Un asunto de familia

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Sultan Sooud Al-Qassemi

Publicado el 14 Oct 2017

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Sharjah | Febrero 2012

 

Los hablantes de árabe en toda la Península Arábiga están unidos por un vínculo común, que se extiende hasta el Norte de África y Sudán, quizá solo superado en importancia por la religión y la lengua. En los museos del Golfo se exhiben orgullosos mapas familiares que ilustran los árboles genealógicos de los miembros de la clase gobernante y señalan por medio de líneas y fotos las relaciones entre ellos desde siglos pasados hasta el actual regente.

En las oficinas de las instituciones financieras más importantes de Dubái y Bahréin pueden observarse enormes mapas que muestran con todo detalle las afiliaciones maritales, políticas y comerciales entre miembros prominentes de las familias gobernantes. En la Arabia actual el tribalismo goza de un excelente estado de salud. En el presente artículo destacaré ciertos sucesos recientes que ilustran cómo los que ostentan el poder en el Golfo Pérsico y Arabia Saudí se sirven del tribalismo y cómo a veces este se utiliza en su contra.

El tribalismo será televisado

El antiquísimo fenómeno de la diplomacia tribal aún se manifiesta hoy en día, tanto en el mundo árabe moderno de los canales de televisión por satélite como en la definición de la política entre los estados vecinos del Golfo. En el verano de 2010, por ejemplo, el popular portal de noticias de propiedad saudí Elaph publicó un artículo acerca de lo que consideraba intentos del emir de Qatar, el jeque Hamad Bin Khalifa Al Thani por “restaurar la gloria de su antepasado”. Dicho antepasado, Al Qa’qa’ ibn ‘Amr al Tamimi, es un legendario guerrero árabe que contribuyó a la expansión del islam por el Levante mediterráneo, del cual se trazaba un heroico retrato en una telenovela de ramadán de treinta y dos episodios de duración. Al parecer, el emir, cuyo hijo menor también se llama Al Qa’qa’, aportó ocho millones de dólares a esta importante producción televisiva.

Una telenovela sobre conflictos tribales entre 1750 y 1830 se canceló tras la queja de tribus saudíes

Elaph citaba al comentarista saudí Abdullah al-Shammari, para el cual existen motivos ocultos en la financiación de la serie. “Todo el mundo sabe que, a diferencia de los Shammar, los ‘Anaza y otras tribus, los Bani Tamim carecen de cabeza visible. Por eso Al Thani, jeque de Qatar, pretende aprovechar esta circunstancia para hacerse con el liderazgo de la tribu, especialmente porque es mayor y está más extendida que otras”. Su argumento consistía en que como los Bani Tamim, que provienen de la zona central de Najd en Arabia Saudí y cuyos miembros incluyen a los al Thani de Qatar, no tienen líder, el cargo está disponible.

No ha sido esta la única ocasión en que la política tribal se ha asomado a la pequeña pantalla. En 2008, una telenovela sobre los conflictos de la tribu al Awaji entre 1750 y 1830, producida por la televisión de Abu Dabi con un presupuesto de 2,5 millones de dólares, fue retirada de la programación tras suscitar las quejas de varias influyentes tribus saudíes. El rotativo The National informó también de la súbita cancelación de otra telenovela llamada Finjan al-Dam cuyo argumento trataba sobre los conflictos tribales del siglo XIX, que la cadena saudí Middle East Broadcasting Corporation (MBC) iba a emitir, apenas una semana antes.

Por su parte, el emirato de Abu Dabi se granjeó el cariño de millones de personas en la Península Arábiga gracias al concurso ‘El poeta de los millones’, que premiaba a los virtuosos del estilo nabatí de poesía beduina. Este popular programa de televisión contribuía a la conservación del vocabulario y los dialectos tribales de forma considerada respetuosa con la cultura y tradiciones de las tribus, si bien cierto número de participantes femeninas recibieron presiones e incluso amenazas de muerte.

‘Anaza connection’

Hoy en día las dinastías reinantes en Arabia Saudí, Bahréin y Kuwait pertenecen a la tribu ‘Anaza de Arabia central, una de las más antiguas y extensas. Su linaje se remonta a los compañeros del profeta Mahoma y sus miembros habitan no solo en Arabia Saudí sino también en países no árabes como Irán y Turquía.

