Dimitris Lyacos

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Es la identidad colectiva de los autores de la revista M'Sur. Aparece normalmente en las colaboraciones de artistas, escritores o músicos que, por ser esporádicos, no disponen de usuario propio en la revista.

Publicado el 24 Oct 2015

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Distopia lírica

Dimitris Lyacos (Sep 2010) | Katerina Fougiatzi / Creative Commons
Dimitris Lyacos (Sep 2010) | Katerina Fougiatzi / Creative Commons

Dimitris Lyacos (Atenas, Grecia, 1966). Tras haber cursado estudios clásicos, estudió Jurisprudencia en la Universidad de Atenas, licenciándose en Derecho. Luego se trasladó a Londres donde asistió a cursos de posgrado en la University College London, Faculty of Art, Department of Philosophy, especializándose en la filosofía analítica, epistemología y metafísica, filosofía presocrática y Wittgenstein. Hoy en día se desplaza por toda Europa para difundir su obra literaria y muchas son también sus apariciones en festivales poéticos internacionales y representaciones teatrales en distintos países. Es también miembro del Programa Internacional de Escritura, Universidad de Iowa.

Lyacos es el autor de la trilogía Poena Damni, uno de los principales ejemplos de la escritura vanguardista contemporánea europea. El título de la obra podría proceder de algunos pasos de la Summa theologiae del Santo Tomás de Aquino, donde habla de “poena sensus” y “poena damni”, especificando que la primera es la pena física de los condenados, la segunda la a la que está sometida el alma.

El lector, a lo largo de la narración, puede ver el deseo del poeta de descubrir la esperanza en este mundo con el fin de dar un sentido a la vida con vistas a evitar, por un lado, la damnación eterna y, por el otro, la anulación total del cuerpo. El conjunto de esta trilogía es, además de la metáfora de un viaje descrito en términos oscuros y difícil de comprender, la descripción de la existencia humana. Característica peculiar parece ser un hondo pesimismo sobre la triste condición del ser humano, el cual, provisto de racionalidad, piensa que es posible alcanzar la completa sabiduría y encontrar las respuestas a las preguntas existenciales.

El texto se ha desarrollado a lo largo de veinte años con extractos que aparecían como un trabajo en progreso en revistas de todo el mundo, hasta su completa finalización en 2013. La trilogía (Z213: SALIDA, Con la gente desde el puente, La primera muerte) se clasifica como un género posmoderno y transversal; parece formar, sin embargo, una estructura bien definida explorando temas clásicos como el chivo expiatorio, el regreso de los muertos, el sufrimiento físico y la enfermedad mental.

A medida que el lector se mueve a través de los diferentes enfoques narrativos de los tres libros, la historia se desarrolla: la prosa en forma de diario en Z213: SALIDA conduce a los monólogos elípticos y a la distinta drama de Con la gente desde el puente y desde allí a la densa imaginación poética en La primera muerte. Un viaje a un mundo mistificador y desconocido que cruza y se extende por los límites percibidos de la forma literaria.

Además de los contenidos, el texto presenta distintos niveles de lectura: 1) estético, por las imágenes que reflejan el estado físico y mental del protagonista; 2) emocional y sentimental, por la empatía hacia su sufrimiento; 3) de reflexión filosófica sobre un mundo en ruinas y sin certezas; 4) de una religiosidad laica, en la que el ser humano no muere del todo, colocándose en una especie de limbo dantesco. El resultato es un universo alternativo y alegórico, la creación de un nuevo mito que va más allá de la distopía posmoderna.

