Egipto y el sexo

Publicado por

Sultan Sooud Al-Qassemi

Publicado el 6 Abr 2016

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Sharjah | Marzo 2016

El mes pasado, el Tribunal de Apelaciones de Egipto condenó a dos años de cárcel a Ahmed Naji, uno de los jóvenes escritores más prometedores de la región, por escribir una novela. Mucho se ha escrito sobre el caso pero lo que llama la atención es que parece que mientras el límite de lo que está permitido publicar en Estados árabes del Golfo sube, ese mismo límite en Egipto se está estrechando.

El “problemático” capítulo seis del libro de Naji “Guía del Uso de la Vida” describe un “día feliz” en la vida de un jóven egipcio. De hecho, el protagonista conoce a una mujer, tienen sexo, y aparecen palabras como “condón”, “besar”, “coño”, “polla”, “chupar” “lamer”. Este lenguaje para adultos impulsó a un hombre egipcio a interponer denuncia contra Naji por “amenazar su sentido de la moralidad”. El demandante perdió el caso y en tales circunstancias no tenía derecho a apelar. Sin embargo, las autoridades lo tenían y, para sorpresa de Naji, el fiscal del Estado egipcio recurrió la sentencia, acción que probablemente mandase una señal implícita al juez, y el escritor recibió la pena máxima posible.

El gobierno egipcio todavía no se ha acostumbrado a la creatividad lingüística de su pueblo

En última instancia, esas “palabras adultas” están dedicadas a un público adulto, maduro, y no aparecieron en un manual de la enseñanza primaria. Además, no son nada extrañas. La jerga que se usa en las calles de El Cairo está muy madura, e incluso algunos conductores usan sus bocinas para soltar tacos unos a otros. Parece que el gobierno egipcio todavía no se ha acostumbrado a la creatividad lingüística de su pueblo y quizás esté siendo más recatado que algunos Estados más conservadores de la región.

Veamos un caso al otro lado del Mar Rojo. En 2005, Raja Al Sanae, una jóven escritora de Arabia Saudí, presentó su primera novela, “Chicas de Riad”, que, según formuló la prensa, trata de “adolescentes homosexuales, lesbianas depredadoras, mujeres bebiendo alcohol en bodas y maridos con repugnantes demandas sexuales”. El libro era tan polémico que dos hombres interpusieron una denuncia contra la autora y el Ministerio de Información por concederle el permiso de publicar algo que “deteriora la imagen de la mujer saudí”. Los dos hombres perdieron el caso y a la escritora no solo no se le envió a la cárcel sino que además “Chicas de Riad” se hizo tan popular que llegó a vender más de tres millones de ejemplares.

En Arabia Saudí, el límite de lo que se puede publicar, salvo blasfemia, es alto

Esto no significa que en Arabia Saudí exista la libertad de expresión tal y como la entienden las sociedades occidentales. De hecho, Ashraf Fayadh, un poeta palestino apátrido, fue injustamente condenado a ocho años de cárcel por blasfemia. Sin embargo, Arabia Saudí es un conocido reino conservador wahabí suní sin Constitución alguna que garantice la libertad de expresión; su legitimidad entera se fundamenta en la protección al islam de lo sacrílego (el título oficial del rey es “el Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas”).

En la Arabia Saudí wahabí, el límite de lo que se puede publicar en una novela, mientras no sea blasfema, es sorprendentemente alto. Mientras tanto, en Egipto, una nación democrática y supuestamente moderna con un Parlamento elegido por los votantes, que en el año 2014 aprobó una Constitución que garantiza diversas libertades, consagrada a raíz del derrocamiento del régimen islamista de los Hermanos Musulmanes, la libertad de expresión experimenta un retroceso.

De hecho, la actual Constitución de Egipto garantiza la libertad de pensamiento, opinión y expresión (Artículo 65). Además, garantiza la libertad de prensa, prohibe todas las formas de censura y, lo que es importante en el caso de Naji, prohibe totalmente penas de prisión relacionadas con publicaciones. (Artículos 70, 71 y 72). La demanda contra Naji fue tratada como si hubiese cometido un crímen y no un simple hecho de publicar su novela “Guía del Uso de la Vida” en una revista. Después de pronunciarse la sentencia, siete miembros del comité que elaboró la Constitución calificaron la condena de Naji de “anticonstitucional”.

Hamad fue detenido por un tuit en el que equiparó islamismo y nazismo, no por sus novelas

Después de la publicación de “Chicas de Riad”, muchos otros libros controvertidos se pusieron a la venta en Arabia Saudí sin que el Estado demandara a sus autores. Entre ellos el best-seller HWJN (pronunciado ‘Hawyan’) que narra una historia de amor entre un genio y una chica saudí, así como el libro “Al Shumaisi” del aclamado escritor Turki al-Hamad, una historia de un jóven de Riad que “descubre un submundo extraño de alcohol y prostitución”. Es más, Hamad fue detenido en diciembre de 2012 por seis meses, pero sin ser sometido a juicio, por un tuit en que equiparó el islamismo con el nazismo, y no por sus novelas.

En 2002, con Hosni Mubarak en el apogeo de su poder, tuvo mucho éxito la novela de Alaa Al Aswany “El edificio Yacobián” que aborda la libertad sexual en El Cairo y que, para más inri, fue convertido en una película muy aclamada. Bajo el nuevo régimen democrático, laico y pos-islamista, a Aswany le prohibieron publicar en la prensa oficialista y vetaron sus apariciones en la televisión egipcia. Las autoridades hicieron redadas en sus reuniones públicas y las cancelaron. Estas medidas forman parte de un modelo organizado para silenciar una élite cultural de Egipto no afecta al Gobierno.

“Mientras publico en todas partes del mundo, no puedo hacerlo en mi propio país” dijo Aswany en una entrevista reciente. Bajo el nuevo gobierno de Egipto, añadió, “la libertad de expresión no existe; la situación es aún peor que en los tiempos de Mubarak”.

Si Ahmed Naji hubiese sido detenido y condenado por la publicación de “Guía del Uso de la Vida”, bajo el régimen incompetente de los Hermanos Musulmanes, se habrían sucedido las críticas locales e internacionales. Sin embargo, como fue encarcelado por este régimen democrático, laico y moderno que supuestamente salvó el país de los temibles políticos islamistas, su encarcelamiento ilegal probablemente no vaya a suscitar protestas.

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