«Los verdugos son completamente humanos»

Jonathan Littell

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 7 Abr 2017

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Jonathan Littell | Cedida por SEFF
Jonathan Littell | Cedida por SEFF


Sevilla | Noviembre 2016

“Littell, con dos t y dos eles, eso es”. El autor se asoma a la libreta y se asegura de que su nombre esté bien escrito. Aunque suele prodigarse poco en los ambientes literarios, esta vez ha acudido a Sevilla en calidad de director de un documental, Wrong elements, que se estrena en el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF). Serio, más áspero en el contenido de sus declaraciones que en el trato personal, Jonathan Littell (Nueva York, 1967) solo tenía una obra de ciencia-ficción, Bad voltage, cuando sorprendió con Las Benévolas, la obra que le valió el premio Goncourt y el Grand prix du roman de l’Acádemie française.

Afincado en Barcelona y durante años cooperante de la ONG Acción contra el hambre, es también autor de títulos como Chechenia Año III o Cuadernos de Homs, fruto de su irresistible atracción por los conflictos violentos. La misma que le ha llevado a rodar a Uganda.

Le oí decir una vez que para usted el fascismo era una forma de producción de la realidad. ¿Ve a Trump como un buen productor de realidad?

No me atrevería a decirlo aún… Factualmente sí parece que ahora hay bastantes buenos productores de realidad. Puede que Trump llegue a serlo, pero es pronto. No estuve pendiente de las elecciones, necesitaremos tiempo para comprobarlo.

Estuvo dos años en Chechenia. ¿Entiende por qué se habla tan poco del Cáucaso, siendo tan importante geoestratégicamente? Desde Jasón y los Argonautas no hemos sabido demasiado, guerra aparte…

«Los verdugos crean problemas, son activos, son agentes, las víctimas solo sufren»

Realmente no lo sé, no están pasando muchas cosas allí, ha estado todo relativamente tranquilo desde que la guerra en Georgia acabó. Está muy lejos, además, nadie entiende muy bien qué es o qué ocurre, no es Oriente Medio, no es verdaderamente importante, es un lugar olvidado del mundo, salvo para la gente que vive allí.

Se cuenta, sin embargo, que los principales criminales del Daesh han salido de allí. ¿Se lo explica?

Tenemos que ser precisos sobre esto. Hubo un gran número de combatientes chechenos, unos 15.000, que viajó en efecto a Siria, algunos fueron a Al Nusra, algunos al Daesh… pero también había combatientes procedentes de todo el mundo. Había muchos más tunecinos o franceses que chechenos. También hubo gente blanca que se unió a la yihad.

Dijo que le interesaban más los verdugos que las víctimas. ¿Conoció en Chechenia a muchos verdugos?

Sí… Algunos eran interesantes personalmente, o intelectualmente. Los verdugos crean problemas, las víctimas solo sufren. Está el hecho de cómo sobrevivieron, cómo resistieron, pero eso es todo. Algo se les infligió. Los verdugos son activos, son agentes, es más interesante saber por qué hacen esas cosas.

¿Piensa que no tienen atributos humanos, o son demasiado humanos?

«La humanidad siempre ha sido muy violenta, los derechos humanos, bla bla bla, es algo muy fino en la superficie»

No, no, claro que son completamente humanos. Al contrario, representan una versión extrema o profunda de la humanidad. La humanidad siempre ha sido muy violenta, los intentos en los últimos dos siglos para construir una manera más civilizada de hacer las cosas, o los derechos humanos, bla bla bla, es algo muy fino en la superficie, mientras que la violencia es increíblemente profunda. Eso no quiere decir que todos los humanos sean naturalmente así, creo que solo una parte pequeña tiene una inclinación natural hacia la violencia, pero son capaces de acabar con la gente de manera muy eficiente.

¿En qué se diferenciaba la crueldad que vio en Chechenia de la de Bosnia?

Mmmmm, yo no razono en esos términos, es una pregunta sin sentido. No hay valores inherentes, pensar eso sería una tontería. Había grandes diferencias entre los conflictos, la mayor diferencia es que Bosnia era una especie de conflicto controlado, con la ONU en medio, había reglas sobre lo que cada bando podía o no hacer, no se usaba fuerza aérea… mientras Chechenia era un conflicto sin ningún límite. Así que el nivel de violencia era mucho más alto, porque el Gobierno ruso podía hacer lo que quisiera, igual que ahora en Siria.

La II Guerra Mundial, que nos sigue apasionando, batió todos los récords de crueldad conocida. ¿Cree que fue superada en aquellos conflictos?

«Cuando más del 50 % de los estadounidenses votan por Trump son tiempos muy peligrosos»

Todavía no se ha alcanzado ese nivel, pero los últimos eventos, especialmente el auge del populismo en Europa, Reino Unido y Estados Unidos, son muy alarmantes. La última vez que fuimos testigos de un proceso similar acabó en la II Guerra Mundial. Pensábamos que nunca volvería a ocurrir, que estábamos vacunados para siempre, pero cuando más del 50 por ciento de los estadounidenses votan por Trump, no es el caso. El riesgo es muy alto, son tiempos muy peligrosos.

Cuando estuvo en Homs a inicios de 2012, ¿pensó que hoy, en el año 2016, la situación llegaría al punto en que está?

Siempre supimos que si nadie hacía nada, todo iría muy a peor. Confiábamos en que alguien hiciera algo, pero no ocurrió y ahora estamos en esta situación. Yo lo intenté con mis artículos, presionando cuando regresé para ver si… y mucha otra gente presionó al Gobierno. La situación de hoy es en gran medida el resultado de la decisión de Occidente de no intervenir.