Traducciones del texto original griego han aparecido en inglés, alemán, italiano, español, francés y portugués. La obra ha sido objeto de conferencias e investigación también en plano teórico en las Universidades de Amsterdam, Trieste y Oxford, entre otras. Para más información visite: www.lyacos.net

[Alessandro Lo Coco]

Z213: SALIDA

Z213: ΕΞΟΔΟΣ

Comienzo

Estos los nombres y así me encontraron.
Y en cuanto me llevaron me quedé un poco de tiempo y luego me
acompañaron había un edificio con cuatro apartamentos
grandes patios y habitaciones los demás estaban allí
cuatro apartamentos separados no muy cerca de la playa.
Y de vez en cuando comíamos juntos y en el centro
un leño con ramos cortados arriba una abertura para
el humo, y ceniza en el suelo negras manchas
y ceniza. Y desde los huecos en las paredes
brotaba un poco de agua y algunas veces podías pedir
que fueras arriba a ver a otro y cuando
algunas veces por la noche había un corte de luz y
permanecíamos callados en la oscuridad otros apartamentos que
no comunicaban tres cuatro cinco entre
nosotros nos amábamos el uno al otro sin embargo la mayoría
de los que estábamos allí moriría alguna vez
todos y yo también y entonces gritaron los que creían
otros no teníamos este derecho y estábamos en
todos estos apartamentos más o menos un millar y
cada día llegaba uno del personal con un
catálogo y se quedaron de pie en la puerta cuando entrabas
en la puerta de afuera para entrar se quedaron de pie y
gritaba para que salieran afuera y los llamaban entonces los
pillaron de allí y quedaban diez en otro sitio quince
según el departamento y los llevaban a un sitio particular
desde la noche hasta el día siguiente y
el día siguiente por la mañana venían y los recogían
de allí y escucha el momento en el que entraban
adentro y gritaban los nombres escucha ahora que
nos dan la despedida éramos dos mil más o menos.

lyacos-exodos
Fragmento Pág. 19

Unas pocas horas todavía, estación, vacía, calle de polvo
hacia el centro de la ciudad, fango, fango, afuera mantas,
ruinosas casas de chapa, un poco más atrás el pilar torcido,
ningún coche, basura, dos chicos que incendian un montón,
otras dos tres luces al horizonte, casas, más agrio el olor,
el asfalto a pedazos, casas a bloques de cemento, poca gente,
puertas entreabiertas, penumbra, el colchón como si fuera mojado,
aquella leche, el vuelco en el estómago y mareo, cuando me desperté,
me levanté para conseguir antes que anocheciera, un poco al azar y
de lo que me acordaba, pregunté, desde el otro lado, detrás del puente,
el fragor del agua, los árboles que ennegrecían pero aún veía,
estaba en frente de mí casi en cuanto entré.
Qué haces por aquí, me siento a tu lado un poco,
si también entonces hubieras podido, si alguien se hubiera acurrucado,
si te hubiera escuchado como aún eras escuchado, tus ojos que brillaban
los ojos que se ofuscaban, el dolor que obcecaba,
con quién más te llevaron aquí, la campana,
silencio mientras te llevaban abajo, canción ahogada y pausa, el fragor del agua.
Tengo frio, me voy entre los otros nombres, fotografías que te miran sin poder,
el sol que ahora se desvanece otra vez. En la calle hacia atrás, en la llanura
un débil, como último suspiro, y un brillo, el río que se aleja,
la ciudad muda como antes, con un poco de vino en una mesa en el rincón,
la biblia que se apaga, en ella las palabras de un extranjero,
en todo esto escribo donde encuentro una zona muerta.

