Periodistas en la frontera

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Núria Vilà

@nurivila1

Periodista (Pla de l'Estany, Girona, 1992). Actualmente trabaja como freelance en Ammán, después de vivir meses en el sureste de Turquía.

Publicado el 16 Mar 2016

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Frontera de Kilis, al sur de Gaziantep (2016) | © Ilya U. Topper / M'Sur
Frontera de Kilis, al sur de Gaziantep (2016) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Gaziantep/Ammán | Febrero 2016

“No tenemos ejército ni armas, solo queremos que la gente de todo el mundo entienda lo que pasa”. Un ordenador portátil y un teléfono móvil son la principal munición de Tim Ramadan, nombre ficticio de un activista sirio que informa desde una de las ‘redacciones’ más peligrosas del mundo: Raqqa is Being Slaughtered Silently (Raqqa se degolla en silencio), abreviado como Raqqa-SL en su página web y su cuenta de Twitter.

Tim Ramadan, originario de Deir ez-Zor, una provincia al sur de Raqqa en gran parte bajo dominio de la milicia ultraislamista, se encuentra con esta periodista en uno de los muchos restaurantes sirios de Gaziantep, una ciudad turca a 60 kilómetros de la frontera con Siria. Forma parte de este grupo de jóvenes sirios que se ha propuesto desacreditar al movimiento de Baghdadi a través de la vía no violenta, combatiendo sus ideas desde la raíz. Raqqa-SL, medio que lanzaron cuando su ciudad fue tomada por Daesh en abril de 2014, se ha convertido en prácticamente la única fuente de información desde dentro de la capital del autoproclamado califato.

Tim ha recibido amenazas de Daesh que mostraban incluso fotografías de su casa en Gaziantep

Todos los integrantes de Raqqa-SL se juegan la vida. Apenas con la organización creada, uno de sus miembros fue descubierto en Raqqa y ejecutado por Daesh. Esto les obligó a extremar las medidas de seguridad, sobre todo por los miembros que trabajan desde dentro de la capital del califato. Pero tampoco están seguros en Turquía: Tim ha recibido amenazas de Daesh que mostraban incluso fotografías de su casa en Gaziantep, pero su determinación a seguir documentando la barbarie de esa milicia fundamentalista es rotunda y no piensa retroceder, asegura.

Poco después de esta entrevista, en diciembre pasado, uno de los integrantes de Raqqa-SL, Naji Jerf, fue asesinado a plena luz del día en una calle de Gaziantep. Alguien le disparó a la cabeza con una pistola con silenciador. Jerf había completado poco antes un documental sobre las milicias en Siria. Era padre de dos hijas pequeñas y estaba a punto de abandonar Gaziantep. Daesh reivindicó el crimen en las redes sociales y sus seguidores lo aplaudieron.

Sólo dos meses antes, en octubre, los sicarios de Daesh en Turquía habían asesinado a otro activista de Raqqa-SL, Ibrahim Abdul Kader, junto a su amigo Fares Hammadi, que trabajaba para la web árabe Ain ala al watan (Ojo en la patria). Fueron degollados mientras dormían en su casa en Sanliurfa, otra ciudad turca cerca de la frontera siria que es conocida por ser retaguardia de numerosas milicias sirias, al igual que Gaziantep.

Contactan con personas que quieren enrolarse en Daesh para “ponerles la verdad ante los ojos”

Pero la vocación de la veintena de jóvenes que forman el grupo se mantiene firme. El aparato de propaganda de Daesh que tienen delante es enorme, y esto los empuja a organizar múltiples actividades –tanto dentro como fuera de Raqqa– para tratar de desacreditar a la milicia.

“Nosotros no queremos luchar sólo contra Daesh: pueden irse de Siria en un momento determinado. Estamos luchando contra su pensamiento, porque si siguen poniendo estas ideas en las mentes de las personas, especialmente de los niños, aunque desaparezca Daesh, seguiremos teniendo a gente que piensa como ellos”, señala Tim Ramadan.

El surgimiento del Estado Islámico
ha puesto en evidencia la creación de algo más que un grupo terrorista. Distintos expertos lo definen como el intento de crear un Estado utópico, regido con una idiosincrasia muy diferente a lo que se había visto hasta entonces.

