El gran debate del BDS

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 13 Mar 2016

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¡Socorro! Me estoy metiendo en un campo minado. No puedo evitarlo.

El campo de minas tiene un nombre: BDS (Boicot, desinversión, sanciones).

A menudo me preguntan sobre mi postura hacia este movimiento internacional, que fue iniciado por activistas palestinos y que se ha extendido como reguero de pólvora por todo el mundo.

El Gobierno israelí considera ahora que este movimiento es una amenaza importante, más que Daesh o Irán, me parece a mí. Las embajadas israelíes en todo el mundo se han movilizado para luchar en su contra.

Hablar de “paz” se ha convertido en el último refugio de los promotores del odio

El principal campo de batalla es el mundo académico. Partidarios fanáticos del BDS están llevando a cabo intensos debates con partidarios igualmente fanáticos de Israel. Ambas partes utilizan experimentados polemistas, diversas tácticas de propaganda, argumentos falsos y completas mentiras. Es un debate feo, y se está poniendo aún más feo.

Antes de expresar mi propia postura, me gustaría aclarar el terreno. ¿De qué va todo esto?

Durante los últimos 70 años, desde que tenía 23, he dedicado mi vida a la paz (la paz entre judíos y árabes, y entre israelíes y palestinos)

A ambos lados del abismo, la gente va hablando de la paz. Por ahora, parafraseando al maestro Johnson, la “paz” se ha convertido en el último refugio de los promotores del odio.

Pero, ¿qué significa la paz? La paz se hace entre dos enemigos. Se presupone la existencia de ambos. Cuando una parte destruye la otra, como Roma destruyó Cartago, se pone fin a la guerra. Pero eso no es la paz.

Paz significa que las dos partes no solo ponen fin a las hostilidades entre ambos. Significa conciliación, vivir juntos hombro a hombro, y con suerte, cooperar, y con el tiempo, incluso llegar a gustarse unos a los otros.

Por lo tanto, proclamar un deseo por la paz mientras se realiza una campaña de odio mutuo no es algo coherente. Será cualquier cosa, pero no una lucha por la paz.

El boicot es un instrumento
legítimo de la lucha política.

Es también un derecho humano básico. Todo el mundo tiene derecho a comprar o no lo que desea. Todo el mundo tiene derecho a pedir a otros comprar o no ciertos productos, por la razón que sea.

Cuando los nazis llegaron al poder en Alemania, los judíos estadounidenses organizaron un boicot

Millones de israelíes boicotean tiendas y restaurantes que no son (de alimentos) “kosher”. Creen que Dios se lo dijo. Puesto que soy un ateo estricto, nunca he hecho caso a este llamamiento. Pero siempre he respetado la postura de los religiosos.

Cuando los nazis llegaron al poder en Alemania, los judíos estadounidenses organizaron un boicot contra las mercancías alemanas. Los nazis reaccionaron proclamando un día de boicot de las tiendas judías en Alemania. Yo tenía 9 años y lo sigo recordando como si fuera hoy: nazis con camisetas marrones parados frente a las tiendas judías y agitando lemas “¡Alemanes, defendeos! ¡No compréis a judíos!”

El primer boicot contra la ocupación fue proclamado por Gush Shalom, la organización israelí para la paz a la que pertenezco. Eso fue mucho antes de la aparición del movimiento BDS.

Nuestro llamamiento estaba dirigido a la opinión pública israelí. Les llamamos a boicotear los productos de los asentamientos en Cisjordania, la Franja de Gaza y los Altos del Golán. Para hacerlo más fácil, publicamos una lista de todas las empresas en cuestión.

También participé en las conversaciones con la Unión Europea, aquí y en Bruselas, pidiéndoles que no fomenten la construcción de asentamientos en los territorios conquistados. Les llevó mucho tiempo a los europeos decidir que los productos de los asentamientos deben ser claramente etiquetados.

Comprar o no comprar, cualquiera que sea el motivo, es un asunto privado. Por tanto, es muy difícil saber cuántos israelíes hicieron caso a nuestro llamamiento. Nuestra impresión es que un número considerable de israelíes lo hicieron y lo hacen.

No le hemos pedido a la gente que boicoteé a Israel como tal. Consideramos que eso es contraproducente. Ante una amenaza contra el Estado israelí, los israelíes se unen. Esto significaría empujar a los ciudadanos decentes y bienintencionados a manos de los colonos. Nuestro objetivo era todo lo contrario: separar al público general de los colonos.

El movimiento BDS tiene un punto de vista absolutamente diferente. Fue iniciado por nacionalistas palestinos, dirigido a un público mundial y totalmente indiferente hacia los sentimientos israelíes.

El BDS,  dirigido a un público mundial, es indiferente hacia los sentimientos israelíes

Un movimiento de boicot no necesita un programa concreto. El objetivo general de poner fin a la ocupación y permitir a los palestinos fundar su propio Estado en los territorios ocupados habría sido suficiente. Pero el BDS publicó directamente desde el principio un programa político claro. Y ahí empezaron los problemas.