En 1891, la tribu dominante, los Al Rashid de Hai’l, obligó a la familia de Abdul Aziz Ibn Saud, fundador de la actual Arabia Saudí, a exiliarse a Kuwait, donde gobernaban sus primos de la tribu ‘Anaza. Abdul Aziz, que por entonces tenía solo quince años, vivió allí durante once años antes de conducir a sus fuerzas de vuelta a Riad y reconquistarla de manos de los Al Rashid en una sangrienta batalla. Cuando casi exactamente un siglo después el ejército de Saddam Hussein invadía Kuwait, los Al Saud devolvieron el favor ofreciendo refugio a la familia real kuwaití mientras duró la ocupación iraquí.

De igual forma, cuando el régimen de los Al Khalifa de Bahréin estuvo en peligro en la primavera de 2011, Arabia Saudí, junto a los Emiratos Árabes Unidos, desplazó tropas saudíes de la Fuerza del Escudo de la Península al reino insular. Tres meses más tarde, el príncipe Khalid bin Hamad, uno de los hijos del monarca de Bahréin, se comprometió en matrimonio con la hija del rey Abdullah de Arabia Saudí. Otro de sus hijos, el príncipe Nasser, nacido de la misma madre saudí que el mencionado Khalid, se casó en 2009 con la hija del gobernante de Dubái y primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos.

A finales de 2010, Gadafi dijo pertenecer a la tribu ‘Anaza, lo que le emparentaría con familias del Golfo

La enorme influencia de la tribu ‘Anaza a lo largo y ancho del mundo árabe no puede desestimarse. En una cumbre árabe de finales de 2010, Muammar Gadafi, entonces aún dictador de Libia, dijo pertenecer a la tribu ‘Anaza; sus ancestros habrían abandonado la península árabe a causa de una disputa. De ser cierta, tal afirmación implicaría que Gadafi estaba emparentado con varias familias en el poder en el Golfo.

Una serie de sucesos recientes ilustran la delicadeza, premura y cuidado con que es necesario gestionar las relaciones entre tribus. Por ejemplo, a Talal Al Rashid de la tribu Shammar, conocido poeta y descendiente de la familia Al Rashid, rivales históricos de los al Saud, lo mataron en una emboscada en Argelia en 2003. El ya fallecido príncipe heredero Sultan bin Abdul Aziz envió inmediatamente un avión privado para trasladar el cadáver a Arabia Saudí como muestra de respeto, y quizá también para acallar varias teorías conspiratorias que circulaban por la red.

Los matrimonios tribales van a menudo de la mano de proyectos financieros

Otro ejemplo sería el conflicto en el que el cuñado del primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos, el rey Abdullah de Jordania, cuya familia gobernó el Hiyaz durante la época otomana y posteriormente los efímeros reinos de Iraq y Siria, se vio envuelto con las tribus de su propio país el año pasado. De forma inusualmente pública, treinta y seis representantes de las principales tribus beduinas del país firmaron una carta abierta en la que se acusaba de corrupción a la reina Rania, dando lugar a que la casa real emitiera un comunicado en el que desmentía enérgicamente las acusaciones.

Además de estrechar los vínculos entre las familias de los contrayentes, los matrimonios tribales van a menudo de la mano de proyectos financieros. En el Golfo es habitual encontrar a miembros de las familias gobernantes que se casan con miembros de familias de comerciantes acaudalados para asegurar tanto la paz como la riqueza.

Todas las familias gobernantes de Emiratos están emparentados por matrimonios endogámicos

Tal y como ilustran los ejemplos de Bahréin que hemos visto, este tipo de matrimonio trasciende las fronteras nacionales. A mediados de los años sesenta, el antiguo gobernante de Qatar, el jeque Ahmed bin Ali Al Thani, (depuesto por su primo, a su vez depuesto por su hijo, el actual emir), se casó con la hija del antiguo gobernante de Dubái, hermana del actual emir de Dubái y primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos. A pesar de las reservas por parte de los vecinos regionales, el 21 de marzo de 1966 entró en vigor una unión monetaria interestatal que recibió el nombre de real dubái-qatarí y que se mantuvo hasta mucho después de la formación de los Emiratos en 1971.

