Entre terror y discriminación

Publicado por

Publicado el 18 Mar 2017

Publicidad

opinion

 

Una anciana le gritó al personal de seguridad que se negaba a dejarla entrar: “¿Ahora estáis aquí para evitar que asistamos al funeral? ¿Dónde estabais cuando trajeron los explosivos para matarnos?

Esta fue la escena frente a la iglesia de Santa María en Ciudad Nasr el 12 de diciembre de 2016, mucho más al este de la catedral copta, donde mataron a 25 coptos en una explosión el día anterior. El funeral se trasladó ahí por temor a la ira pública dirigida contra los servicios de seguridad y contra el propio Sisi, como demostraron los cantos el día de antes, poco después de la explosión.

Había más seguridad para impedir que los dolientes entraran en la iglesia a llorar la muerte de los que habían perdido que la que había para evitar los explosivos en la iglesia de San Pedro en la catedral. El Estado militarizó y politizó el funeral de las víctimas del bombardeo en la catedral, al que acudieron algunos oficiales para hacer un “control de daños”, los invitados y solo un miembro de cada una de las familias de las víctimas.

Este acontecimiento dejó a los coptos y, de hecho, a muchos egipcios resentidos y enfurecidos.

Las fuerzas de seguridad son sospechosas de ese crimen por un acontecimiento similar

Antes de que Daesh (ISIS) se adjudicara la responsabilidad del ataque, algunos sospecharon del Estado. Que las fuerzas de seguridad sean sospechosas de ese crimen atroz puede parecer increíble e incluso conspirador, pero esa creencia deriva de un acontecimiento similar en la historia reciente.

En la víspera de año nuevo de 2011, se cometió un atentado en la iglesia de Al-Quddisin, en Alejandría. Los ecos de esta horrible explosión, que dejó 21 muertos, aún resuenan hoy. Igual que en relación con el reciente atentado, se ha denunciado la laxa seguridad.

En aquel entonces existía la gran sospecha de que todo el asunto estaba orquestado por los servicios de seguridad. Alrededor de diez días después de este suceso, el 11 de enero de 2011, un hombre se subió a un tren yles  disparó a seis coptos, de los que uno de 71 años resultó muerto. Cuando el perpetrador estaba huyendo del lugar, los pasajeros lo agarraron por el abrigo, pero consiguió escapar dejando el abrigo atrás. Dentro había dejado su DNI, que lo identificaba como un policía de bajo rango.

Para eximirse de toda responsabilidad, el Ministerio del Interior afirmó que tenía un trastorno mental. Sin embargo, ese incidente aumentó la sospecha de que el ministerio, liderado por el infame Habib El Adly, estaba detrás del ataque.

En 2011 se afirmó que hay documentos que ligan a Interior con los atentados en la iglesia

Las protestas masivas tuvieron lugar a principios de enero de 2011 con la firme convicción de que los servicios de seguridad eran al menos cómplices, si no perpetradores, de aquellos ataques mortales a los coptos. Más tarde, en marzo de 2011, tras el asalto al cuartel central de la Seguridad Estatal, se afirmó que se habían encontrado documentos que ligaban a Interior con los atentados en la iglesia.

Además, fueron los blindados del Ejército en octubre de 2011 los que arrollaron a manifestantes coptos fuera del edificio de televisión en Maspero. Para colmo, las fuerzas policiales se quedaron paradas mientras los matones atacaban la misma catedral en abril de 2013 bajo el mandato de Morsi, e incluso dispararon botes de gas lacrimógeno dentro de sus instalaciones.

Si bien este incidente lleva claramente el sello de un grupo terrorista extremista, la indignación contra las fuerzas de seguridad está justificada. Si no de nada más, la seguridad egipcia es culpable al menos de negligencia grave.

Sin embargo, a pesar de este evidente fracaso, el presidente de Egipto, Abdel Fattah Al-Sisi, escribió en su página oficial de Facebook: “El incidente en la iglesia de San Pedro no se debió a una deficiencia de seguridad, sino que fue un fuerte golpe a los terroristas”. Mucha gente se quedó confusa ante la declaración y se sospechaba que se trataba de un perfil satírico.

No es sólo el resultado de un fallo colosal de seguridad egipcio sino de políticas a largo plazo

Este horrible ataque no debe examinarse aisladamente como un simple fallo de seguridad. No es solo el resultado de una planificación minuciosa de los extremistas y un fallo colosal del aparato de seguridad egipcio. Es el resultado de políticas a largo plazo.

A través de la historia reciente de Egipto, hay toda una cultura de promoción del copto inferior, ya sea mediante incidentes sectarios cuyos perpetradores quedan, en su mayoría, impunes, ya sea a través de políticas estatales o de una extendida retórica, se les pide a los coptos que se aíslen ellos mismos y que se resignen a ser el grupo más débil. Hay quien ve estos ataques directos a los coptos como un ataque a la unidad nacional, en lugar de estar dirigidos contra los coptos, lo que nos atrinchera más en una narrativa de negación.

Los coptos no gozan de los mismos derechos a pesar del discurso tan atractivo que Sisi exportó a Occidente asegurando que él está ahí para proteger a las minorías. Hasta la fecha, hay serias restricciones para construir iglesias e incluso para reparar las existentes.

