El disparo

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 7 Ago 2016

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El 28 de junio de 1914, el heredero del trono austriaco, el archiduque Francisco Fernando, visitó Sarajevo, la principal ciudad de Bosnia, en ese entonces una provincia austriaca.

Tres jóvenes serbios residentes de Bosnia decidieron matarlo para conseguir la adhesión de Bosnia a Serbia. Lanzaron bombas contra el coche del archiduque. Ninguno de los tres pudo alcanzarle.

Más tarde, uno de los asaltantes, Gabrilo Princip, probó de nuevo suerte con su víctima. El coche del archiduque hizo un giro equivocado, el conductor trató de revertir, el coche se detuvo y Princip mató al duque de un tiro.

El nombre de Gavrilo Princip, la persona más importante del siglo XX, ya cayó en el olvido

Ese fue el “disparo que se escuchó en todo el mundo”. El pequeño incidente llevó a la Primera Guerra Mundial, lo que condujo a la Segunda Guerra Mundial con unos 100 millones de muertos en total, al bolchevismo, al fascismo, al nazismo y al Holocausto. Sin embargo, mientras los nombres de Lenin, Stalin y Hitler serán recordados durante siglos, el nombre de Gavrilo Princip, la persona más importante del siglo XX, ya cayó en el olvido.

(Ya que él solo tenía 19 años, la ley austríaca no permitía sentenciarle a muerte. Fue enviado a prisión, donde su fallecimiento por tuberculosos pasó desapercibido en medio de la Primera Guerra Mundial).

Por alguna razón, esta persona insignificante que hizo historia me recuerda a un joven israelí insignificante llamado Elor Azaria, cuyos actos bien pueden cambiar la historia del Estado de Israel.

Los hechos del caso son bastante claros.

Dos jóvenes palestinos atacaron a un soldado israelí con un cuchillo en Tel Rumaida, un asentamiento de judíos extremistas en el centro de Hebron. El soldado resultó levemente herido. Dispararon a los atacantes, uno murió en el acto y el otro fue gravemente herido y yacía sangrando en el suelo.

Lo que pasó después fue grabado por un palestino local con una de las muchas cámaras distribuidas a la población local por la asociación israelí de derechos humanos B’tselem.

La tripulación de una ambulancia israelí estaba curando al soldado herido, ignorando al árabe gravemente herido que yacía en el suelo. Varios soldados israelíes le rodeaban, también ignorando al palestino. Después de unos 10 minutos, el sargento Elor Azaria, un médico, apareció en la escena, se acercó al palestino herido y le disparó a bocajarro en la cabeza, matándolo.

Azaria dijo que “el terrorista debe morir”. Más tarde, por consejo de sus abogados, que tenía miedo

Según los testigos, Azaria declaró que “el terrorista debe morir”. Más tarde, por consejo de su ejército de abogados, Azaria afirmó que tenía miedo de que el palestino herido tuviese una carga de explosivos en su cuerpo y estuviese a punto de matar a los soldados que había a su alrededor (una afirmación claramente desacreditada por las imágenes que mostraban a los soldados parados cerca y obviamente indiferentes. Y luego hay un misterioso cuchillo que no estaba ahí al principio del vídeo pero que al final se puede ver tirado cerca del cuerpo).

El vídeo fue ampliamente distribuido en las redes sociales y no podía pasar desapercibido. Llevaron a Azaria ante un tribunal y se convirtió en el centro de una tormenta política que ha tenido lugar durante semanas. Está dividiendo al Ejército, al público, al panorama político y al Estado entero.

Permítanme intercalar una nota personal. No soy ingenuo. En la guerra de 1948 fui un soldado de combate durante diez meses consecutivos, antes de ser herido de gravedad. Vi todo tipo de atrocidades. Cuando la guerra terminó, escribí un libro sobre esas atrocidades llamado La otra cara de la moneda (en hebreo). Fue ampliamente criticado.

La guerra saca lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. He visto crímenes de guerra cometidos por personas que, después de la guerra, eran agradables, normales, ciudadanos respetuosos de la ley.

Entonces, ¿qué tiene de especial Elor Azaria, aparte del hecho de que fuera grabado durante el acto?

Todos lo hemos visto en la televisión, sentado en la sala del tribunal militar durante un juicio que sigue teniendo lugar. Un soldado de aspecto infantil, que parece demasiado perdido. Su madre se sienta directamente detrás de él, meciendo su cabeza con sus manos y acariciándole todo el tiempo. Su padre está cerca e insultando al fiscal militar.

La calle principal de Hebrón está reservada a los judíos y cerrada al paso de los árabes

Entonces, ¿qué hay de especial en este caso? Han tenido lugar sucesos similares todo el tiempo, aunque no ante la cámara. Es una rutina. Especialmente en Hebrón, donde unos pocos cientos de colonos viven entre 160.000 palestinos. Hebrón es una de las ciudades más antiguas del mundo. Existía mucho antes de los tiempos bíblicos.

En el centro de Hebrón hay un edificio que, según la creencia judía, alberga la tumba de los patriarcas israelitas. Los arqueólogos rechazan esta alegación. Los árabes creen que las tumbas pertenecen a venerados jeques musulmanes. Para ellos, el edificio es una mezquita.

Desde el comienzo de la ocupación, este ha sido lugar de continuos disturbios violentos. La calle principal está reservada a los judíos y cerrada al paso de los árabes. Para los soldados, ser enviado allí a custodiar a los colonos es un infierno.

