«La Iglesia debe saber si ha habido traidores al Papa en su interior»

Ettore Gotti Tedeschi

Publicado por

Darío Menor

Publicado el 10 Jul 2014

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Ettore Gotti Tedeschi (Roma, 2014) | © Darío Menor
Ettore Gotti Tedeschi (Roma, 2014) | © Darío Menor

Roma |  Abril 2014

Ettore Gotti Tedeschi es uno de los personajes más controvertidos del pontificado de Benedicto XVI, pues protagonizó algunos de los episodios más brillantes y también más oscuros de los últimos años de Joseph Ratzinger como obispo de Roma. Su pensamiento económico estuvo detrás de Caritas in veritate, la gran encíclica social del Papa emérito, mientras que su mano llevó a cabo la reforma inicial del Instituto para la Obras de Religión (IOR), la mal llamada “Banca vaticana”, que presidió desde 2009. Lo hizo hasta el 24 de mayo de 2012, cuando fue cesado por el Consejo de Superintendencia del IOR con un comunicado de una dureza inusual para la Santa Sede.

Al tiempo que resultaba fulminado, veía cómo se desataba una campaña en su contra destinada a acabar con su credibilidad. En un abrir y cerrar de ojos, pasaba de ser la voz económica más escuchada en el Vaticano a convertirse en un apestado al que se acusaba incluso de ser uno de los “cuervos” del caso Vatileaks.

Dos años después de aquel difícil período, Gotti Tedeschi ha visto con alivio cómo el tiempo ha acabado dándole la razón: quienes le disputaron el control del IOR han acabado fuera de juego, la reforma del organismo ha vuelto al camino marcado por él y ha quedado demostrado que no tuvo nada que ver con Vatileaks. Además, la magistratura italiana ha declarado su inocencia en un supuesto caso de lavado de dinero negro. Sí que están acusados en cambio el ex director general del IOR, Paolo Cipriani, y su “número dos”, Massimo Tulli, quienes se enfrentaron con él.

Gotti Tedeschi, representante en Italia de unos de los mayores bancos del mundo, recibe al periodista en el vestíbulo de un céntrico hotel de Roma. Dice sonriendo que acepta preguntas sobre cualquier tema, excepto el IOR. Está solo, lo que contradice las noticias aparecidas en la prensa italiana de que se movía con escolta porque temía por su vida.

¿Se siente liberado por la reciente sentencia de la Justicia?

«Quien ha impedido mi rehabilitación ha dañado no poco a la Iglesia»

Lo que me siento es amargado, porque ha sido la magistratura la que ha arrojado la luz de la verdad sobre lo sucedido, mientras que dentro de la Iglesia, en cambio, parece prevalecer hasta ahora la posición de quien me quería marginar. Creo que eso no le ha gustado al Papa Francisco ni al secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin. Es algo que me llena de amargura. Quien ha impedido mi rehabilitación ha dañado no poco a la Iglesia. Se ha logrado impedir que sea interrogado, que no se escuche mi versión ni mi verdad sobre los hechos más importantes de estos últimos años. También me duelen todos los daños relacionados con este asunto que, como consecuencia, ha sufrido la Iglesia, y ahora Francisco. Cuántas cosas se habrían evitado si no me hubieran cesado.

¿Cree que la decisión de la magistratura cambiará la posición de una parte de la jerarquía eclesiástica hacia usted?

Eso espero, pero temo que no será fácil, aunque he ofrecido de forma interrumpida mi sufrimiento por el Papa, rezando por él y por sus intenciones, por lo que la esperanza cristiana siempre está viva. Al lado del Papa trabajan muchas personas santas, pero también hay algunos que no quieren que salga a la luz la verdad. No desean que sea rehabilitado, pues mi rehabilitación llevaría consigo la acusación implícita hacia otras personas.

¿Ya no tiene guardaespaldas?

Aquella era otra más de las noticias falsas sobre mí. Nunca he tenido escolta. Es cierto que hubo un momento de fortísima tensión, ligada a acontecimientos anteriores al cese. Hablamos de febrero, marzo y abril de 2012. Decidí entonces escribir una breve síntesis para mi secretaria, que titulé “En caso de accidente”. Le dije que si me sucedía algo, el documento debía mandarlo a tres personas. Si no ocurría nada, el documento y sus conclusiones no tenían sentido. Cuando esos documentos acabaron no sé cómo en manos de los diarios, se consideró como una muestra de mi temor al peligro.

