Un califato engrasado por el petróleo

Publicado por

Andrés Mourenza

@Andresmourenza

Periodista (La Coruña, 1984). Corresponsal de El País en Turquía.

Publicado el 25 Nov 2014

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Pozos de petróleo cerca de Kirkuk (2009) |  ©  Andrés Mourenza
Pozos de petróleo cerca de Kirkuk (2009) | © Andrés Mourenza

Estambul | Agosto 2014 Con Daniel Iriarte

“Ya no estáis combatiendo contra una insurgencia: somos un ejército islámico y un Estado que ha sido aceptado por un gran número de musulmanes en todo el mundo”. Estas fueron las palabras pronunciadas a cámara por el ejecutor del periodista James Foley antes de seccionar el cuello de su víctima. Y lo más terrorífico es que tiene razón: el califato decretado por el líder del grupo, Abu Bakr Bagdadi, lleva camino de convertirse en un Estado viable con sus infraestructuras, su Administración, su sistema de justicia, sus fuerzas armadas y sus propias fronteras.

A pesar de su comportamiento salvaje, todo apunta a que existe cierta preocupación de las autoridades del Estado Islámico (ISIL) por el bienestar de sus súbditos, al menos el de los musulmanes suníes. Tras la toma de Mosul, la agencia de noticias turca Anadolu, uno de los pocos medios a los que se le permitió permanecer en la ciudad, informó de que el Estado Islámico había comenzado a pagar los salarios atrasados a los funcionarios (tras hacerse con un botín de 400 millones de dólares en los bancos de la ciudad, bien podían permitírselo). Y cuando conquistaron la presa vecina, a pesar de las alarmistas previsiones sobre una voladura potencial de las compuertas, los yihadistas hicieron exactamente lo contrario: se dedicaron a reparar los daños en la infraestructura, con la intención de proveer de electricidad gratuita a los habitantes de Mosul.

Para construir un Estado hacen falta ingresos y eso no se consigue con robos, pago de secuestros y extorsiones

“Lo que veo en Raqqa (la capital yihadista en Siria) demuestra que el Estado Islámico tiene una visión clara de establecer un estado en el verdadero sentido de la palabra. No es una broma”, declaraba, a finales de junio, un profesor retirado en aquella ciudad a un reportero del New York Times introducido de incógnito en la capital yihadista. “Siento que estoy tratando con un Estado y no con una banda de matones”, se expresaba asimismo un joyero en el mismo reportaje.

Pero para construir un Estado hacen falta ingresos y eso no se consigue con los métodos habituales de un grupo terrorista –robos, pago de secuestros, extorsiones- sino a través de un sistema impositivo, que el ISIL ya ha comenzado a establecer en Siria, y mediante los ingresos de la economía tradicional.

Las últimas ofensivas del Estado Islámico, al menos desde el verano de 2014, muestran un patrón muy bien pensado: un intento de conquistar las instalaciones energéticas o grandes infraestructuras que le otorguen peso a la nueva creación estatal. En los últimos días de agosto, las acciones conjuntas del ejército iraquí, los peshmerga kurdos y los bombardeos aéreos estadounidenses lograron expulsar a los combatientes del ISIL de la presa de Mosul, el embalse y la refinería de Haditha, y la localidad de Akashat, en la provincia de Anbar, rica en minas de fosfatos. Los tres lugares tienen un elemento en común: todos ellos son puntos estratégicos en términos económicos.

El ISIL mantiene 7 pozos de petróleo en Iraq y otros 6 en Siria y produce unos 100.000 barriles por día

No ha sucedido lo mismo en otros lugares, como Tikrit, donde los yihadistas repelieron por tercera vez a las tropas iraquíes. El Estado Islámico mantiene bajo su control otra presa, la de Faluya, así como algunas refinerías en Iraq y Siria, y alrededor de una decena de bases militares. Y tal vez lo más inquietante es que este grupo ha conseguido unir por carretera todos estos puntos en un territorio más o menos homogéneo.

En cuanto a pozos de petróleo, el ISIL mantiene 7 en Iraq y otros 6 en Siria (de los 10 con que cuenta este país árabe) y, de acuerdo a los cálculos de Valerie Marcel, experta en fuentes de energía en Oriente Medio y analista de la Chatham House, produce unos 100.000 barriles por día, es decir, el equivalente al 0,13 % de la producción mundial.

“Los volúmenes que maneja el ISIL son una gota en el océano de la producción mundial”, sostiene Marcel. De ahí que la captura de los pozos petrolíferos apenas haya tenido efecto en la cotización del crudo a nivel internacional, aunque sí ha obligado a cancelar proyectos de inversión en el sector energético del norte de Iraq, según confiesa una fuente de la industria. “Sin embargo, estos volúmenes que controla el ISIL sí que son muy significativos en cuanto a generación de ingresos para el grupo”, añade la experta de Chatham House. Diversos análisis estiman que el Califato se embolsa, gracias al petróleo, entre 1,5 y 3 millones de dólares al día.

