«En Cataluña no acabaremos a tiros, porque no tenemos pistolas»

Clara Usón

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 23 Nov 2015

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Clara Usón (Sevilla,Oct 2015)  | © Inma Flores
Clara Usón (Sevilla,Oct 2015) | © Inma Flores

Sevilla | Octubre 2015

La trayectoria literaria de Clara Usón (Barcelona, 1961) conoció un antes y un después del día en que leyó en el Times londinense que Ana, la hija de Mladic, Comandante en jefe del Ejército serbio-bosnio, se había suicidado. “En ese momento pensé que se trataba de una historia que tenía que contar alguien de allá, porque las guerras balcánicas son siempre un lío”, recuerda. “Sin embargo, cuando acabé Corazón de napalm empecé a considerar que podía hacer una nouvelle con aquel drama. Imagínate, una chica de 23 años que lo tiene todo, guapa, simpática, inteligente, que es la mejor alumna de su Facultad de Medicina en Belgrado, donde aún no se sufría la guerra, solo el embargo”.

«Creo que Ana le lanzaba un mensaje a Mladic: me mato porque no soporto seguir siendo tu hija»

“Adoraba a su padre y su padre a ella”, prosigue. “En marzo de 1994, Ana se fue de viaje a Moscú con unos amigos, y a la vuelta estaba retraída, triste, hasta que se quitó la vida. Su familia nunca llegó a averiguar por qué se descerrajó un tiro con aquella pistola antigua, una Zastava de fabricación yugoslava, que le regalaron a su padre los compañeros de promoción, la que según él solo dispararía cuando naciera su primer nieto. Yo creo que le estaba lanzando un mensaje: me mato porque no soporto seguir siendo tu hija, sabiendo lo que sé. Creo que sus compañeros debieron de contarle lo que Mladic había hecho, y no lo pudo soportar”.

Usón estuvo tres años documentándose para este libro, que se llama La hija del Este y le valió premios tan prestigiosos como el Ciudad de Barcelona, el de Cultura Mediterránea o el Nacional de la Crítica. Pero en el curso de la investigación tropezó con la historia de los ustachas croatas, que aún debía esperar su turno. Éste ha llegado en su última obra, Valor (Seix Barral), donde las atrocidades balcánicas se mezclan con la rebelión de Fermín Galán y la estafa de las preferentes.

¿Qué aprendió del proceso de escritura de La hija del Este?

Al mismo tiempo que aquel conflicto familiar, cuento el desmoronamiento de la antigua Yugoslavia y los personajes que pululaban por allí, Milosevic, Karadjic… Y me remonto hasta el mito fundacional, que es una derrota heroica, como en Cataluña. Ya se ve que esas cosas son peligrosísimas, porque son la fuente de muchos nacionalismos. Muchos lectores me dijeron que gracias a la novela comprendieron mejor lo que había sucedido allí.

¿Y supo cómo se llega a determinadas atrocidades entre pueblos que han vivido juntos durante siglos?

«Al final, el nacionalismo acaba encubriendo una xenofobia»

Pasa siempre. Para llegar a ese punto –creo que fue Göring quien explicaba cómo se encaminan a los pueblos en esa dirección– lo primero es decirles que tienen un enemigo, y que para defenderse hay que atacar. El que no lucha, es un cobarde y un traidor. Al final, el nacionalismo acaba encubriendo una xenofobia… Pregúntale ahora a un sirio que esté huyendo de su país si está orgulloso de serlo. Danilo Kis ya hablaba de esos nacionalismos, que en la época de Tito estaban controlados por el lema de Hermandad y Unidad, que se construyen contra otro. El nacionalismo catalán no se puede hacer contra los coreanos, que quedan muy lejos. Hay que hacerlo contra el vecino.

Y en ocasiones, viceversa…

Mira nuestros dos nacionalismos, el catalán y el español, que se alimentan mutuamente. Son como el Barça y el Real Madrid, no pueden vivir el uno sin el otro. Prueba de ello son Tudjman y Milosevic, conscientes de que se iban a enfrascar en una guerra que interesaba a ambos, les permitía aferrarse en el poder y escapar de toda crítica. Todo lo malo que nos pasa es culpa de aquel. Y cuando estemos solos, todo irá de maravilla. Luego la realidad es distinta, claro.