¿Tenía usted miedo a sufrir un accidente?

En ciertos momentos, cuando no se tiene una visión de quién está produciendo determinados efectos, es la prudencia, más que el miedo, la que lleva a elaborar una documentación de lo que se está viviendo, de manera que si se produce un accidente, los que quedaran supieran las razones de mi prudencia. Gracias a Dios y a la magistratura italiana, no se produjo un accidente.

¿Es cierto que cuando fueron a buscarle unos agentes de los Carabinieri usted creyó que iban a matarle?

«Al lado del Papa trabajan muchas personas santas, pero también algunos que no quieren que salga a la luz la verdad»

Vinieron a mi casa a las 5:30 de la mañana. Había penumbra y se me acercaron dos personas cuando yo estaba entrando en el coche. Tuve un momento de tensión, pero inmediatamente mostraron sus documentos y me tranquilicé. La reacción a estos sucesos está ligada a mi estado emotivo de entonces.

¿Cómo se llegó a esa situación?

El Santo Padre me encargó hacer una serie de cosas que pudieran llevar a la Santa Sede a lo que yo definí como los Pactos Lateranenses del Siglo XXI. Es decir, una disponibilidad adecuada a la transparencia que los mercados financieros internacionales y los Bancos Centrales exigían tras el 11-S. El problema que se planteó era cómo adaptar la Santa Sede a esos criterios. Había muchas dificultades. La Santa Sede no funciona como un banco para terceros, sino que sostiene obras religiosas. Me centré en realizar determinados proyectos para que no hubiera pérdidas de confianza ni de credibilidad hacia el Santo Padre y la Iglesia. La Iglesia es la más grande autoridad moral en el mundo y el Santo Padre es su más alto responsable. La idea clave era que esa autoridad moral fuera apreciada por el modo en que seguía esta nueva disciplina financiera, garantizando al mismo tiempo la discreción de las operaciones relacionadas con su actividad.

Una credibilidad de la que el IOR no gozaba…

Anteriormente se habían producido hechos históricos que la habían puesto en discusión. En torno al instituto estaba esa visión confusa de no ser coherente con la nueva normativa de transparencia. A mí no sólo se me pidió que lograse transparencia y defendiera la discreción, sino también que la Santa Sede fuera ejemplar. Benedicto XVI decía que debíamos ser ejemplares. Eso no significaba perder el derecho a la discreción. De hecho, las leyes contra el lavado de dinero negro que propusimos estaban supervisadas por la Autoridad de Información Financiera (AIF), que es un organismo interno de la Iglesia y cuya presidencia recaía entonces en un importantísimo cardenal, Attilio Nicora. Garantizaba que la aplicación de la ley y de los procedimientos estuviera supervisada por un organismo de la Iglesia, no por un ente externo. En caso de problemas, una entidad externa debía referir a una autoridad interna de la Iglesia, el AIF. Se garantizaba así la absoluta independencia y autonomía. También el derecho a la discreción.

Ese es el encargo que usted recibe…

«Nuestro énfasis en los controles financieros internos no encontró consenso por parte de muchos»

Y que llevo a cabo. De hecho, cuando Moneyval, la entidad de control del Consejo de Europa, nos visita en noviembre de 2011, dice: “Habéis realizado un trabajo extraordinario”. Pide que arreglemos algunas cosas, pero la conclusión es extremadamente positiva: nos dicen que si seguimos así, podríamos esperar entraren la White List, por lo que estaríamos sujetos a unos controles mucho más ligeros, pues la entrada reconoce que la Ley y los sistemas de control internos funcionan. El énfasis que el cardenal Nicora y yo dimos a los controles internos, por desgracia, no encontró consenso por parte de muchos. Cambiaron la ley llevándola a una valoración de insatisfacción por parte de Moneyval. Cambiaron sobre todo el papel del AIF, que debía ser un organismo independiente pero pasó a depender de la Secretaría de Estado. Es como poner el Banco de Italia a depender del Ministerio del Tesoro. Moneyval lo consideró intolerable y cuando volvió, escribió que se había dado un paso atrás que no permitía la entrada en la White List.

