El pacto con el diablo

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Publicado el 7 Sep 2016

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El régimen no tardó mucho en aplastar a los islamistas y a la oposición laica después del golpe militar del 3 de julio de 2013. Cualquier persona que decía algo contra las injusticias del régimen era desacreditada como miembro de los Hermanos Musulmanes y leal al presidente depuesto Mohamed Morsi. De alguna manera, se le estaba concediendo una gran oportunidad a los cristianos coptos para hablar contra las prácticas del régimen sin que se les atribuyesen tales acusaciones. Desperdiciaron esa oportunidad. En lugar del silencio, que habría sido comprensible, la Iglesia se posicionó de parte del régimen y apoyó activamente sus violaciones, lideradas por el Ejército.

El papa copto optó por condenar el debate sobre las violaciones de derechos humanos

Encabezada por la Iglesia, una parte visible de la comunidad copta hizo la vista gorda a las brutales prácticas del Estado, y sin condenar jamás ninguna actuación de las instituciones estatales. En lugar de llamar la atención sobre la multitud de violaciones contra numerosas facciones de la sociedad egipcia, el papa copto optó por condenar el debate sobre esas violaciones, a pesar de estar encabezando una comunidad que ha sido sistemáticamente discriminada. Su clero siguió su ejemplo y regalaba los oídos públicamente a Abdelfatah Sisi con alabanzas y felicitaciones.

Cuando el aparato de seguridad dispersó por la fuerza las acampadas de Rabea y Al Nahda, el 14 de agosto de 2013, las iglesias y casas coptas fueron las que más padecieron. Cerca de 80 iglesias fueron quemadas, junto con muchas casas y tiendas de cristianos. El Estado no les ofreció ninguna protección.

Es natural que la minoría cristiana copta tema por su bienestar teniendo en cuenta la larga historia de prácticas discriminatorias llevadas a cabo por el Estado egipcio. Por tanto, era comprensible que los líderes de la Iglesia buscaran protección del Estado. La reducción de la intervención estatal cuando se originaron las tensiones sectarias puede ser interpretado como protección.

La Iglesia no esperó a recibir concesiones por parte del Estado a cambio de apoyarlo

Sin embargo, la vía que los nuevos responsables de la Iglesia decidieron usar como presión para conseguir protección es, en el mejor de los casos, políticamente inexperta. En un momento en el que sus miembros tenían un gran papel en la legitimidad del nuevo régimen, la Iglesia no esperó a recibir concesiones por parte del Estado a cambio de apoyarlo. Se aplazaron viejas cuestiones como la libertad para construir iglesias, y la situación de los coptos en Egipto no experimentó mejoras. Se sumaron gratis al bloque de votantes requerido por el régimen para avalar a Sisi y su Parlamento. Los coptos habían cumplido su papel en el establecimiento del régimen y después pasaron a segundo plano.

Es comprensible el dilema de la Iglesia copta, pero el compromiso es imperdonable. En lugar de ponerse del lado de los activistas presos que habían exigido justicia e igualdad para todo el mundo, el papa copto no solo prefirió alabar a Sisi y a todos los suyos, sino que también condenó el debate sobre las violaciones de derechos humanos. El papa Tawadros no solo echó a los leones a otros egipcios maltratados, sino que cuando se le preguntó por las víctimas coptas de Maspero, donde los vehículos blindados del Ejército aplastaron a muchos en octubre de 2011, distorsionó la historia culpando a los Hermanos Musulmanes de ese día horrible.

No es de extrañar que ahora las tensiones sectarias vayan en aumento. Los recientes ataques en Minia y Beni Suez son señal de la vuelta de los viejos tiempos en los que los coptos eran cabeza de turco. Algunos incluso han especulado que las crecientes tensiones son la venganza del régimen contra Anba Makarious, obispo de Minia y de Abu Qurqas, quien exigió aplicar la ley a los agresores en lugar de barrerlo todo bajo la alfombra, como de costumbre.

El Gobierno se mantiene firme en su negativa a aplicar la ley cuando se trata de incidentes sectarios, y en su lugar recurre a sesiones informales de conciliación, sin llevar a los perpetradores ante la justicia. Así hemos vuelto al punto de partida, a la era del antiguo presidente Hosni Mubarak. Yo incluso diría que estamos peor. Con los constantes incidentes sectarios ampliamente ignorados por el Estado, la falta de medidas punitivas contra los agresores es, quizás, implícitamente alentadora.

El pacto con el diablo para recibir protección viene a expensas de los valores cristianos

La Iglesia ha apostado por cumplir los deseos del régimen a cambio de protección. Este pacto con el diablo viene a expensas de los valores cristianos. En lugar de echarle valor y enfrentarse a las injusticias -constantemente sufridas por su congregación- la Iglesia se acurrucó detrás de las autoridades, que no le hacen ningún bien a los cristianos coptos. Ahora la Iglesia depende exclusivamente de las directrices estatales.

Hoy en día, la Iglesia queda al desnudo, sin protección y sin respetar sus propios valores, aquellos de los que una vez tanto alardeó. En efecto, la Iglesia ha perdido la oportunidad de encontrar protección, después de que su grupo diera el visto bueno al nuevo orden político. A medida que las tensiones sectarias aumentan, una vez más, los cristianos coptos se llenan de ira, desesperación y dudas sobre cómo seguir adelante.

Surgen muchas preguntas por el desplome del país, no solo en un abismo de sectarismo, sino también de fracasos económicos y judiciales. La Iglesia copta y sus feligreses deben estar frustrados al ser tratados, de nuevo, como ciudadanos de segunda, incluso después de todo el apoyo dado al régimen de Sisi y su muy célebre visita a la catedral.

A los coptos se les trata como ciudadanos de segunda, incluso después de dar apoyo al régimen

Hay un versículo en la Biblia que me viene a la mente: “Vosotros sois la sal de la tierra”.

El verso se repite por la Iglesia copta y lo que significa es que la comunidad copta debe ser un rayo de justicia y valores. El verso continúa diciendo: “Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisoteada por los hombres”.

No sé si la Iglesia copta ha perdido, en efecto, su salinidad, viendo que pisotea la justicia y justifica las brutales prácticas del régimen. No sé si la Iglesia copta ha perdido su alma en su pacto del diablo con el régimen. Solo me queda laesperanza de que la Iglesia copta, y por supuesto el resto de la sociedad egipcia, recuerden que un alma buscando la verdad y justicia vale más la pena que una escabulléndose de ellas hacia promesas fugaces de protección… al menos a largo plazo.

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