Los vínculos familiares y la colaboración económica están fuertemente entrelazados: lo habitual es que lo uno vaya de la mano de lo otro. El fenómeno de los matrimonios interestatales entre familias gobernantes en el Golfo continúa hoy en día con las generaciones más jóvenes y trae consigo no solo la seguridad económica, sino que también fortalece los vínculos políticos entre ellas.

Emiratos: tribalismo al cuadrado

Los Emiratos son un ecosistema de redes y alianzas tribales, cada una de las cuales es única. Las familias gobernantes de Abu Dabi y Dubái pertenecen respectivamente a las casas de Falahi y Falasi, que a su vez forman parte de la tribu de los Bani Yas del sur de Arabia. Las familias se dividieron cuando en 1833 el jeque Maktoum bin Butti Al Falasi condujo a 3.600 personas de la isla de Abu Dabi en un viaje de 120 kilómetros por la costa del Golfo hasta la frontera sur del emirato de Sharjah (de donde yo provengo). Los gobernantes de Sharjah y del emirato norteño de Ras Al Khaimah, que son primos directos, están incluso más estrechamente conectados.

Todos los miembros de las familias gobernantes de los Emiratos sin excepción están también emparentados por una tupida red de matrimonios endogámicos. Algunos de los miembros de la familia inmediata del gobernador, del príncipe heredero o del vicegobernador de cualquiera de los emiratos proceden de alguna de las demás familias gobernantes. Dada la ausencia continuada de instituciones federales fiables, esta red de matrimonios está considerada como uno de los elementos que más ha contribuido a la supervivencia de la federación de los Emiratos durante las últimas cuatro décadas.

En los Emiratos, el tribalismo se ha puesto de manifiesto en recientes elecciones al Parlamento, en las que la tendencia a favor de los lazos familiares era de tal calibre que era frecuente encontrar votantes que afirmaban orgullosos votar solo y exclusivamente a miembros de su familia. De hecho, en Abu Dabi, el mayor de los siete emiratos, los miembros de la tribu Al Ameri ganaron tres de los cuatro escaños parlamentarios disponibles. Esto puede haber sido resultado de la peculiar estrategia de las autoridades emiratíes de seleccionar a dedo al doce por ciento de la población que elegiría a la mitad de los cuarenta miembros del Consejo Federal Nacional.

“El estilo de vida es tribal aquí,  nuestro líder es un jeque, las elecciones no cambiarán nada”

Unos resultados electorales tan sesgados pueden tener como consecuencia la marginación de aquellos que persiguen empoderar a la población nacional de Emiratos, una nación joven que necesita instituciones federales más fuertes, para que exija mayor poder de decisión en materia de gobierno. En las elecciones municipales de septiembre de 2011 en Arabia Saudí se observó un comportamiento parecido, con los candidatos tribales de distintos distritos formando alianzas entre sí. Este fenómeno causa que los candidatos que carecen de afiliaciones tribales no tengan oportunidades de acceder a cargos electos por muy cualificados o competentes que sean.

En Emiratos, al tiempo que se juzgaba por insultos a los líderes nacionales a cinco activistas que pedían reformas, miles de ciudadanos abarrotaban carpas de las que se usan tradicionalmente en bodas y funerales con el objeto de escuchar cómo sus líderes tribales juraban fidelidad al presidente emiratí. El diario The National informaba que los líderes tribales “regalaron pines, banderas nacionales y medallas con la efigie del presidente de la nación, el jeque Khalifa”.

Una mujer dijo al periódico: “El estilo de vida es tribal aquí en Emiratos y nuestro líder es un jeque. Celebrar elecciones libres y tener más emiratíes en cargos electos no va a suponer ningún cambio en nuestro día a día”. Por su parte, el rotativo dubaití Gulf News informaba que miembros de varias tribus, incluyendo la de Al-Shuhuh, a la que pertenecía Ahmed Mansoor, el más prominente de los activistas que se encontraban en el banquillo de los acusados, habían acudido para “mostrar su solidaridad y apoyo al gobierno”.

