«Los sionistas se han preocupado sólo por los judíos»

Nir Baram

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 19 Feb 2016

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Nir Baram | Foto promocional / web del autor
Nir Baram | Foto promocional / web del autor

Tras la estela de los grandes nombres de las letras israelíes actuales, los Grossman, Oz, Yehoshúa o Keret, pero con una personalidad muy marcada, Nir Baram (Jerusalén, 1976) se revela como uno de los prometedores horizontes de la literatura de este país. Hombre declaradamente de izquierdas, contrario a la ocupación de Palestina, el autor debutó como novelista con El rehacedor de sueños, a la que siguió Las buenas personas, que fue traducida a diez idiomas y en 2010 ganó el Premio Prime Minister’s de Literatura hebrea. Con su última obra, La sombra del mundo (Alfaguara), visitó recientemente la Fundación Tres Culturas y conversó con M’Sur sin rehuir aspectos controvertidos de la actualidad.

¿No se cansa de que le preguntemos siempre por Palestina, la paz y la guerra?

Creo que como los escritores hispanoamericanos que se ven obligados a hablar de la Junta chilena o el castrismo. En Israel llevamos 20 años respondiendo a las mismas preguntas, pero es que no ha cambiado nada. Me encantaría poder decir algo nuevo, pero no puedo.

Habrá quien diga que usted se lo buscó: en el festival de Jerusalén de 2010 fue el escritor que dio opiniones políticas. ¿No fue como meterse en la trampa?

«Ser un escritor político en Israel es difícil. Tengo colegas que querrían serlo, pero no saben cómo»

Bueno, no estaba planeado, era un festival cultural, pero en Israel, aunque las instituciones suelen separar entre política y literatura, cultura… Evidentemente, como dice Frederic Jameson, todo es política. Yo querría hablar de literatura, no solo de la situación actual, pero no siempre me lo ponen fácil.

A veces nos llega la sensación de que entre los escritores israelíes hay miedo, o exceso de prudencia. ¿Usted lo siente así?

Si conoces algo de mí, sabrás que no me asusta nada. Creo que ser un escritor político en Israel es difícil. Tengo colegas que querrían serlo, pero no saben cómo, y apenas se atreven a hablar cuando están fuera. Soy israelí, formo parte de esa sociedad, y necesito involucrarme en ella y creer en un futuro distinto para Israel. Desde que era pequeño he sido así. Para mí no es una opción.

Leí en una entrevista suya que Israel podía estar 50 años más negociando la paz, o fingiendo negociarla, sin llegar a ella. ¿Tal cosa es posible?

«La solución de los Dos Estados parecía posible, pero se ha convertido en una idea zombie»

Puede haber millones de procesos de paz –ahora, además, no hay ninguno–, pero en realidad no necesitamos ningún proceso, lo que necesitamos es una decisión firme. De hecho, los procesos de paz están hechos para desperdiciar tiempo y no llegar nunca a nada, retrasando todas las decisiones. Hace unos años la solución de los Dos Estados todavía parecía posible, y en una década se ha convertido en una idea zombie, imposible.

Hay una idea en España de que la paz en Israel pasa por la fortaleza de la izquierda, pero ¿existe esa izquierda en su país, después incluso de los pactos del Partido Laborista con Netanyahu?

Si pones tu confianza en la izquierda israelí… A pesar de que después de las últimas elecciones se ha fortalecido, creo que la solución sería más completa si se incluye la comunidad internacional. El problema sería que Israel perdiera algo por la ocupación, cuando sucede al contrario, le resulta rentable. Los países, las sociedades, la gente, no cede el poder porque sí. Lo hacen cuando no queda más remedio. Y ahora mismo la gente en Israel no ve el incentivo para votar por la paz. Y eso es un gran problema. El argumento moral es insuficiente, ni allí ni en ninguna sociedad.

¿Es esa la causa por la que en la última campaña nadie hablaba de paz, ni siquiera Meretz?

«La sociedad israelí no ve el problema en el status quo, que ha pasado a una situación indefinida»

La cuestión es que la sociedad israelí no ve el problema en el status quo. Ha habido un gran cambio en la evolución de la sociedad, de un status quo temporal a una situación indefinida. He hablado con muchos palestinos, y están más que frustrados con esta situación.

Imagino que es por eso por lo que Uri Avnery ha acabado diciendo que la paz es “una palabra indecente…”

La palabra paz ha perdido importancia, da igual cómo lo llames. Aquí de lo que se trata es de acabar con la ocupación y darle los mismos derechos a palestinos e israelíes. Incluso sin paz, si quieres.

Si tuviera que elegir entre Avnery y Ilan Pappé, ¿elegiría bando?

Entre Maradona y Messi, elijo a Maradona [risas]. Pero los nombres que mencionas no son tan importantes en mi vida como para elegir entre uno u otro.

Su padre fue diputado laboralista, y ministro. ¿Diría que el Partido Laboralista ha perdido su esencia?

Sí, totalmente, como ocurrió con el Partido Laboralista en Inglaterra.