¿Cuál fue la realidad de los Balcanes?

Curiosamente Tudjman y Milosevic se encontraron en un pabellón de caza que utilizaba Tito, antes de empezar la guerra, y dijeron: a ver lo que hacemos con Bosnia. Cuando nos vayamos zurrando entre nosotros, nos vamos al enemigo común, al musulmán. Y la historia de Europa vuelve a ser de moros y cristianos. En Hungría se ve ahora de nuevo con los refugiados, “somos blancos y cristianos”. Nada más cómodo que buscar un enemigo para unir a la población.

En Cataluña se ha hablado alguna vez de ‘balcanización’. ¿Cree que exageran?

«Han infiltrado todas las instituciones: jueces, fiscales, medios… Eso han hecho en Cataluña, y el PP en Madrid»

En Cataluña no acabaremos a tiros porque no tenemos pistolas. ¿Recuerdas aquello de Marx, que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como comedia? Lo de Cataluña tiene mucho de tragicomedia. Hay elementos comunes, como usar los medios de comunicación a su favor. Aquí los partidos intentan ser tiranos cuatro años, y si pueden, más. Han infiltrado todas las instituciones, Tribunal de Cuentas, jueces, fiscales, medios… Eso han hecho en Cataluña, y el PP en Madrid, hasta controlarlo todo. H. L. Mencken decía que patriota es el que no se contenta con amar a la patria, además quiere cobrar por ello. Es como cebar un ganso, llenas a la gente de odio, e inculcándole la idea de que tú eres superior. Está pasando no solo en Cataluña, en toda Europa está rebrotando. Tenemos esa idea de que con la Unión Europea llegaría un momento en que desaparecería el Estado-nación, tendríamos un parlamento que elegiríamos todos, no habría himnos ni banderas, y mira. Estamos en un déjà-vu, y no hay nada que me dé más miedo.

Cuando habla de tiros, ¿lo dice más allá del sentido figurado?

En Cataluña no hay armas. El ejército español las tiene y está en la OTAN. Pero acabará de mala manera, y mientras tanto se ha creado mucho malestar. Si se mantiene la rigidez, la intolerancia, la falta de diálogo de Rajoy, antes o después Cataluña será independiente. Rajoy ha hecho lo mismo que hizo Milosevic, recentralizar, que es una de las cosas que provocó la guerra de los Balcanes. Hay que crear mecanismos de control, para empezar, juzgados independientes, instituciones delimitadas. Creo que no va a pasar nada, por la fuerza no se puede llegar a nada. Pero puede derivar en una situación complicada, difícil. Harían bien en tomarse en serio una reforma de la Constitución.

¿Cree que un referéndum solucionaría la cuestión?

«En España todos somos católicos o ateos católicos, no es un hecho diferencial»

Sí, y yo votaría que no. A estas alturas no hay que tener miedo. La mayor parte querría quedarse, como ocurrió en Escocia. Nadie quiere salir de la Unión Europea. Pero al menos acabaríamos con el Día de la Marmota…

Y cuando se mezcla nacionalismo con iglesia, empeora todo, ¿no?

El nacionalismo español está fundado en la lengua. Y lo que necesita el nacionalismo es tergiversar la historia, convertirla en un conflicto de buenos y malos, y creer en la etapa primigenia, el paraíso perdido. Eso hicieron los serbios con la Batalla en el Campo de los Mirlos, y Cataluña con 1714… En España todos somos católicos o ateos católicos. Eso no podría ser nunca el hecho diferencial. La lengua sí, aunque es arbitraria, porque en Andorra se habla catalán y nunca la incluyen, y en Colombia hablan español y no se sienten españoles… En cambio allá, como la lengua serbocroata la entendían todos, lo que los diferenciaba era la religión, aunque con Tito había un ateísmo de Estado. Todos eran ateos y comunistas, y pasaron a ser creyentes fervorosos y nacionalistas. Pero eso viene de lejos, ahí estaba latente la II Guerra Mundial.

¿Eso explica también el germen de los ustachas?

