El enigma nacional

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 26 Mar 2017

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¿Cuál es la diferencia entre una “corporación” y una “autoridad”?

¿No lo sabéis? Os unís a los 8.5 millones de israelíes que tampoco lo saben.

Es un enigma nacional. Tiene absorbido a todo el país. El primer ministro anuncia que “llegará hasta el final” para lograr su objetivo. ¿Qué objetivo? No lo sé. No estoy seguro de que él lo sepa. Nadie que yo conozca lo sabe.

El primer ministro amenaza con lo peor. Si no consigue lo que quiere – sea lo que sea – hará algo totalmente horrible: anunciar nuevas elecciones. Dejar a la gente decidir si quieren la autoridad o la corporación. Sean lo que sean.

¿De qué va todo esto? Una cosa está clara: concierne a los medios de comunicación públicos.

Binyamin Netanyahu quiere tenerlos bajo su control. Completamente. Totalmente. La radio. La televisión. Las redes sociales. El lote.

Parece que no es tan fácil llegar a controlarlos totalmente.

A Netanyahu no le gustan las críticas y se preguntó cómo silenciar las voces impertinentes de TV

Mucho antes de que existiera Israel y mucho antes de que existiera la televisión, el gobierno británico de Palestina fundó la Voz de Jerusalén, una emisora de radio que nos ofrecía las noticias durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando se creó el Estado de Israel, esta emisora de radio pasó a ser la Voz de Israel. La Autoridad de Radiodifusión permaneció. Formalmente pertenece al gobierno, pero goza de una autonomía considerable.

Luego llegó la televisión y ahora hay varias cadenas, una de ellas pública. Pertenece a la misma autoridad.

Netanyahu es muy sentido. No le gustan las críticas. Tampoco a su esposa, Sarah’le. La pareja real se preguntó cómo silenciar las impertinentes voces y se les ocurrió una solución: abolir la autoridad y crear una corporación. Con esta simple estratagema, podían deshacerse de toda esa veterana mano (y boca) de obra que detestan.

Así se decidió, se promulgaron leyes, se aprobó un presupuesto, se contrató personal nuevo.

Pero después Netanyahu, o su esposa, se despertaron una noche y se preguntaron: Oye, ¿qué estamos haciendo? ¿Quién le dirá a estas buenas personas de la corporación qué emitir y qué no?

La nueva corporación se basa en el modelo de la muy admirada BBC, la Corporación Británica de Radiodifusión. La BBC goza de mucha independencia. ¿Realmente queremos una corporación que ignore los deseos del primer ministro? Peor aún, ¿los deseos de su esposa?

Por supuesto que no. ¡Detengan todo!

¿Quién estará transmitiendo el 1 de mayo? ¿La autoridad? ¿La corporación? ¿Ambos? ¿Ninguno?

Y aquí estamos hoy. La antigua autoridad aún no ha sido disuelta, su excesivo personal todavía no ha sido despedido. Sus varias emisoras de televisión y radio transmiten todos los días las 24 horas. Y está la nueva corporación de radiodifusión, llena de empleados nuevos, programada para estar en antena el 30 de abril, a tan sólo un mes y cinco días.

¿Quién estará transmitiendo el 1 de mayo? ¿La autoridad? ¿La corporación? ¿Ambos? ¿Ninguno? Sólo Dios sabrá. Tal vez ni siquiera Él.

¿Quién es el adversario de Netanyahu en esta pelea? Un enemigo muy poco común: Moshe Kahlon, el ministro de Finanzas. Un tipo apacible, modesto, con una sonrisa permanente, un antiguo miembro del Likud. El Todopoderoso – el mismo – ha convertido a este gatito en un león. Los milagros ocurren.

Esta semana visité por casualidad un estudio de radio. Estaba rodeado de personas del mundo de la industria de la comunicación. Los pregunté, uno a uno, por qué era la pelea. Hicieron todo lo posible para explicármelo. Al final, seguía sin tener ni idea y tenía la fuerte impresión de que ellos tampoco.

Esta semana, Netanyahu realizó una visita de Estado a China, para escaparse lo más lejos posible. Entre estas dos potencias mundiales – China e Israel, el elefante y el ratón – existen buenas relaciones.

