Desesperar de la desesperanza

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 17 Sep 2017

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Mi optimismo ante el futuro de Israel enerva a mucha gente. ¿Cómo se puede mantener el optimismo ante lo que sucede todos los días, la anexión de los territorios ocupados, los abusos a la población palestina, la implantación de los tóxicos asentamientos ?

Sin embargo, el optimismo es un estado de ánimo. No flaquea ante el mal. Al contrario, el mal hay que combatirlo. No se puede luchar sin tener fe en la victoria.

Tengo amigos que creen que ya hemos perdido. Que ya es imposible cambiar Israel “desde dentro”. Que la única forma de cambiarlo es mediante la presión externa.

Afortunadamente, creen, hay una fuerza externa capaz de llevar a cabo esa tarea por nosotros.
Esa fuerza recibe el nombre de BDS, Boicot, Desinversión, Sanciones.

Uno de estos amigos es Ruchama Marton.

Si hay alguien con derecho a criticar y a desesperarse es ella. Ruchama es psiquiatra y fundadora, y ahora presidenta honoraria, de la maravillosa ONG israelí Psysicians for Human Rights (Médicos por los Derechos Humanos).

Cada semana, un equipo de médicos acude a un pueblo palestino y procura atención médica a todos los que la necesiten. Incluso las autoridades israelíes los respetan y a menudo se pliegan a sus exigencias de permitir la hospitalización en Israel de pacientes que proceden de los territorios ocupados.

La semana pasada, en la celebración de su octogésimo cumpleaños, Ruchama me acusó de alimentar falsas esperanzas acerca de que el Israel de hoy entierre algún día el hacha de guerra y se retire de los territorios ocupados. Según ella, esa oportunidad se ha perdido. Ya solo queda apoyar al BDS.

El BDS es un movimiento de alcance mundial que propugna el boicot total de los productos israelíes. Pretende convencer a las corporaciones, y especialmente a las universidades, de que dejen de invertir en el país y apoya la imposición de todo tipo de sanciones a Israel.
En Israel odian al BDS como al demonio, si no más. Hace falta mucho valor para apoyar públicamente al movimiento. Pocos se atreven.

Le prometí a Ruchama una respuesta a su acusación. Aquí la tiene.

En primer lugar, desde un punto de vista moral, me opongo completamente a cualquier argumento que diga que no podemos hacer nada para salvar nuestro país y que no tenemos más remedio que confiar en los extranjeros para realizar una tarea que nos corresponde a nosotros.
Israel es nuestro país. Somos responsables de él. Yo mismo pertenezco a los pocos miles de personas que lucharon por él en el campo de batalla cuando nació. Ahora es nuestro deber luchar para que se convierta en el país que deseábamos.

En segundo lugar, no acepto la premisa de que la batalla está perdida. Las batallas no se pierden mientras queden personas dispuestas a pelear.

Creo en la paz. La paz es un acuerdo entre dos (o más) partes para vivir en paz. La paz israelo-palestina implica un acuerdo entre el Estado de Israel y el movimiento nacional palestino.

La paz entre Israel y Palestina presupone la existencia del Estado de Israel, codo con codo con el Estado de Palestina. No estoy en absoluto convencido de que ese sea el objetivo del movimiento BDS. Mucho de lo que hace y dice parece conducir a la conclusión de que lo que persigue es una paz sin Israel.

Creo que el BDS tiene el deber de aclarar meridianamente este punto . ¿Paz con Israel o paz sin Israel?

Hay quien piensa que una paz sin Israel es posible, incluso deseable. Muchos de ellos subscriben la llamada “Solución de un estado”, según la cual los israelíes y los palestinos vivirían felices siendo ciudadanos de un mismo estado en pie de igualdad.

Es un sueño muy bonito, pero desafortunadamente la historia nos muestra que es imposible. La Unión Soviética, Yugoslavia, Checoslovaquia, Indochina y otros países se han separado, mientras que Bélgica, Canadá, el Reino Unido y muchos otros corren serio riesgo de hacerlo. En este mismo momento, en Birmania se está llevando a cabo un genocidio bajo los auspicios de una Premio Nobel de la Paz.

¿Es posible que dos pueblos ferozmente nacionalistas que reivindican la misma tierra y llevan en guerra más de ciento cincuenta años se pongan de pronto a vivir en paz en un mismo país? No. La vida en ese lugar sería un infierno.