Los objetivos declarados del BDS son tres: poner fin a la ocupación y a los asentamientos, asegurar la igualdad para los árabes dentro de Israel, fomentar el retorno de los refugiados.

Esto suena inofensivo, pero no es así. No menciona la paz con Israel. No menciona la solución de Dos Estados. Pero el principal punto es el tercero.

El éxodo de la mitad del pueblo palestino de sus hogares en la guerra de 1948 (en parte, huyendo de los combates en una larga y cruel guerra, y en parte deliberadamente desalojados por las fuerzas israelíes) es una historia complicada. Yo era un testigo ocular y he escrito largo y tendido sobre ello en mis libros. (La segunda parte de mis memorias acaban de publicarse en hebreo). El hecho sobresaliente es que no se les permitió regresar después del fin de la guerra, y sus casas y tierras fueron entregadas a inmigrantes judíos, de los cuales, muchos eran refugiados del Holocausto.

Revertir ese proceso ahora es tan realista como pedir a los americanos blancos que vuelvan al lugar de donde vinieron sus antepasados, y que devuelvan las tierras a sus propietarios originales nativos. Significaría la abolición del Estado de Israel y la creación de un Estado de Palestina desde el Mediterráneo hasta el río Jordán, un Estado con una mayoría árabe y una minoría judía

Todos los negociadores palestinos serios han cedido tácitamente en el punto de los refugiados

¿Cómo se puede lograr algo así sin una guerra con un Israel poseedor de armas nucleares? ¿Cómo se relaciona esto con la paz?

Hasta ahora, todos los negociadores palestinos serios han cedido tácitamente en este punto. He hablado varias veces con Yaser Arafat sobre ello. Un entendimiento tácito es que, bajo un acuerdo de paz definitivo, Israel se comprometerá a readmitir a un simbólico número de refugiados, y todos los demás y sus descendientes –ahora unos cinco o seis millones- recibirán una compensación adecuada. Todo esto como parte de la solución de dos estados.

Esto es un programa de paz. En realidad, es el único programa de paz que hay. Los objetivos del BDS no lo son.

La otra parte del encendido debate en Oxford y Harvard está incluso menos orientado hacia la paz.

Legiones de “divulgadores” sionistas –muchos de ellos profesionales a sueldo- se dan rienda suelta para contradecir y rechazar el ataque del BDS. Empiezan negando el hecho más obvio: que el Estado de Israel está oprimiendo al pueblo palestino, que una ocupación militar implacable está sumiendo las vidas de los palestinos en una miseria, que la “paz” se ha convertido en una palabrota en Israel.

Hace unos días, un comentarista de televisión israelí de extrema derecha anunció, sólo medio en broma: “¡El peligro de la paz ha pasado!”

La forma más sencilla de demonizar y desacreditar a la gente del BDS es acusándoles de antisemitismo. Esto pone fin a cualquier debate sensato, especialmente en Alemania y en el extranjero en general. La gente que rechaza el Holocausto no es compañera de debate.

No hay evidencia alguna que permita afirmar que la mayoría de los simpatizantes del BDS sean en efecto antisemitas. Estoy convencido de que la gran mayoría de ellos son idealistas devotos, cuyo corazón se rompe con los palestinos oprimidos, al igual que los judíos, que durante siglos se han apresurado a ayudar a la gente oprimida, ya sean negros estadounidenses o muzhik (campesinos) rusos.

Los antisemitas no traen nada bueno a los palestinos, sino que explotan su situación

Sin embargo, todo sea dicho, hay algunos partidarios del BDS que han pronunciado discursos con un olor antisemita inconfundible. Para un verdadero antisemita de la vieja escuela, el BDS es hoy en día un santuario seguro desde el cual puede predicar su infame Evangelio, bajo la apariencia de antisionismo y anti-israelismo.

Me gustaría (de nuevo) advertir a los palestinos y a sus verdaderos amigos que los antisemitas son, en la práctica, sus peligrosos enemigos. Son ellos los que están empujando a los judíos de todo el mundo a establecerse en Israel. Esos antisemitas no traen nada bueno a los palestinos, explotan su situación con el fin de disfrutar de su perversión antijudía de toda la vida.

Y del mismo modo: los judíos que alegremente se unen a la nueva oleada de islamofobia, bajo la falsa impresión de que están ayudando con ello a Israel, cometen un grave error similar. Los antimusulmanes de hoy son los mismo antisemitas de ayer y del mañana.

Los palestinos necesitan la paz para deshacerse de la ocupación y alcanzar, de una vez por todas, la libertad, la independencia y una vida normal.

Los israelíes necesitamos la paz porque sin ella vamos a meternos cada vez más en la espiral de una guerra eterna, vamos a perder la democracia de la que tan orgullosos estamos y vamos a convertirnos en un despreciable Estado del apartheid.

El debate del BDS puede agravar los odios mutuos, agrandar el abismo entre los dos pueblos, y alejarlos aún más. Solo una cooperación activa entre los bandos a favor de la paz en ambos lados puede alcanzar la única cosa que ambas partes necesitan desesperadamente:

La paz.

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