La catedral de los rumanos

Publicado por

Ángel Villarino

Publicado el 28 Mar 2016

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Obras de la catedral rumana en Carabanchel, Madrid (Oct 2015) | © Enrique Villarino
Obras de la catedral rumana en Carabanchel, Madrid (Oct 2015) | © Enrique Villarino

Madrid | Octubre 2015

El esqueleto del templo ya está armado en un solar de Carabanchel (Madrid). La grúa se alza sobre la Calle Tuba y a pie de obra se pueden apreciar las bóvedas. Acabarán recubiertas de frescos en algo menos de un año, cuando se inaugure la primera catedral ortodoxa de España y Portugal, construida por la comunidad rumana. Costará en torno a seis millones de euros, sufragados por el Gobierno de Bucarest y por donaciones de los feligreses: contribuciones de limpiadoras, asistentas domésticas y albañiles; de jóvenes estudiantes y dueños de pequeños negocios.

El padre Alexandru nos guía bajo la estructura de hormigón, ataviado con casco y botas de goma. El Episcopado Ortodoxo de España y Portugal lo ha nombrado “coordinador de la construcción” y se pasa los días entre hormigoneras.

“Será la primera catedral fuera de Rumanía y aquí dará misa y vivirá el obispo”

“Es verdad que hay otras iglesias ortodoxas en España, como la construida por los rusos en Hortaleza, pero la nuestra es la primera catedral, donde dará misa y vivirá el obispo. Será el primer gran templo fuera de Rumanía. En Múnich están levantando otra catedral, pero en Madrid vamos a acabar las obras primero”, explica.

De los cerca de 800.000 rumanos que viven en España, algo menos del 95% nacieron en familias ortodoxas. Muchos son practicantes fervorosos. Durante las cuatro décadas de comunismo, la religión quedó excluida de la vida pública, pero en los últimos 20 años ha resurgido con fuerza, como en otros países de la órbita exsoviética.

Ocho horas en la iglesia

“La mayoría de los rumanos que conozco van a la iglesia. Tengo amigas que van siempre que pueden, como yo. Muchos no eran creyentes en Rumania y han empezado a serlo aquí en España. Para nosotros es un lugar de reunión, donde conocerse y apoyarse”, dice Mikaela, una asistenta doméstica de 43 años (los últimos 13 en España) que ha donado cerca de 500 euros para la construcción de la catedral. Es algo “muy importante” para ella. Pasa en la iglesia unas ocho horas a la semana. “Voy miércoles, viernes, sábados… y los domingos más tiempo, claro”, dice.

“El terreno de construcción nos lo ha cedido el Ayuntamiento durante 40 años”

La cruz y las campanas (importadas desde del Tirol austriaco) ya han sido consagradas por monseñor Timoteo, el obispo de la Iglesia rumana en España y Portugal. La constructora, Blues Simon, es una empresa “rumana de Benidorm”, como la define Alexandru. “La mayoría de los trabajadores son rumanos, pero también hay españoles”, concreta. Entre andamios, el único idioma que se escucha es el español.

Cuando llegaron los primeros rumanos a España, algunos acudieron a los templos de otros cultos ortodoxos, como el griego o el ruso, más asentados en el país. Después empezaron a oficiar misas en locales comerciales y pisos alquilados. Con el tiempo, fueron construyendo pequeñas iglesias como las que hoy hay en Alcalá de Henares o Roquetas del Mar.

Colegio rumano

Cuando faltan espacios para rezar, algunos acuden a templos católicos. “Somos hermanos”, reivindica Alexandru. “La Iglesia católica se ha portado muy bien con nosotros, incluso nos cedieron templos que ellos no usaban y nos han apoyado siempre. El terreno sobre el que hemos construido nos lo ha cedido el Ayuntamiento durante 40 años. La única pega que nos pusieron es con la altura, que nos hicieron rebajar hasta un máximo de 24,75 metros, algo menos de lo que nos hubiera gustado. En total son más de 600 metros cuadrados de catedral”, comenta.

