Control de azafatas

Publicado por

Nico Lupo

@niluso

Periodista (Barcelona, 1987) . Vive en Beirut desde inicios de 2012 y escribe para diferentes medios españoles, así como ingleses y franceses, entre ellos La Directa, Al Monitor, Orient XXI o NOW Lebanon .

Publicado el 21 Oct 2014

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Avión de una compañía comercial en un aeropuerto europeo |  ©  I. U. T. / M'Sur
Avión de una compañía comercial en un aeropuerto europeo | © I. U. T. / M’Sur

Beirut | Septiembre 2014

Es una de las mayores aerolíneas del mundo, patrocinadora del Barça y orgullo de Qatar, el país con la mayor renta per capita del planeta: equivale al 11% del PIB de este pequeño pero riquísimo país del Golfo. Vuela a más de 140 destinaciones con sus 142 aeronaves. Fundada en 1993, Qatar Airways está en plena expansión, pese a la crisis del sector. Pero detrás de este meteórico ascenso hay una agresiva política empresarial que impone a sus trabajadores estrictas obligaciones tanto a nivel profesional como personal.

Ana ya tenía indicios de lo que le esperaba cuando aceptó el trabajo de azafata en Qatar Airways. Había consultado con amigos suyos que vivían en Doha, la capital del país, antes de firmar el contrato y le recomendaron no trabajar en la aerolínea. Las condiciones que la empresa impone son conocidas por los expatriados en el país y por los empleados de las aerolíneas. Hay decenas de usuarios en foros especializados para trabajadores del sector aéreo que explican punto por punto las imposiciones de Qatar Airways. Pero Ana aceptó el puesto porque se encontraba en una situación “desesperada” en la que tenía que pagar “deudas e hipotecas”. Tenía previsto quedarse sólo un año pero finalmente, su estancia se alargó bastante más.

Toda azafata en Qatar Airways firma un contrato según el cual la empresa puede despedirla si se queda embarazada

La imposición más polémica es la relativa a los embarazos. Toda azafata que entra a Qatar Airways firma un contrato que incluye una cláusula según la cual la empresa puede despedirla si se queda embarazada, especificada en el apartado 10: “La empleada debe notificar a la compañía en caso de embarazo desde la fecha en la que tiene conocimiento. El empleador tiene derecho a finalizar el contrato desde el día de la notificación del embarazo ya que no estará apta para volar”.

“Esta cláusula en el contrato no existe en ninguna otra aerolínea”, denuncia Gabriel Mocho Rodríguez, Secretario de Aviación Civil de la Federación Internacional del Transporte (ITF), una organización transnacional de sindicatos del transporte. En otras empresas se buscan alternativas para las trabajadoras: algunas aerolíneas permiten que las azafatas vuelen durante los primeros meses y otras, como Virgin, las retiran de inmediato de los vuelos para que hagan trabajo de oficina o en el mostrador de los aeropuertos, pero sin dejar la compañía.

Si bien esta es la única imposición inscrita en el contrato, las azafatas saben perfectamente las otras normativas a las que deben atenerse para mantener su empleo. “Ellos dictan las normas y las aceptas” asegura Ana, “pero hay cosas que no deberían ser así”.

“Mi amiga pidió permiso para casarse y la echaron de inmediato; tuvo que abandonar el país y dejar a su pareja”

La primera vez que Ana habló con representantes de la aerolínea fue durante el Open Day. Es una reunión informativa que Qatar Airways organiza con asiduidad en diferentes ciudades del mundo para captar a trabajadoras. Sus representantes explican a las interesadas algunos de los requisitos que deberán cumplir durante la duración del contrato. Una de las demandas que más sorprendió a Ana en su primer contacto fue la necesidad de un permiso de sus jefes si quería casarse.