¿Puede entender algo de lo que ocurre hoy en Siria, o es definitivamente incomprensible?

No, no, si sigues los detalles se ve más claro. Es extremadamente complicado, los franceses lo llamamos ‘un jeux a dix bands’, porque no hay un solo bando, ni dos, ni tres, ni cinco, sino diez, doce, quince, y tienes que conocer sus lógicas, sus alianzas, sus contradicciones, puedes seguirlo, bueno, alguien como Trump no es capaz, pero cualquiera que lo estudia de cerca puede ver claramente lo que ocurre, y que no va en la buena dirección.

Como un tablero de ajedrez con muchas manos…

Sí, como un tablero de ajedrez no solo entre dos, sino a quince bandas.

Dijo que, por ser judío, podía escribir un libro como Las Benévolas sin ser acusado de antisemitismo…

No lo dije yo, otros lo dijeron. Es claramente un comentario estúpido, rídículo. … En esta nueva película [Wrong elements] no soy un negro africano.

La condición judía, ¿influye de algún modo en la comprensión de los conflictos?

No.

No fue a recoger el Goncourt, no le gustan los premios. Pero en el cine son importantes, es una necesidad del medio…

«No leo mucha literatura contemporánea, más bien cosas antiguas o trabajos antropológicos o científicos»

Todavía no he ganado ningún premio, ya veremos cuando ocurra. Probablemente tampoco vaya a recogerlo, pero ya veremos. Es dinero, como te decía antes.

¿Conoce la obra de sus sucesores en el Goncourt, Mathias Enard, de Leila Slimani?

No, a la última no la conocía. No leo mucha literatura contemporánea, leo más bien cosas antiguas, o trabajos antropológicos o científicos. A ella no la he leído nunca, a Mathias sí lo conozco porque vive en Barcelona, no he leído su último libro pero sí he leído muchos suyos.

Lo pregunto porque da la sensación de que los últimos años el premio parece muy orientado hacia el Mediterráneo, y muy poco ensimismado en Europa. ¿Es una tendencia francesa?

No lo sé. No es la mía, así que…

Me interesa su trabajo sobre Leon Degrelle, la conexión entre religión y fascismo. En España la conocimos pero, ¿es una ecuación infalible, o una casualidad?

«El catolicismo, el judaísmo o el islam son solo contenidos. El proceso es el extremismo»

En psicoanálisis hay una distinción entre contenidos y procesos. Para mí el catolicismo, el judaísmo o el islam son solo contenidos. Los procesos son el fundamentalismo, el extremismo religioso. Pero incluso eso es solo una parte de una cuestión más amplia sobre identidad y política. Puede ser religiosa, pero no necesariamente, puede ser étnica, lingüística… la gente tienda a asociarse en grupos y construyen discursos que les justifican a actuar agresivamente contra otros grupos. No hay nada inherentemente bueno o malo de ninguna religión. El catolicismo ha provocado alguna de las mayores atrocidades de la historia de la humanidad. No sólo el catolicismo, el cristianismo en general, pero sobre todo el catolicismo. El islam también está generando fenómenos muy extremos, y el judaísmo está generando fenómenos extremos en Israel, mierdas racistas horribles y repugnantes.

Zineb El Razhoui, una de las supervivientes de Charlie Hebdo, acaba de publicar un libro titulado ‘Contra el fascismo del islam’. ¿Le parece una palabra adecuada?

No, eso es una tontería. El 98% de los musulmanes del mundo es gente normal, sencilla y maravillosa como cualquier otra. El problema está en el 2%, pero no están más locos que el 2% en EE.UU. o en Israel, de hecho en EE.UU. es más del 2%.

“África tiene más futuro que Europa”

Jonathan Littell durante el rodaje de Wrong Elements | Imagen promocional
Jonathan Littell durante el rodaje de Wrong Elements | Imagen promocional

 

Wrong elements reúne a tres jóvenes que siendo niños fueron raptados por la Lord’s Resistance Army (LRA) del fanático Joseph Kony para ejercer como niños soldado. Para preparar este proyecto, Littell asegura que “vi Shoah de Claude Lanzmann de nuevo, pero desde una perspectiva diferente. O me interesaba tanto el fenómeno del nazismo como la memoria de los supervivientes. Ahí Lanzmann desarrolla técnicas para trabajar la memoria que me han sido de gran utilidad. También volví sobre The act of killing de Joshua Oppenheimer”, explica.

“El problema en estos casos”, prosigue, “es que hay personas que no pueden verbalizar lo vivido, es un proceso más empírico que conceptual. Algunos de mis testigos no podían hablar, así que recurrí a otras situaciones. Llevé a esta gente a los lugares donde habían ocurrido cosas, por ejemplo. En la primera escena, me enseñan cómo se secuestraba. El resto es improvisación, es ver cómo ellos vuelven a aquellos momentos. Más que una reconstrucción, es hacerlos volver al pasado. Algunos me preguntaban por qué no les daba armas reales para filmar. Pero no se trataba de eso”.

También tenía claro Littell que quería “evitar la aproximación a lo National Geographic, el kitsch en torno a África. El filme está concebido para ir contra esa idea”, asegura, y añade a renglón seguido: “África tiene más futuro que Europa. Hay una gran población joven con mucha energía para afrontar problemas. No será fácil, pero en general esa energía va en la buena dirección: educación, desarrollo, ampliación de la esperanza de vida… Todo allí revela un gusto por la vida muy potente. No temo por ese continente, sino por nosotros. Por América, sobre todo”, concluye.

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