El ministerio del miedo

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 27 Sep 2015

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“No tenemos por qué tenerle miedo a nada, excepto al propio miedo”, dijo el presidente Franklin Delano Roosevelt. Se equivocaba.

El miedo es una condición necesaria para la supervivencia humana. La mayoría de los animales en la naturaleza la poseen. Les ayuda a reaccionar ante los peligros y escapar o enfrentarse a ellos. Los seres humanos sobreviven porque son capaces de sentir miedo.

El miedo es algo tanto individual como colectivo. Desde sus primeros días, la raza humana ha vivido en colectividad. Esta es una condición necesaria y deseada por los humanos. Los primeros humanos vivían en tribus. La tribu defendía su territorio de todos los ”extraños” – las tribus vecinas – para proteger sus provisiones de comida y su seguridad. El miedo era uno de los factores que los unían.

Pertenecer a tu tribu es una necesidad psicológica, y está conectado con el miedo a otras tribus

Pertenecer a tu propia tribu (algo que tras mucha evolución ha pasado a ser la nación moderna) es también una profunda necesidad psicológica. Esto también está conectado con el miedo; miedo a otras tribus, miedo a otras naciones.

Pero el miedo puede crecer y convertirse en un monstruo.

Hace poco, recibí un artículo muy interesante escrito por un joven científico, Yoav Litvin, que trataba sobre este fenómeno.

Describía, en términos científicos, lo fácilmente que puede manipularse el miedo. El campo de la ciencia al que pertenecía el estudio era el de la investigación del cerebro humano, que se basa en experimentos con animales de laboratorio, como ratones y ratas.

No hay nada más fácil que crear miedo. Por ejemplo, a los ratones se les proporcionaba una descarga eléctrica con música rock de fondo. Después de algún tiempo, los ratones mostraban reacciones de miedo extremo cada vez que se les ponía música rock, aunque no se les diera una descarga. La música en sí les producía miedo.

Esto podía revertirse. Durante mucho tiempo, se les puso la música sin infligirles dolor. Lentamente, muy lentamente, el miedo remitió. Pero no por completo: cuando, bastante tiempo después, se les volvió a dar una descarga con la música puesta, todos los síntomas de miedo volvieron a aparecer inmediatamente. Con una vez bastó.

Aplica esto a las naciones humanas, y los resultados son los mismos.

Hasta la llegada del sionismo, los judíos árabes no vivían con más miedo que el resto de seres humanos

Los judíos son un espécimen de laboratorio perfecto. Los siglos de persecución en Europa les enseñaron el valor del miedo. Al ser capaces de oler el peligro desde lejos, aprendieron a salvarse a tiempo, por lo general huyendo.

En Europa, los judíos eran una excepción, lo cual favoreció la victimización. En el Imperio Bizantino (el Imperio romano de Oriente), los judíos eran algo común. En todo el Imperio, los colectivos territoriales daban pie a comunidades étnico-religiosas. Un judío de Alejandría podía casarse con una judía de Antioquía, pero no con una vecina, si ésta resultaba ser una cristiana ortodoxa.

El sistema ”millet” sobrevivió al Imperio otomano islámico, al Mandato británico y hoy perdura de forma consolidada en el Estado de Israel. En este país, una persona judía israelí no puede casarse legalmente con una persona israelí cristiana o musulmana.

Esta era la razón por la que no había antisemitismo en el mundo árabe, aparte del detalle de que los árabes también son semitas. Los judíos y los cristianos, los ”pueblos del libro”, tienen un estatus especial en un Estado islámico (como Irán hoy en día). Este estatus es en algunos aspectos de segunda clase y en otros es privilegiado (no tienen que servir en el Ejército). Hasta la llegada del sionismo, los judíos árabes no vivían con más miedo que la mayoría del resto de seres humanos.

La situación en Europa era bastante diferente. El cristianismo, que se escindió del judaísmo, albergaba un profundo resentimiento contra los judíos desde sus inicios. El Nuevo Testamento contiene descripciones profundamente antijudías de la muerte de Jesús, que todo niño cristiano aprende a una edad en la que es influenciable. Y el hecho de que los judíos eran el único pueblo de Europa (aparte de los gitanos) que no tenían patria los hizo aún más sospechosos y temidos.