“Las chicas no se atreven a pedir permisos porque saben que se arriesgan a ser despedidas” explica Clara, otra azafata de Qatar Airways que abandonó la compañía hace unos meses. En los foros especializados de trabajadores de la aviación como cabin crew o pprune aparecen descritos casos concretos. “Mi amiga pidió permiso y la echaron de inmediato” comenta un usuario, “tuvo que abandonar el país a las veinticuatro horas y dejar a su pareja de varios años”.

Desde la aerolínea justifican la aplicación de estas normas por dos razones. La cláusula del embarazo se incluye en el contrato porque la Aviación Civil de Qatar, responsable de as licencias de la tripulación de cabina, considera a las mujeres en estado de gestación no aptas para trabajar en un avión. “Pierden automáticamente la licencia y no pueden volar” explica Rossen Dimitrov, vicepresidente del departamento Experiencia del Cliente de Qatar Airways.

En relación al permiso para casarse, Dimitrov señala que los trabajadores declaran su estado civil en el contrato. “Firman un contrato en el que dicen que son solteros” explica por teléfono; “todo el mundo tiene tiempo para pensar si quiere firmar o no”. Justifica esta práctica de la aerolínea en la importante inversión que hacen en gente joven y las beneficiosas condiciones contractuales, como treinta días de vacaciones anuales o un salario libre de impuestos.

La aerolínea también controla las cuentas de sus empleadas en connivencia con los bancos. Las azafatas se ven obligadas a firmar un papel en árabe en el que autorizan a la empresa a tener acceso a sus cuentas. Cuando Ana preguntó qué tipo de información contenía ese documento, la respuesta que obtuvo fue ‘¿Quieres trabajar aquí?’. Meses más tarde, un responsable la citó para saber si pretendía abandonar la empresa tras descubrir que transfería su salario mensual a otra cuenta en el extranjero.

Las azafatas tienen que consultar con la compañía si quieren viajar por su cuenta: sin permiso no pueden salir del país

No sólo Qatar Airways está en el punto de mira de organizaciones internacionales por el trato que da a sus empleados. Qatar es un minúsculo Estado cuyo crecimiento económico atrae a miles de personas extranjeras cada año. El 85% de los dos millones de residentes son foráneos y están ligados a un particular sistema de contratación que existe en varios países del Golfo: Cualquier empleado extranjero necesita un empleador que actúe de “patrocinador” y tramite los papeles ante las instituciones públicas.

Este contratante, que puede ser una empresa o particular, paga una cantidad que en algunos casos se transforma en una deuda para el empleado. Dicha deuda ata al trabajador a un patrón que tiene la potestad de denegar los permisos de salida para abandonar el país. En Qatar Airways, las azafatas tienen que consultar con la compañía cada vez que quieren viajar por su cuenta mientras que los pilotos, mejor posicionados dentro de la empresa, reciben un pase múltiple que les da más libertad.

También se dan casos en que un patrocinador confisca el pasaporte del trabajador, una práctica penada por la ley qatarí pero que sucede con asiduidad. Esta opción del patrón a retener a su empleado en el país es uno de los puntos más controvertidos y organizaciones de derechos humanos tanto internacionales como locales exigen abolir esta norma.

“Cada mecanismo por sí solo es totalmente inaceptable” asegura Nicholas McGeehan, investigador de Human Rights Watch (HRW), “pero la suma de ellos hace que se complementen, se refuercen y es entonces cuando podemos hablar de un sistema de trabajo forzado y esclavitud”.

Qatar inauguró hace apenas dos meses un nuevo aeropuerto que pretende ser un punto de enlace entre Europa y Asia

No todas se quejan. “Estamos orgullosos de nuestras 8.200 azafatas” asegura Dimitrov. Ni parece que la demanda para trabajar en la aerolínea vaya a frenarse. Unas 4.000 personas, según la empresa, asistieron a la última sesión informativa para contratar azafatas, celebrada en Dubai.