Además de un templo, el complejo religioso estará dotado de un pabellón residencial donde vivirá el obispo y de un colegio rumano. “Será un lugar para preservar nuestra identidad en España. Tendremos nuestra iglesia y nuestra educación religiosa, podremos hacer catequesis, etcétera”.
Será un lugar para preservar nuestra identidad en España. Tendremos nuestra iglesia y nuestra educación religiosa

Traian, un albañil nacido en Rumania, llegó a España hace 15 años y dice haber donado “lo que ha podido” para la construcción del templo. “Han sido más de 500 euros”, concreta. “Para mi familia es muy importante. Voy a misa todos los domingos, siempre que estoy en Madrid. De mis amigos, buena parte también vienen. Es el lugar de reunión, nos ayuda. Nos da paz y tranquilidad”.

El padre Alexandru, enviado por su Patriarca de Bucarest a España, asegura que los rumanos que viven fuera de su país viven la religión con más intensidad. “La distancia agudiza la necesidad de pertenencia. Aquí se sienten unidos, hablan de sus problemas, tienen un refugio”, concluye.

Con Dios en la maleta

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Los rumanos no emigran solos. Algunos se llevan con ellos a Dios. Otros lo encuentran en España, importado de Rumanía. Forman la mayor comunidad de extranjeros, si tras la palabra “comunidad” se quiere ver a cerca de 870.000 personas unidas por un cartón rojizo: el pasaporte rumano.

Porque el vínculo común se reduce a un pasaporte. A diferencia de otros grupos de extranjeros, la migración rumana ha sido bastante individualista. Los lazos de familia y las amistades cercanas han conformado el único núcleo sólido entre los rumanos dentro de un mapa bastante atomizado de lo que se tildaría de “comunidad rumana”. Una gran parte incluso ha escogido ser invisible. Ha huido de la “comunidad” precisamente para alejarse del estigma que tiene la “comunidad rumana” tal y como la reflejan los medios de comunicación.

Pero allí llegó Dios a poner remedio al asunto. La Iglesia ha juntado a la gente y, a la vez, su presencia no parecer haber molestado a la sociedad española. Así, más de cuarenta templos ortodoxos se han abierto o construido, repartidos por toda España. Con una intensa financiación tanto oficial del Patriarcado de la Iglesia ortodoxa rumana, como a través de donaciones privadas. A fecha de hoy, la comunidad religiosa muestra músculo en todo el territorio español.

En Barcelona, donde no viven más de 7.300 rumanos, en el barrio de Navas se finaliza una iglesia que quiere juntar a creyentes de toda Cataluña: “El terreno de la obra es nuestra propiedad. Hace diez años que lo hemos comprado mediante donaciones. Más de cien familias muy fieles han puesto dinero para la consolidación de la iglesia, algunos incluso mediante préstamos bancarios” declara Aurel Bunda, el cura responsable de la nueva iglesia ortodoxa de San Gheorghe,

Si en Rumanía ir a la casa de Dios es una tarea a la que se dedica algo más de un 65% de la población y que afirma confiar en la Iglesia más que en las instituciones públicas, en España su éxito puede resultar aún mayor entre la comunidad de rumanos. En Madrid o Barcelona la gente no acude a la Iglesia sólo para dialogar con Dios, sino también para conocer a otros compatriotas o a lograr contactos para conseguir un posible empleo. Lo explica Viorica, que no va a menudo, pero a veces sí que se pasa el domingo en la misa.

Ella no acude a la iglesia tanto por nostalgia por el más allá, sino por lo que ella llama “tradiciones”. Vive en Barcelona junto con hijo, que está acabando un curso de formación profesional, al tiempo que dedica el día a buscar trabajo sin mucho éxito: limpia 3 horas en una casa. La soledad aprieta. Y a veces va a la Iglesia para poder hablar con otros rumanos.

Viorica reconoce que no es una creyente demasiado activa: “Pero sí que ves a más de 200 personas en una misa. Hay muchísima gente joven. Está todo lleno, no puedes ni respirar”, comenta junto a las obras de la futura iglesia de San Gheorghe, donde la gente acude los domingos. Igual que ella, la gente joven quiere mantener lo que consideran sus tradiciones: bautizar a los hijos y casarse según el rito ortodoxo.

Y si la Iglesia ortodoxa se ha convertido en Rumanía en poder público al estar cada vez más presente en la política y en la educación, en España gozará de las mismas poderes: alrededor de las iglesias en España se organizan clases de lengua, se recogen libros para los niños, incluso se hace campaña electoral. Todo bajo la tutela de Dios.

Corina Tulbure

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