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Fragmento Pág. 69

Al principio no ves solo imaginas, luego
piensas ver, despliegas con tu mente un
territorio en el que no se ve nada. A medida que
el paisaje se va aclarando en el campo visual,
los límites van hacia atrás. Luego miras algunos metros
delante, ves que viajan, no tú, sino los objetos,
si puedes llamarlos objetos. Si no veías, viajarían
dentro de lo que tocas, contactos en sucesión
uno tras otros, en una serie. Tú así la llamarías,
serie, y si hicieras el mismo movimiento
al revés, podrías prever la misma serie
desde el final hasta el comienzo. La mano desde
los pantalones, en el asiento, y en su brazo,
en el cristal de la ventana, y otra vez atrás, la misma serie,
con las distancias que habías observado en el lugar. No
como cuando miras, durante una hora, y cambia su color
porque cambia la luz, se hacen grandes cuando los
acercas a ti, desaparecen, entran y salen
de la luz en la oscuridad. Depende de la luz.
Y cualquier otra cosa podría salir de la oscuridad,
delante, mientras caminamos. Porque también sabes
que el cielo está allí, aunque haya oscuridad,
aunque esté vacío. Como sabes la tierra desde abajo
te empuja hacia adelante. El engranaje la empuja y ella
lo empuja adelante. Si se ablandara un poco
nos hundiríamos en ella. A lo mejor vamos a hundirnos en algún lugar.
Tal vez allí en el horizonte el movimiento no sea tan
fuerte. De ciertas alteraciones entiendes como
la luz juega con la inestabilidad.

lyacos-exodos69

Con los hombres desde el puente

(Comienzo)

Ya había oscurecido cuando crucé el otro lado de la estación y salí
a la calle. Aún llovía, un poco. Los encontraría debajo de uno de los arcos
del puente, como me dijo. Vería una luz. Llegué justo afuera, esperé.
Esperamos. Abrieron la puerta, entramos. Nos dieron una hoja de papel.
En el interior veías hacia un punto, luego oscuridad. Me senté entre los demás,
en el suelo de tierra. Diez más o menos, algunos de ellos con perros. A la izquierda
la pared colgando. Otros dos por allí. Tres. Arriba en frente azul oscuro, a la derecha
una luz verde y lámparas blancas colgando cinco o seis del techo
justo encima de nosotros encendidas excepto una. En un rincón las mujeres.
Tres alrededor de un barril roto, otra traía periódicos. Partieron
algunos y los echaron adentro. Fuego. Se ha apagado. Otra vez. Cuando iban
un poco más cerca de la pared detrás de ellas, casi no las veías, era la ropa o la luz
que así lo hacía parecer. Y continuamente abrían y cerraban los ojos, como
espasmos que bajaban hacia la boca – excepto la a la derecha que era,
quizás, más joven. Ahora, ¿este que pasa frente a ellos desnudo desde la mitad
con un ladrillo roto o una piedra? en la mano, y viene hacia aquí. Un
signo como una palabra en su pecho desde el cuello bajando. Se sienta en el suelo,
coge dos barras de madera, clava, hizo una cruz. La ahoga en un charco.
Al lado una botella y un vaso. Más atrás una carrocería de un coche
medio enterrado, sin la puerta delantera. Encima del capó un radiocasete y una
televisión, el parabrisas cubierto por una chapa de hierro. Una mujer sale
del coche. Antes no se veía nada, como si fuera vacío. Como una máscara
de polvo desde la naríz hacia abajo, la boca apenas aparece. Entra dentro
otra vez, arrastrando delante una cubierta de madera. Tira para cerrar pero
no puede. Chatarras alrededor. Piezas de recambio. Y uno más que
camina por ahí, también él viene hacia aquí. Envejecido, el jersey
destrozado, un libro en la mano y dentro algunos papeles. En la hoja de papel que
me dieron cuatro nombres: Narrador – el que tiene el libro. Como
Biblia. Abre y cierra el radiocasete. Zumbido. Va y ayuda a las mujeres.
Y otros periódicos, Baile – las mujeres. LG – poco más atrás, algo ha clavado
otra vez. NCTV – la que está en el coche. LG, NCTV. Estos eran los nombres. Título.
NCTV. Algo parecido, me acuerdo, el nombre de la estación. Niktovo. No. Niktivo.
Nichtovo. No. Otro zumbido, más fuerte, constante desde el momento
que entré. Radiocasete. Narrador. Abre y cierra, se va, viene otra vez abre
la Biblia, arranca desde dentro y pega las páginas en la pared
a la derecha, una al lado de la otra. Luego espera. Espera. Casi nos da
las espaldas. Por un lado y por el otro cruces pintadas
en el cemento. Viene aquí para leer. Narrador. Se apagan las luces arriba.