Lo más rutinario es informar sobre las prácticas de los nuevos dueños de Raqqa, Deir-ez-Zor y grandes partes de Siria central. Otra iniciativa consiste en contactar con personas que están intentando enrolarse en las filas del califato para “ponerles la verdad delante de sus ojos”; también organizan entrenamientos clandestinos dentro de Raqqa para fortalecer su trabajo y lanzan vídeos ridiculizando a Estado Islámico “para destruir la imagen de terror que intentan poner en las mentes de los demás”, explica Tim.

La satisfacción en todo ello es creer que han conseguido algunos resultados, ya que afirman que tienen constancia de personas que a última hora han decidido no tomar parte en Daesh después de ver la información que difunden estos activistas a través de internet.

Con unos 360.000 seguidores en Facebook y 56.000 en Twitter, la información desde dentro de Raqqa que publican constantemente en las redes sociales en árabe e inglés es seguida atentamente por medios de comunicación de todo el mundo, debido a la dificultad de encontrar otra información de Raqqa más allá de la propaganda del Daesh. Para cualquier persona, sea local o extranjera, tratar de informar desde la región supone exponerse a la posibilidad de ser ejecutado.

“La parte psicológica de cómo Daesh mata a la gente es lo peor. Lo hacen de una forma muy fría”

Uno de los temas que los activistas han publicado recientemente es el interés de Daesh en lo que define como “jihadi baby boom”: los soldados del califato están llamados a utilizar las mujeres esclavas yazidíes y otras, occidentales, para da a luz a hijos que en un futuro puedan servir como combatientes. A través de internet, Daesh difunde imágenes de bebés en la cuna rodeados de pistolas, banderas y todo tipo de merchandising de Estado Islámico. El futuro de los pequeños está prácticamente sentenciado.

Aunque centran su trabajo en denunciar las atrocidades del Daesh, estos activistas también se dedican a denunciar los bombardeos de Asad y las víctimas que se cobran los ataques internacionales y los demás grupos armados que luchan en Siria. Con todo, los miembros de Raqqa-SL son conscientes de que las víctimas civiles que han provocado los ataques del régimen de Bashar Asad son mucho mayores que los de Estado Islámico, en buena parte a través del uso indiscriminado de barriles bomba en zonas donde se concentra más población.

Según la organización Syrian Network for Human Rights, de enero a julio de 2015 las fuerzas de Asad han matado a 7.894 personas, mientras que Daesh es responsable de 1.131 muertes en este mismo período. A pesar de ello, la postura de Raqqa-SL es clara: “Para nosotros, la parte psicológica de cómo Daesh mata a la gente es peor. Lo hacen de una forma muy fría. Lo graban y lo cuelgan en internet, y puede ser que veas a tu padre o a un familiar. Por la parte de Asad, solo sabes que aquella persona ha muerto. No es tan fuerte como con Daesh”, señala Tim.

Infancia en Raqqa

Una de las cuestiones que mantienen más preocupados a los activistas de Raqqa-SL es el futuro de los niños que viven en el califato, ya que los considera más vulnerables de quedar prendidos con este pensamiento. “Para nosotros, en Raqqa no es solo importante estar protegido del asesinato, sino que también sufrimos por la propagación de las ideas de Estado Islámico”, dice el activista. Y expone un ejemplo bestia: “Un día, Daesh llevó a un grupo de niños a presenciar una ejecución. Luego les dieron la cabeza de la persona ejecutada y les dijeron: ‘Jugad al fútbol con esto’”.

Raqqa-SL también ha denunciado la existencia de unos campamentos especiales para niños menores de edad, donde se les inculca el pensamiento extremista en dos pasos: primero, en un curso teórico de 45 días, les instruyen en su macabra interpretación del islam y en quiénes son los enemigos a combatir; y, seguidamente, se les manda a un campamentos para recibir entrenamiento militar.

Conscientes del interés del grupo terrorista por los más pequeños, “los padres no dejan ir a los niños a la escuela porque están preocupados de que Daesh los coja para inculcarles sus ideas y para que se unan a ellos en un futuro”. Además, la milicia “les enseña vídeos de otros niños matando, y les dice: ‘Si juegas a matar con la consola, ¿por qué no lo haces en la vida real?’”, asegura Tim.