El primer ministro dio un paseo. Lo llevaron a la Gran Muralla. Hay fotos que lo muestran rodeado de hombres en trajes oscuros y una mujer con un vestido rojo, su esposa. Estaba haciendo una llamada de teléfono, ignorando el singular paisaje.

¿A quién? Aquellos malditos periodistas se dieron cuenta pronto: el primer ministro estaba hablando con sus subalternos en el lejano Israel sobre la disolución de la nueva corporación y el fortalecimiento de la antigua autoridad. Su ministro de Finanzas anunció que si eso ocurre, se encargaría de derribar el gobierno, causando que las nuevas elecciones sean inevitables si Netanyahu quiere permanecer en el poder.

¿Por qué? Sin Kahlon y sin su partido Kulanu, Netanyahu y su coalición de ultraderecha no tienen mayoría. La oposición, junto con Kahlon, constituiría una nueva mayoría. En teoría, se instalaría un nuevo gobierno. No hay necesidad de elecciones. Simple aritmética.

Qué político quiere llevarse mal con los periodistas? ¿Quién se atreve, aparte de Netanyahu?

Eh… cierto. Pero la aritmética no es política. Esa nueva coalición tendría que incluir al partido árabe, y eso es demasiado para Lapid y Herzog.

A lo largo de todo este asunto ridículo, no se ha escuchado en absoluto la voz de la oposición. Como si el Todopoderoso – todavía el mismo – los hubiese dejado sin palabras. Como si Yair Lapid, generalmente un prolífico parlanchín, quien puede liderar el partido más grande de la Knesset tras las próximas elecciones, estuviera de repente a la búsqueda de palabras. Pobre hombre.

No tan pobre como Yizhak Herzog, el líder de la Unión Sionista, alias el Partido Laborista. Ni una palabra. Nada que decir, por increíble que suene de un político.

¿A qué se debe este silencio repentino? Simple: en ambos bandos del conflicto hay periodistas. ¿Y qué político quiere llevarse mal con los periodistas? ¿Quién se atrevería, aparte de Binyamin Netanyahu?

¿Qué es lo que quiere? ¿Cuál es el propósito de todo este alboroto?

Ese es un enigma que es fácil de responder: Netanyahu quiere el control exclusivo y directo de todos los medios israelíes. Quiere poder decirle a cada presentador qué decir y qué no decir.

Después de las últimas elecciones, retuvo en sus propias manos no sólo los puestos del primer ministro y del ministro de Exteriores, sino también el Ministerio de Comunicaciones, un puesto de menor importancia pero que controla todos los subsidios gubernamentales para los medios de comunicación. Por alguna razón técnica, la Corte Suprema lo obligó a abandonar esta posición y entregársela a uno de sus sumisos.

Ha realizado el sueño de todo político: no tiene sucesor. Eliminó a todos los herederos

El control de todos los medios es el sueño de cualquier gobernante democrático. (Los dictadores no sueñan con eso, lo tienen). Netanyahu ya tiene el control absoluto del periódico de mayor tirada en Israel, un periódico distribuido gratuitamente. Este es un regalo de unos de sus más ardientes admiradores: el magnate estadounidense de casinos Sheldon Adelson. (He inventado el término hebreo para tal obsequio, algo así como “graticeta”).

Se escuchó al dueño de un periódico real casi de la misma magnitud ofreciéndole a Netanyahu un trato preferencial a cambio de reducir la tirada de este periódico privado.

¿Por qué demonios necesita Netanyahu todas estas maquinaciones?

Su poder se sustenta en sólidos cimientos. Ya ha realizado el sueño de todo político: no tiene sucesor. Hace tiempo que eliminaron a todos los posibles herederos. Pregunta a cualquiera de sus detractores a quién ven como posible sustituto y guardarán silencio.

Muchos israelíes, incluido yo mismo, creen que Netanyahu está conduciendo al estado hacia un desastre existencial. El hombre no tiene visión del mundo, excepto el fanatismo nacionalista de su difunto padre, un historiador de la inquisición española. Como intelectual, no vale nada.

Pero es un talentoso profesional de la política, un experto de las maquinaciones políticas del día a día, incluyendo las relaciones con las potencias extranjeras. Parece no haber otro profesional que pueda ocupar su lugar.

Así que, por el momento, nos quedamos con él, su autoridad y/o su corporación.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 26 Mar 2017 | Traducción del inglés: Miriam Reinoso Sánchez

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