Al Qaeda vuelve al redil

Publicado por

Ethel Bonet

@Qarnabit

Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.

Publicado el 9 Oct 2014

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Banderas del ISIL en Alepo (Julio 2013) | ©  Ethel Bonet
Banderas del ISIL en Alepo (Julio 2013) | © Ethel Bonet

Beirut | Septiembre 2014

¿Por qué ahora? Los portavoces de las diferentes brigadas que combaten en Siria contra el régimen de Bashar Asad llevan años reclamando una intervención estadounidense, primero contra el régimen y finalmente contra ese segundo enemigo que les ha surgido en sus propias entrañas: el Estado Islámico (ISIL). Nunca llegó. Hasta el mes pasado, cuando las fuerzas aéreas norteamericanas lanzaron los primeros bombardeos sobre Raqqa, el cuartel central del ISIL. ¿Tarde pero por fin, sí?

“Estados Unidos y Occidente en general debería haber actuado antes. No tendrían que haber esperado a que el ISIL se expandiera; a que sacrificaran a los periodistas americanos y el cooperante británico” cree Dani Qabani, activista de la localidad de Moadamíe Sham, en los suburbios de Damasco donde tuvo lugar la tragedia de los ataques con armas químicas hace ya un año. “Ahora han abierto los ojos y se han dado cuenta de la importancia de actuar”, añade.

Los rebeldes critican que los bombardeos no se dirijan sólo contra el ISIL sino también contra el Frente Nusra

Pero curiosamente no está claro quién está más agradecido, si los rebeldes o el régimen de Asad. Damasco han dado la bienvenida a los ataques de la coalición internacional, siempre que sean coordinados con las autoridades sirias, y los ha utilizado para reforzar su justificación de la represión: que no combate una revuelta democrática popular sino un complot del terrorismo islamista.

En cambio, muchos activistas y rebeldes sirios han criticado duramente que los bombardeos de la coalición no se dirijan sólo contra el ISIL sino también contra bases del Frente Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria. Para muchos insurgentes es el grupo más fuerte que está luchando contra el régimen y contra las milicias libanesas de Hizbulá, punta de lanza de Asad. Los combatientes de Nusra son yihadistas, sí, pero aliados imprescindibles, opinan.

Yasser Dumani, rebelde oriundo de los suburbios de Damasco y combatiente de las brigadas de Al Qalamoun, cree incluso que la intervención norteamericana están beneficiando en última instancia al régimen de Asad. “Los bombardeos de la coalición han sido contra el ISIL, pero también contra el Frente Nusra y varias brigadas de la Revolución. Los ataques aéreos también han matado a civiles y han causado más desplazados. La consecuencia directas es que las tropas de Asad han avanzado en Alepo. En resumen, la coalición ha beneficiado a Asad y ha aumentado el número de victimas inocentes. No ha ayudado al pueblo sirio”, asegura el combatiente.

“Si continúan los ataques contra las bases de Nusra, sus combatientes vayan a acabar uniéndose al ISIL”

“Damos la bienvenida a cualquier ataque, venga de donde venga, contra el Estado Islámico, porque ellos son también nuestros enemigos. El problema es que la coalición internacional está atacando al Frente Nusra y otras brigadas rebeldes”, observa también Ahmad Hamed, insurgente de la Legión Shams, en Alepo. “Temo que si continúan los ataques contra las bases de Nusra, sus combatientes vayan a acabar uniéndose al ISIL y luchando contra nosotros”, añade.

De hecho, ya ha ocurrido: Desde el inicio de los ataques aéreos, el Estado Islámico ha reclutado a 73 nuevos combatientes. Al menos 41 provenían de otras facciones islamistas, como el Frente al Nusra, que han optado por cambiar de bando, según cifras difundidas el 26 de septiembre por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

El trasvase entre los dos grupos no es tan extraño. Ambos salieron del mismo núcleo, impulsado por Abu Bakr Baghdadi, un clérigo de Al Qaeda en Iraq bajo cuya autoridad inicial se estableció el Frente Nusra en Siria en 2012, coordinado por Abu Mohamed Golani. Un año más tarde, Baghdadi envió a grupos yihadistas para establecer en Siria una rama del Estado Islámico de Iraq y Levante (ISIL). Luego anunció que Nusra iba a fusionarse con el ISIL bajo su autoridad, algo que Golani rechazó y evitó, poniéndose bajo el mando supremo del dirigente qaedista Ayman Zawahiri. Éste aceptó la existencia separada de los dos grupos, teóricamente ambos parte de Al Qaeda. Bagdadi se rebeló y en los primeros meses de 2014, ambos grupos empezaron a librar encarnizados combates.

