«Es tiempo de que callen las armas y hable la política»

Selahattin Demirtas

Publicado por

Andrés Mourenza

@Andresmourenza

Periodista (La Coruña, 1984). Corresponsal de El País en Turquía.

Publicado el 8 Ago 2015

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Selahattin Demirtas (Jul 2015) | ©  HDP / Cedida
Selahattin Demirtas (Jul 2015) | © HDP / Cedida

Ankara | Julio 2015

En medio de la tensión y violencia que vive Turquía debido a los enfrentamientos entre el Estado Islámico (ISIL), las organizaciones kurdas y las fuerzas de seguridad turcas,  lo primero que llama la atención al llegar a la sede central del Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP, izquierdista y prokurdo) en la capitalina Ankara es la falta de seguridad. Penetro en el edificio y veo que el guarda de seguridad está en una suerte de sala de espera tomando té y charlando tranquilamente con otros empleados.

-Oiga, que entro.
-¿A quién has venido a ver?
-Al jefe. Tengo una entrevista con Demirtas.
-Cuarto piso –responde rechazando verificar mi tarjeta de periodista.

«Enfocar sólo los problemas de los kurdos ni solucionará los problemas de los kurdos ni los de Turquía»

No soy el único al que le sorprende esta falta de controles en un país acostumbrado a revisar cada persona y cada vehículo que entra en un centro comercial y a ver policías armados hasta los dientes apostados en cada plaza importante. Mientras esperamos nuestro turno -hoy es día de conceder entrevistas a los medios internacionales-, una periodista de Politico pregunta al asesor de prensa de Selahattin Demirtas, el colíder del HDP, por la razón de esta aparente falta de protección y sobre si temen ataques: “Hay un grupo de secretas que vigila la calle  [es cierto, he pasado ante ellos, aunque estaban algo apartados del edificio], pero son policías, ya sabes, tampoco te puedes fiar de ellos”.

Bajo la carismática batuta de Demirtas, y de la otra copresidenta, Figen Yüksekdag, el HDP consiguió los mejores resultados de su historia en las pasadas elecciones de junio (13 % de los votos) respecto a sus partidos antecesores –vistos siempre como el brazo político del grupo armado kurdo PKK- al sacar a la formación del cascarón del nacionalismo kurdo para tratar de convertirlo en un “partido de todos los oprimidos”.

“Es cierto que los kurdos sufren presiones más duras y una doble discriminación, pero, en Turquía, no son los únicos que tienen problemas. Hay problemas democráticos, hay problemas económicos, hay problemas culturales, así que creemos equivocado enfocarnos sólo en los problemas de los kurdos, porque eso ni solucionará los problemas de los kurdos ni los problemas que sufre Turquía”, explica Demirtas, flanqueado por una bandera de su formación y la enseña nacional de la luna y la estrella. El líder del HDP se ha tomado en serio eso de convertirse en un “partido de toda Turquía”.

«Un hermano se puede echar al monte mientras el otro hace el servicio militar, y pueden acabar los dos muertos»

– Este es un país extraño, en el que una misma familia puede dar un “mártir” (militar muerto en combate) a la guerrilla o al Ejército.

Los kurdos se han extendido por todo el país y también están dentro de la Administración del Estado y del propio sistema. Pero, pese a estar dentro del sistema e integrados, siguen siendo sometidos a una velada discriminación –responde Demirtas-. Y sí, como dices, se viven esas situaciones paradójicas. Debido a las injusticias sufridas un hermano se puede echar al monte mientras el otro está haciendo el servicio militar. Y pueden acabar los dos muertos.

El propio Demirtas (Elazig, 1973) soñaba de niño con ser militar pues envidiaba a un vecino suyo que era sargento. Pero pronto, la vida le sacó de sus ensoñaciones infantiles: la insurrección del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la declaración del estado de excepción, el conflicto kurdo… “Crecí en un ambiente cercano a esta lucha [kurda]. Y cuando estuve en la universidad, me uní al movimiento juvenil”.

De hecho, estuvo a punto también de enrolarse en la guerrilla, pero la casualidad no quiso que así fuera: los militantes del PKK que debían conducirlo a las bases del grupo armado en las montañas del sudeste de Turquía cayeron en una emboscada del Ejército: “Cuando crecí me hice antimilitarista. Luego, al terminar mi carrera de Derecho, me uní a la lucha por los derechos humanos y, posteriormente, entré en política”.