Andaba de noche
y de día por los cerros y
las tumbas, gritando,
y golpeándose con piedras.
Viendo a Jesús desde
lejos, echó a correr,
y poniéndose de rodillas delante de él,
le dijo a gritos
¡No te metas conmigo, Jesús,
Hijo del Dios altísimo!
Te ruego por Dios
que no me atormentes.
Hablaba así porque Jesús le había dicho
¡Espíritu impuro, deja
a ese hombre! Jesús le preguntó
¿Cómo te llamas? Él contestó
Me llamo Legión
porque somos muchos.

Se vuelve y hace una señal a las mujeres para que empiecen. Empiezan todas juntas.

Hace mucho que no sales de aquí. Te sientas adentro
y esperas. Algunas veces como si se oyera
o así te parece. Te pareció,
cuando saliste afuera y fuiste a la puerta.
Nada. Pero vives de esto. Cada día lo mismo

Se paran. Se miran entre ellas y alrededor

a veces mucho más.
Casi como voces, más o menos. Están dentro de tí.

Esto. Pero luego llega el día en el que salen
y los esperas en casa. El mismo día cada vez.
A veces cuando por la mañana te despiertas es como si te hubieras pegado
y te despegas de encima de ellos. Quieres quedarte un poco más
no quieres levantarte. Te vuelves miras a la derecha y a la izquierda
acaso llegaron. No.
No han llegado. Pero levántate
es hoy.
Hoy. Levántate.
Un año más ha pasado y

Se paran bruscamente, algunos segundos, otra vez, ¿quién es este?

estaremos otra vez juntos.
Unas pocas horas todavía. Luego nos acostaremos. Nos despertaremos
Esperaremos. Nos acostaremos.
Nos despertaremos. Esperaremos.

