¿Anti-qué?

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 22 Feb 2015

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opinion

 

El antisemitismo está en aumento. Está asomando su fea cabeza por toda Europa. Los judíos están en peligro en todas partes. Deben darse prisa y volver a su hogar, Israel, antes de que sea demasiado tarde.

¿Verdad? ¿Mentira?

Tonterías.

Casi todos los incidentes alarmantes que han tenido lugar hace poco en Europa (sobre todo en París y Copenhague, en los que se mató o atacó a judíos), no tienen nada que ver con el antisemitismo.

Todas estas atrocidades las llevaron a cabo jóvenes musulmanes, la mayoría de ascendencia árabe. Fueron parte de la guerra en curso entre israelíes y árabes, que no tiene nada que ver con el antisemitismo. No tienen su origen en el pogromo de Chisináu y no están relacionadas con ‘‘Los protocolos de los sabios de Sion’’.

En el marco teórico, el concepto ‘‘antisemitismo árabe’’ es un oxímoron, ya que los árabes son semitas. De hecho, puede que los árabes sean más semitas que los judíos, ya que los judíos se han mezclado con gentiles durante siglos.

¿Por qué los jóvenes musulmanes en Europa disparan a los judíos, después de matar a dibujantes?

Pero, por supuesto, el publicista alemán Wilhelm Marr, que fue probablemente el que inventó el término ‘‘antisemitismo’’ en 1880 (después de haber inventado el término semitismo siete años antes) no conoció a ningún árabe en su vida. Para él los únicos semitas eran los judíos, y su cruzada era únicamente contra ellos.

(Adolf Hitler, que se tomaba su racismo en serio, lo aplicó a todos los semitas. A los árabes tampoco los podía soportar. Al contrario de lo que cuenta la leyenda, sentía aversión por el gran muftí de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini, que había huido a Alemania. Después de una reunión que mantuvieron, orquestada por la maquinaria de propaganda nazi para obtener el momento fotográfico de los dos líderes, nunca más volvió a acceder a reunirse con él).

Entonces, ¿por qué los jóvenes musulmanes en Europa disparan a los judíos, después de matar a dibujantes que han insultado al profeta?

Los expertos dicen que la razón principal es un odio profundo a sus países de acogida, en los que se sienten (con bastante razón) despreciados, humillados y discriminados. En países como Francia, Bélgica, Dinamarca y muchos otros, su rabia violenta necesita una válvula de escape.

¿Pero por qué los judíos?

Hay al menos dos razones principales:

Cuando Netanyahu declara que representa a todos los judíos del mundo, convierte a todos en responsables de las políticas de Israel

La primera es local. Los musulmanes franceses son en su mayoría inmigrantes del norte de África. Durante la lucha desesperada por la independencia de Argelia, casi todos los judíos argelinos apoyaron al régimen colonialista contra la población local que luchaba por la libertad. Cuando todos los judíos y muchos árabes emigraron de Argelia a Francia, importaron consigo su lucha. Puesto que ahora cohabitan en los guetos superpoblados que rodean París y otros lugares, su odio mutuo perdura y a menudo lleva a la violencia.

La segunda razón es el conflicto árabe-sionista en curso, que comenzó con la inmigración masiva de judíos a la Palestina árabe, continuó con la larga lista de guerras, y ahora está en su máximo esplendor. Casi todos los árabes del mundo y la mayoría de los musulmanes están implicados emocionalmente en el conflicto.

¿Pero en qué afecta ese conflicto lejano a los judíos franceses? En todo.

Cuando Binyamin Netanyahu aprovecha la más mínima oportunidad para declarar que representa a todos los judíos del mundo, convierte a todos los judíos del mundo en responsables de las políticas y acciones de Israel.

Cuando las instituciones judías de Francia, de Estados Unidos y de todo el mundo se identifican totalmente y sin un ápice de crítica con las políticas y las operaciones de Israel, como la reciente guerra de Gaza, se convierten por voluntad propia en víctimas en potencia de acciones de venganza. Esto es justo lo que acaba de hacer la cúpula judía francesa, el Consejo de Representantes de Instituciones Judías de Francia.

Ninguna de estas razones tiene nada que ver con el antisemitismo.

El antisemitismo es una parte integral de la cultura europea.

Se han propuesto muchas teorías para explicar este fenómeno totalmente ilógico, que raya en una enfermedad mental colectiva.

Personalmente, mi teoría preferida es de índole religiosa. En toda Europa, y ahora también en el continente americano, los niños cristianos oyen las historias del Nuevo Testamento en sus años de formación. Aprenden que una multitud judía gritaba pidiendo la sangre de Jesús, el benévolo y apacible predicador, mientras que el prefecto romano, Poncio Pilatos, intentaba salvarle la vida desesperadamente. Al romano se le retrata como una persona humana, agradable, mientras que a los judíos se los ve como a una muchedumbre vil y despreciable.

La imagen de judíos malvados pidiendo a gritos la muerte de Jesús está grabada en las mentes de las masas cristianas

Esta historia no puede ser cierta. Los dirigentes romanos de todo el Imperio solían crucificar a las personas que tarde o temprano traerían problemas. El comportamiento de las autoridades judías en la historia no se ajusta a la ley judía. Pero la historia del Nuevo Testamento, que se escribió mucho después de la muerte de Jesús (cuyo verdadero nombre en hebreo era Jeshua), estaba dirigida a la audiencia romana a la que intentaban convertir los cristianos, que mantenían una acalorada competencia con los misioneros judíos.