El activista Mansoor nunca usó su afiliación tribal para “no fomentar el tribalismo”

Gulf News también afirmaba que “la mayoría de las tribus” del emirato de Abu Dabi habían acordado presentar una demanda contra los activistas. Cuando le pregunté a Mansoor, al que habían denunciado los líderes de su propia tribu, por qué nunca usa su afiliación tribal me respondió que no está “a favor de fomentar el tribalismo” y que como activista pro derechos humanos “quisiera que la gente se relacionase entre sí de modo más abstracto”, ya que el nombre de una tribu “orienta la percepción de las personas en una dirección determinada”.

Antes del polémico juicio, Emiratos se había embarcado en una controvertida campaña para “cambiar y unificar la designación de las tribus según una nueva lista” de acuerdo con directivas del Ministerio del Interior. La mayoría de las críticas a dicha campaña se llevaron a cabo en las redes sociales por tratarse de un decreto oficial que, como tal, no se puede criticar en los medios de comunicación. Al parecer, en la nueva lista se agruparían las familias cuyos nombres sonaran igual, como por ejemplo Al Abdoul y Al Abdouli.

Las críticas a tal decisión se deben al hecho de que una de las familias es de origen árabe beduino y la otra de origen persa. En todo caso, Emiratos no es el primer país árabe en tratar de alterar los apellidos. Ya en 1959, el presidente Bourguiba de Túnez puso en marcha una campaña parecida si bien los ciudadanos gozaban de mayor flexibilidad a la hora de cambiar sus nombres tribales. Durante 2001, los foros de redes sociales informaron de que los cambios en los nombres tribales no serían tan significativos como se temía, lo cual podría ser un guiño de reconocimiento y aprecio a las tribus por mostrar su lealtad al gobierno.

Tribalismo frente a religión

Los observadores políticos que proclaman que lo que une a los seis gobiernos árabes del Golfo es ante todo la naturaleza suní de sus respectivos regímenes incurren en un flagrante caso de simplismo. En realidad, los vínculos mencionados más arriba demuestran que el tribalismo tiene un papel muy importante en las relaciones. De hecho, históricamente las familias gobernantes de la península arábiga se han apoyado entre sí sin tener en cuenta a qué rama religiosa perteneciera cada una.

Uno de los vínculos más fuertes entre dos familias era el existente entre la familia suní kuwaití de los Al Sabah y los chiíes Al Kaabi, procedentes del estado semiindependiente de Arabistán, en la región de Al Ahvaz, en lo que es hoy la provincia suroccidental iraní de Juzestán.

A lo largo de todo su reinado (1897-1925) el emir árabe de Arabistán, el jeque Khazal, estuvo siempre en contacto con los líderes tribales suníes y chiíes de Basora, Kuwait y Arabia Saudí. De hecho, fue él mismo quien convocó una alianza árabe para enfrentarse a lo que consideraba una creciente amenaza persa. Las relaciones habían sido tensas durante más de un siglo entre los Bani Kaab de Al Ahvaz y los Al Sabah después de una batalla en 1783. Sin embargo, en la época del jeque Khazal Al Kaabi se fortalecieron mucho.

En Iraq hay tribus como Jiburi y Shammar que cuentan con miembros tanto suníes como chiíes

De hecho, el jeque de Kuwait, Mubarak al Kabir, le regaló al jeque Khazal un magnífico terreno en Dasman, donde construyó un palacio que sobrevivió a la invasión de las fuerzas iraquíes de 1990. El gobierno kuwaití está restaurando actualmente el palacio para convertirlo en museo. Según algunos informes, el gobierno iraní habría derribado el palacio de Al Faylia del jeque Khazal, cuya familia fue expulsada a Kuwait en 1925.

En Yemen, al otro extremo de la península arábiga, estalló en los años 60 una guerra entre los monarquistas, apoyados por Arabia Saudí y Jordania, y los republicanos, apoyados por Egipto. También en este conflicto subsidiario el tribalismo prevaleció sobre la religión cuando Arabia Saudí apoyó al imam Mohammed Al-Badr del reino mutawakilí de Yemen, que pertenecía a una rama chií conocida como zaidíes, por encima de su correligionario egipcio, el suní Gamal Abdel Nasser.

Además, la familia reinante en el sultanato de Omán, al que los estados árabes del Golfo prometieron diez mil millones de dólares en marzo de 2011 después de los disturbios civiles, pertenece a la rama islámica ibadi, que no es ni suní ni chií, mientras que en Iraq algunas tribus, como la Jiburi y la Shammar, cuentan con miembros tanto suníes como chiíes.

La tribu Shammar, a la que pertenecía la madre del actual rey Abdullah de Arabia Saudí, Fahda Bint Asi Al Shuraim, y que afirma contar con un millón y medio de miembros solo en Iraq, se extiende por toda la península árabe, incluyendo Yemen y Emiratos. En 2004, el jeque Ghazi Ajil al Yawar, uno de los líderes de los Shammar que había vivido algún tiempo en Arabia Saudí, fue nombrado presidente de transición de Iraq. Ese mismo año se convirtió en el primer presidente iraquí en visitar Kuwait desde la Guerra del Golfo de 1991.

Tras el nombramiento de Al Yawar, la revista Salon publicó un reportaje titulado “Saudi Arabia’s man in Baghdad” (“El hombre de Arabia Saudí en Bagdad”) en el que lo calificaba de “una de las pocas medidas inteligentes de la Casa Blanca”. Como era de esperar, Riad envió sus felicitaciones al jeque Al Yawar por el nombramiento, en lo que posiblemente ha sido la última vez que el reino saudí ha felicitado a un líder iraquí.

En 1911 se nombró a una mujer para mantener la paz entre dos de las más poderosas tribus de Arabia

Históricamente, las tribus de Arabia central han demostrado altas dosis de pragmatismo que han desaparecido en los últimos años, quizá debido a una reacción exagerada ante la amenaza percibida de la globalización. En el contexto machista de la Arabia tribal, se llegó a nombrar a una mujer para mantener la paz entre dos de las mayores y más poderosas tribus de la península, los Al Rashid y los Shammar. Tras la muerte de su marido, uno de los líderes tribales, Fatima Al-Zamil gobernó la provincia de Ha’il entre 1911 y 1914 como mediadora entre ambas tribus, en calidad de administradora de la herencia de su nieto menor de edad.

Sin embargo, las afiliaciones tribales también pueden ser causa de discriminación en lo tocante a empleos y oportunidades en la región, además de utilizarse como herramienta de castigo colectivo. En 2005, antes de la reconciliación saudí-qatarí, Qatar expulsó a miles de miembros del clan Al Ghafran de la tribu Al Murrah a Arabia Saudí tras despojarlos de la ciudadanía, obligándolos a buscar refugio en la región de Al-Ahsa, al este del reino.

Gobernanza a través del tribalismo

La gobernanza tribal en la península arábiga implica hoy en día conceder ciertos cargos gubernativos conocidos como “carteras soberanas” a miembros de la propia familia. Dichos cargos incluyen Defensa, Asuntos Exteriores, Seguridad, Inteligencia, Interior y Presidencia del Gobierno. Este Sistema asegura la lealtad al líder tribal, pero tiene preferencia sobre la capacidad de los candidatos y socava la meritocracia. Incluso en el seno de las familias gobernantes es raro que adquieran prominencia aquellos miembros cuyas madres no son de origen tribal o son extranjeras, si bien hay excepciones. Yo mismo, después de publicar un artículo acerca de las contribuciones de importantes ciudadanos emiratíes de origen mixto, recibí muchas críticas online y en persona en las que se me recordaba que no eran “ciudadanos normales”.

En un artículo de Gulf News también he hablado de cómo durante el boom económico de la primera década del presente siglo, algunos líderes tribales del Golfo descuidaban sus obligaciones históricas, como reunirse con los ciudadanos en su majlis y atender a sus demandas, y pasaban más tiempo persiguiendo el lucro personal en los consejos de administración.

La tradición tribal del majlis o diwanía es un elemento tan importante en los estados del Golfo que incluso fue una de las puntas de lanza del movimiento por la sociedad civil en países como Kuwait, en los que esta antigua costumbre está hoy en día prácticamente institucionalizada. En Kuwait, no solo el emir sino también los mandatarios extranjeros visitan regularmente el majlis tribal. El difunto heredero de la corona y ministro de Defensa saudí, el príncipe Sultan Bin Abdul Aziz, por ejemplo, asistió a esta congregación tribal en visita privada en 2007.