Me impresionó muchísimo descubrir lo que había pasado con el reino de Yugoslavia, cuando fue invadido por Hitler. Se crea el Estado Independiente de Croacia, un estado títere de los nazis, liderado por un señor llamado Ante Pavelic, que había matado al anterior rey serbio. Un terrorista que pusieron como líder. Este señor, digo, crea una dictadura de corte nazi pero con una peculiaridad, y es que era ultracatólica. Para Pío XII, esa mala bestia, el enemigo principal del catolicismo eran los comunistas y los cristianos ortodoxos. Cuando decimos que los yihadistas son anacrónicos, del Medievo, no es cierto: hace 70 años teníamos guerras de religión. Como entre suníes y chiíes.

¿Entre católicos y…?

«Stepinac –beatificado por Juan Pablo II-  decía en sus homilías que lo peor era el cristiano ortodoxo»

Aloysius Stepinac –que fue beatificado por Juan Pablo II- en sus homilías decía que lo peor era el cristiano ortodoxo. Y el ministro de Cultura de los ustachas, Mile Budak (ya se ve que la Historia está llena de ministros de Cultura que son cualquier cosa menos hombres de Cultura) dijo: aquí hay dos millones de personas no creyentes, pero tenemos un plan: un tercio los deportamos, otro tercio lo matamos (aunque se les fue la mano y mataron a más), y al resto lo convertimos. ¿Cómo? A punta de pistola, claro. Iban a una aldea serbia, arrasaban las casas, mataban al pope, reunían a los aldeanos y los ponían ante el cura con pistola. Y les decían: os convertís, y os mandamos a Jasenovac. Y la conversión fue meteórica. Este es el hombre que se jactaba ante Pío XII de haber convertido en un mes y medio a 250.000 serbios. A muchos los mataban después, igual, pero ya tenían la conciencia tranquila. El dogma me interesa, es la certeza, no admite duda. Y nace con el monoteísmo. Yo tengo la verdad, y te voy a salvar aunque no quieras. Consideraba que estaban haciendo un favor, limpiando esa tierra suya, croata, químicamente pura, del peligro de la ortodoxia.

Ha hablado de Jasenovac. ¿Por qué ese campo de concentración es tan desconocido, al lado de los grandes campos nazis?

«El campo de concentración de los ustachas croatas era tan salvaje que hasta la Gestapo se asustó»

Es verdad, nadie habla de él. De lo que se hizo de los serbios en la II guerra Mundial no se dice nada por esa complicidad de la Iglesia católica, especialista en borrar pasados dudosos, comportamientos poco cristianos. Es como un fantasma histórico. Y Jasenovac, construido sobre un humedal con diques construidos por ladrillos y cuerpos. Mataron a todos los prisioneros que quedaban y lo inundaron, no quedó nada. Ni registros. Era un campo enorme, caracterizado por ser un campo con niños, ni los nazis llegaron tan lejos, los gaseaban… Eran tan salvaje que hasta la Gestapo se estaba asustando, temían que iban a soliviantar a los demás, y así fue. Cuando se unieron a los partisanos y derrotaron a los ustachas, con ayuda de los aliados, el Vaticano colaboró en la huida de los jerarcas ustachas con dinero que habían robado a los judíos. De hecho, Pavelic murió con la bendición papal de Juan XXIII. En la última guerra, el nacionalismo serbio se alimentó precisamente de esa herida que nunca cicatrizó. Por eso la memoria histórica es tan importante. No hay nada peor que hacer lo que hicieron Franco y Tito, no dejar que se hable de fosas comunes ni de rendimiento de cuentas.

Eso lo aprovecharon los líderes nacionalistas en los 90.

Milosevic empieza a pasar documentales de las atrocidades de los ustachas, que eran ciertas. Y Tudjman, todo lo contrario, minimizaba el Holocausto… De hecho, la terminología de la Segunda Guerra Mundial, de ustachas y chetniks vuelve a usarse. Era un revival, hasta en las banderas. Por eso hay que enfrentarse, hay que hacer tabula rasa, hay que limpiar, hay que tener esa valor que tuvieron los alemanes y los sudafricanos.

¿Quién debería dar un paso al frente?

