«Muestro a la mujer incluso como ella no quiere mostrarse»

Mariano Vargas

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 17 Mar 2015

Publicidad

Mariano Vargas (Algeciras, 2014) |  ©  Alejandro Luque / M'Sur
Mariano Vargas (Algeciras, 2014) | © Alejandro Luque / M’Sur

Algeciras | 2014

Algeciras, playa de Getares, el Peñón de Gibraltar al fondo. Mariano Vargas (San Fernando, 1964), quizá el fotógrafo español de los últimos tiempos que ha llevado el erotismo a terrenos más interesantes tanto desde el punto de vista técnico como artístico, prepara un arroz en la cocina mientras recuerda sus comienzos, las motivaciones que fueron determinando su obra y la proyección internacional que dio a su carrera el hecho de ser seleccionado por Taschen como uno de los cien fotógrafos eróticos del siglo XX. Después de versionar a algunos de los maestros de la pintura universal, actualmente trabaja en recreaciones de cuadros de Hopper con figuras desnudas.

Usted ha contado que viene de una familia católica. ¿Hay en el origen de su trabajo algún ánimo de romper tabúes, de huir de alguna noción de pecado?

No es que toda mi obra gire en torno a la religión ni nada de eso, pero sí en torno al descubrimiento de lo femenino. Imagínate una familia española de los años 60, católica-católica, de misa de domingo. Así crecí, pero el misterio de lo femenino se me reveló de una forma muy temprana. Mientras mis hermanos dibujaban a Spiderman y al Capitán América, yo ya dibujaba mujeres. Mi abuelo materno, que vivía en casa con nosotros, tenía una biblioteca con libros en blanco y negro del Museo del Prado. Cuando descubrí el desnudo, para mí fue algo completamente alucinante.

Al poco tiempo de descubrir a Botticelli veo a mi madre en el baño, el mismo movimiento de Venus

Y ya veía a Botticelli por todas partes, ¿no?

Al poco tiempo de conocer El nacimiento de Venus vi a mi madre, que era una mujer rolliza, metidita en carnes, pelirroja, con los ojos claros, super-blanca… Estaba en el baño con una toalla y, al verme se tapó el pubis, hizo el mismo movimiento que la Venus. Ella diciéndome de todo, yo admirándola… Fue una revelación. Pero ya te digo, empezar a ver los cuadros de Leonardo, de Botticelli y toda esta gente, me abrió un universo tremendo.

¿Eso le hizo decantarse primero por la pintura?

Con 14 años mi padre me preguntó qué quería hacer, y yo le dije que pintar mujeres. Me comprendió perfectamente, y acto seguido me metió en un internado [risas]. Era un tío estupendo, un hombre de mundo que había sido marino mercante, luego se hizo militar, y lo que quería para nosotros era que encontráramos algo que nos diera de comer.

Y salió usted del internado con más ganas aún de pintar señoras…

Claro. De hecho allí practiqué muchísimo, fue una época adolescente donde se mezclaba en un crisol muy efervescente tu sexualidad y tu sentido creativo.

«Yo hacía una pintura con tintes casi pornográficos, combinaba a mujeres con máquinas, tenía influencia del cómic»

¿Y la fotografía, cuándo llegó?

Todavía no fotografiaba, eso no llegó hasta los 17 años, empecé con una cámara Yashica GSL de telemetro que tenía mi padre. Yo no podía costearme los carretes ni nada, pero le quitaba alguna película y le hacía fotos a alguna amiga… Las revelaba para luego poder pintar.

Es decir, al principio fotografiaba para no tener que depender del modelo físico.

Eso es lo que yo creo, pero en mí había una historia con la dirección que me encantaba. Quedar para hacer fotos me atraía, plantear la sesión, era un proceso que disfrutaba. Me puse serio cuando me compré un 17 de abril del 84, con 20 años, una réflex, una cámara rusa, la Praktica.

Es curioso, porque eran tiempos en los que el Campo de Gibraltar estaba muy fuerte en pintura, con Pérez Villalta, Chema Cobo y demás talentos emergentes, ¿no?

Efectivamente. Lo que pasa es que yo hacía una pintura con tintes casi pornográficos, combinaba a mujeres con máquinas, tenía influencia del cómic y combinaba la pintura a mano alzada con el aerógrafo, en blanco y negro, reservando el color para los pinceles… Pero a los pintores campogibraltareños no los conocía, a ninguno. A Guillermo lo conocí mucho después. Mi inspiración siempre estuvo mucho más allá: al principio los grandes pintores, sobre todo del Renacimiento. Y luego en fotografía, descubrí a Helmut Newton, a Avedon, a Jean Loup Sieff…

Eran años en que el erotismo también estaba presente en los kioscos, con revistas como Playboy o Penthouse que también impusieron una estética muy determinada, ¿no?