Los yihadistas han tratado de conquistar nuevas refinerías, entre ellas la de Baji, la mayor de Iraq, donde se han librado duros combates. Pero buena parte del crudo que refina para el consumo local en las grandes ciudades que controla, como la iraquí Mosul o la siria Raqqa, se lleva a cabo en refinerías móviles en medio del desierto, asegura Joshua Landis. Este profesor de la Universidad de Oklahoma, uno de los mayores expertos internacionales en Siria, dice haber recibido fotografías de sus contactos sobre el terreno que reflejan este hecho.

De todas formas, este método –que básicamente consiste en hervir el crudo- es muy rudimentario y provoca que se desperdicie gran parte del petróleo. Marcel es de la misma opinión y cree que el ISIL “carece de experiencia” en el manejo de instalaciones complejas de extracción y refinería del crudo, lo que podría incluso provocar daños en aquellas que controla.

“Al Gobierno sirio no le queda otra opción que comprarle petróleo al ISIL y probablemente lo hace a través de líderes tribales”

Uno de los principales clientes del Estado Islámico es también uno de sus mayores enemigos: el Gobierno sirio de Bashar Asad. “El régimen sirio necesita desesperadamente petróleo para mantener la maquinaria de guerra y seguir prestando servicios a los ciudadanos del territorio bajo su control. El Gobierno aún controla una gran refinería, la de Tartus, pero no puede obtener crudo en los mercados internacionales a causa del embargo. Irán y Rusia, que están del lado de Asad, cada vez dan menos ayuda porque temen estar tirándolo a la basura. Así que al Gobierno sirio no le queda otra opción que comprárselo al ISIL y probablemente lo hace a través de la mediación de líderes tribales”, afirma Landis.

A quien le sorprenda este comercio entre enemigos, debería desempolvar los libros sobre las guerras de Líbano en la década de 1980 o de los Balcanes en los 1990 para comprobar que no hay nada más natural –en el caótico ambiente de una guerra civil- que el comercio a través de las líneas del frente.

Otra importante parte del petróleo que produce el ISIL se dedica a la exportación, principalmente a través de Turquía, apunta Marcel. Las fronteras de Siria, dibujadas tras la Primera Guerra Mundial, son muy porosas y por eso han sido utilizadas durante décadas por los contrabandistas de todo tipo de productos, incluida la gasolina.

“EE UU solía bombardear la frontera sirio-iraquí, pero en lugar de yihadistas mató a muchos contrabandistas de cigarrillos”

“Cuando Estados Unidos ocupó Iraq en 2003, solía bombardear periódicamente la frontera sirio-iraquí pensando que quienes la traspasaban ilegalmente eran yihadistas. Así mató a muchos contrabandistas de cigarrillos”, explica Landis: “Durante años ésta ha sido una frontera borrosa a través de la que se traficaba. Las tribus de ambos lados tienen lazos familiares y lo mismo ocurre a ambos lados de la frontera sirio-turca”.

La agencia Reuters citaba el pasado mes de julio al presidente del comité energético de Mosul, Husham Brefkani, quien aseguraba tener “informaciones confirmadas que muestran que el Estado Islámico está exportando crudo del pozo de Najma, en Mosul, a Siria para pasarlo de contrabando a un país vecino de Siria”. En la misma nota, un empresario de Mosul aseguraba haber comprado al ISIL 250 barriles de crudo por 6.000 dólares, lo que arroja un precio de 24 dólares el barril, menos de un cuarto de su precio en los mercados internacionales. Una verdadera ganga.

Desde entonces, diversos informes apuntan a que el Estado Islámico ha tratado de reducir el número de intermediarios y ha enviado directamente sus camiones a la frontera con Turquía, de manera que el precio que ingresa por cada barril ha ascendido hasta en torno a los 60 dólares.

El partido  CHP denuncia que el ISIL está montando tuberías improvisadas para hacer llegar su petróleo de Siria a Turquía

El paso a Turquía –cuyos pasos fronterizos está controlados en su mayoría por el Frente Nusra y el ISIL- se hace con la cooperación de intermediarios turcos y kurdos, e incluso de funcionarios turcos, asegura Landis. “En Siria siempre ha existido contrabando de petróleo y combustibles. Dado que estaba subsidiado por el Gobierno, costaba un 60% del precio en los países vecinos como Turquía, Líbano o Jordania”, ejemplifica el profesor de la Universidad de Oklahoma.

Mehmet Adi Ediboglu, diputado del partido opositor turco CHP por la provincia de Hatay, fronteriza con Siria, denunció recientemente que el ISIL está montando tuberías improvisadas para hacer llegar su petróleo hasta el otro lado de la frontera. El exministro del petróleo de Iraq, Issam Chalabi, también se ha quejado de que los países vecinos están “haciendo la vista gorda” al contrabando de petróleo del Estado Islámico dados los bajos precios que cobra.

Incluso la embajadora de la UE en Iraq, Jana Hybaskova, afirmó a inicios de este mes que Estados comunitarios están comprando el petróleo que exporta el ISIL y exigió que se “ejerza presión a Irán, el Kurdistán y Turquía para poner freno” a esta situación. El problema es que una vez alcanzadas las redes de distribución habituales resulta muy complicado discernir la procedencia del petróleo y, ahí, los yihadistas juegan con ventaja.

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