El día del rinoceronte

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 5 Jun 2016

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Hace poco utilicé la palabra alemana ‘Gleichschaltung’, una de las palabras más típicas del vocubulario nazi.

‘Gleich’ significa “igual” y “Schaltung”, conexión. Este término alemán tan largo expresa que todo en el Estado está conectado de la misma manera: a la manera nazi.

Esto formaba parte esencial de la transformación nazi de Alemania. Pero no ocurrió de manera dramática en absoluto. El reemplazamiento de los empleados procedió de forma lenta, casi imperceptible. Al final, todos los cargos importantos en el país los ocupaban funcionarios nazi.

Ahora presenciamos algo similar en Israel. Estamos ya bien avanzados en pleno proceso.

Un partido “centrista” mantiene a la ultraderecha en el poder, incluso ahora mismo

Un cargo tras otro pasa a manos de la extrema ultraderecha, que ahora gobierna Israel. De forma lenta, muy muy lenta.

Empezó justo después de las elecciones del año pasado. Binyamin Netanyahu pudo formar una coalición de la ultraderecha, aunque sólo con una exigua mayoría. Como ha ocurrido tantas veces en los anales del fascismo, necesitaba para esto un partido “centrista”. Lo encontró en forma de la facción de Moshe Kahlon. Kahlon, un ex cargo del Likud, era popular porque había prometido alquileres más baratos. En realidad, los precios de alquiler han seguido subiendo.

(Kahlon es el hombre de la sonrisa. Es muy simpático. Un columnista lo comparó con el gato de Cheshire, ese gato que desapareció y sólo dejó una sonrisa en su lugar. “No es un gato con una sonrisa”, como dijo Alice, “sino una sonrisa con un gato”. Pero es ese gato el que mantiene a la ultraderecha en el poder, incluso ahora mismo).

El nuevo Gobierno incluía una selección de de nombramientos increíbles. El más insoportables es el de la nueva ministra Miri Regev, una mujer primitiva conocida por su orgullosa vulgaridad, que ahora tiene la cartera de Cultura. Bueno, imagino que hasta la vulgaridad tiene derecho a ser representada.

La señora Regev decide ahora sobre las asignaciones de subvenciones a teatros, literatura, ballet, ópera etcétera. Ya ha dejado claro que si estas instituciones quieren fondos, más vale que sigan la línea del Gobierno.

Colocar a Bennett, fascista religioso, al cargo de Educación es poner al zorro a vigilar el gallinero

Su competidora más cercana es la nueva ministra de Justicia, Ayelet Shaked (un nombre que traducido significa Gacela de Almendras). Su objetivo declarado es someter al Tribunal Supremo, el orgullo de Israel. Aunque ahora ya de forma muy tímida, este tribunal de vez en cuando protesta contra las nuevas leyes opresivas. De manera que la señora Almendras lo quiere tripular con nuevos jueces más “conservadores”.

El más peligroso de la pandilla es el ministro de Educación, Naftali Bennett, uno de los políticos nacional-religiosos más extremistas. Israel tiene tres sistemas de educación religiosos. El único sistema “laico” lo han ido reduciendo otros ministros anteriores de forma progresiva a lo largo de los años. Colocar a Bennett, al que muchos caracterizan como un fascista religioso, al cargo de Educación es como poner al zorro a vigilar el gallinero.

Todos estos ministros, y otros de la misma índole, se afanan ahora para reemplazar a los altos cargos bajo su control con personas que comparten sus convicciones, un proceso continuo y extremamente peligroso.

Y luego están los vigilantes de la puerta.

Una de las personas más importantes de Israel tiene el título de “Consejero legal del Gobierno”. Es el máximo cargo legal, superior al fiscal general e independiente del Ministerio de Justicia. Su opinión es vinculante legalmente, y sólo puede ser desautorizada por el Tribunal Supremo.

Netanyahu tiene varios problemas legales. Él y su familia han viajado alrededor del mundo gracias al dinero de otros mientras ostentaba su cargo público. Este asunto y otros fueron bloqueados en el proceso burocrático durante muchos años, por decisión del “consejero”.

