Juicio a la violación pública

Publicado por

Imane Rachidi

Publicado el 18 Jul 2014

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Sesión del juicio por las violaciones masivas en El Cairo (Junio 2014) | © Imane Rachidi
Sesión del juicio por las violaciones masivas en El Cairo (Junio 2014) | © Imane Rachidi

El Cairo | Julio 2014

“Me sacaron de la plaza a empujones hacia una de las calles que sale de la plaza Tahrir, después me cortaron la ropa con cuchillos para desnudarme en medio de la gente y me tiraron al suelo para empezar a meterme mano, todos, eran cuatro o cinco, mientras yo les rogaba que me dejasen irme, que podía ser su madre o su hermana mayor”, cuenta Inas al Fathi. Es el seudónimo de una mujer de 45 años de edad, una de las víctimas de los casos de acoso sexual que actualmente está en manos de la justicia egipcia.

Esconde las lágrimas que mojan su rostro detrás de un velo y unas gafas oscuras mientras escucha a la Fiscalía relatar cada minuto de horror que vivió el pasado 8 de junio mientras participaba en la celebración de investidura del nuevo presidente egipcio, Abdefatah Sisi, junto a centenares de hombres y mujeres, que orgullosos de su nuevo ‘raís’, habían ocupado la plaza para apostar, de nuevo, por tiempos de esperanza en Egipto.

La víctima de 45 años relata cómo un chico le dijo que era arriesgado abandonar Tahrir. Pero su intención no era ayudarla

No quiere decir su nombre ni que su cara salga en las cámaras, y pide paciencia para relatar todo lo que ocurrió ese día. Lo hará porque está dispuesta a luchar judicialmente para que los autores de su acoso se enfrenten a la pena máxima o pasen el mayor tiempo entre rejas. Aunque sobre todo lo hace, dice, para que sus hijas no tengan que volver a presenciar una situación como la que vivieron, junto a su madre, en la Plaza Tahrir.

Un amargo día de junio

“Estaba con mis dos hijas y mi hijo cuando empezamos a escuchar gritos y gente advirtiendo de que se estaban produciendo casos de acoso sexual en la plaza. Quisimos salir de ahí para huir pero un chico me dijo que no lo hiciera, que mejor me esperara a que se vacíe un poco la plaza porque sería muy arriesgado”, intenta recordar Inas, entre los sentimientos de rabia y dolor y la esperanza porque se haga justicia.

Sin embargo, la intención de ese chico no era precisamente ayudarla sino más bien tenderle una trampa que acababa con ella en sus manos y convertida en una más de sus víctimas. Porque su acosador es uno de los cuatro que ya habían cometido delitos muy similares en varias fechas anteriores en la misma plaza.

Este miércoles, el tribunal condenó a nueve agresores sexuales a penas de entre 20 años y cadena perpetua

“De repente, él me quitó a mis hijas y se aparecieron varios chicos que me rodearon a mí y a ellas. Me alertaron de que sólo las dejarían irse si yo accedía a acompañarles sin gritar. Y así fue. Nos salimos de la plaza y me hicieron de todo, fue horrible”, continúa con su relato. Da incluso los detalles de cómo la desnudaron hasta dejarla en ropa interior y la tocaron por todo el cuerpo sin ningún tipo de piedad y a pesar de sus reiteradas suplicas.

Este miércoles fue para ella un día sin precedentes, quizás una alegría en medio de tanto drama y sufrimiento, porque ha llegado una sentencia. La que deseaba desde que sufrió el violento incidente, que, como asevera, recordará para el resto de su vida y que hará de su día a día una lucha constante para que nadie más vuelva a vivir algo así. Porque ese día, el tribunal condenó a nueve agresores sexuales. Dos recibieron penas de 20 años de cárcel, y siete, cadena perpetua. Cuatro de ellos fueron sentenciados por varios delitos cometidos en diferentes fechas.

Los procesados, con edades que van desde los 16 hasta los 49 años, negaron todas las acusaciones que leyó la Fiscalía, entre las que se recogían la violación, el acoso, el secuestro, el uso de la violencia con armas blancas y el robo, entre otros delitos. Sus familiares, que aguardan en las puertas del tribunal antes de cada sesión, aseguran que son inocentes, víctimas del sistema judicial egipcio y de la policía, que les detuvo, aseveran, sin ninguna prueba, sólo para convertir el caso de estas mujeres en un logro público de Sisi.

La sentencia se entiende como una condena ejemplar para luchar contra la lacra de los acosadores que infectan las calles de Egipto e incomodan a las mujeres, sea cual sea su edad, no sólo cuando participan en una manifestación o celebración en alguna plaza del país sino también mientras pasean, trabajan o hacen la compra. El acoso es algo totalmente cotidiano, aunque la violencia sistemática con la que fueron agredidas tantas mujeres en Tahrir ha hecho pensar que detrás pudo haber motivos políticos o, al menos, un plan premeditado y acordado entre los agresores.

La violencia sistemática contra tantas mujeres en Tahrir ha hecho pensar que pudo haber motivos políticos

De hecho, uno de los casos juzgados hace referencia a la “Mafia de Tahrir”, un grupo de chavales integrantes, según la justicia, de una organización criminal que frecuenta la emblemática plaza durante los aniversarios y las grandes celebraciones, para aprovechar la muchedumbre y cometer actos de acoso sexual y violación contra las mujeres allí presentes.

El quinto caso, aún sin juzgar, fue denunciado por dos chicas que fueron violentamente agredidas en la Plaza Tahrir. Entre las acusaciones está la violación con penetración y el maltrato físico. Ikram, una de victimas, continúa hospitalizada desde el día que ocurrieron los hechos, debido a los grandes daños que sufrió.

