Respeten la Línea Verde

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 5 Feb 2017

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El análisis más profundo que he leído sobre el conflicto palestino-israelí lo escribió el historiador judío polaco-británico Isaac Deutscher. Se compone de una sola imagen.

Un hombre vive en la planta superior de un edificio, que está en llamas. Para salvar su vida, se tira por la ventana y cae sobre un transeúnte en la calle de abajo. La víctima queda gravemente herida y eso da lugar a un complejo conflicto entre ambos.

Por supuesto, ninguna metáfora es completamente perfecta. Los sionistas no eligieron Palestina por casualidad, la elección estaba basada en nuestra religión. El fundador del movimiento, Theodor Herzl, prefería Argentina en un principio.

Los sionistas no eligieron Palestina por casualidad, la elección estaba basada en nuestra religión

Aun así, el cuadro es básicamente válido, al menos hasta 1967. A partir de entonces, los colonos continuan saltando por la Línea Verde, sin incendio a la vista.

No hay nada sagrado en la Línea Verde. Tampoco es distinta de cualquier otra frontera alrededor del mundo, sea cual fuese su color.

La mayoría de las fronteras se formaron por la geografía y los accidentes de la guerra. Dos pueblos luchan entre sí por el territorio. En algún momento termina ese combate y nace una frontera.

Las fronteras terrestres de Israel –conocidas por alguna razón como la “Línea Verde”- también se establecieron por los accidentes de la guerra. Parte de esa línea fue el resultado de un acuerdo entre el nuevo Gobierno de Israel y el rey de Jordania, Abdallah I, que nos dio el llamado Triángulo como una propina a cambio del beneplácito de Israel a que se anexionara la mayor parte del resto de Palestina.

Entonces, ¿qué hay de sagrado en esta frontera? Nada, excepto que está allí. Y eso se aplica a muchas fronteras en todo el mundo.

Una frontera se establece por accidente y se confirma por acuerdo. Es verdad que Naciones Unidas estableció fronteras entre los Estados judío y árabe en su resolución de 1947, pero después de que el bando árabe comenzase una guerra con el objetivo de frustrar esa decisión, Israel amplió considerablemente su territorio.

Los colonos en Cisjordania plantean un nuevo argumento: “Vosotros también estáis en tierras árabes”

La guerra de 1948 terminó sin un tratado de paz. Pero las líneas de armisticio establecidas al final de la guerra fueron aceptadas por el mundo entero como las fronteras de Israel. Esto no ha cambiado en los 68 años que han transcurrido desde entonces.

Esta situación prevalece tanto de facto como de jure. La ley israelí solo se aplica dentro de la Línea Verde. Todo lo demás es territorio ocupado bajo la ley militar. Israel declaró de forma unilateral la anexión de dos territorios pequeños –Jerusalén Este y los Altos del Golán– pero nadie en el mundo reconoce ese estatus.

Explico en detalle estos hechos de sobra conocidos porque últimamente los colonos en los territorios ocupados han empezado a burlarse de sus críticos en Israel al plantear un nuevo argumento: “Oye, ¿qué os diferencia de nosotros?”.

Vosotros también estáis asentados en tierras árabes, nos dicen. Es cierto que antes de 1948, los sionistas se establecieron en tierras que pagaban con dinero contante y sonante, pero sólo una pequeña parte de ella se las compraron a los felahin (agricultores) que las cultivaban. La mayor parte se la adquirieron a los terratenientes ricos y ausentes, que se la habían comprado a buen precio al sultán turco cuando el Imperio Otomano estaba en apuros financieros. Los cultivadores de la tierra fueron expulsados por la policía turca primero, y después por la británica.

Unos 750.000 árabes fueron expulsados, más de la mitad del pueblo palestino de la época

Grandes extensiones de tierra fueron “liberadas” durante los combates de 1948, cuando las masas de aldeanos y habitantes de las ciudades árabes huyeron ante el avance de las fuerzas israelíes, como hacen los civiles en cualquier guerra. Si no lo hacían, unas cuantas salvas de fuego de ametralladora bastaban para expulsarlos.

A los habitantes que quedaron en Yafa después de que la ciudad fuera conquistada, simplemente los apilaron en camiones y los enviaron a Gaza. A los habitantes de Lod (Lydda) los obligaron a marcharse a pie. Al final, alrededor de 750.000 árabes fueron expulsados, más de la mitad del pueblo palestino de la época. La población judía en Palestina ascendía entonces a 650.000.

Una voz interior me obliga a mencionar a un oficial judío canadiense llamado Ben Dunkelmann, que entonces tenía 36 años y dirigía una brigada en el nuevo Ejército israelí. Había servido con distinción en el Ejército canadiense en la Segunda Guerra Mundial. Se le ordenó atacar Nazaret, la ciudad natal de Jesús, pero él logró convencer a los líderes locales a entregarse sin combatir. La condición fue que la población local no sufriría ningún daño.