El último consejero legal, un antiguo juez inofensivo que había sido nombrado por Netanyahu, acaba de ser reemplazado, también por Netanyahu, quien nombró – ¡sorpresa! – al secretario del Gobierno, Avichai Mandelblit, un abogado que lleva kipá y es tan cercano a Netanyahu como se puede ser.

Para que todo estuviera bajo control, al contralor del Estado, otro cargo muy poderoso en Israel, lo esccogió el Parlamento acorde a los deseos de Netanyahu. Yosef Shapiro también es un ex juez.

Por qué estos dos cargos son vitales para Netanyahu queda claro ahora: Todo el país está fascinado por varios casos legales en los que los empleados de la residencia oficial del primer ministro atestiguan que Sarah Netanyahu es una arpía insoportable, histérico y chillona, que también paga sus gastos privados con dinero público.

La cúpula suprema de la Policía se ha enfangado en escándalos sexuales y de sobornos

Para completar el círculo, ahí tenemos al nuevo comandante de la policía. Durante años, la cúpula suprema del cuerpo se había enfangado en un charco de escándalos sexuales, además de sobornos. Un funcionario cometió suicidio, varios otros fueron expulsados.

¿Qué mejor solución que colocar a alguien de fuera, un alto cargo del Shin Bet, el servicio secreto? Una idea brillante, pero ahora resulta que la policía se ha hundido aún más en el fango. En varios casos, los agente han golpeado de forma pública y brutal a civiles, tanto a árabes como a judíos, sin ningún motivo aparente, y han recibido pleno respaldo de Roni Alsheikh, su nuevo comandante supremo.

La derecha lamenta que la prensa israelí es “izquierdista”, un baluarte de la “vieja élite”, que los derechista han jurado reemplazar.

Desafortunadamente, esa descripción no es nada acertada. De los grandes diarios, uno, Israel Hayom (‘Israel Hoy’), pertenece a Netanyahu. O, para decirlo con exactitud, a Sheldon Adelson, un tiburón estadounidense de los casinos, que es el abyecto esclavo voluntario y el generoso patrón de “Bibi”. El diario, cuyo único objetivo es servir a los intereses personales de Netanyahu, se distribuye gratis en inmensas cantidades.

El otro periódico de gran difusión, Yediot Aharonot (‘Últimas Noticias’) intenta competir con esto adoptando posturas aún más derechistas.

Sólo hay un diario importante más, Haaretz (‘El País’), que es crítico con Netanyahu, pero es mucho más pequeño y está en constante peligro económico.

Los tres canales de TV de Israel son un desierto intelectual. Aparte de las noticias y un minúsculo número de programas de calidad, están vacíos de contenido, dedicados sobre todo a los “reality show” que no tienen nada que ver con la realidad.

¿Quién es el ministro de Prensa?  ¡Oh sorpresa! Es un señor llamado Binyamin Netanyahu

¿Quién está al cargo de esto? Claro, el ministro de Prensa. ¿Y quién es este ministro? De nuevo, ¡oh sorpresa! Es un señor llamado Binyamin Netanyahu.

Acorde a la ley israelí, el primer ministro puede asignarse tantas carteras ministeriales como le pide el cuerpo. Actualmente, Netanyahu tiene varias, entre ellos Asuntos Exteriores y Prensa.

Desde hace meses, a todos los periodistas les cuesta conciliar el sueño por la noche. Los tres canales de televisión necesitan subvenciones del Gobierno. Algunos personajes televisivos valientes todavía se atreven a criticar abiertamente el Gobierno, incluso de forma tajante, pero su número no deja de disminuir.

Cuando salí en televisión esta semana y le dije al locutor que me entrevistaba que dentro de un año, él y sus colegas probablemente ya no tendrían trabajo, se rió nervioso y respondió: “¿Qué dices? ¿Un año entero?”