La diferencia no radica sólo en la caligrafía sobre la bandera negra sino sobre todo en la procedencia: el ISIL cuenta con varios miles de extranjeros occidentales entre sus filas y en opinión de Omar Abu Laila, portavoz del Ejército Libre Sirio (ELS), hasta el 80 por ciento de sus militantes serían extranjeros. En cambio, los combatientes de Nusra son en un “noventa por ciento sirios”, precisa Hamed.

Por ello, precisamente, a este combatiente le preocupan los bombardeos contra Nusra: Estados Unidos y los países árabes aliados “estén matado a ciudadanos sirios”, denuncia. “Desapruebo, rotundamente, está acción”, reitera Hamed, antes de agregar que “en los bombardeos aliados también han muerto civiles, entre ellos mujeres y niños”.

Pero además, desde su enfrentamiento con el ISIL, Nusra ha do coordinándose con frecuencia con el Ejército Libre Sirio, aunque sin integrarse en él. ISIL, en cambio, lleva a cabo una cruzada contra prácticamente todos los grupos de la oposición siria… y sin sufrir demasiados ataques por parte del régimen de Asad, lo cual llevó a la Coalición Nacional Siria a pronunciar una clara sospecha: que ISIL era poco más que un instrumento de Asad para destruir la oposición.

Las armas estadounidenses se enviarán a dos facciones islamistas: el Frente Revolucionario Sirio y el Ejército de los Muyahidín

Los bombardeos no lo son todo. La estrategia de Barack Obama no sólo incluye destruir desde el aire las bases, los almacenes de municiones y las instalaciones petroleras del ISIL sino también entrenar y armar a los insurgentes sirios. ¿A quién, en concreto? Ahí radica el problema. Algunos gobiernos occidentales temen que las armas pudieran caer en “manos equivocadas” ya que no hay una clara separación entre los grupos que luchan contra el régimen sirio.

Los portavoces del ELS, prácticamente desaparecido como entidad propia, mantienen aún públicamente sus convicciones laicas, pero varios grupos que se reconocen bajo el paraguas de estas siglas exhiben idearios fundamentalistas islámicos, no tan diferentes de Nusra, o al menos hacen gala de ellos, quizás en aras de conseguir más fondos.

Apenas hay ya insurgentes “moderados” bajo las siglas del ELS; si es que algo queda de estas siglas, prácticamente convertidas en una cáscara vacía. La mayoría de los rebeldes que lo integraron se han orientado hacia los grupos salafistas unidos ahora en el Frente Islámico. Este formación agrupa a las principales facciones islamistas y lucha contra el ISIL, pero cuenta con el respaldo militar del Frente Nusra.

Hamed revela que los beneficiarios de las armas estadounidenses, cuando lleguen a enviarse, serán combatientes de dos facciones rebeldes consideradas “moderadas” por Washington. Cree que uno será el Frente Revolucionario Sirio, que nació en 2013, como una agrupación de brigadas islamistas del ELS para contrarrestar al Frente Islámico. Ha tenido también enfrentamientos con Nusra. El otro será el Ejército de los Muyahidín, una coalición de tres facciones islamistas que se formó para luchar contra el ISIL en la provincia de Alepo y que contaría entre 5.000 y 7.000 combatientes.

“Llevamos año y medio combatiendo al ISIL y hemos perdido a nuestros mejores hombres para frenar a los yihadistas”

Estas facciones rebeldes “tienen buena relación con Estados Unidos y ya estaba previsto que fueran a recibir armas y entrenamiento en Turquía o Jordania”, detalla el guerillero de Alepo.