En el video, se ve a Azaria dándole la mano a alguien inmediatamente después de la matanza. Esa persona es nada más y nada menos que Baruch Marzel, el rey de los colonos de Tel Rumaida. Marzel es el sucesor del “rabino” Meir Kahane, que fue calificado de fascista por la Corte Suprema de Israel. (Una vez, Marzel pidió abiertamente que se me asesinara).

Durante el juicio se reveló que Marzel acoge cada sábado a toda la compañía de soldados israelíes que custodian el asentamiento, incluyendo los oficiales. Esto significa que Azaria estaba expuestos a sus ideas fascistas antes del suceso del disparo.

¿Qué hace que el caso del “soldado del disparo” (como lo ha calificado la prensa hebrea) un punto de inflexión en la historia de la iniciativa sionista?

La única institución que une a casi todos los diversos elementos de Israel es el Ejército

Como ya he mencionado en un artículo reciente, Israel está ahora desgarrado en diversos “sectores”, con las divisiones entre ellos cada vez mayores. Judíos y árabes, orientales (mizrajíes) y europeos (asquenazíes), laicos y religiosos, ultraortodoxos exclusivos y “nacional-religiosos abarcadores, hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales, veteranos y nuevos inmigrantes, especialmente desde Rusia; ricos y pobres, Tel Aviv y la “periferia”; izquierda y derecha, habitantes del propio Israel y colonos en los territorios ocupados.

La única institución que une a casi todos estos diversos –y mutuamente antagónicos- elementos es el Ejército. Es mucho más que una mera fuerza de combate. Es donde todos los jóvenes israelíes (excepto los ortodoxos y los árabes) se encuentran en igualdad de condiciones. Es el “crisol”. Es lo más sagrado de lo sagrado.

Pero ya no.

Aquí es donde aparece el sargento Azaria. Él no solo acaba de matar a un palestino herido (llamado, por cierto, Abdel Fatah al Sherif). Ha herido de muerte al Ejército.

Desde hace algunos años ha estado llevándose a cabo un esfuerzo secreto de los “nacional-religiosos” para conquistar al Ejército desde abajo.

Este sector fue una vez un grupo pequeño y desdeñado, ya que por lo general los judíos religiosos rechazaron el sionismo por completo. Según sus creencias, Dios exilió a los judíos por sus pecados, y solo Dios tiene el derecho a permitirles volver. Al apropiarse ellos mismos de una tarea de Dios, los sionistas estaba cometiendo un grave pecado.

La masa de judíos religiosos vivió en el este de Europa y pereció en el Holocausto. Unos cuantos vinieron a Palestina y son ahora una comunidad aislada y autosuficiente en Israel, que recibe grandes sumas de dinero del Estado sionista y sin honrar la bandera sionista.

Los “nacional-religiosos”, por otro lado, han ido creciendo hasta convertirse de una pequeña y tímida comunidad en una fuerza grande y potente. Su tremenda tasa de natalidad (7-8 hijos es la norma) les da una gran ventaja. Cuando el Ejército israelí conquistó Jerusalén Este y Cisjordania, plagados de lugares sagrados, también se hicieron firmes y seguros de sí mismos.

El partido nacional religioso  hace un gran esfuerzo para conquistar el Ejército desde abajo

Su actual líder, Naftali Bennett, un exitoso empresario de alta tecnología, es ahora un poderoso miembro del Gobierno, en constante competencia y conflicto con Benjamin Netanyahu. El partido tiene su propio sistema de educación.

Desde hace décadas, este partido ha estado comprometido con un gran esfuerzo para conquistar el Ejército desde abajo. Tiene escuelas preparatorias para el Ejército que forman futuros oficiales altamente motivados, y se está infiltrando poco a poco en el cuerpo de oficiales inferiores. Capitanes y comandantes usan kipá: lo que una vez fue una rareza, es ahora muy común.

Todo esto está explotando ahora. El asunto Azaria está destrozando al Ejército. El alto comando, aún compuesto principalmente por veteranos, asquenazíes y (relativamente) moderados, ha llevado a juicio a Azaria. Matar a un enemigo herido va contra de las órdenes del Ejército. Los soldados están autorizados a disparar y matar solo ante un inmediato peligro para sus vidas.

Una gran parte de la población, especialmente los religiosos y los sectores de derechas, protestaron en voz alta contra el juicio. Ya que la familia de Azaria es oriental, los manifestantes incluyen la mayor parte del sector judío oriental.

En la contienda entre el sargento Elor Azaria y el jefe del Estado Mayor, el sargento puede ganar

El olfato político de Netanyahu reconoció la tendencia de inmediato. Decidió visitar la familia de Azaria, aunque sus asesores lograron frenarlo en el en último segundo. En su lugar, llamó al padre de Elor y le expresó su simpatía personal por teléfono. Avigdor Lieberman, antes de su nombramiento como ministro de Defensa, visitó personalmente la sala del tribunal para mostrar su respaldo al soldado.

Fue una bofetada abierta en la cara del mando del Ejército.

Ahora el Ejército, el último baluarte de la unidad nacional, se desgarra. El alto mando está siendo abiertamente atacado con el calificativo de izquierdista, un término no mucho mejor que traidor en el discurso actual de Israel. El mito de la infalibilidad militar yace agonizando, la autoridad del alto mando profundamente dañada, la crítica al jefe del Estado mayor es generalizada.

En la contienda entre el sargento Elor Azaria y el jefe del Estado Mayor, el teniente general Gadi Eizenkot, el sargento tiene perfectamente las de ganar. Si es declarado culpable por desobedecer las órdenes descaradamente, saldrá en libertad con una sentencia leve.

Matar a un ser humano indefenso le ha convertido en un héroe nacional. El suyo fue el disparo que fue escuchado por todo el país. Tal vez por todo el mundo.

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