Yo empecé fotografiando en blanco y negro y diapositiva. No me gustaba Playboy ni ese tipo de fotografía, pero como no existía la posibilidad de elaborar como hoy con el digital, me salían fotos que no estaban completamente dentro de mi gusto. Se me quedaba muy corto. Poco a poco fui investigando la fotografía, e incorporando la pintura a ésta. Incluía un fondo pintado por mí, o una pared, o una cortina.

Manualmente, claro.

Sí, se trataba de darle el toque pictórico. Luego empecé a hacer diapositivas escaneadas en las que saturaba el tono y el contraste, así fueron mis primeras obras con tratamiento digital. La verdad es que he hecho de todo, colorear fotografías, pintarlas, guarrearlas con químicos… He investigado todos los caminos.

¿Cómo ha evolucionado el erotismo en una sociedad como la española, menos puritana, menos escandalizable que antaño?

Creo que tiene mucho que ver con el crecimiento de la mujer, con el modo en que ellas viven socialmente el erotismo. El erotismo para mí es una forma de mostrar algo que todos tenemos, los dos géneros, y que la mujer ha desarrollado en los últimos tiempos una manera mucho más consciente y libre. Lo que yo me encuentro ahora en las chicas jóvenes es muy diferente a lo que me encontraba cuando tenía 20 años.

«Puedo crear una imagen muy soft que para ti puede ser pornográfica, y al revés»

¿En qué sentido?

En un sentido de la propia realidad de las mujeres: saber qué quiere, dónde está. Es más consciente y más decidida. Más desinhibida. Es más ella misma.

La línea entre erotismo y pornografía, ¿la tiene clara?

Va dentro de la intuición. Esa línea está más en el espectador que en quien lo crea. Puedo crear una imagen muy soft que para ti puede ser pornográfica, y al revés. El creador no impone.

¿Y se pone límites a usted mismo?

No. Si la idea que me nace en la cabeza necesita que sea más explícito, lo soy. Y si esa foto no tiene que ir a una galería porque no encaja, pues no va, pero la hago. De hecho, me muevo en todo el ámbito… Hay fotos que no se muestran si expongo en China y no están preparados para el desnudo íntegro. De hecho, hago también fotos que no son desnudos, pero llevan un acento, un toque…

¿Cuál es su idea de la provocación?

«Soy un gran mentiroso con la cámara. Puedo mostrar a una mujer completamente diferente de lo que es»

No creo en la provocación del artista, como te decía, sino en el ojo de quien mira. Tú eres libre. Ahora puedes desnudarte y comer desnudo delante de mí, que si yo te acepto, si estoy preparado para ello, no existe ninguna alteración, nada.

Hay quien piensa que la cámara no miente. Yo creo que sí, e incluso que a veces conviene que mienta…

Claro, yo soy un gran mentiroso con la cámara. Puedo mostrar a una mujer completamente diferente de lo que es. Sin embargo, yo digo que lo que muestro estaba, pero oculto. Mi cámara revela lo que hay más allá de esa apariencia. Muestro a la mujer incluso como ella no quiere mostrarse. Todos tenemos un personaje, que es con el que nos movemos. Nunca llegan a conocernos realmente. Cuando fotografiamos a alguien, nos atrevemos a ir más allá. Y probablemente, para su entorno sea una gran mentira, pero ella sabe que es verdad.

Ese otro puritanismo que hay en la fotografía, el de no manipular la realidad, ¿qué opinión le merece?

«Si le hubiéramos dado a Miguel Ángel una rotaflex no habría tardado veinticinco años en hacer el David»

Yo estoy abierto a todo. Creo que el fin es la obra, y si le hubiéramos dado a Miguel Ángel una rotaflex no habría tardado veinticinco años en hacer el David, tendríamos cinco davides más, habría incluso sublimado la obra. Entiendo a la gente que le gusta trabajar con negativos, lo único que no me parece legítimo es no ser fiel a ti mismo. Si creas algo que te pertenece, utilizar una herramienta u otra es superfluo.

Eso lo entendieron todos cuando irrumpió la fotografía digital, ¿no?

Yo soy uno de los que nos partió por la mitad. Yo era un máquina revelando, de pronto aparece esto, le ves las posibilidades y… No quiere decir que lo otro no me valga ya, pero lo digital me ha permitido hacer una obra con posibilidades que no habría soñado.

¿Fue esa revolución la que lo llevó a versionar a La dama del armiño y tantas otras obras de la pintura clásica?

Esa serie la empecé como un homenaje a mí mismo. Hubo un momento en mi vida drástico, de pensar en qué momento estás, qué quieres hacer, y me di cuenta de que quería tener la frescura y las ganas de mis 20 o 25 años, con una madurez de los 38. Fue volver a mi esencia, al por qué de haber empezado con todo esto. Me puse a versionar aquellos cuadros que tanto me habían gustado, pero no se trataba de convertir a mis modelos en Madonnas del Quattrocento, sino traerlas a mi mundo, a lo contemporáneo.

¿Cómo fue la censura sobre su primera exposición aquí, en Algeciras?

Era una de esas aerografías que te contaba antes, de máquinas teniendo relaciones sexuales con mujeres. No recuerdo el nombre del concejal, pero la esposa se puso las manos en la cabeza y al día siguiente quitaron la exposición. Creo que fue el momento en que se me abrieron las miras.

¿La censura existe todavía hoy?

Ya Fumaroli lo decía: la cultura es una moneda de cambio con la que estamos manipulados. Nos indican qué tenemos que ver, qué comprar, y salirte de ahí es algo no imposible, pero que exige un criterio muy firme. El arte moderno no nos lo han enseñado como tal, la gente cultísima lo entiende, pero de ahí para abajo lo recibe desvirtuado. La gente no sabe lo que compra, o quizá compra como inversión, como si el arte fuera un refugio para tu economía. No sé si hay una censura de tipo directo. Lo que sí hacen las galerías es defender sus intereses, y eso sí limita y censura. A mí me han censurado una obra en el Canal de Isabel II, en una exposición sobre el trasero. Expuse una chica tatuada con un icono religioso, un niño Jesús de escayola en los brazos, y dos días antes de la inauguración lo descolgaron.

«Me pongo a estudiar el Renacimiento y descubro que el pecho fuera es un símbolo de pureza»

Sí, he visto varias obras suyas de ese tipo…

Verás, me acuerdo de una experiencia de cuando era pequeñito, un cura que por otro lado era un tipo bastante interesante, con el que luego tuve amistad; pues ese hombre nos ponía las filminas del catecismo y llegó una de Adán y Eva. Le pregunté cómo era posible que Eva tuviera ombligo. Estaba pendiente de todo, también de la ausencia del vello púbico en los cuadros… Y me llevé un coscorrón.

Es imposible no topar con la Iglesia cuando se analiza la pintura clásica, ¿no?

Claro, cuando me pongo a estudiar el Renacimiento, descubro que el pecho era es un símbolo de pureza, y se abre un gran camino. Una autopista. Pero la sociedad también ha llegado a otros niveles de pudor, en los que hoy día ya no puedes ni mirar a tu hermana…

Lo sacro y lo profano, que han convivido en tantas culturas, ¿sabemos en qué momento se separaron?

No se han divorciado tanto, todo sigue ahí. El daño verdadero se hizo desde la Edad Media, y estamos viendo a esas mujeres del islam, que no existían hace 50 años. Eso da una claridad tremenda de cómo funciona el miedo, cómo la mujer se expone a ese miedo y lo demanda. De otro modo, no puedo entender cómo existe eso.

«El daño se hizo desde la Edad Media, y estamos viendo a esas mujeres del islam, que no existían hace 50 años»

¿En qué momento se halla el erotismo?

Creo que esta época es maravillosa para el erotismo. Mira los libros de Taschen, hay un abanico que te dice cuánto público distinto hay. No olvidemos que esto funciona porque hay un público.

¿Quiénes le gustan del panorama actual?

Me gusta Guido Argentini, Saudek, por supuesto sigo con Newton, Avedon y toda esta gente. Hay un tipo que hace un erotismo muy de casa, no recuerdo su nombre… Me gustó Natacha Merrit cuando salió, aunque ha desaparecido de la escena. Hay gente muy muy interesante.

Internet, que provee de sexo al mundo, ¿es positivo, o pernicioso?

La parte buena es que puedes valorar qué te interesa, puedes elegir. La mala, la distorsión que hacemos de todo eso. El exceso de pornografía me parece brutal, y horrible. El género humano tiene una fijación por el tema sexual increíble, e internet lo refleja. Se diseñan unas gafas en 3D y lo primero que se piensa es en aplicarlo al sexo para vender mucho. El placer diseña así una zona de confort que te dice: no te levantes de ahí, que hay más. No necesitas chavalas de carne y hueso, yo te lo doy todo… además, antes la pornografía era el santuario del varón, y ahora se abre un espacio para la mujer.

¿Ellas lo entienden igual?