-Su hermano Nurettin Demirtas sí qué lucha en las filas del PKK.

-Mi hermano fue político durante un largo tiempo y fue también secretario general del partido, era un buen político. Pero el Estado no le dejó continuar su carrera, le puso todo tipo de obstáculos y le abrió todo tipo de procesos. Así que escapó del país y se fue la región federal del Kurdistán, a Mahmur [campamento de refugiados del norte de Irak establecido por kurdos escapados de Turquía en la década de 1990 debido al conflicto kurdo]. En una primera etapa estuvo a cargo de un programa de educación de niños y mujeres, pero cuando llegó el ataque del ISIL [Mahmur fue atacado por el Estado Islámico en agosto de 2014], se unió a la lucha contra el ISIL y creo que ahí sigue. Hace tiempo que no tengo noticias suyas, y por supuesto para mí y para mi familia es algo muy duro. Mucho más cuando, cada día, los medios turcos publican noticias diciendo ‘El hermano de Demirtas ha muerto’. Lo usan como guerra psicológica contra nosotros. Pero no es sólo mi familia, las madres y familias de los policías y de los soldados [asesinados por el PKK] también están sufriendo, así como las madres de los que están en las montañas [PKK].

«Bajo el manto de una operación contra el ISIL, el Gobierno turco lleva a cabo una guerra contra el PKK»

El líder del HDP cree que “no es sincera ni efectiva” la recién declarada guerra al Estado Islámico por parte del gobierno islamista del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) tras el atentado que, el pasado 20 de julio, acabó con la vida de 33 personas en la ciudad turca de Suruç: “Bajo el manto de una operación contra el ISIL, lo que el Gobierno turco está llevando a cabo es una guerra contra el PKK y las fuerzas kurdas, algo que reforzará al ISIL porque han sido los kurdos los que más han luchado contra el Estad Islámico”.

De hecho, tras el atentado de Suruç, Demirtas culpó al AKP de ser responsable de la masacre.

-Esta es una acusación muy grave, ¿qué pruebas tienen?

-Por supuesto no tenemos ningún documento que lo pruebe de forma fehaciente, pero hay varios indicios que refuerzan nuestras sospechas. Suruç está junto a la frontera de Siria, y los servicios de inteligencia están muy presentes allí. El Gobierno siempre tiene informaciones de cuándo se van a cometer atentados y el hecho de no haberlo impedido es responsabilidad del Gobierno. Lo ha utilizado para mostrarse ante el exterior como una víctima del terrorismo del ISIL, cuando ha estado ayudando a militantes del ISIL.

«¿Por qué todavía no se ha descubierto quién estaba detrás de la bomba en nuestro mitin de Diyarbakir?»

Lo que quiso con esta operación fue limpiarse de las acusaciones de haber apoyado al ISIL. Y lo consiguió: todos los líderes mundiales telefonearon a nuestro presidente [Recep Tayyip Erdogan] para darle el pésame por el atentado, sin embargo, el presidente no fue capaz siquiera de llamar a las familias de las víctimas del atentado para hacer lo mismo. ¿Por qué los participantes en el atentado no han sido detenidos ni ha procedido la investigación? Turquía tiene unos servicios de inteligencia muy potentes, ¿por qué no los utiliza? ¿Por qué todavía no se ha descubierto quién estaba detrás de la bomba en nuestro mitin de Diyarbakir? [Este atentado se produjo el día 5 de junio, dos jornadas antes de los comicios, y el principal imputado por los hechos, que había sido vigilado por la policía, se cree que tuvo relación con el joven que se inmoló en Suruç].

El Gobierno dirigido por Ahmet Davutoglu (AKP) ha aprovechado este atentado para lanzar una guerra sin cuartel contra todo tipo de “organizaciones terroristas” alegando que tanto el ISIL como el PKK y el grupo de extrema izquierda DHKP-C amenazan a Turquía. Pero lo cierto es que la mayoría de las detenciones en macroredadas policiales y la práctica totalidad de bombardeos militares se han dirigido contra estos dos últimos grupos: “El Gobierno debe abandonar todas estas manipulaciones. Es cierto, los actos violentos del PKK no son correctos, ni tiene derecho a cometerlos, ni le encontramos justificación alguna, pero tampoco es correcto que se le compare al ISIL. Hasta ahora, quienes han presentado una resistencia mayor al ISIL han sido las fuerzas kurdas”.

