Novio sin pasta

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 5 May 2017

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He aquí lo que escribimos sobre el hombre… He aquí nuestras críticas a la mentalidad machista que subyace en nosotros… He aquí nuestras condenas a la violencia, al acoso y al reparto injusto de las responsabilidades… Pero, y para ser objetivos, ¿no debemos también hablar de los aspectos del desequilibrio en algunas percepciones femeninas de la relación ?

Muchas mujeres piden igualdad… y quieren casarse con un hombre rico que les pague todo

Muchas mujeres piden igualdad. En derechos… Pero al mismo tiempo desean relacionarse con un hombre rico que se haga cargo de sus gastos y les monte una boda del tipo de Mil y Una Noches. Con regalos y con una dote enorme. Al igual que algunos hombres quieren una esposa instruida y económicamente independiente, pero que al mismo tiempo esté dispuesta a servirles. Así, muchas mujeres quieren un hombre abierto de mente que acepte su conceptos de igualdad y reparto de las tareas domésticas, pero que se haga cargo él solo de los gastos de la boda y la compra o alquiler de la casa.

No podemos exigir igualdad que solo repercuta en nuestro beneficio. Y esto vale tanto para el hombre como para la mujer.

A pesar de lo que pueda parecer, en el Magreb no se llega al nivel de presión que hay en la mayoría de las familias en Oriente Próximo, solo que muchas familias marroquíes (y muy a menudo junto a la propia novia) siguen cargándole las espaldas al novio con enormes exigencias materiales. Está claro que tener posibilidades económicas le asegura una vida más tranquila a cualquier individuo o familia, pero aquí no hablamos de los recursos que se proporcionan a una persona en su vida diaria, sino que se trata de la necesidad de desembolsar una suma importante para cubrir los gastos de la ceremonia de la boda.

¿Por qué decimos, socialmente, que el novio que no gasta mucho no merece a la novia?

¿Por qué tendría el novio la obligación de comprar una gran cantidad de cosas muy caras para que se le permita casarse con la chica que ha elegido? ¿Por qué decimos, socialmente, que el novio que no gasta mucho no merece a la novia? ¿Y por qué decimos que una chica cuyo novio no ha desembolsado una suma enorme “se ha vendido barato”? ¿Por qué los gastos de la boda son más importantes que la relación en sí y la vida compartida futura ?

Siempre dentro del marco de este “pliego de cargos” que debe cumplir el novio, se me ha ocurrido a menudo oír una expresión que repiten muchas mujeres ante el novio o ante la familia de él : “Yo tenía un pretendiente que era médico”. Y es como si dijera : “Iba a casarme con alguien mejor que tú, pero me he rebajado a aceptarte”. La primera pregunta que hay que hacer ante una declaración de este tipo es : “¿Y por qué no te casaste con ese médico, pues?” En segundo lugar, y eso es más importante : ¿Medimos nuestra felicidad por la profesión del marido ? ¿Y qué pasa con los maridos de las médicos ? ¿O es que en el fondo de la historia solo se trata del nivel material, nada más ? ¿Son intercambios comerciales en los que la mujer es el medio para ganar más ?

Hay otra expresión que se repite. Esta vez son las chicas no casadas pero en relación con un chico. De repente le gritan en algún encuentro : “¡Me pretendía uno!” Si esta frase se escucha en una familia conservadora, los padres decretan el matrimonio con su hija. Porque no es un asunto baladí. Y en seguida. Porque lo lógico es que la chica que mantiene una relación con un joven al que ama y al que respeta, incluso cuando otro chico se adelanta para pretenderla, no se ve a sí misma con alguien que no sea el hombre al que ella eligió primero. Salvo si el matrimonio era un fin en sí mismo, que la chica persigue con mayor interés, y quiere acelerar la iniciativa.

Lo mismo ocurre si la frase es un medio de presión para que el amante dé un paso evidente para oficializar la relación. Pero ¿qué matrimonio es ese al que llevamos a la pareja bajo presión y compulsión? ¿Y cómo explicar que muchas chicas insistan tanto en casarse con un chico “con pasta” que reúne las condiciones materiales, para no dar a entender que han hecho pérdidas en la transacción (y para no decirle en seguida a él : “Tenía un pretendiente médico”)?

Poner fin a la relación por motivos económicos no es matrimonio. Es intercambio comercial

¿Cuántas chicas se separan de un chico que las quiere con un amor de verdad porque el “alternativo” les puede proporcionar posibilidades materiales “aquí y ahora”? En lugar de unirse a un chico al que quiere y fundar con él un nido de forma gradual, abandonan a quien ama para unirse a una persona cuya característica más importante es disponer de recursos materiales.

Claro, es normal que pongamos fin a una relación por motivos varios : porque falta armonía, o porque se extingue el amor, o incluso porque la otra persona carece de un compromiso serio con la relación… Pero que le pongamos fin por el motivo de que el amado no tiene recursos económicos, eso no es matrimonio. Eso es un intercambio comercial en el que calculamos según la lógica de las ganancias y las pérdidas. Sabiendo que la tarifa verdadera es altísima.

Lo mismo que denunciamos al chico que abandona a una chica que amaba porque ya se emparejó con ella, y ahora busca a una chica que pueda convencerlo de tener un pasado limpio, no podemos dejar de denunciar a la chica que abandona a un hombre al que ama por el único motivo de que “no tiene pasta” y de encontrar a otro que paga más.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Ahdath· 21 Marzo 2017 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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