Muchos periodistas de la tele ya se han convertido en rinocerontes (el mote israelí para gente que han sucumbido al Gobierno, porque necesitan una piel muy gruesa). El proceso de rinocerontización continúa sin parar.

Y ahora viene el golpe de gracia, en forma de Avigdor Ivett Lieberman.

Lieberman es una persona terrorífica. Ante él, incluso se arrugaría un Donald Trump.

Inmigrante de la Moldavia soviética, antiguo vigilante de puerta de discoteca y más tarde ayudante fiel de Netanyahu, es ahora el político derechista más extremista que hay en el escenario. Ha propuesto bombardear la presa de Asuán en Egipto (lo cual mataría a muchas millones de personas). Esa era una de sus ideas más moderadas. Ha criticado al Ejército porque le parecía demasiado tímido y ha calificado a Netanyahu, hace no tanto, de estafa, cobarde y charlatán.

La inevitable confrontación entre el ministro de Defensa y el comando del Ejército tendrá gran alcance

Lieberman (‘Hombre amable’ en alemán) es muy taimado. Podemos vaticinar que durante algunos meses, al menos, será enormemente solícito, amante de la paz y liberal. Ya esta semana, tanto él como Netanyahu se han declarado fervientes partidarios de la solución de ‘Dos Estados para dos pueblos’. Es como Benito Mussolini declarándose un convencido pacifista en 1939.

La inevitable confrontación futura entre el ministro de Defensa y el Estado Mayor del Ejército tiene visos de convertirse en un suceso de gran alcance. El choque entre una fuerza irresistible y un objeto inamovible.

Las “Fuerzas de Defensa de Israel”, que incluyen Armada y Fuerza Aérea, es una institución casi autónoma. Su comandante supremo oficial es el Gobierno al completo, actuando a través del ministro de Defensa.

Es un ejército obediente. Raramente ha desafiado abiertamente al Gobierno. Un caso ocurrió en 1967, cuando el primer ministro, Levy Eshkol, dudaba ante la amenaza militar creciente de Egipto en la península del Sinaí. Un grupo de generales le amenazó con una dimisión colectiva, si no daba la orden de ataque. Eshkol capituló.

Frente a una oposición unificada del comando militar, el ministro es prácticamente impotente. Pero está al cargo de un inmenso presupuesto, de lejos el mayor de Israel. Tiene una influencia dominante sobre los nombramientos del comandante del ejército (jefe del Estado Mayor) y los oficiales superiores.

Lo que es peor es que los oficiales más bajos del Ejército y los soldados rasos se han educado en el sistema de colegios nacionalista. Muchos de ellos pueden estar ahora más cercanos a Lieberman que el jefe del Estado Mayor.

¡Ay del Estado que coloca un arma mortal en las manos de chicos tan inmaduros!

Esto se pudo comprobar en el reciente caso de Elor Azariya, el soldado que disparó y mató a un palestino severamente herido que estaba tirado en el suelo. Muchos soldados han declarado a Azariya héroe nacional.

Azariya está ahora en el banquillo de un tribunal militar, acusado de homicidio. El comando supremo del Ejército se ha mostrado inflexible ante la oposición derechista. Y mira tú por dónde, ¿quién metió su considerable masa corporal en la abarrotada sala de juicios? Avigdor Lieberman. Vino para expresar su apoyo al soldado.

Incluso Netanyahu cedió a la presión y llamó al padre del soldado para asegurarse su respaldo.

(Cuando vimos al homicida en el banquillo en televisión, nos sorprendió ver a un simple chaval, que parecía sorprendido y desorientado, con su madre sentada detrás de él y acariciándole la cabeza. ¡Ay del Estado que coloca un arma mortal en las manos de un chico tan primitivo e inmaduro!)

Así que aquí estamos: el Gobierno socava al Ejército y el bando a favor de la paz confía en el comando militar. Algunos pueden incluso estar rezando fervientemente a un dios en el que no creen para que haya un golpe militar, que en el fondo no respaldarían.

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