-El PKK declaró el fin del alto el fuego que mantenía desde 2013 el 11 de julio, antes del atentado de Suruç.

-Y nosotros pensamos que esto fue un error. No se debería haber vuelto a la lucha armada, porque eso impide que el problema pueda ser solucionado por la vía política. Por eso defendemos que se decrete un alto el fuego mutuo. Tanto el PKK como el Gobierno deben mostrar voluntad de volver a negociar una solución.

En una década informando sobre y desde Turquía no había visto jamás a un político del movimiento kurdo objetar de manera tan contundente las acciones del PKK. No en vano, el grupo armado ha emitido críticas bastante duras contra el HDP en los últimos dos meses, acusándoles de hacer una “política pasiva” y de apoyar que se forme una coalición de gobierno entre el islamista AKP y los socialdemócratas del CHP, la misma opción que defienden todos los actores económicos de Turquía, además de actores internacionales como la UE y EE UU, como modo de achicar la polarización que vive el país, pero a la que se opone el polémico presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. “Es normal que haya diferencia de opiniones”, defiende Demirtas: “Nuestro partido decide sus políticas en el seno del propio partido y a otras organizaciones puede no gustarle lo que decidimos”.

«Si decimos que el proceso de paz ha muerto, se extenderá la desesperanza y el pesimismo»

Pese a que Demirtas rechaza las acusaciones de que el HDP tenga “relaciones orgánicas” con el PKK, él y otros dirigentes de la formación se han embarcado en viajes a Bruselas y Kandil (las montañas del norte de Iraq donde se encuentra el cuartel general del PKK) para tratar de convencer a la organización armada de que cese sus actos violentos –desde el 20 de julio ha matado a más de una veintena de miembros de las fuerzas de seguridad y a cinco civiles- de manera que se pueda retornar a la “normalidad” del proceso de paz que negociaba con el Gobierno turco antes de las elecciones del 7 de junio.

“El proceso de paz vive una gran crisis, pero la misión de quienes dirigen este proceso es superar estos obstáculos. Si decimos que el proceso ha muerto, se extenderá la desesperanza y el pesimismo y jamás podrá recomenzar”, subraya Demirtas, a quien las últimas semanas le han tornado el gesto risueño que le llevo a lo más alto de la política por uno mucho más serio y cansado.

Pero no es sólo el PKK el que ha dado al traste con las negociaciones de paz, que hace sólo unos meses parecían definitivas. El propio Erdogan bloqueó las misiones del Gobierno –del mismo partido del que él continúa siendo el líder espiritual- que el pasado febrero tenían como objetivo entrevistarse con Abdullah Öcalan, el fundador del PKK encarcelado en la isla-prisión turca de Imrali.  Según Demirtas, esto se debe a que Erdogan percibió que el proceso de paz kurdo dañaba a su partido en las encuestas a pocos meses de los comicios y decidió “comenzar un discurso nacionalista” turco.

«Encontramos muy antidemocrática esa forma de gobierno unipersonal que pretende Erdogan»

Aún hay más: en un reciente almuerzo con la prensa, el viceprimer ministro Yalçin Akdogan –hombre de confianza de Erdogan en el Gobierno- ligó el descarrilamiento de paz a que el HDP se opusiese a apoyar una reforma de la Constitución para establecer el sistema presidencialista al que aspira el actual jefe de Estado turco. “Erdogan ha utilizado este tema para presionar a los kurdos y nosotros nos oponemos a ello. No hay ninguna posibilidad de que aceptemos ese intercambio porque encontramos muy antidemocrática esa forma de gobierno unipersonal que pretende Erdogan. Por eso nos opusimos a ello y dejamos claro que ello no podía ser una condición para el proceso de paz”, aclara Demirtas.

-Al contrario que anteriores partidos prokurdos, ustedes no culpan de todo al “Estado turco”, sino al Gobierno o más bien, ahora, al presidente. ¿Por qué ese cambio?

– Porque el que lleva a cabo estas políticas es Erdogan. El Gobierno actual es un gobierno de transición y un gobierno marioneta, que no tiene fuerza ni influencia. La política se dirige desde el Palacio [del presidente de la República, Erdogan]. Cuando nosotros tratábamos de parar a Erdogan, él ha desatado esta guerra, que es una guerra para defender su posición.