¿Cómo vivió aquel período?

El cardenal Nicora y yo hicimos lo máximo para evitar que esa ley cambiara. En mi caso, además, la relación de confianza con la Secretaría de Estado había terminado, por lo que sucedió lo que sucedió.

¿Por qué perdió la confianza del cardenal Tarcisio Bertone, entonces secretario de Estado?

Esas cosas se las diré exclusivamente al Papa. Lo grave es que nadie haya querido interrogarme.

¿No ha hablado aún con el Papa Francisco?

Yo querría hablar con él o con cualquier emisario suyo o del Papa Benedicto. O también con una comisión. Nadie nunca me ha preguntado, aunque lo he pedido infinitas veces. Lo más grave es que hoy se reconoce que tenía razón en todo. De hecho, se ha tenido que volver a los orígenes, a los procedimientos de entonces. Han tenido hasta que volver a colocar al AIF en la posición que  pretendíamos. La magistratura ha dicho que yo había operado bien y que otros operaron mal. El final del escándalo Vatileaks ha demostrado que no filtré ningún documento. Pero nadie ha abierto una investigación.

El arzobispo Georg Gänswein, secretario personal del Papa emérito, decía en una entrevista con Il Messaggero el pasado octubre: “Benedicto XVI, que había llamado a Gotti al IOR para llevar adelante la política de transparencia, se quedó muy sorprendido por su cese. Lo estimaba y lo quería, pero por respeto de las competencias de quien tenía la responsabilidad decidió no intervenir en aquel momento. Sucesivamente al cese, el Papa, por motivos de oportunidad, aunque no ha recibido a Gotti ha mantenido contacto con él de modo discreto”.

Es todo verdad. Monseñor Georg es una de las personas más extraordinarias que he conocido y quien me permitió tener la voluntad, el coraje y la determinación de sacar adelante lo que me pidió Benedicto XVI. Le agradezco mucho esa admisión.

¿Como católico qué la parece esa declaración? ¿Explica en parte la renuncia al pontificado?

«El papado de Benedicto XVI habría sido uno de los más grandes de la historia de no ser por varios incidentes de sus subalternos»

No me permitiría nunca interpretar al Santo Padre, sobre todo a Benedicto XVI, por quien siento un afecto ilimitado. Uno de los más grandes papados de la historia habría sido el de Benedicto XVI de no ser por una serie de incidentes que sus subalternos realizaron. No olvide que es el Papa que renuncia. Nos maravillamos de que admitiese que sucedió una cosa que no quería y en la que no había sido implicado. Tenga en cuenta que se le mintió públicamente. Se decía que el Papa sabía todo y que era él quien así lo había querido. Si monseñor Georg reconoce que sucedió esto,  implícitamente desmiente el comportamiento de otras personas.

¿Considera una casualidad que la noticia de su cese se hiciera pública pocas horas después de la detención de Paolo Gabriele, el ex mayordomo de Benedicto XVI que protagonizó el caso Vatileaks?

A mí se me cesa anticipando el cese que yo iba a hacer de la dirección del IOR. Se lo había anunciado por escrito al secretario de Estado y a los consejeros. Esperemos que ahora se tengan en cuenta las responsabilidades de tantas personas.

¿Esas responsabilidades deberían dar lugar a procesos canónicos y civiles?

Prefiero no responder

¿Es verdad que usted realizó hallazgos dentro del IOR que daban miedo, como se publicó?

Prefiero no responder.

¿Cree que hubo un intento de ligar su nombre a Vatileaks para difamarle?

Intentaron demoler mi figura. Aquellos hechos son motivo de cuatro acciones judiciales por difamación que están en manos de mis abogados. Se intentó que perdiera mi credibilidad en caso de que hubiera querido dar explicaciones.

¿Contra quién son esos procesos?

«Intentaron demoler mi figura, mi credibilidad, en caso de que hubiera querido dar explicaciones»

Prefiero no responder, pues es una acción judicial. Son contra cinco personas distintas.

¿Se ha sentido traicionado por la Iglesia?