Aparte, los primeros cristianos eran una secta pequeña perseguida en el Jerusalén judío, y su resentimiento perdura hasta el día de hoy.

La imagen de judíos malvados pidiendo a gritos la muerte de Jesús está grabada inconscientemente en las mentes de las masas cristianas y ha inspirado el odio hacia los judíos en cada nueva generación. Los resultados fueron matanzas, expulsiones en masa, inquisición, persecución en todas las formas posibles, pogromos, y finalmente el Holocausto.

Nunca ha habido algo parecido en la historia musulmana.

El profeta mantuvo algunas guerras pequeñas con tribus judías vecinas, pero el Corán contiene instrucciones estrictas sobre cómo tratar con judíos y cristianos, ‘‘los pueblos del libro’’. Se les tenía que tratar con justicia y se les eximía del deber militar a cambio de un impuesto per cápita. A lo largo de las diferentes épocas tuvieron lugar algunos brotes antijudíos (y anticristianos) aislados aquí y allá, pero a los judíos en tierra musulmana les fue incomparablemente mejor que en tierra cristiana.

Si esto no hubiera sido así, no hubiera habido una ‘‘época dorada’’ de simbiosis cultural judío-musulmana en la España medieval. Hubiera sido imposible que el Imperio otomano musulmán hubiera aceptado y absorbido a casi todos los cientos de miles de refugiados judíos de la España medieval, a los que expulsaron sus majestades católicas, Fernando e Isabel. El destacado pensador religioso judío, Moisés Maimónides (el ‘‘Rambam’’) no podría haberse convertido en el consejero y médico personal del importante sultán musulmán Salah-al-Din al-Ayubi (Saladino).

A los judíos en tierra musulmana les fue incomparablemente mejor que en tierra cristiana

El conflicto actual comenzó como un choque entre dos movimientos nacionales, el sionismo judío y el nacionalismo árabe laico, y sólo tenían leves insinuaciones religiosas. Como hemos advertido mis amigos y yo muchas veces, ahora se está convirtiendo en un conflicto religioso: una calamidad que acarreará graves consecuencias en el futuro.

Nada que ver con el antisemitismo.

Entonces, ¿por qué toda la maquinaria de propaganda israelí, incluyendo a todos los medios israelíes, insiste en que Europa está experimentando un aumento catastrófico del antisemitismo? Para llamar a los europeos judíos a que vengan a Israel (en terminología sionista: ‘‘hacer la Alia’’).

Para alguien que cree de verdad en el sionismo, toda llegada de un judío a Israel es una victoria ideológica. No importa que, una vez en Israel, a los nuevos inmigrantes (sobre todo a los que vienen de países como Etiopía y Ucrania) se les dé la espalda. Como he citado muchas veces: ‘‘A los israelíes les gusta la inmigración pero no les gustan los inmigrantes’’.

A raíz de los recientes sucesos de París y Copenhague, Binyamin Netanyahu ha llamado públicamente a los judíos franceses y daneses a que hagan las maletas y vengan de inmediato a Israel por su propia seguridad. Los primeros ministros de ambos países han protestado con furia contra estos llamamientos, los cuales insinúan que no son capaces o que están poco dispuestos a proteger a sus propios ciudadanos. Supongo que a ningún líder le gusta que un político extranjero pida a sus ciudadanos que se vayan del país.

Hay algo grotesco en este llamamiento: como señaló el difunto profesor Yeshayahu Leibowitz, Israel es el único sitio en el mundo donde las vidas de los judíos están en peligro constante. Si tenemos en cuenta que hay una guerra cada pocos años y se dan incidentes violentos casi todos los días, tenía razón.

Hay muchas razones para que un judío venga a Israel: un clima tranquilo, vivir entre semejantes… pero no huir de los antisemitas

Pero a raíz de los dramáticos sucesos, puede que se persuada a muchos judíos ‘‘franceses’’ (originalmente del norte de África) de que abandonen Francia. Puede que no todos vengan a Israel. Estados Unidos, el Canadá francés o Australia ofrecen alternativas tentadoras.

Hay muchas buenas razones para que un judío venga a Israel: un clima tranquilo, la lengua hebrea, vivir entre semejantes judíos, y cosas así. Pero huir de los antisemitas no es una de ellas.

¿Hay antisemitismo real en Europa? Supongo que lo hay.

En muchos países europeos hay grupos supernacionalistas antiguos y nuevos, que intentan atraer a las masas a través del odio al ‘‘otro’’. Los judíos son los ‘‘otros’’ por excelencia (junto con los gitanos/roma). Un grupo étnico-religioso dispersado por muchos países, personas que pertenecen y a la vez no pertenecen a sus países de acogida, con creencias y rituales extranjeros, y por tanto siniestros. Todos los movimientos europeos nacionalistas que brotaron en los siglos XIX y XX eran antisemitas en mayor o menor medida.

Los judíos siempre han sido, y lo siguen siendo, el chivo expiatorio para los europeos pobres. Fue el socialista alemán (no judío) August Bebel el que dijo que ‘‘el antisemitismo es el socialismo de la gente estúpida’’.

Con crisis económicas frecuentes y una brecha cada vez más amplia entre los pobres locales y los superricos multinacionales, está aumentando la necesidad de chivos expiatorios. Pero no creo que estos grupos marginales, incluso si algunos ya no son tan marginales, constituyan una ola antisemita real.

En cualquier caso, las atrocidades de París y Copenhague no tienen nada que ver con el antisemitismo.

Publicado en Gush Shalom | 21 Feb 2015 | Traducción del inglés: Víctor Olivares Rodríguez

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