Yasser Dumani opina que el propósito estadounidense de armar y entrenar a los rebeldes que es “un plan ambiguo y largo”. “Quieren entrenar y armar a 5.000 combatientes durante varios años. Pero esto no servirá para frenar al ISIL”, asegura.

“Nosotros llevamos un año y medio combatiendo al ISIL y hemos perdido a nuestros mejores combatientes para frenar el avance de los yihadistas. Durante ese mismo tiempo el régimen ha estado facilitando la expansión y armas a estos mismos yihadistas”, se queja Dumani. “Nosotros habríamos estado dispuestos a apoyar a la coalición internacional si el fin de la intervención era derrocar a Asad y combatir al ISIL. Pero no sirve de nada luchar contra los yihadistas sin derrocar a Asad, porque saldrán otras organizaciones terroristas en lugar del ISIL”.

La fórmula para acabar con los yihadistas es más simple: “Sobre el terreno hay muchos rebeldes, que no son extremistas, y están bien entrenados. Lo que nos hace realmente falta son armas avanzadas, armamento pesado, como misiles antitanque. Así no haría falta alargar por más tiempo la tragedia de Siria”, pronostica.

Tampoco Dani Qabani confía mucho en los motivos de la intervención. “El gobierno estadounidense actúa para acallar las criticas internacionales por haber permanecido como observador mientras un pueblo es masacrado por el ISIL. Francia, Reino Unido y Alemania, para evitar que los combatientes del ISIL, franceses, ingleses y alemanes, regresen de Siria e Iraq y se conviertan en un gran peligro para la seguridad de sus propios países”, analiza el activista.

Al final, la intención no es derrocar a Asad, concluye Dumani. “Me atrevo a decir, incluso que la coalición internacional está ayudando al propio régimen; se está coordinando con él, aunque luego vayan diciendo lo contrario. Había ya un entendimiento”, cree el rebelde. La pregunta es: ¿para qué debilitar al ISIL y fortalecer a los islamistas “moderados” si al final no hay intención de acabar con el régimen?

«El Estado Islámico es peor que Bashar Asad»

Omar Abu Laila | Portavoz del Ejército Libre de Siria (ELS)

Omar Abu Laila (Estambul, 2014) | ©  I. U. T. / M'Sur
Omar Abu Laila (Estambul, 2014) | © I. U. T. / M’Sur

Es portavoz de una organización en cuya existencia ya pocos creen. Pero Omar Abu Laila exhala cierta confianza en que las siglas del Ejército Libre de Siria (ELS), fundado como red de militares sirios desertados, sigue llevando la bandera de una revolución a favor de una democracia laica. Tiene dos enemigos: con Asad no habrá democracia, y con ISIL tampoco, y mucho menos laica.

¿Un balance de la situación?
Nuestra prioridad es limpiar Siria del ISIL. El peligro que supone para la región es mayor que el de Asad. Si acabamos con el ISIL, acabaremos con él. El 80% del ISIL procede de fuera de Siria. Cuanto más tiempo la comunidad internacional esté callada, esos terroristas ganarán más experiencia y volverán a Europa y EEUU para atentar.

¿Hay avances?
La situación está muy mal, y la culpa es de la comunidad internacional por no apoyarnos. Eso ha fortalecido a los islamistas. Entes privados de Qatar y Arabia Saudí pagan a extremistas, lo que provoca un trasvase de combatientes del ELS a esos grupos.

¿Por qué os abandonan?
No es una cuestión religiosa. Se pasan a esas brigadas porque creen que así tendrán acceso a más armas para derrocar a Bashar Asad. Si aumenta el respaldo a nuestras tropas, los guerrilleros abandonarán el Frente Nusra e ISIL y volverán.

Sin embargo, ahora lucháis junto a Nusra.
En la zona oriental de Siria no todos los milicianos de Nusra son realmente partidarios de Abu Mohamed Golani. Pronto puede haber una escisión.

¿Qué pedís al mundo?
Tuve una conversación con el senador estadounidense John McCain: Le recordé que hacemos el trabajo para ellos. Por eso pido ayuda occidental. Que nos den armas o al menos bombardeen los posiciones del ISIL para que podamos vencerlo.

Lluís Miquel Hurtado | Estambul [Julio 2014]

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