Με τους ανθρώπους από τη γέφυρα

Ειχε ηδη νυχτωσει οταν περασα στην αλλη μερια του σταθμου και βγηκα στο δρομο. Εβρεχε ακομη, λιγο. Θα τους εβρισκα σε μια απ’ τις αψιδες κατω απ’ τη γεφυρα, οπως μου ειπε. Θα εβλεπα φως. Εφτασα απ’ εξω, περιμενα. Περιμεναμε. Μας ανοιξαν, μπηκαμε. Μας εδωσαν απο ενα χαρτι. Μεσα εβλεπες μεχρι ενα σημειο, σκοταδι μετα. Καθησα στους αλλους αναμεσα, κατω στο χωμα. Δεκα περιπου, καποιοι απ’ αυτους με σκυλια. Αριστερα γκρεμισμενος ο τοιχος. Αλλοι δυο απο εκει. Τρεις. Ψηλα απεναντι μπλε, δεξια πρασινο φως κι ασπρες λαμπες που κρεμονταν πεντε η εξι απ’ το ταβανι ακριβως απο πανω μας αναμμενες εκτος απο μια. Στη μια ακρη οι γυναικες. Τρεις γυρω από ενα κομμενο βαρελι, αλλη μια εφερνε εφημεριδες. Εσκισαν μερικες και τις εριξαν μεσα. Φωτια. Εσβησε. Παλι. Οταν πηγαν για λιγο κοντα στον τοιχο απο πισω τους, σχεδον δεν τις εβλεπες, ηταν τα ρουχα η το φως που το εκανε να φαινεται ετσι. Κι ανοιγοκλειναν συνεχεια τα ματια, σα σπασμοι που κατεβαιναν μεχρι το στομα – εκτος απο αυτη αριστερα που ηταν μαλλον νεοτερη. Τωρα αυτος που περναει μπροστα τους γυμνος απ’ τη μεση με ενα σπασμενο τουβλο η πετρα; στο χερι, κι ερχεται προς τα εδω. Ενα σημαδι σα λεξη στο στηθος του απ’ το λαιμο κατεβαινοντας. Καθεται κατω, παιρνει δυο ξυλα, καρφωνει, εφτιαξε ενα σταυρο. Τον μπηγει στη λασπη. Διπλα ενα μπουκαλι κι ενα ποτηρι. Πιο πισω ενα αμαξωμα αυτοκινητου μισοθαμμενο, χωρις πορτα μπροστα. Στο καπο ενα κασετοφωνο και μια τηλεοραση, το παρμπριζ σκεπασμενο με μια λαμαρινα. Μια γυναικα βγαινει απ’ το αυτοκινητο. Πριν δε φαινοταν καθολου, σα να ηταν αδειο. Σα μασκα απο χωμα απ’ τη μυτη και κατω, το στομα μολις που φαινεται. Μπαινει μεσα ξανα, σερνει μπροστα ενα ξυλινο σκεπασμα. Τραβαει να κλεισει αλλα δε μπορει εντελως. Παλιοσιδερα γυρω. Εξαρτηματα. Κι ενας ακομα που περπαταει εκει αναμεσα, ερχεται κι αυτος προς τα εδω. Γερασμενος, σκισμενο πουλοβερ, ενα βιβλιο στο χερι και μεσα κατι χαρτια. Στο χαρτι που μου εδωσαν τεσσερα ονοματα: Αφηγητης – αυτος που κραταει το βιβλιο. Σα Βιβλος. Ανοιγοκλεινει το κασετοφωνο. Βομβος. Παει και βοηθαει τις γυναικες. Κι αλλες εφημεριδες, Χορος – οι γυναικες. ΛΓ – λιγο πιο πισω, κατι καρφωνε παλι. ΝCTV – αυτη στο αυτοκινητο. ΛΓ, ΝCTV. Αυτα ηταν τα ονοματα. Τιτλος: NCTV. Καπως ετσι θυμαμαι το ονομα του σταθμου. Νυκτοβο. Οχι. Νυκτιβο. Νιχτοβο. Οχι. Ενας αλλος βομβος, πιο δυνατος, συνεχομενος απ’ την ωρα που μπηκα. Κασετοφωνο. Αφηγητης. Ανοιγοκλεινει, φευγει, ερχεται παλι ανοιγει τη Βιβλο, σκιζει απο μεσα και παει και κολλαει τις σελιδες στον τοιχο δεξια, τη μια διπλα στην αλλη. Μετα περιμενει. Περιμενει. Με την πλατη γυρισμενη σχεδον. Απ’ τη μια κι απ’ την αλλη μερια σταυροι με σπρευ στο τσιμεντo. Ερχεται εδω να διαβασει. Αφηγητης. Σβηνουν επανω τα φωτα.

και δια παντος νυκτος
και ημερας εν τοις μνημασι
και εν τοις ορεσιν ην κραζων
και κατακοπτων εαυτον λιθοις.
ιδων δε τον Ιησουν απο
μακροθεν εδραμε
και προσεκυνησεν αυτον,
και κραξας φωνη μεγαλη
λεγει΄ τι εμοι και σοι, Ιησου
υιε του Θεου του υψιστου;
ορκιζω σε τον Θεον,
μη με βασανισεις.
ελεγε γαρ αυτω΄ εξελθε το
πνευμα το ακαθαρτον εκ του
ανθρωπου. και επηρωτα αυτον’
τι ονομα σοι; και απεκριθη
λεγων΄ λεγεων ονομα μοι,
οτι πολλοι εσμεν.

Γυριζει και κανει νοημα στις γυναικες να αρχισουν. Αρχιζουν ολες μαζι.