Qatar Airways está a la espera de recibir 321 nuevos aviones que reforzarán los actuales trayectos y permitirán abrir nuevas rutas. Para dar cabida al aumento de pasajeros previstos, el país inauguró hace apenas dos meses un nuevo aeropuerto que pretende ser un punto de enlace entre Europa y Asia y competir con el de Dubai. El crecimiento de la aerolínea necesita de nuevas trabajadoras y la aerolínea contrata a centenares de nuevas azafatas cada año. Todas ellas se trasladan a vivir a Doha y se les asigna un lugar de residencia contratado por la empresa.

Control de movimientos

Ana y Clara, como sus compañeras, vivían en una urbanización de edificios exclusivos para mujeres. Decenas de guardias privados vigilan un recinto reforzado con cámaras de seguridad en las entradas, salas comunes y pasillos. La empresa asegura que así garantiza la seguridad de sus empleadas. Ana añade que el rol de los guardias también es el de “delatar a las azafatas” y el de las cámaras ofrecer pruebas si las empleadas infringen alguna de las normas.

Las imposiciones más difíciles de aceptar son las relacionadas con el control horario. La empresa impone un descanso obligatorio previo a volar. Toda azafata debe estar en su residencia -u hotel en el caso de que esté en el extranjero- doce horas antes de la salida del avión y tienen noventa minutos para salir de casa si necesitan comprar algo o ir a cenar. Clara explica que esta hora y media no es suficiente porque “en Qatar todo queda lejos y es difícil conseguir un taxi”.

En caso de que no tengan vuelos programados o estén de guardia, las azafatas pueden salir pero deben estar de vuelta en su apartamento a las cuatro de la madrugada. “Si llegas tarde y lo descubren te pueden despedir” explica Clara a través del Skype. “A veces a la primera, o tras varias veces”.

Las dos trabajadoras contactadas piden que se oculte su verdadero nombre así como todo tipo de detalles personales que faciliten a la aerolínea a descubrir su identidad. El contrato que firman los trabajadores de Qatar Airways incluye un apartado draconiano: “Acepto que la información confidencial que recibo es valiosa para la empresa y toda ruptura o amenaza de ruptura de este acuerdo por mi parte causaría un daño irreparable a la compañía, por el que una indemnización monetaria sería inadecuada”, reza el texto. Otorga a la empresa el derecho de “buscar remedios y compensaciones adecuadas”, a todas luces no sólo monetarias.

Las chicas desarrollan sus propios mecanismos para evitar los controles de entrada y salida a sus residencias

Tanto Ana y Clara como otras antiguas trabajadoras consultadas por correo electrónico a través de los foros de tripulación de cabina relatan otras formas de control. A cada empleada se le asigna una tarjeta electrónica que validan cada vez que suben a un avión. Es la misma tarjeta de identificación con la que tienen que fichar cada vez que entran y salen de sus apartamentos.

Las chicas, la mayoría jóvenes –la empresa suele contratar a mujeres de entre 20 y 25 años– desarrollan sus propios mecanismos para evitar estos controles. Reproducen con el móvil el sonido que emite la tarjeta al pasarla por el identificador para que el guardia la escuche, duermen fuera si ven que no llegan a cumplir el toque de queda y vuelven a casa por la mañana vestidas de azafatas o con la lavandería a cuestas, entran a dos en el apartamento y validan solo una de las tarjetas…

“El toque de queda es realmente absurdo teniendo en cuenta que somos adultos” dice Ana. “Los responsables de la aerolínea para la que trabajo ahora se sorprendieron” al conocer estas normas. Más relajada desde que abandonó Qatar Airways, explica que solía sobornar con dinero o regalos a los guardias para que no la delataran. Pero advierte que los guardias también se jugaban su puesto si una infracción era detectada y no la habían reportado. “Hay una cultura de delación en la empresa y muchas de las azafatas denuncian a sus compañeras”.