A estas alturas de mi vida entiendo bastante bien la feminidad, y la mujer para nada comparte la pornografía del hombre.

¿Qué ha aprendido en estos años de ellas?

Igual que el género femenino tiene que aprender de nosotros, nosotros tenemos muchísimo que aprender de la mujer. De su visión sencilla. Antes quería contarte un caso, un hombre que me escribió interesado en una foto. Me dice que su chica es una entusiasta de mi trabajo y que le haría ilusión posar para mí. Le contesto, me encanta la idea, pero él pone en boca de ella: “Claro que no le gustaría desnudarse, preferiría un retrato de cara o algo así…”. Yo sé que está hablando de él, de sus miedos. La mujer no tiene eso. El hombre sigue tratando a la mujer como algo de propiedad. No terminamos de reconocerle una libertad absoluta. Queremos ser su filtro. Ellas saben de sus complejos, y sus miedos, y te los exponen. Esa es la razón por la cual muchas de mis modelos acaban siendo amigas mías, ya que yo también me expongo, me quito el personaje.

«¿Quién ha impuesto la moda del pubis rasurado? Guillotinan una parte de la esencia, el Monte de Venus»

¿Tiene claro qué no le interesa a la hora de trabajar?

No suelen gustarme las mujeres voluminosas, pero si la obra la pide, es como el guión de una película, lo incorporo. Los pechos grandes tampoco me llaman, y eso crea conflictos cada vez que doy una charla. Siempre hay alguien que se ofende, y lo entiendo. Pero no es discriminar, a mí los colores me gustan todos, hay dos géneros y prefiero la mujer, y dentro de la mujer la prefiero de piel clara, poco pecho, cierta delgadez, cara redonda mejor que cuadrada… Va en mí, es mi visión, mis gustos. De todos modos, mi obra es un homenaje constante a la mujer.

¿Ha habido un erotismo ultrajante con ellas?

Sí, hay mucho machismo. Pero también lo veo en la moda del pubis rasurado. ¿Quién ha impuesto esa moda? La mayoría se lo hace con láser, guillotinando una parte de la esencia, el Monte de Venus, algo bonito. Tampoco me parece bien la otra moda, que se dejen crecer el vello de axilas… Se oscila de un punto a otro, pero hay presiones sociales fuertes. El tatuaje también me parece sintomático en ese sentido, o los mofletes con un hierro clavado. Pero yo solo soy un espectador de todo eso.

¿Qué opina, en este sentido, de la silicona?

«Deberían dedicarse horas en los colegios para que las niñas no lleguen a ser mujeres en exceso críticas con su cuerpo»

Bueno, como se puede apreciar en mi trabajo, el pecho grande y siliconado no tiene ningún protagonismo, a excepción de alguna fotografía como Eugenia, en la cual precisamente el tema de la imagen es lo bien que se sentía la modelo con su pecho operado.

¿Pero cree que es una aberración, o ya se ha convertido en algo “natural”?

Realmente no tengo nada en contra de la operación estética de los pechos. Creo entender lo importante y el significado de un pecho generoso y erguido en la mujer, pero la naturalidad de un pecho más pequeño y menos provocador me llama más. Tampoco lo considero una aberración, es algo aceptado… Forma parte de los estrictos condicionamientos y modas sociales que el ser humano, en su incoherencia y constante forma de antinaturalizarse, ha llegado a aventar como algo “natural”, como dices, cuando realmente lo que debería primar es ser aceptado por uno mismo y luego por la sociedad. Deberían dedicarse muchas horas de educación e inteligencia emocional en los colegios para que muchísimas niñas no lleguen a ser mujeres en exceso críticas con su cuerpo, etcétera.

Además de la serie sobre Hopper, ¿en qué trabaja en este momento?

Estoy con una serie sobre mujeres en situaciones provocativas e inquietantes. Trabajo sobre una idea de “chica mala”, no sé, haciendo cosas reprobables. Ahí invito al espectador a elegir entre la acción vil o la belleza de la modelo. ¿Con qué te quedas? ¿La belleza redime a nuestros ojos de la maldad? Es algo que está a la orden del día en las noticias, en la publicidad, por todas partes.

Una curiosidad para terminar: tengo entendido que la cercanía con Gibraltar facilitaba mucho la adquisición de cámaras, pero, ¿está de algún otro modo presente en su obra esta zona?

No sé, quizá sea la visión creativa lo que te aporta nacer en un sitio así. Una visión hacia afuera, un querer expandirse. Jamás me he planteado desarrollarme profesionalmente en Algeciras, al contrario, tengo una mentalidad completamente abierta.

Post relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *