¿Cui bono?

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 16 Abr 2017

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Cui bono – “quién se beneficia” – es la primera pregunta que un detective experimentado hace al investigar un crimen.

Ya que yo mismo fui detective durante un breve periodo en mi juventud, conozco el significado. A menudo, la primera y más obvia sospecha es falsa. Te preguntas a ti mismo “cui bono”, y otro sospechoso, en el que no habías pensado, aparece.

Desde hace dos semanas, esta pregunta ha estado perturbándome. No me abandona.

En Siria se ha cometido un terrible crimen de guerra. Han atacado con gas tóxico a la población civil de una ciudad controlada por los rebeldes, Idlib. Decenas de civiles, entre ellos niños, tuvieron una muerte horrible.

¿Quién podría hacer una cosa así? La respuesta era evidente: ese terrible dictador, Bashar al-Asad. ¿Quién si no?

Y así, en pocos minutos (literalmente) el New York Times y una gran cantidad de excelentes periódicos por todo Occidente proclamaron sin titubear: ¡Asad lo hizo!

Sin necesidad de ninguna prueba. Sin investigación. Era simplemente evidente. Naturalmente Asad. En cuestión de minutos, todo el mundo lo sabía.

Trump predicaba que EE UU no debería involucrarse en Siria, y se retractó de repente

Una tormenta de indignación se extendió por todo el mundo occidental. ¡Debe ser castigado! El pobre de Donald Trump, que no tiene ni idea, cedió ante las presiones y ordenó un insensato ataque con misiles en un aeródromo sirio, después de predicar durante años que Estados Unidos no debía involucrarse en Siria bajo ninguna circunstancia. De repente, se retractó. Sólo para enseñarle a ese cabrón una lección. Y para mostrarle al mundo qué machote, él, Trump, es en verdad.

La operación fue un gran éxito. De la noche a la mañana, el despreciado Trump se convirtió en un héroe nacional. Incluso los liberales le besaron los pies.

Pero de principio a fin, esa pregunta seguía angustiándome. ¿Por qué lo hizo Asad? ¿Qué tenía que ganar?

La respuesta es sencilla: nada. Absolutamente nada.

(“Asad” significa “león” en árabe. Contrariamente a lo que parecen creer los expertos y los estadistas occidentales, el acento recae en la primera sílaba).

Con la ayuda de Rusia, Irán y Hizbulá, Asad está ganando lentamente la guerra civil que ha estado asolando Siria durante años. Ya casi tiene todas las ciudades importantes que constituyen el núcleo de Siria. Tiene suficientes armas para matar a tantos enemigos civiles como le de la gana.

Entonces, ¿por qué, por la gloria de Alá, usaría él gas para matar a unas cuantas docenas más? ¿Por qué despertar la ira de todo el mundo, invitando a la intervención norteamericana?

No hay forma de negar la conclusión: Asad no sacaba ningún beneficio de ese crimen atroz. En la lista de “cui bono”, él es el último.

Estados Unidos quiere destruir a Daesh y por lo tanto bombardea a Asad. Una broma.

Asad es un dictador cínico, quizás cruel, pero está lejos de ser un tonto. Fue criado por su padre, Hafez al-Asad, quien fue dictador durante mucho tiempo antes que él. Incluso si fuera tonto, entre sus asesores se encuentran algunas de las personas más listas sobre la faz de la tierra: Vladimir Putin de Rusia, Hassan Rouhani de Irán, Hassan Nasrallah de Hizbulá.

Entonces, ¿quién tenía algo que ganar? Bueno, media docena de sectas y milicias sirias que están luchando contra Asad y entre ellas en esta guerra civil de locos. También sus aliados árabes suníes, los saudíes y otros jeques del Golfo. E Israel, por supuesto. Todos ellos tienen un interés en levantar al mundo civilizado en contra del dictador sirio.

Pura lógica.

Un acto militar debe tener un objetivo político. Como bien dijo Carl von Clausewitz hace 200 años: la guerra es la continuación de la política por otros medios.

Los dos principales adversarios en la guerra civil siria son el régimen de Asad y Daesh. Así que, ¿cuál es el objetivo de EE.UU.? Suena a broma: Estados Unidos quiere destruir a ambos bandos. Otra broma: primero quiere destruir a Daesh y por tanto, bombardea a Asad.

La destrucción de Daesh es extremadamente deseable. Hay pocos grupos más detestables en el mundo. Pero Daesh es una idea, más que una simple organización. La destrucción del Estado del Daesh dispersaría a miles de consagrados asesinos por todo el mundo.

(Curiosamente, los hashashin (asesinos) originales, hace unos 900 años, eran musulmanes fanáticos muy parecidos a Daesh ahora).

Los propios peones de Estados Unidos en Siria son una lástima, están casi vencidos. No tienen ninguna posibilidad de ganar.

Hacer daño a Asad ahora sólo significa prolongar una guerra civil que es ahora incluso más absurda que antes.

Para mí, un periodista profesional la mayor parte de mi vida, el aspecto más deprimente de todo este capítulo es la influencia de los medios estadounidenses y occidentales en general.

Leo el New York Times y lo admiro. Sin embargo, destrozó todos sus estándares profesionales publicando una suposición no demostrada como una verdad absoluta, sin necesidad de verificación. Tal vez Asad sea culpable después de todo. Pero, ¿dónde está la prueba? ¿Quién lo ha investigado y cuáles fueron los resultados?

Peor aún, la “noticia” inmediatamente se convirtió en una verdad mundial. Muchos millones la repiten irreflexivamente como obvia, como que el sol sale por el este y se pone por el oeste.

No se planteó ninguna pregunta. No se exigió ni se proporcionó ninguna prueba. Muy deprimente.

Volviendo al dictador. ¿Por qué Siria necesita un dictador? ¿Por qué no es una bella democracia al estilo estadounidense? ¿Por qué no acepta con gratitud el “cambio de régimen” ideado por los Estados Unidos?

La dictadura siria no es un fenómeno accidental. Tiene raíces muy concretas

La dictadura siria no es un fenómeno accidental. Tiene raíces muy concretas.

Siria fue creada por Francia después de la Primera Guerra Mundial. Más tarde, una parte de ella se separó y se convirtió en Líbano.

Ambas son creaciones artificiales. Dudo que aún existan auténticos “sirios” y auténticos “libaneses”.
Líbano es un país montañoso, ideal para las pequeñas ramas religiosas que necesitan defenderse. A lo largo de los siglos, muchas confesiones pequeñas encontraron refugio allí. Como resultado, Líbano está lleno de tales confesiones, las cuales desconfían entre ellos: musulmanes suníes, musulmanes chiíes, cristianos maronitas, muchas otras confesiones cristianas, drusos y kurdos.

Siria es más de lo mismo, con la mayoría de las mismas confesiones y la incorporación de los alauíes. Estos, como los chiíes, son seguidores de Ali Ibn Abi Talib, primo y yerno del profeta (de ahí el nombre). Ocupan un territorio en el norte de Siria.

Ambos países tenían que inventar un sistema que permitiera convivir a entidades tan diversas y recelosas entre sí. Encontraron dos sistemas diferentes.

En Líbano, con un pasado de muchas guerras civiles brutales, inventaron una forma de compartir. El presidente es siempre maronita, el primer ministro, suní; el comandante del ejército, druso; y el portavoz del parlamento, chií.

Cuando Israel invadió Líbano en 1982, los chiíes del sur ocupaban el peldaño más bajo de la escalera. Dieron la bienvenida a nuestros soldados con arroz. Pero pronto se dieron cuenta de que los israelíes no habían venido sólo para derrotar a sus autoritarios vecinos, sino que pretendían quedarse. Así que los humildes chiíes empezaron una campaña de guerrillas muy exitosa, en el transcurso de la cual se convirtieron en la comunidad más poderosa de Líbano. Están liderados por Hizbulá, el “Partido de Dios”. Pero el sistema aún se sostiene.

Los sirios encontraron otra solución. Se sometieron voluntariamente a una dictadura, para unir al país y asegurar la paz interna.

La Biblia nos dice que cuando los hijos de Israel decidieron que necesitaban un rey, escogieron a un hombre llamado Saul que pertenecía a la tribu más pequeña, Binyamin. Los sirios modernos hicieron prácticamente lo mismo: se sometieron a un dictador de una de sus tribus más pequeñas: los alauíes.
Los Asad son gobernantes laicos y antirreligiosos, todo lo contrario al fanático y asesino Daesh. Muchos musulmanes creen que los alauíes no son musulmanes en absoluto. Desde que Siria perdió la guerra de Yom Kippur contra Israel, hace 44 años, los Asad han mantenido la paz en nuestra frontera, aunque Israel ha anexionado los Altos del Golán sirio.

La guerra civil en Siria continúa todavía. Todo el mundo está luchando contra todo el mundo. Los diversos grupos de “rebeldes”, creados, financiados y armados por los Estados Unidos, están ahora en malas condiciones. Hay varios grupos rivales de yihadistas y todos ellos odian al Daesh yihadista. Hay un enclave kurdo que quiere separarse. Los kurdos no son árabes, pero son en su mayoría musulmanes. Hay enclaves kurdos en la vecina Turquía, Iraq e Irán, cuya mutua hostilidad les impide hacer causa común.

Y está el pobre e inocente Donald Trump, quien ha jurado no involucrarse en todo este lío, y quien está haciendo justo eso.

Un día antes, la mitad del pueblo americano, incluyendo la mayoría de los medios, despreciaban a Trump. Sólo por lanzar algunos misiles se ha ganado la admiración general como un líder contundente y sabio.

¿Qué dice eso del pueblo americano y de toda la humanidad en general?

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 15 Abr 2017 | Traducción del inglés: Miriam Reinoso

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