Ya entrando en materia de su novela, La sombra del mundo, que hace un ajuste de cuentas con el capitalismo. ¿Cree que la izquierda tiene algo que hacer hoy día en la lucha contra el capital, o es una batalla perdida?

«¿Quién decidió que la violencia no era aceptable en las protestas contra el capitalismo?»

La idea del libro es investigar la influencia del capitalismo en la conciencia individual. No se trata de ser crítico, intento entender el capital desde dentro. Entre la izquierda de Israel me reprochaban que no llegara adonde ellos querían, pero la función de la literatura no es juzgar, ni imponer conclusiones. Creo que la principal pregunta del libro es si la gente de mi generación que sale del país cree en ciertos valores, cierta ética. Se encuentran con determinadas fuerzas, el gobierno, la universidad, la cooperación… Estas fuerzas no buscan su lealtad, sino su talento, al contrario que el fascismo y el comunismo, que demandaban ambas cosas. Esta situación te permite dividirte, luchar de noche contra de aquello con lo que trabajas de días. Creo que eso es lo que sucede. Por eso es tan difícil defender tus ideas, lo que eres, en una sociedad como la nuestra. Como esa gente que por la mañana trabaja para Google y por la noche lucha contra el sistema, sin ver contradicción.

Ya que ha mencionado los totalitarismos, me pregunto si la excusa universal, también en el capitalismo, es la supervivencia: “No me gusta, pero hay que comer, hay que sobrevivir…”

Es interesante, en Las buenas personas describo a gente que necesita sobrevivir. Mi generación vive bajo una circunstancia distinta. Viven en una sociedad muy libre, o que pretende parecer muy libre, ésa es precisamente una de las preguntas del libro. El capital de esta sociedad occidental es muy buena neutralizando el instinto político. Por ejemplo, en la novela la gente joven se plantea la violencia. ¿Quién decidió en los últimos años que la violencia no era aceptable en las protestas contra el capitalismo? No digo que la apoye, solo me hago la pregunta. La democracia no cambia nada. Todos los indicadores económicos se mantienen, no importa lo que la política intente… En la novela, se ve a gente que dice “nunca votamos, todo el que vota es un idiota”. Si miras los datos, en cierto modo llevan razón…

Sin salir de Las buenas personas, me pregunto si el Holocausto, de tan habitual, se ha convertido en un recurso demasiado fácil para hablar de buenos y malos.

«Estaba harto de tantas novelas que simplifican los bandos, con el Holocausto como elemento definitivo»

No creo que este sea un libro sobre el Holocausto, ¿eh? Lo interesante del libro, en mi opinión, es que no trata del bien y del mal. La mayor crítica que tuvo, de hecho, es que no se distinguía nítidamente lo bueno de lo malo. Yo también estaba harto de tantas novelas de la II Guerra Mundial que simplifican los bandos, con el Holocausto como elemento definitivo. Siempre que se escribe de esa época surge el mismo problema, el escritor se siente mejor al demonizar al nazi y decir “eran unos monstruos, nosotros no somos así”. El reto es justo complicar el alma del lector para que no sea tan fácil la distinción. Thomas, el protagonista de Las buenas personas, no creo que sea malo. Creo que es más valiente que el 90 por ciento de los lectores del libro.

Me llama la atención la proyección hacia el futuro de sus obras. ¿El presente no basta?

Creo que la novela es una combinación entre géneros distintos, realismo y distopía. Pasa por realista sin serlo en realidad. Lo curioso es que no sepas qué es verdad y qué me he inventado. Por eso me preguntan de dónde he sacado ciertos datos; yo digo siempre que hay un 50 por ciento inventado, pero no sabes cuál. En Occidente parece que se están equilibrando las fuerzas a favor y en contra del capitalismo. Vivimos en una época tranquila, pero el libro se pregunta qué pasaría si estas dinámicas cambiaran. ¿Es posible? Bueno, hemos visto cambios incluso mayores en el siglo XX. Qué pasaría entonces, es lo que me pregunto.

La Biblia, ¿es un lastre para los escritores en hebreo?

«Cuando escribo tengo esa estructura bíblica del estilo de frases cortas en hebreo en la cabeza»

¿Te refieres a la Biblia como lenguaje, o en general? Estilísticamente, lo interesante de la Biblia es el modo de transformar la información en frases cortas, concentradas. Usa pocas palabras para decir muchísimas, describe tres generaciones en tres frases. Eso era muy interesante para mí, que uso el hebreo, y no tanto para un escritor con una lengua con tanta historia como el español. Cuando escribo sí tengo esa estructura bíblica en la cabeza, pero si hablamos de ética, filosofía, y moral, tengo otras muchas influencias.

¿Se percibe aún el hebreo como una lengua revivida el siglo pasado, o ha alcanzado ya una naturalidad tal, como si siempre hubiera estado ahí?