El incesante sufrimiento de los judíos en Europa implantó un miedo continuo y arraigado en todos los judíos europeos. Estaban en alerta constante, consciente, inconsciente y subconscientemente, incluso en épocas y países que parecían bastante alejados de cualquier peligro, como la Alemania de la juventud de mis padres.

Mi padre fue un ejemplo excelente de este síndrome. Creció en una familia que había vivido en Alemania durante generaciones (mi padre, que había estudiado latín, siempre insistía en que nuestra familia había llegado a Alemania con Julio César). Pero cuando los nazis llegaron al poder, sólo hicieron falta unos pocos días para que decidiera huir, y pocos meses después mi familia llegó sana y salva a Palestina.

Un apunte personal: mi propia experiencia con el miedo también fue interesante. Al menos para mí.

Yo estaba muy orgulloso de no sentir ningún miedo en las batallas, pero era algo estúpido

Cuando estalló la guerra árabe-israelí de 1948, me alisté para misiones de combate sin pensármelo dos veces. Antes de mi primera batalla yo estaba, literalmente, convulsionándome del miedo. Durante el combate, que por suerte no fue muy duro, el miedo me abandonó para no volver. Así de simple. Desapareció.

En los siguientes 50 combates o así, incluyendo media docena de batallas grandes, no sentí ningún miedo.

Yo estaba muy orgulloso de esto, pero era algo estúpido. Cerca del final de la guerra, cuando yo ya era jefe de pelotón, se me ordenó tomar una posición que estaba expuesta al fuego enemigo. Fui a inspeccionarla, caminando casi erguido a plena luz del día, y de inmediato me impactó una bala perforadora de blindaje del bando egipcio. Cuatro de mis soldados, voluntarios de Marruecos, me sacaron de allí con valentía mientras nos seguían disparando. Llegué al hospital de campaña justo a tiempo para que me pudieran salvar la vida.

Incluso esto no me devolvió el miedo que había perdido. Sigo sin sentirlo, aunque soy consciente de que esto es algo extremadamente estúpido.

Volvamos con mi gente.

La nueva comunidad hebrea de Palestina, que fundaron los refugiados de los pogromos de Moldavia, Polonia, Ucrania y Rusia, y que luego reforzaron los que sobrevivieron al holocausto, vivió con miedo a sus vecinos árabes, que se rebelaban cada cierto tiempo en contra de la inmigración.

Esta nueva comunidad, llamada Yishuv, se sentía muy orgullosa del heroísmo de su juventud, que fue capaz de defenderse y proteger sus pueblos y sus aldeas. Creció todo un nuevo culto en torno al nuevo ‘sabra’ (”chumbera”), los heroicos e intrépidos jóvenes judíos nacidos en el país. Cuando tras una larga y amarga lucha (perdimos 6.500 jóvenes de una comunidad de 650.000 personas) al fin ganamos la guerra de 1948, el miedo colectivo racional fue sustituido por un orgullo irracional.

La mezcla de un orgullo arrogante y miedos profundos es un sello del Israel de hoy en día

Aquí estábamos, una nueva nación en una tierra nueva; nos sentíamos fuertes y autosuficientes. Nos podíamos permitir no tener miedo. Pero sí que lo teníamos.

La gente sin miedo puede hacer las paces, alcanzar un acuerdo con los enemigos de ayer, tratar de llegar a un estado de coexistencia e incluso amistad. Esto sucedió – más o menos – en Europa, tras muchos siglos de continuas guerras.

No aquí. El miedo al ”mundo árabe” ha sido un elemento fijo en nuestra vida nacional; la imagen del ”pequeño Israel rodeado de enemigos” ha sido tanto una convicción interna como un ardid propagandístico. Se sucedieron las guerras, y cada una de ellas produjo nuevas olas de ansiedad.