Εχεις καιρο να βγεις απο δω. Καθεσαι μεσα και
περιμενεις. Μερικες φορες σα να ακουγεται
η ετσι νομιζεις. Σου φανηκε,
οπως βγηκες εξω και πηγες στην πορτα.
Τιποτα. Ζεις ομως με αυτο. Καθε μερα το ιδιο

Σταματουν, κοιταζονται μεταξυ τους και γυρω

μερικες φορες περισσοτερο.
σα φωνες καπως, περιπου. Ειναι μεσα σου.

Αυτο. Μετα ομως ερχεται η μερα που βγαινουν
τους περιμενεις στο σπιτι. Την ιδια μερα καθε φορα.
Καμια φορα το πρωι οταν ξυπνας ειναι σα να εχεις κολλησει
και να ξεκολλας απο πανω τους. Θελεις να μεινεις λιγο ακομα
δε θελεις να σηκωθεις. Γυριζεις κοιταζεις δεξια αριστερα
μηπως ηρθαν. Οχι.
Δεν εχουν ερθει. Σηκω ομως
σημερα ειναι.
Σημερα. Σηκω.
Αλλος ενας χρονος που περασε και θα

Σταματουν αποτομα, μερικα δευτερολεπτα, ξανα, ποιος ειναι αυτος;

ειμαστε παλι μαζι.
Λιγες ωρες ακομη. Μετα θα κοιμηθουμε, θα ξυπνησουμε
θα περιμενουμε. Θα κοιμηθουμε.
Θα ξυπνησουμε. Θα περιμενουμε.

(Otro fragmento)

Luego oía pasos otra vez y
también como si alguien masticara. Cada día
lo mismo. Este dolor es como el reloj que se oye
cada vez que lo miras. Rómpelo y tíralo.
El sol opaco. Más cerca de un ojo que del otro.
Los oyes desde arriba. Se fueron otra vez. Silencio.
Luego otra vez lluvia, no consigue secarse
la manta. Luego salí porque tenía hambre y fui a buscar algo que comer.
Cuando volví habían vuelto a poner los ladrillos y habían cerrado otra vez.

Se para, continúa

golpea más fuerte y quita los ladrillos. Cuando entres
ponlos otra vez en su lugar. Pon también
la manta encima. Deja un agujero
para que entre un poco de sol.
Me senté a tu lado
sabía que estabas allí. Pasó una hora.
Como si te viera. La boca entreabierta
los ojos como entonces, al final

Pasó una hora.

Salí otra vez y llevé un poco de agua. Un trago. Me hace bien
al estómago, me conforta
y puedo acostarme un poco.
En el sueño otra vez, tu voz muy fuerte. No podía. Me levanté
y golpeaba desde arriba la cobertura hasta que se rompiera.
La quité. La arrastré y la puse en posición supina.
La levanté. Cayó de nuevo. Otra vez. Pasó una hora.
Al final la llevé afuera. La dejé en el suelo
y fui a buscar la manta por si acaso la había arrastrada
el viento. Volví y me acosté a su lado. Estaba cansado.
Bastante luz. Un largo gusano blanco. Un dedo
que cavaba solo.
Deja algo para mi. Al final algo quedará.
Un diente de su boca,
algo para mi
un diente

roto.

μετα ακουγα βηματα παλι και
σαν καποιος που μασαγε. Καθε μερα
το ιδιο. Αυτος ο πονος ειναι σαν το ρολοι που ακουγεται
καθε φορα που προσεχεις. Σπαστο και πετα το.
Ο ηλιος θαμπα. Πιο κοντα στο ενα ματι απ’ οτι στο αλλο.
Τους ακους απο πανω. Εφυγαν παλι. Ησυχια.
Μετα παλι βροχη, δεν προλαβαινει να στεγνωσει
η κουβερτα. Μετα βγηκα γιατι πεινουσα και πηγα να βρω κατι να φαω.
Οταν γυρισα ειχαν βαλει πισω τα τουβλα κι ειχαν κλεισει ξανα.Σταματαει, συνεχιζει

χτυπα πιο δυνατα και ξεκολλα τα τουβλα. Οταν μπεις
βαλτα παλι στη θεση τους. Βαλε και
την κουβερτα απο πανω. Σκιστη και λιγο
να μπαινει το φως.
Καθησα διπλα σου
ηξερα πως ησουν εκει. Περασε ωρα.
Σα να σε εβλεπα. Μισανοιχτο στομα
τα ματια οπως τοτε, στο τελος

Περασε ωρα.