Buena pregunta, aunque me temo que la respuesta sería muy larga… Ahora mismo hay un debate en Israel sobre si el hebreo es una derivación del hebreo antiguo, o si es una lengua diferente. Hay quien cree que es lo último, los niños lo pueden entender. La gente que revivió el hebreo viene de Europa, son askenazis alemanes, polacos, vienen de la tradición yiddish y esa influencia está ahí. Así que el hebreo moderno es una arquitectura muy interesante, aunque estoy muy lejos del hebreo bíblico…

El hecho de venir de una familia sefardí, más cerca del árabe… ¿Da algún matiz en su estilo?

La elección del personaje de Gabriel Mantzur como protagonista, me inspiré en mi abuelo, que vino a Israel desde Adén, en Yemen, hablaba de siete lenguas, era un jugador, un apostador, quería avanzar económicamente en Jerusalén, pero no podía hacerlo porque los judíos europeos lo despreciaban. Acabó regentando una zapatería en Tel Aviv, y toda su vida se sintió un fracasado porque sabía que su potencial era mucho mayor. Así le veía yo de pequeño, necesité mucho tiempo para entender qué había sucedido con él en realidad.

Esa diferencia entre sefardíes y askenazíes, ¿se ha ido difuminando con el tiempo?

«La brecha económica y financiera entre asquenazíes y mizrajíes se ha mantenido»

Hoy día sigue siendo un tema candente en Israel. Muchos de los europeos que intentan entender la ocupación, no se enteran. Siete días antes de las elecciones, un askenazi dio un discurso metiéndose con los sefardíes por los kamea, los amuletos, los talismanes… Hay disputas por las creencias, por todo.

Esa disolución de las dos etnias, ¿es una fusión, o una absorción de una por otra?

Hubo matrimonios entre ambos grupos hasta cierto punto, pero la brecha económica financiera entre ambos se ha mantenido como en el pasado. Esto enfada todavía más a la sociedad israelí, porque por ejemplo la generación de mis padres pensaban que ese problema se resolvería por sí solo, y que habría un movimiento hacia la igualdad.

Los mizrajíes, como los sefardíes de su familia, podrían haber sido un puente con los palestinos. ¿Por qué no fue así?

«En Israel, todos, mizrajíes, asquenazíes, sefardíes, rusos, tienen prejuicios contra los árabes»

Puedo contar una historia al respecto. Mi abuela es de Siria, llegó a Israel con nueve años y solo hablaba árabe. Y siguió haciéndolo, incluso después de haber aprendido el hebreo. Y luego decía en árabe, “nunca te fíes de un árabe”. Y siempre votaba al Partido Laborista, por mi abuelo, por mi padre, etc. Por ejemplo, los mizrajíes de clase media se diferencian y se separan de los de clase baja. En Estados Unidos, los blancos pobres se creen superiores a los negros y los hispanos. Pero no te equivoques, en Israel todos los sectores, mizrajíes, asquenazíes, sefardíes, rusos, tienen prejuicios contra los árabes. Precisamente aquí está la raíz del problema, lo que en el pasado se aspiraba a crear era una sociedad no racista. Cuando yo estaba en el Instituto, no había ni un solo árabe en el centro. Este problema no se resolverá hasta que los niños de una y otra raza estudien juntos. Algo que, dicho sea de paso, no desea ninguno.

Un amigo asegura que Israel es el fracaso del sueño de crear una nación unida, laica e igualitaria, porque se ha convertido en una teocracia, racista y ultracapitalista. ¿Exagera?

«Los sionistas se han preocupado únicamente por los judíos. Nunca aceptaron unir a los trabajadores del mundo»

En cualquier sociedad, entre lo que se desea y lo que ocurre en la realidad, la brecha es muy amplia… La visión de EE UU es el que ilumina el mundo desde lo más alto de la montaña, y asesinó a más de un millón de vietnamitas. Hay muchos argumentos válidos en lo que dice tu amigo, solo un error: Los sionistas solo se han preocupado únicamente por los judíos. Nunca aceptaron la idea del comunismo, de unir a los trabajadores del mundo. Solo importaban los intereses de los judíos, y no hubo nunca una visión integradora para los distintos grupos étnicos. Cuando hablo de un Israel incluyente de todos los grupos étnicos, lo hago desde el convencimiento de que la visión sionista no está funcionando. Un estado solo puede ser propiedad de todos los ciudadanos, no veo alternativa.

En España se le presenta como sucesor de Grossman, de Yehoshúa, de Amos Oz, pero… ¿usted de quién se considera sucesor?

Creo que todo lo que he escrito, los temas que he tratado, son diferentes de la generación que acabas de nombrar, y que me parece una gran generación de escritores. Me siento más cercano a Yehoshúa, quizás. Lo que nos une es que para nosotros cada libro es una nueva aventura, no nos gusta repetir. Otro tema importante es que Yehoshúa usa una gran imaginación, y eso me gusta. Él siempre me estaba dando la lata, “tienes que tener un bebé, tienes que tener un bebé…”. Ya lo he tenido, así que le escribí diciéndole: “Puedes quedarte tranquilo, y mandarme un regalo”.

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