Basta decir que desnudaron a una anciana y la hicieron desfilar por todo el pueblo con una multitud, mientras que el Estado se sigue mostrando renuente a responsabilizar a los perpetradores; asimismo. una gobernación se negó a ponerle el nombre de un policía muerto a una escuela porque era cristiano.
Además, bajo el gobierno de Sisi, el espacio para una oposición pacífica se ha reducido inmensamente con decenas de miles de detenidos políticos y una intensa represión contra la sociedad civil. La brutalidad policial continúa contra los culpables y los inocentes, y no sabemos quién es quién. Muchos son torturados y maltratados.

El Estado egipcio ha proporcionado a Daesh toda la munición que necesita para atacar a Egipto: una juventud enojada. El clima opresivo de Egipto y el recorte de las libertades ha fomentado que la radicalización sea una opción más frecuente que la oposición pacífica. Junto con la incompetencia de las fuerzas de seguridad y el creciente desprecio hacia el Estado egipcio, puede resultar muy difícil proteger varios lugares de los terroristas suicidas.

Las explosiones no sólo porque matan sino que sirven como pretexto a la seguridad estatal

Las explosiones como estas son aterradoras, no solo porque matan a gente inocente sino también porque incentivan a los extremistas y sirven como pretexto de la seguridad estatal para violar aún más los derechos de la gente inocente.

Quizás el Estado se ocupe de la seguridad y coloque más personal para vigilar las iglesias, construya muros y bloquee carreteras, pero ¿es eso una solución?

Algunos medios de comunicación han pedido la reinstauración de la ley de emergencia y un castigo más severo para los terroristas, pero hay que preguntarse qué efecto tendría eso en un país cuyo aparato de seguridad ya está actuando con impunidad, amenazando, arrestando, torturando y matando a víctimas sin recursos.

¿Qué efecto tendrían esas medidas cuando la gente sea juzgada en tribunales militares famosos por la falta de juicios imparciales o incluso tribunales civiles que ayudan a encarcelar indiscriminadamente? ¿Cómo pueden ser beneficiosas leyes más estrictas cuando se aplican selectivamente para servir a los programas políticos antes que a la justicia? La respuesta no es una seguridad más severa; sin embargo, es la única respuesta que siempre obtenemos.

La Iglesia copta, junto con muchos de sus votantes, ha apoyado incondicionalmente a Sisi y al régimen. Sus líderes hicieron la vista gorda a todas las atrocidades cometidas, se unieron a la tendencia popular de criticar los derechos humanos e instaron a sus miembros a olvidar los crímenes pasados, como la masacre de Maspero. Permanecieron en silencio mientras sus condiciones económicas empeoraban junto con las de la gran mayoría de los egipcios, con la esperanza de que al menos estarían a salvo en sus iglesias.

Los coptos esperaban no volver a ser la minoría vulnerable que habían sido bajo Mubarak y Morsi

Sus aliados más sólidos, al menos en teoría, eran revolucionarios que lucharon por la igualdad de derechos para todos. Los islamistas en el poder hicieron muy poco para aliviar la naturaleza sectaria del Estado, sino más bien la confirmaron. Era lógico que los coptos apostaran por aquellos que eliminaron la evidente amenaza sectaria, lo suficientemente poderosos quizás para protegerlos.

Al optar por eso, la Iglesia (no todos los coptos) tenía que vigilar y alentar convincentemente, a sus aliados más importantes mientras eran difamados, encarcelados y maltratados. Habían esperado evitar volver a ser la minoría vulnerable que habían sido bajo Mubarak, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y Morsi.

Poco a poco, estas esperanzas empezaron a desvanecerse, mostrando la realidad, al statu quo al que Egipto estaba acostumbrado. Con este incidente pasado, estas esperanzas han quedado destruidas. Si bien se supone que fueron los extremistas los que realizaron este acto terrorista, el abandono del régimen de sus funciones es ineludible.

Desde que el 26 de julio de 2013 Sisi obtuvo el mandato de luchar contra el terrorismo, se han producido más ataques terroristas que en la época anterior, cuando justificaron tal mandato. Hace menos de un mes, atacaron 15 casas coptas en la provincia de Sohag, con una respuesta mínima del Gobierno para disuadir a los agresores.

Soportan el peso de la lucha constante entre extremistas y se les trata como fichas de negociación

Mientras los coptos examinan la posición en la que se encuentran, están atrapados entre un Estado que no está dispuesto a tratarlos como iguales ni a proteger sus sitios más sagrados y los radicales que están dispuestos a matarlos en una fiesta islámica para emitir el firme mensaje de que son considerados infieles y su homicidio, glorificado.

Los coptos soportan el peso de la lucha constante entre extremistas. Se les trata como fichas de negociación, se apropian y titulizan sus funerales mientras sus pobres luchan por sobrevivir en zonas remotas.

La petición ha sido siempre justicia e igualdad para todos los ciudadanos. Sin embargo, estos parecen cada vez más evasivos mientras que los gobernantes de Egipto continúan en el mismo camino obstinadamente.

Hasta que la igualdad y la justicia estén al alcance de todos, ¿qué pueden hacer los coptos para sobrevivir y cuánto más se verán obligados a soportar?

·

¿Te ha gustado esta columna?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación únicaQuiero ser socia
manos

Post relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *