Antes de casarse, ¡nunca!

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 25 Ene 2017

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En una discusión informal, un joven, de algo más de treinta años, pronuncia esta frase fatal: “Un hombre marroquí nunca se casará con una mujer que se haya acostado con él. Incluso si intentan “perdonarle”, un día se lo acabará reprochando.

Veamos, en primer lugar: ¿por qué hablar de “perdón”? ¿Por qué considerar la sexualidad como un error que habría que perdonar o no perdonar a una mujer? ¿Y qué pasa con la sexualidad de los hombres? ¿Será que estos tiene todo el margen del mundo para vivir una sexualidad libre, incluso desenfrenada, a la vez que para casarse exigen a mujeres con un pasado sexual virgen?

Y además, en la vida real, es muy probablem que aquellos que se niegan a casarse con las chicas con las que han compartido los placeres del cuerpo se acabarán casando con señoritas que los hayan compartido con otros… pero que hábilmente saben convencerlos de lo contrario.

Cada uno se junta no con la persona a la que ama sino con aquella que haya amado antes otro

De hecho, y sin caer en generalizaciones abusivas, un hombre podría sentirse bien con una mujer, y sin embargo preferirá casarse con otra, que no se haya acostado con él, pero que muy probablemente lo haya hecho con otros, antes que con él. Su ahora exnovia se casará con otro chico, al que ella declarará: “No, jamás antes de casarnos”. Así, cada uno se junta no con la persona a la que ama sino con aquella que haya amado antes otro. El criterio para elegir es: A mí me ha dicho que no.

De nuevo, tengamos cuidado para no generalizar, pero no hay más remedio que constatar que la vida moral en nuestra sociedad se vincula de forma prácticamente exclusiva a la sexualidad, y no a otros comportamientos sociales. Así, una mujer que asuma públicamente una sexualidad premarital activa será considerada una chica de moral ligera. En cambio, aquella que roba, miente o engaña no siempre sufrirá la misma mala consideración. Y todo eso cuando, además, hoy día todo el mundo sabe que el himen se puede reconstruir cuando se quiere y que hay prácticas para tener una vida sexual activa mientras se conserve.

Una mujer con sexualidad premarital se considera peor que una que robe, miente o engañe

Hay voces que se elevan aún para denunciar “un nuevo intento de incitar a la depravación”. En realidad se trata más bien de un nuevo intento para invitarnos a abrir los ojos: hay tantas transformaciones demográficas, pero también sociales, culturales y económicas, que deberíamos intentar mirar de otra forma la relación entre cuerpo y sexualidad. Eso, evidentemente, si queremos construir una sociedad que asume sus condiciones, y no una sociedad en la que reine la mentira.

¿Qué ganamos con esto? Que nuestros hombres se vayan a casar con mujeres a las que quieren y que los quieren a ellos. Dejarán de casarse con aquellas a las que otros han amado; dejarán de empujar a aquellas a las que han amado y que los han amado a unirse a otros hombres… hombres con los que no se acostarán antes de casarse.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Din wa Dunia · 10 Enero 2017 | Traducción del francés: Ilya U. Topper

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