Mi indignación por todo lo sucedido era y sigue siendo tan fuerte que si hubiera estado solo habría actuado de manera diversa. Pero por fortuna mi mujer es mi “directora espiritual”. Ella siempre me ha dicho que Dios quería algo de mí y lo mostraba a través de este sufrimiento y mortificación. Mi verdaderodirector espiritual me decía que tenía dos opciones. La primera era reaccionar para buscar la verdad y la justicia a través de todos los medios humanos posibles. También podía buscar la santidad con lo ocurrido. Hasta ahora he optado por esa segunda vía.

¿Qué va a hacer en el futuro?

Tengo una responsabilidad hacia mis cinco hijos, quienes se preguntan por qué no he reaccionado. No quieren pasar como los hijos de alguien que ha hecho daño a la Iglesia. Tengo además una responsabilidad profesional. Mi mundo profesional entiende muchas cosas de lo sucedido, pero no por qué no he respondido a los 9 puntos que se esgrimían en mi cese. Pero la respuesta la ha dado la magistratura, el cierre del proceso Vatileaks, monseñor Georg, los hechos… Los puntos que se esgrimían en mi cese ahora necesariamente deben ser tratados. Es una cuestión de verdad y justicia que la Iglesia debe preguntarse si merece o no la pena afrontar. ¿Ha habido “traidores” al Papa en su interior? Es algo que la Iglesia debe saber.

¿Cómo valora la creación de la Secretaría de Economía, situada por encima del resto de dicasterios y al mismo nivel que la Secretaría de Estado?

En 2011, gracias a monseñor Gänswein, quien me pidió que hiciera una reflexión sobre este tema, escribí unos documentos en los que proponía el nacimiento de un Ministerio de Economía.

¿Cuál debería ser el papel del IOR?

No daré una valoración periodística. Lo curioso es que nadie me pregunte lo que haría con el IOR, pese a que soy quien más lo ha estudiado y transformado.

¿Su modelo debería ser el de la banca ética, como propone el cardenal Rodríguez Maradiaga?

No he leído lo que ha dicho el cardenal, pero puedo decir que la banca ética no existe. Ético tiene connotaciones de marketing. Como enseña Benedicto XVI en Caritas in veritate, cuando las cosas van mal y hay una crisis, no hay que cambiar los instrumentos, sino los hombres que las gestionan. Un instrumento per se no es ético ni no ético. Tampoco un banco.

¿Cuánto de usted hay en Caritas in veritate?

«Sugerí que se retrasase la encíclica Caritas in veritate porque estábamos a las puertas de una gran crisis financiera»

Di una contribución para clarificar la crisis que iba a cambiar completamente el escenario de referencia para la encíclica. Caritas in veritate debía publicarse en 2007, cuarenta años después de la Populorum progressio. Pero en 2007 estábamos en la vigilia de la crisis. Siendo un experto en este tema, me permití sugerir que se retrasara porque estábamos a las puertas de una gran crisis económica y financiera.

¿Echa de menos aquella época, en la que era la voz más escuchada sobre asuntos económicos en la Santa Sede, con artículos habituales en L’Osservatore Romano?

Lo que más echo de menos es servir a la Iglesia desde dentro. El servicio que yo estaba dando en aquel momento era no sólo de realización de lo que Benedicto XVI me había pedido, sino también de divulgación. Daba muchas conferencias. Presenté Caritas in veritate 60 veces. También divulgué mucho la Humane Vitae, relacionando la crisis económica con la caída de la natalidad, lo que según me dicen pesó sobre la atención hacia mi persona. No todos dentro de la Iglesia estaban de acuerdo con que hiciera ese énfasis.

¿Se arrepiente de haber aceptado el encargo de presidir el IOR?

No sólo no me arrepiento sino que me alegro de haberlo hecho. No veo la hora de que el Papa me llame para volver a sentirme más útil que antes para la Iglesia, que yo amo tantísimo y que querría ayudar con todas mis fuerzas. Pero en estos dos años han ganado los que no querían mi contribución. Hay un dicho italiano que tal vez conozca: “Lo que es bueno para los lobos no es bueno para los corderos”. Sin embargo, ya he olvidado y perdonado todo y a todos, sin discriminación.

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