Como reconocimiento a su trabajo a caballo entre el periodismo y el activismo, recientemente la organización fue homenajeada por la Columbia Journalism Review “por haberse establecido como una fuente creíble entre los monitores sirios y periodistas de todo el mundo”. En noviembre pasado recibió el premio anual del Committee to Protect Journalists (CPJ) y la revista Foreign Policy incluyó el grupo entre sus “100 pensadores globales”.

Antes de despedirse, Tim quiere transmitir un mensaje para Europa: “La audiencia europea piensa que Daesh incumbe solo a Iraq y Siria. Pero ellos no piden que los europeos vengan a su territorio porque, dicen, sería muy duro para ellos. Les dicen que les van a entrenar a través de internet para llevar a cabo algunas actividades terroristas en los países europeos. Es más, Daesh tiene especialistas para entrenar a miembros o simpatizantes de muchas partes del mundo”.

Periodistas en la frontera

Pero los activistas de Raqqa no son los únicos en peligro en la frontera. Gaziantep alberga también a otros periodistas sirios que intentan informar sobre Siria mediante los contactos que mantienen en el interior del país. “El peligro en la frontera turcosiria es que es como estar en Siria pero sin bombas” lo resume Firas Fayyad, un vídeoperiodista de Idlib establecido en Estambul y cofundador de la radio siria Sout Raya. Por motivos de trabajo, viaja cada semana a Gaziantep. La ciudad “es realmente peligrosa: he recibido varias amenazas de muerte o de secuestro de algún miembro de mi familia”, explica.

Fayyad fue encarcelado dos veces por el gobierno de Asad por denunciar las vulneraciones de derechos humanos del régimen pero continúa viajando a menudo a su país para grabar documentales sobre la guerra y visitar a su familia. Otros también han decidido quedarse lo más cerca posible para seguir contando qué ocurre: “Hay mucha gente que se quiere ir a Europa, pero nosotros pensamos: si nos vamos todos ¿a quién le dejaremos nuestro país?”, reflexiona Abdulazez, un periodista de Hasakah, en el noreste de Siria, que publica desde Gaziantep. Una anécdota suya refleja la realidad del país: cuando empezó la guerra, sus tres mejores amigos de la universidad se alistaron uno al ejército de Asad, el otro al rebelde Ejército Libre de Siria y el tercero al Estado Islámico.

“Ahora, el lugar más peligroso es la frontera turca, en Siria ya estás seguro; parece broma”

Los riesgos de estos periodistas se acentúan cuando se trata de intentar cruzar la frontera. “Ahora dicen que el lugar más peligroso es la frontera turca, y que cuando cruzas a Siria ya estarás seguro. Es como una broma”, dice Fayyad, que comparte en Twitter imágenes de colegas suyos que fueron golpeados por las fuerzas de seguridad turcas, asegura, cuando intentaban cruzar a Siria o regresar a Turquía.

“Hace dos años, entrar  y salir de Siria era muy fácil, legal o ilegalmente. Pero ahora, Turquía ha reforzado su vigilancia en la frontera, y es casi imposible. Simplemente puedes perder la vida”, lamenta Ammar Ezz, periodista también de Idlib que trabaja para Orient News TV.

Desde luego, los riesgos en Siria también son altísimos: “Nadie protege a los periodistas, el régimen los arresta y los tortura, y abundan ataques aéreos a las oficinas de prensa fuera de del control de Asad”, agrega Ezz.

Pese a todo, Firas Fayyad se mantiene convencido de la importancia de seguir documentando la guerra siria. “En la frontera no puedes explicar la historia real sobre Siria, todo te llega por otros. Pero necesitas verlo con tus propios ojos y escucharlo para decir que aquello es Siria”, reflexiona. “Cuando tomas la decisión de trabajar en una historia peligrosa o en un sitio peligroso tienes que entender que nada te salvará, sólo que tu trabajo hablará de ti”, concluye el periodista.

Publicado parcialmente en Ara y en MurrayMag

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