ser sometidos a un proceso judicial visiblemente ridículo, con acusaciones nunca probadas.

El australiano Peter Greste y el canadiense Mohamed Fahmy fueron sentencias a siete años de prisión acusados de difundir un ideario terrorista mediante su trabajo con el el canal Al Jazeera (en inglés) y difundir la ideología de la Hermandad. Su tercer compañero, Baher Mohamed, recibió tres años más de cárcel por el agravante de posesión de balas.

Este fue el tercer mensaje de Sisi: este no es país para la libertad de prensa; mirad bien lo que contáis porque no nos andamos con chiquitas y no estamos dispuestos a pasaros ni una.
La comunidad periodística en Egipto se alarmó nada más escuchar la sentencia y muchos se preguntan quién será el siguiente en esta procesión de advertencias gubernamentales.
Ya es incluso difícil mantener un equilibrio entre objetividad y “no tocarle la moral al gobierno”. No existe un norma que te haga ver cuándo le empiezas a molestar ni donde están esos limites que no debes tocar para no acabar entre rejas por informar.

Quizás estos periodistas acaben saliendo a la calle y serán expulsados de Egipto, básicamente porque tampoco es plan de alarmar a la comunidad internacional, y la trascendencia de una sentencia contra periodistas extranjeras es importante. No obstante, el mensaje está ahí. O lo tomas o lo dejas. De hecho, ayer mismo estuvo de visita por aquí el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, y alguna mención le hizo a Sisi sobre este tema.

Sisi nos deja a los que estamos en este país la libertad de respetar sus normas o salir corriendo

Este fue el cuarto mensaje de Sisi: nadie se mete en los asuntos internos de Egipto. Aunque en este caso dé la impresión de que es un veredicto equilibrado entre soberanía nacional y un intento de no escandalizar a EE UU. Siete años no son nada en comparación con las penas a muerte o la cadena perpetua que la justicia está acostumbrada a dictar en los últimos meses.

Tras la destitución de Morsi, en julio del año pasado, miles de personas han muerto y otras tantos fueron detenidas por situarse en el lado opuesto, en la oposición. De hecho, diferentes organizaciones están señalando cifras de entre 16.000 y 41.000 presos políticos en Egipto, lo cual también evidencia que sentencias como estas están siendo habituales, aunque esta sea un rotundo mensaje al exterior.

En quince días, Sisi ha dejado las cosas claras. Ahora nos deja a los que estamos en este país la libertad de respetar sus normas o salir corriendo y rendirnos en nuestra esperanza de que Egipto vaya a ser algún día el país democrático del que se hablaba después de aquel 25 de enero de 2011 cuando parecía que se había puesto fin a tres décadas de dictadura.

Quizás, como tantas cosas que sorprenden en este país, esto sea, una vez más, un claro “Welcome to Egypt”.

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