Βγηκα παλι κι εφερα λιγο νερο. Μια γουλια. Μου κανει καλο
στο στομαχι, με ανακουφιζει
και μπορω και ξαπλωνω για λιγο.
Στον υπνο παλι, η φωνη σου πολυ δυνατα. Δε μπορουσα. Σηκωθηκα
και χτυπουσα απο πανω το σκεπασμα μεχρι να σπασει.
Το εβγαλα. Την τραβηξα και τη γυρισα ανασκελα.
Τη σηκωσα. Επεσε παλι. Ξανα. Περασε ωρα.
Στο τελος την εβγαλα εξω. Την αφησα κατω
και πηγα να δω την κουβερτα μηπως την ειχε ριξει
ο αερας. Πηγα παλι και ξαπλωσα διπλα της. Ειχα κουραστει.
Φως αρκετο. Ενα ασπρο σκουληκι μακρυ. Ενα δαχτυλο
που εσκαβε μονο του.
Ασε κατι για μενα. Στο τελος κατι θα μεινει.
Ενα δοντι απ’ το στομα της,
κατι για μενα
ενα δοντι

σπασμενο

La primera muerte

III

Muertas mandíbulas que apretan torrentes
dientes quebrados donde desenterró sus raíces
el frémito de la víctima antes de someterse al gancho,
alrededor las impresiones del frenesí y la desolación
en el medio de los viejos ramos del hecatombe
se abren como red hacia un anémico cielo
que como un temblante beso pende de tus labios;
armadas de muertos que susurran incesantemente
en un infinito cementerio, dentro de ti
y tú más no puedes hablar, ahogas
y el dolor a ti habitual va a tientas
buscando salidas en el cuerpo impenetrable
ahora más no puedes andar –
te arrastras allí donde la tiniebla está más
tupida más tierna, osamenta
de un animal destripado
un pequeño montón de huesos que saben de guaridas tú abrazas
y te duermes.

V

Noche serena. Desesperación
Los demonios se han apaciguado. Aulla la luna. Los senderos memoriales de la flagelación. Perros degollados nadan en zanjas marchitas. Congelan huesos y escamas voluptuosas. Secuencia de una cara sin boca. Sed de resurrección. Me bautizo en las hoyas del luto; besos negros y lenguas heladas sobre mi cuerpo infecto. Impenitente me pongo cachondo sacrílego agonizo, en lo más íntimo de tu cuerpo echo sangre. Inmaculado rebosa rocío en la madrugada de tu abrazo.
Alba serena. Desesperación.

XI

Velo de la tarde, despojo de una ciudad expugnada. Habitaciones obscuras de linfáticos albergues, residuos dejados a la merced del sueño. En la incesante hemorragia de las cosas lucha todavía con la muerte el último relámpago de la mirada. Escarpadas arterias silenciosas, besos enfangados – recuerdos de cráneos volcados a las orillas de las avenidas. Triste la salmodia de los ratones en las iglesias. La agonía contagiosa de máquinas destrozadas. Alas devueltas harapos, indómitas; trampas infalibles. La inmutable bóveda del cielo leproso hasta los extremos confines.

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De la trilogía Poena damni (2009)

© Dimitris Lyacos 1996-2014 | © Traducción: Alessandro Lo Coco [Cedido por el traductor · Oct 2015].

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