La fiesta pecaminosa

Publicado por

Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 10 Ene 2017

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Sus fiestas son pecado, nuestra violencia es lícita.

Entiendo la devoción como una relación espiritual con el creador y como una gran insistencia en la moral y los valores, en la dignidad humana y en la fraternidad, como una manera de sembrar alegría en los corazones de quienes nos rodean y de quienes la vida nos ha puesto en el camino, aunque sea de forma casual y fugaz.

Pero muchas personas a nuestro alrededor han decidido convertir su devoción en sinónimo de la violencia y del odio en cualquier circunstancia y bajo todo tipo de denominaciones. Consideran que su devoción es, fundamentalmente y en la profundidad de su ser, el odio y el rechazo del otro. Por eso las ves medir su fe según el tamaño de su capacidad de rechazar al otro y de sembrar odio.

El que se emborracha, sea cristiano, musulmán o ateo, no espera el fin del año para hacerlo

Así, situaciones habituales que se supone que serían una ocasión nueva para sembrar felicidad y amor se convierten en un blanco hacia el que arrojamos sentimientos de odio. Y en lugar de celebrar un nuevo año, verás a mucha gente aprovecharlo para imponer un lenguaje de rechazo: “Celebrar el año gregoriano es haram (ilícito según la religión)”. “Felicitar a los cristianos por sus fiestas es haram”. “Que ayunen con nosotros y nos emborracharemos con ellos”.

Algunos llevan su genialidad a un nivel aún superior a la agresividad y al rechazo: se difunden eslóganes cuya intención es dejar claro que no basta con no celebrar, no; ni siquiera se acepta que se pueda felicitar a otros el Año Nuevo.

En primer lugar, y para ampliar un poco la cultura general, dejemos claro que los cristianos no celebran el nacimiento del mesías el 31 de diciembre, sino el día 25, al igual que los musulmanes celebran el nacimiento de su profeta el 12 de rabi’ al-awwal, y no el primer día de muharram. ¿Ha quedado claro? Sin olvidar que la mayoría de esas fechas que establecen el nacimiento de un profeta… no son ciertas; pero eso es otra historia.

En segundo lugar, nadie está obligado a emborracharse para celebrar el fin del año. Hay que recordar que el que se emborracha, sea cristiano, sea musulmán, sea ateo, no espera al fin del año gregoriano para hacerlo; ni tampoco le pide permiso a nadie.

En tercer lugar, queridos aficionados al “no soy cristiano”, ¿nunca os habéis fijado en que únicamente saludamos el inicio del nuevo año según el calendario por el que nos regimos para fijar las fechas en nuestra vida profesional y personal: desde la cita con el médico hasta la fecha que consta en la prensa o en las invitaciones de boda y los viajes que se planifican?

Lo realmente haram es que se maten unos a otros en nombre de la religión

Y eso nos lleva de nuevo a la cuestión del calendario de la hégira: rechazamos utilizarlo de forma científica (porque la ciencia hoy día podría calcularlo de forma exacta, mucho más exacta que la observación a simple vista de la luna nueva) y ha conseguido quedarse en la casilla de la incertidumbre siempre que se trate de concretar nuestras citas en relación con festividades religiosas que inciden en nuestra vida cotidiana.

En cuarto lugar, imagina que el islam te da derecho, como varón, a casarte con una cristiana o una judía. Su familia, que lo más seguro mantendrá su propia devoción, se convertirá también en tu familia y la de tus hijos. ¿Celebrarás con ellos sus fiestas religiosas (recordando que la de fin de año gregoriano no es, de entrada, una fiesta cristiana) o te despertarás con cara de mal humor en un día que para ellos es una fiesta?

En quinto lugar, y esto es lo que realmente importa: lo haram, lo ilícito, queridos, no es que les felicitemos a otros unas fiestas que no consideramos nuestras ni que aceptemos felicitaciones. Lo realmente haram es que se maten unos a otros en nombre de la religión y que algunos justifiquen esta violencia. Lo haram es toda la ignorancia y la pobreza y la opresión, una losa bajo la que viven muchos de nosotros sin que corramos a cambiarlo. Y, no obstante, seguimos insistiendo en que los musulmanes somos la mejor comunidad que ha dado la humanidad. ¿Mejor en qué?, ¿en analfabetismo?, ¿en ignorancia?, ¿en pobreza?, ¿en mendicidad?, ¿en opresión?, ¿en acoso sexual?, ¿en privar de sus derechos a las minorías?, ¿en dictaduras?

Pero, a pesar de todo, nunca faltará un listillo que lo único que ve haram es que se celebre el fin del año gregoriano. ¡Anda ya!

 

© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Ahdath Al Maghribia · 3 Enero 2017 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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