Me gustaría que la Iglesia, que pidió perdón por el Holocausto, y este papa tan moderno que tenemos ahora, que fue a Sarajevo para condenar las masacres serbias con mucha razón, hiciera frente a lo que hizo la Iglesia Católica entonces. Juan Pablo II en cambio fue a Croacia, beatificó a un cardenal que fue cómplice de los ustachas, Stepinac, lo hicieron mártir por enfrentarse a Tito. Y no quiso pisar Jasenovac.

Lo cierto es que seguimos sin saber qué genera tanta crueldad, cómo caen tantas líneas rojas.

Ahora lo ves en el ISIL, pero es que era peor que eso. Hasta los alemanes se asustaban. El salvajismo era tremendo, espeluznante. Algo de eso se volvió a hacer en la guerra de los Balcanes. Fueron los serbios esta vez quienes rajaron el vientre de las musulmanas para sacar esa mala semilla. Vemos que el que fue víctima se convierte en victimario.

Recuerdo de Fermín Galán

«Como decía Virginia Woolf, uno primero quiere contar una historia, y luego arma un montón de teorías alrededor para justificar lo que ha hecho», explica Usón para referirse al germen de Valor. «Empecé inspirándome en la historia real de un pariente mío, Luisito Duch, un señorito comunista de Jaca que se vio involucrado en la rebelión de Fermín Galán». En diciembre de 1930, meses antes de la proclamación de la República, se alzaron contra Alfonso XIII y la dictablanda de Berenguer, aunque la Historia casi los ha olvidado. «Las revoluciones que triunfan y tienen muchos muertos son recordadas. De aquella, que duró un día y medio, no se acuerda nadie», apunta.

Clara Usón sí ha querido acordarse, y también investigar en las motivaciones de aquellos jóvenes que vivieron y murieron «convencidos de que podían cambiar el mundo. Ahora en cambio estamos resignados, nos parece imposible cambiar siquiera un impuesto. Fermín Galán, que por cierto luchó en el Rif bajo las órdenes de Franco, vivía en un tiempo en que parecía que con los ideales bastaba».

La autora establece también un paralelismo entre los años 30 «y la situación de ahora. Vivimos con una sensación permanente de descrédito, de injusticia, de fin de ciclo. Antes se arriesgaba la vida por un sueño, ahora solo lo hacemos por dinero. El que no tiene nada no es ni siquiera persona, no hay más que ver lo que ocurre con todas esos pobres desgraciados que mueren tratando de cruzar el Mediterráneo. ¿Se imaginan qué ocurriría si las noticias contaran que han muerto 30 multimillonarios en un naufragio? Sería una conmoción. En cambio, los que mueren estos días en el mar no son ni números».

A raíz de la tragedia de Galán, que murió fusilado junto a su cómplice García Hernández sin mostrar el menor temor ni arrepentimiento («incluso pidió dirigir su pelotón de fusilamiento», recuerda Usón), la escritora se pregunta: «¿Qué es el valor? ¿Es solo el coraje, como dice una de las acepciones del diccionario, o también es precio, y principio moral? ¿Nace de la desesperación, de la inconsciencia, de la necesidad de dar ejemplo? ¿Cómo nos comportamos en situaciones de riesgo?». Con todos esos materiales ha montado la barcelonesa el andamiaje de su novela.

«¿Por qué es hoy un héroe Steve Jobs? ¿Porque inventó algo, o porque hizo dinero? ¿Y Amancio Ortega?», prosigue la autora. «Creo que tendríamos que estar preocupados de que los héroes modernos sean futbolistas que además son todos mercenarios», dice.

Además de la historia de los ustachas, la tercera línea argumental que atraviesa Valor está protagonizada por la directora de sucursal de una caja levantina que ha vendido preferentes y ahora debe enfrentarse al desprecio de quienes resultaron perjudicados con aquellas operaciones. «En muchos casos se trataba de ancianos analfabetos, gente que llegó a firmar contratos con un dedo manchado en tinta. Ha sido una vergüenza», denuncia la escritura, quien ironiza con el hecho de que ahora quienes someten a los ciudadanos «son los mercados, que no tienen rostro, pero siempre tienen razón», y que han fundado una nueva esclavitud, en algunos casos más cruenta que las antiguas formas de sometimiento. «Antes, el amo estaba obligado a dar de comer y beber a los esclavos. Ahora, en ocasiones, ni eso», apostilla la escritora.

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