El líder del HDP ve a Erdogan como uno de los principales escollos para retomar el proceso de paz: “Es una persona muy cerrada al diálogo, no quiere hablar ni reunirse con nadie y ni siquiera se refiere a mí por mi nombre, dice ‘ese’, ‘el líder de ese partido’… Eso lleva a la polarización y a eso juega, porque sabe que la polarización le beneficia”. Pero a la polarización también juega el PKK porque su dirección militar parece temer perder el poder de influencia que antaño tenía –la polarización también les funciona a ellos-. Eso, Demirtas no lo dice abiertamente, pero se intuye en su discurso:

-Nosotros estamos intentando [que el ala civil del movimiento kurdo tenga más poder que la militar]. Cuanto más se democratice Turquía, más influyentes seremos y las armas perderán importancia. Por eso hay que apoyar a quienes hacen política y, en cambio, lo que hace el Gobierno es poner obstáculos a los que hacemos política. Nos abren investigaciones, nos procesan, se han puesto bombas en nuestras sedes. Es decir, se nos ponen obstáculos, lo que refuerza a los que hablan con las armas, cuando lo que se debería hacer es abrirnos el camino para que sea la política la que hable y callen las armas. La política debe imponerse a las armas, pero no lo podemos hacer solos. Hay que fortalecer la política, democratizar la Constitución y las leyes.

«No queremos ningún modelos autonómico ni federal, sino más competencias municipales»

-¿Qué tipo de descentralización esperan los kurdos en una nueva Turquía? ¿Un modelo autonómico a la española? ¿Federal a la alemana?

– No, no queremos ninguno de esos modelos. Lo que pedimos es que se dé más competencia a las autoridades municipales y locales. Y que cada uno pueda vivir de acuerdo a su identidad. Que se levanten todos los obstáculos a la cultura y la expresión en la lengua de cada uno y que se pueda hacer política en esa lengua. Que se redacte una nueva Constitución en la que se garantice el respeto a los derechos humanos.

El asesor de prensa de Demirtas pita el fin de la entrevista y yo he de marcharme para dejar paso a otros; desciendo la calle en la que se encuentra la nueva sede central del HDP bajo el sol inclemente de la capital turca.

Unas horas después de que tenga lugar esta entrevista, llega la noticia de que la Fiscalía –fuertemente controlada por el AKP- pedirá la imputación de Demirtas y demandará 24 años de cárcel para él por “incitar al pueblo a armarse y a matarse unos a otros” a raíz de unas palabras suyas del pasado octubre en las que llamó a tomar la calle para protestar contra la inacción del Ejecutivo islamista hacia la ciudad kurdo-siria de Kobani, entonces asediada por el Estado Islámico.

“En cuanto tenga oportunidad, escapará corriendo a las montañas” dice Erdogan de Demirtas

 

Casualmente la imputación llegaba unas horas después de que Erdogan cargase contra Demirtas, sin nombrarlo: “Esta persona es el principal responsable de que 50 personas muriesen en las matanzas del 6 al 8 de octubre [se refiere a los disturbios durante las protestas por Kobani de esas fechas]. De hecho, su hermano mayor es una persona que se crió en las montañas [PKK]. Incluso él [Selahattin Demirtas], en cuanto encuentre la oportunidad, escapará corriendo a las montañas”.

“Vaya –pienso-, a Demirtas le van a hacer un Zapata”. Esa estrategia que pasará a los anales de la doctrina jurídica como el acto de guardar los trapos sucios de un determinado político para imputarlo cuando más convenga. Desde luego, en el caso de la Justicia turca no es algo nuevo: en 2009, el Tribunal Constitucional turco –entonces controlada por los kemalistas- ilegalizó al partido prokurdo DTP e impuso a 35 de sus dirigentes la prohibición de hacer política durante cinco años.

Casualmente resultó que los diputados inhabilitados eran, en su mayoría, de la facción más moderada del partido, como el copresidente Ahmet Türk. En cambio, la otra copresidenta, Emine Ayna, representante de la línea dura del nacionalismo kurdo y abiertamente proPKK, no recibió ninguna pena. La vieja y siempre efectiva estrategia de la tensión.

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