La mezcla de un orgullo arrogante y miedos profundos, de una mentalidad de conquistador y de angustia permanente, es un sello del Israel de hoy en día. Los extranjeros a menudo sospechan que esto es ficticio, pero es bastante real.

El miedo es también el arma de los gobernantes. Crea miedo y reinarás. Ésta ha sido la máxima de reyes y dictadores durante mucho tiempo.

En Israel, ésta es la cosa más sencilla del mundo. Sólo tienes que mencionar el holocausto (o Shoah en hebreo) y el miedo rezuma de cada poro del cuerpo nacional.

Avivar los recuerdos del holocausto es una industria nacional. A los niños se los manda a visitar Auschwitz en su primera excursión al extranjero. El último ministro de Educación decretó la introducción del estudio del holocausto en el jardín de infancia (es en serio). Hay un día del holocausto, junto con muchos otros días festivos judíos, la mayoría de los cuales conmemoran alguna conspiración del pasado para matar a los judíos.

Netanyahu no tiene visión, pero un talento real: instigar el miedo. En esto no hay quien le iguale

La imagen histórica que se crea en la cabeza de cada niño judío, tanto en Israel como en el extranjero, es, citando la oración de la Pascua judía que se lee en alto cada año en las casas de todas las familias judías, la siguiente: ”En cada generación se levantan contra nosotros para aniquilarnos, ¡pero Dios nos salva de caer en sus manos!

La gente se pregunta cuál es la cualidad especial que permite a Binyamin Netanyahu ser elegido una y otra vez y gobernar prácticamente en solitario, rodeado de una horda de don nadies ruidosos.

La persona que mejor lo conoció, su propio padre, declaró una vez que ”Bibi” podía ser un buen ministro de Exteriores, pero de ninguna manera podría ser un buen primer ministro. Es cierto, Netanyahu tiene una buena voz y un verdadero talento para la televisión, pero eso es todo. Es superficial, no tiene una visión global ni una visión real para Israel, su conocimiento de la historia es insignificante.

Pero tiene un talento real: instigar el miedo. En esto no hay quien le iguale.

Apenas hay un discurso importante de Netanyahu, ya sea en Israel o en el extranjero, en el que no se produzca al menos una mención al holocausto. Después de eso, viene la imagen que inspire miedo más reciente.

Si le quitas la bomba iraní a Netanyahu, ¿qué le queda? Encontrará otra amenaza

Hace un tiempo era el ”terrorismo internacional”. El joven Netanyahu escribió un libro sobre este tema y se autoproclamó experto en la materia. En realidad, esto es una tontería. El terrorismo internacional no existe. Es un concepto que han inventado algunos charlatanes, que hacen de ello una carrera. Profesores de universidad y gente así.

¿Qué es el terrorismo? ¿Matar a civiles? Si esto es así, los actos de terrorismo más horribles de la historia reciente fueron Dresden e Hiroshima. ¿Matanza de civiles por parte de combatientes que no pertenecen a las fuerzas del estado? Haga su elección. Como he dicho muchas veces: los que ”luchan por la libertad” son los de mi bando, los ”terroristas” son los del bando contrario.

Los palestinos, y los árabes en general son, por supuesto, terroristas. Nos odian por haberles quitado parte de su tierra. Obviamente, no puedes hacer las paces con gente malvada como esa. Sólo puedes temerles y combatirles.

Cuando el campo del terrorismo estuvo ya demasiado machacado, Netanyahu se cambió a la bomba iraní. Ahí estaba: la verdadera amenaza para nuestra propia existencia. El segundo holocausto.

En mi opinión, esto ha sido siempre ridículo. Los iraníes no tendrán bomba, y si la tuvieran no la usarían, porque tendrían garantizada su propia aniquilación nacional.

Pero si le quitas la bomba iraní a Netanyahu, ¿qué le queda? No sorprende que peleara con uñas y dientes por mantener viva esa amenaza. Pero ya por fin se ha descartado. ¿Ahora qué hacemos?

No os preocupéis. Bibi encontrará otra amenaza, más espeluznante que ninguna anterior.

Sólo esperad y temblad.

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