Sin sindicatos

Luchar contra estas prácticas es casi imposible para las empleadas. Es ilegal que los extranjeros formen parte de cualquier sindicato o organización que defienda los derechos laborales de los trabajadores. Y los vericuetos legales para los locales son tantos que en la práctica no existe ningún sindicato en Qatar más allá de los dos comités que están bajo paraguas gubernamental.

Unos auténticos sindicatos serían un estorbo para los directivos de la aerolínea. “Un dolor de huevos” declaró el director ejecutivo de Qatar Airways, Akbar al Baker, durante la última reunión del sector aéreo celebrada en Qatar, en junio pasado, en palabras recogidas por la prensa. Unos meses antes había dicho que las organizaciones de trabajadores “no sirven para nada”, explica Mocho Rodríguez. También la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha denunciado el país por prácticas discriminatorias que contravienen el convenio 111, ratificado por Qatar en 1976.

Reformar este sistema encuentra muchas barreras. “Hay mucha gente que desea un cambio” explica Nicholas McGeehan, “pero los elementos conservadores de la sociedad están ganando el debate”. El gobierno declaró la pasada primavera que iba a reformar el sistema de patrocinio. Entre las medidas propuestas se incluía el aumento de las penas para quienes confisquen el pasaporte y liberalizar los permisos de salida. Pero no puso fecha a estos cambios y muchos temen que queden en el limbo.

La presión internacional sobre Qatar ha ido en aumento desde que se convirtió en país anfitrión del Mundial de Fútbol de 2022. Un reportaje del diario inglés The Guardian sacó a la luz el año pasado el alto número de fallecidos entre los trabajadores venidos de fuera para construir las infraestructuras necesarias, por causa de las condiciones de trabajo y el extremo calor. La cadena de deportes ESPN calcula que con el promedio actual, un total de 4.000 personas fallecerán durante la preparación del Mundial.

El estricto control de la aerolínea no significa que no haya empleadas contentas en sus puestos de trabajo. “Muchas de las trabajadoras vienen de países asiáticos donde los salarios son muy bajos y hay menos oportunidades” y otras se “adaptan mejor” a la empresa, explica Clara. Trabajar para Qatar Airways representa para muchas chicas la posibilidad de “comprar una casa, enviar dinero a su familia o ahorrar lo suficiente para casarse dentro de unos años”. El salario base inicial de una azafata ronda los 800 euros mensuales pero la suma de horas de vuelo puede aumentar la mensualidad hasta los 2.000.

Una azafata que fue despedida tras colgar una foto en Facebook en la que aparecía junto a un piloto en una playa

La lista de mecanismos de control utilizados por la empresa es todavía más larga. Representantes de la empresa entran regularmente en los apartamentos para estudiar el estado del piso y asegurarse que no se fume, beba alcohol ni coma cerdo, algo que sería causa de despido.

No solo los gustos personales, sino también los sentimentales dentro de la empresa pueden ser motivo de cese. Hay varios testimonios de azafatas despedidas porque haber mantenido algún acercamiento con otro trabajador de la empresa. Gabriel Mocho, en uno de los varios ejemplos que ha recabado la ITF, explica el caso de una azafata que fue despedida tras colgar una foto en Facebook en la que aparecía junto a un piloto en la playa durante su tiempo libre.

En caso del incumplimiento de estas u otras normas, y si no son despedidas, las empleadas se arriesgan a recibir una letra de advertencia por parte de la empresa. Pueden estar vario tiempo sin volar y sin recibir ninguna explicación. Una de las trabajadoras recibió un aviso y estuvo meses sin poder salir de Qatar.

La suma de todo esto hizo dudar aún más a Ana al cabo de unos meses, que siempre tuvo claro que más pronto que tarde acabaría por abandonar la empresa debido a unas prácticas que considera abusivas pero “a las que te acabas acostumbrando”. “Es cuando sales cuando te preguntas cómo podías aceptar todo esto” continúa Ana. “Ahora tengo unas malas condiciones salariales pero por lo menos he recuperado mi libertad”.

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