Atención mediática

Su caso se convirtió casi en cuestión de Estado, dado que los medios de comunicación egipcios arrojaron sobre la joven toda la atención mediática cuando el propio presidente Sisi, recién jurado el cargo, la visitó en el hospital. El ex militar acudió con un ramo de flores rojas pocos días después de que su caso saliera a la luz gracias a un video publicado en internet. En la imagen se ve como unos policías intentan sacar a una chica de la plaza tras haber sido desnudada y golpeada por una multitud.

El presidente Sisi convirtió la violación de Ikram en una cuestión de Estado cuando la visitó en el hospital

“Varios chicos se acercaron a ellas, las cercaron, las sacaron de la plaza y luego las tiraron al suelo y empezaron a tocarlas por todo el cuerpo y a desnudarlas”, cuenta Hakim Said, abogado de Ikram y su hermana Naglat Ahadar, que acudió a todas las sesión que se celebraron con la ausencia de estas dos víctimas, ya que una de ellas continúa hospitalizada.

Hagar, de 19 años, sufrió una fuerte violación. “Un chico le introdujo un dedo por la vagina y le causó grandes daños, mientras que otro hombre le apagó un cigarro debajo del ojo”, dice su letrado.

No todo el mundo está convencido de la sinceridad de Sisi. Hay quien recuerda, como la periodista Mona Altahawy, que el propio Sisi defendió en 2012 las “pruebas de virginidad” a las que entonces policía y militares sometían de forma rutinaria a las mujeres detenidas. “Sirven para protegerlas a ellas contra las violaciones y a los agentes contra acusaciones de violación”, dijo el militar entonces. Detrás de esta práctica está una convicción muy sencilla: una mujer soltera que no sea virgen no puede quejarse de nada de lo que le suceda, porque está obviamente entregada a una vida amoral. Eso, aunque la ley egipcia no prohíbe, como sí ocurre en otros países de la zona, las relaciones sexuales entre solteros.

Pero al llegar a la presidencia, Sisi estableció entre sus prioridades la lucha contra el acoso y las violaciones masivas. No en balde: es llamativa la rapidez con la que se ha resuelto este caso. Las agresiones juzgadas ahora en El Cairo fueron cometidas los días 25 de enero y el 2 y 8 de junio, estos últimos durante las celebraciones por la investidura de Sisi. Semanas más tarde empezó el proceso. En menos de un mes se celebraron seis sesiones judiciales, algo sorprendente teniendo en cuenta la lentitud de la justicia egipcia que suele aplazar los juicios en una multitud de ocasiones y con un largo espacio de tiempo entre sesiones.

Es la primera sentencia después de los cambios legislativos que llevó a cabo el anterior presidente egipcio, Adli Mansur, quien gobernó el país de forma provisional tras el golpe militar del 3 de julio de 2013 que destituyó del poder a Mohamed Morsi, el primer presidente elegido democráticamente en Egipto. Pocos días antes de dejar el cargo, Mansur decretó el endurecimiento de las penas contra los agresores sexuales que campan a sus anchas en las calles de todo Egipto.

Sisi estableció como entre sus prioridades la lucha contra el acoso. Es llamativa la rapidez con que se ha resuelto el caso

Si bien el acoso no es algo reciente, los crímenes se han disparado desde el inicio de la revolución de 2011. No durante el arranque de la rebelión, cuando chicos y chicas acampaban juntos en la plaza Tahrir. Muchas jóvenes aseguran que estos primeros 18 días fueron las primeras – y únicas – de su vida en los que podían moverse por una muchedumbre sin ser acosadas.

Pero esto cambió pronto. Uno de los primeros casos, o al menos de los que más revuelo causaron, fue el de Lara Logan, una periodista de la cadena estadounidense CBS, la primera extranjera que denunció agresiones sexuales en Tahrir durante las revueltas que depusieron a Hosni Mubarak.

Modus operandi organizado

A muchos les parece algo organizado. El mismo modus operandi y el mismo relato sobre la escena de acoso sexual se ha repetido entre decenas de mujeres. No faltaban sospechas de que los agresores eran ‘baltaguía’, los sicarios a los que el régimen de Mubarak utilizaba para crear violencia entre los manifestantes de Tahrir. Dos hombres aseguraron incluso a la cadena BBC – sin revelar su identidad – que habían sido pagados por cometer este tipo de agresiones contra mujeres.

Al principio se sospechaba que los agresores eran ‘baltaguía’, los sicarios del régimen de Mubarak. Después, salafistas

Tras la caída de Mubarak, la situación no mejoró. Se sospechaba entonces de los salafistas y las redes integristas, que de esta manera querrían imponer su visión de una sociedad que separase mujeres y hombres en público de forma estricta. Desde luego, respaldo no recibieron las agredidas desde las esferas islamistas.

“Hombres y mujeres no deberían mezclarse durante las protestas”, dijo Reda Hefnawy, miembro del partido Justicia y Libertad, la marca electoral de los Hermanos Musulmanes, en febrero de 2013, durante una sesión del Parlamento que se ocupaba del fenómeno de las violaciones masivas. “¿Cómo se puede pedir al Ministerio de Interior que se ocupe de la seguridad de una mujer que se mete en medio de hombres?” Salah Abdelsalam, del partido salafista Al Nur, lo respaldo: “Una mujer tiene que soportarlo, si elige protestar en un lugar lleno de criminales”. Adel Afifi, del partido salafista Al Asala, también: “Las mujeres a veces se ponen ellas solas en una situación en las que serán objeto de violación”.

Las que fueron objeto, piensan distinto. Algunas lo han denunciado y otras, por vergüenza, han optado por callarse y sufrir en silencio el recuerdo del momento en el que fueron cercadas y agredidas por decenas de manos, y bajo miles de ojos.

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