Después de que sus tropas hubieran ocupado la ciudad, Dunkelmann recibió una orden oral para expulsar a la población. Indignado, Dunkelmann se negó a romper su palabra de honor como oficial y caballero, y exigió la orden por escrito. Dicha orden escrita, por supuesto, nunca llegó (jamás se dieron tales órdenes por escrito), pero retiraron a Dunkelmann de su puesto.

Hoy en día, cuando paso por Nazaret, una próspera ciudad árabe, recuerdo a ese valiente. Después de esa guerra, regresó a su Canadá natal. No creo que haya vuelto jamás por aquí. Murió hace 20 años.

Tengo que admitir ante el público que fui parte de todo eso. Como simple soldado, y después como jefe de pelotón, yo participé en estos sucesos. Pero inmediatamente después de la guerra, escribí un libro que revelaba la verdad (“La otra cara de la moneda”), y unos años más tarde, publiqué un plan detallado para el regreso de algunos de los refugiados y el pago de una indemnización a los demás. Eso, por supuesto, nunca sucedió.

Si Trump invadiera México y anexionara un pedazo de tierra sería distinto a Tejas

La mayor parte de la tierra y las casas de los refugiados las fueron llenando con nuevos inmigrantes judíos.

Ahora los colonos dicen, no sin cierta razón: “¿Quién eres tú para despreciarnos? ¡Tu hiciste lo mismo que nosotros¡ Solo que antes del 1967, y nosotros lo hacemos ahora. ¿Cuál es la diferencia?”

Esa es la diferencia. Vivimos en un Estado que ha sido reconocido por la mayor parte del mundo dentro de las fronteras establecidas. Tú vives en un territorio que el mundo considera territorio palestino ocupado. El Estado de Texas fue adquirido por EEUU en una guerra con México. Si el presidente Trump ahora invadiera México y anexionara un pedazo de tierra (¡¿por qué no?!), su estatus sería muy diferente.

A Benjamín Netanyahu –al que algunos ahora llaman Trumpyahu- le ha dado por ampliar los asentamientos. Esta semana, bajo la presión de nuestra Corte Suprema, organizó el desalojo de un pequeño asentamiento, Amona, con mucha angustia y entre lágrimas. Pero inmediatamente prometió levantar miles de nuevas “unidades de vivienda” en los territorios ocupados.

Los extremos políticos opuestos a menudo se tocan. Y así es ahora.

Los colonos que quieren borrar la diferencia entre nosotros y ellos, no lo hacen solo para justificarse. Su principal objetivo es borrar la Línea Verde e incluir todos los territorios ocupados en el Gran Israel, que se extendería desde el mar Mediterráneo hasta el río Jordán.

Muchos antiisraelíes quieren las mismas fronteras, pero como un Estado árabe.

Me encantaría presidir una conferencia de paz entre los enemigos de Israel y los antipalestinos

De hecho, me encantaría presidir una conferencia de paz entre los enemigos de Israel y los antipalestinos. Propondría primer decidir sobre los puntos con los que todos están de acuerdo: la creación de un Estado del mar hasta el río. Dejaría para el final la decisión de si llamarlo Israel o Palestina.

Un movimiento mundial llamado BDS ahora proponer boicotear a todo Israel para lograr este fin. Tengo un problema con eso.

Gush Shalom, la organización de paz israelí a la que pertenezco, se siente muy orgullosa de haber sido la primera en declarar un boicot sobre los productos de los asentamientos hace muchos años. Seguimos defendiendo ese boicot, aunque ahora es ilegal bajo la ley israelí.

No declaramos un boicot a Israel. Y no sólo porque es bastante incómodo boicotearse uno mismo. El objetivo principal de nuestro boicot era enseñar a los israelíes a diferenciar entre ellos y los asentamientos. Publicamos y distribuimos miles de ejemplares de la lista de empresas ubicadas y productos producidos fuera de la Línea Verde. Muchas personas están practicando este boicot.

Los colonos están contentos de tener la colaboración del BDS para borrar la Línea Verde

El boicot del BDS a todo Israel consigue exactamente lo contrario: al decir que no hay diferencia entre Israel dentro de la Línea Verde y los colonos de fuera, está empujando a los israelíes comunes a los brazos de los colonos.

Los colonos, por supuesto, están muy contentos de tener la colaboración del BDS para borrar la Línea Verde.

No tengo ningún problema emocional con la gente del BDS. Es cierto que algunos de ellos parecen ser antisemitas de la vieja escuela con un nuevo atuendo, pero tengo la impresión de que la mayoría de los partidarios del BDS actúan por una sincera simpatía por el sufrimiento de los palestinos. Yo respeto eso.

Sin embargo, instaría a los idealistas bien intencionados que apoyan al BDS a pensar de nuevo en la importancia primordial de la Línea Verde, la única frontera que hace posible la paz entre Israel y Palestina, con algunos ajustes menores acordados mutuamente.

Israel está allí. Los deseos no van a hacer que desaparezca. Al igual que Palestina.

Si todos estamos de acuerdo en eso, también podemos ponernos de acuerdo sobre el continuo boicot de los asentamientos, y solo de los asentamientos.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 4 Feb 2017 | Traducción del inglés: Imane Rachidi

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