Las lealtades tribales se siguen usando como herramienta de control de la población

En el resto de la región también es habitual que tanto líderes tribales como ciudadanos de a pie prometan lealtad a los gobernantes del Golfo. El último ejemplo tuvo lugar cuando Nayef bin Abdul Aziz accedió al título de heredero de la corona saudí tras la muerte de su hermano Sultán. Según las costumbres tribales, se invitó a los ciudadanos a prestar juramento de lealtad al príncipe Nayaf personalmente o por delegación en presencia de los gobernadores provinciales, que generalmente son miembros de los Al Saud.

En su última publicación sobre Arabia Saudí, Gregory Gause, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Vermont, afirmaba que los Al Saud siempre se han servido de sus lazos históricos con las tribus de Arabia central y con el movimiento wahabí y de su enorme riqueza petrolífera para recabar y afianzar apoyos en el reino. Gause atribuye la relativa estabilidad de Arabia Saudí durante las Primaveras Árabes al hecho de que los miembros de las fuerzas de seguridad “provengan mayoritaria, si bien no exclusivamente, de tribus y zonas que el régimen considera especialmente leales”.

Las lealtades tribales se siguen usando incluso dentro de los límites del estado como herramienta de control de la población, cuando los criterios para la obtención de la nacionalidad en un estado moderno deberían estar basados en baremos totalmente diferentes. En esta misma línea, el politólogo Khalid Al Dakhil declaró a Reuters que el tribalismo tardaría varias décadas en desaparecer y que el estado “utiliza los mecanismos tribales con fines políticos”.

Conclusión

En el pasado, las relaciones tribales en la región fueron una poderosa fuerza de resistencia frente a las potencias coloniales y contribuyeron a la formación de la identidad colectiva de la península arábiga. Desde un punto de vista histórico, estas redes de afiliaciones tribales aseguraban la existencia de un estrato de confianza entre sus miembros que era fundamental para la supervivencia. Sin embargo, en la actualidad el tribalismo quizás sea el segundo mayor obstáculo, por detrás de la religión, para el desarrollo de un estado democrático y de derecho en la península arábiga.

El tribalismo obstaculizará el empeño de los estados de la Península de dejar de ser “países en vías de desarrollo”

En los últimos tiempos, el tribalismo se ha convertido en uno de los ingredientes de lo que se conoce como teoría del excepcionalismo de las monarquías del Golfo, que han capeado el temporal de las Primaveras Árabes de distintas formas. Es un hecho que el tribalismo deja de lado a los ciudadanos naturalizados o que no pertenecen a una tribu. Este tipo de individuos “no normales” nunca terminan de integrarse del todo en las sociedades tribales, incluso después de décadas de matrimonio con cónyuges que sí pertenecen a una tribu. A diferencia de un partido político o un movimiento social, por ejemplo, que son agrupaciones a las que un ciudadano puede afiliarse, las redes tribales excluyen a aquellos que no comparten un determinado apellido.

Igualmente, el tribalismo socava las afiliaciones políticas o sociales alternativas como el laicismo, el socialismo e incluso el islamismo, ya presentes de alguna u otra forma en la región. Es muy probable que en el futuro el tribalismo suponga un obstáculo en el empeño de los estados de la península arábiga de dejar de ser “países en vías de desarrollo”. En un contexto en el que las tribus árabes llevan siglos ignorando las fronteras arbitrarias impuestas por las potencias imperialistas, tanto los gobiernos como los rivales ponen en tela de juicio la lealtad a jefes de estado que no tienen más que unas pocas décadas de edad.

Probablemente la mayor desventaja del tribalismo sea que es una especie de club de élite en el que los que no son socios nunca pueden ingresar del todo. Si bien es cierto que el tribalismo no puede ni debe ser abolido, sería aconsejable que los países de la península arábiga no lo exacerbaran, ya sea a través de los medios de comunicación, del favoritismo o de los castigos colectivos, si realmente tienen intención de construir estados civiles modernos.

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© Sultan Sooud Al Qassemi  | Primero publicado en Jadaliyya | 1 Feb 2012 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

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