(Un chiste israelí: ¿Pueden vivir juntos el lobo y el cordero? Claro, lo único que hace falta es un cordero nuevo todos los días).

Los partidarios del BDS suelen basar su estrategia en el ejemplo de Sudáfrica.

Esta es su versión: La minoría blanca de Sudáfrica oprimía a la mayoría negra. Entonces la mayoría negra recurrió al mundo ilustrado (blanco), que impuso un boicot mundial al país. Al final, la minoría blanca cedió y dos hombres maravillosos, Nelson Mandela y Frederic Willem de Klerk se fundieron en un abrazo. Telón.

Esta versión, vista a través de los ojos de los blancos, refleja el típico egocentrismo narcisista de los blancos. Los negros tienen otra ligeramente distinta:

La enorme mayoría negra de Sudáfrica puso en marcha una campaña de huelgas y violencia. También Mandela era un terrorista. El boicot mundial fue de gran ayuda, desde luego, pero lo decisivo fue la lucha de la población negra.

(Los líderes israelíes recomendaron a sus amigos sudafricanos que hicieran una partición del país, pero el consejo no fue del agrado de ninguno de los dos bandos).

Las circunstancias en Oriente Medio son completamente diferentes. Israel no necesita obreros palestinos. Importa mano de obra de todo el mundo. El nivel de vida de los israelíes es más de veinte veces (¡!) el de los palestinos de los territorios ocupados. Ambos pueblos albergan un nacionalismo feroz. El bando judío goza de enormes simpatías en todo el mundo a causa del holocausto. El antisemitismo sigue vigente y la propaganda israelí acusa al BDS de antisemitismo.

Las Naciones Unidas decretaron la partición de Palestina en uno de sus raros momentos de clarividencia. En la práctica, no hay solución mejor.

En principio, yo no estoy en contra de los boicots. De hecho, la organización a la que pertenezco, Gush Shalom, fue la primera en proponer el boicot de los asentamientos israelíes allá por 1977. Distribuimos muchos miles de folletos con una lista de las empresas que operan en ellos. Como resultado, buen número de estas compañías se trasladaron a territorio israelí. Un amplio boicot de cualquier empresa que apoye los asentamientos me parecería una opción razonable.

Sin embargo, en mi opinión, boicotear a todo Israel es un error. Empujaría a la población israelí a los brazos de los colonos, cuando en realidad lo que tenemos que hacer es aislarlos y separarlos del israelí de a pie.

¿Es posible? ¿Es aún posible? Yo creo que sí.

La situación en la que
nos hallamos hoy indica que hemos cometido errores. Debemos parar y repensarlo todo desde el principio.

La organización fundada por Ruchama Marton no es la única que pone su granito de arena por la paz y los derechos humanos. Hay docenas de ellas, fundadas por hombres y mujeres maravillosos, cada una en su propio ámbito de actuación. Necesitamos encontrar la forma de combinar su fuerza sin dañar su independencia y particular naturaleza. Necesitamos encontrar la manera de revitalizar los partidos de izquierdas (el Partido Laborista, el Meretz y la Lista Árabe Unida), que se encuentran en estado comatoso. O bien fundar un partido nuevo.

Respeto al BDS y a sus activistas, que luchan honestamente por liberar a los palestinos y a conseguir la paz entre ellos y nosotros. La actual iniciativa estadounidense por ilegalizar el movimiento y prohibir sus actividades me parece tan ridícula como antidemocrática.

Hay que dejarlos seguir con su labor allí. Nuestro deber aquí es reagruparnos, reorganizarnos y redoblar nuestros esfuerzos para desalojar del poder al actual gobierno y a sus aliados y poner en su lugar a los partidos en favor de la paz.

Creo que la mayoría de los israelíes judíos apoyarían la paz si la creyeran posible. Están divididos entre una enérgica minoría de derechas, con un toque fascista, que considera que la paz es tanto imposible como indeseable, y una minoría de izquierdas débil y blanda.

La situación no es desesperada. La lucha aún no ha acabado en absoluto. Nosotros debemos cumplir con nuestro deber en Israel y que las fuerzas externas cumplan con el suyo en el exterior.

Solo podemos desesperar de la desesperanza.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 16 Sep 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente.

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