Empezar de cero

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 22 Oct 2017

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Un día el Partido Laborista israelí sintió que necesitaba un nuevo líder.

Esto sucede aproximadamente cada dos años. El partido está en baja forma. Parece más un cadáver político que un organismo vivo. Se busca nuevo líder, carismático, enérgico, entusiasta.
Ahora han encontrado a Avi Gabbay.

¿Por qué precisamente él? Nadie lo sabe a ciencia cierta.

Avi Gabbay carece de cualidades aparentes de liderazgo político. No tiene carisma. No tiene energía. No tiene entusiasmo ni capacidad de inspirarlo.

Gabbay cuenta con una ventaja: es mizrají; sus padres son emigrantes marroquíes

Después de trabajar para el gobierno en la gestión de la industria de la telefonía móvil, pasó a ser director de la mayor compañía del sector, donde tuvo mucho éxito. Entonces se metió en política, se afilió a un partido de derechas moderado y lo nombraron ministro de Medio Ambiente. Cuando el ultraderechista Avigdor Lieberman se convirtió en ministro de Defensa, Gabbay dimitió del cargo, abandonó el partido y se unió a los laboristas. Todo esto sucedió hace solo un año.

Sin embargo, Gabbay cuenta con una significativa ventaja: es mizrají, es decir, pertenece a la comunidad de judíos procedentes de Oriente Medio o el Magreb. Sus padres son emigrantes marroquíes, es el séptimo de ocho hermanos. Dado que siempre se ha considerado que el Partido Laborista es una agrupación elitista, occidental, asquenazí, los atributos pasivos de Gabbay son importantes. Hasta cierto punto.

Gabbay no perdió un minuto en presentar sus credenciales políticas.

Lo primero que hizo fue pronunciar un discurso en el que afirmaba que no participaría en ningún gobierno en coalición con la llamada “Lista Conjunta”.

La Lista Conjunta es el grupo unido (o desunido) de la comunidad árabe de Israel. Lo integran tres partidos “árabes” muy diferentes entre sí, el Partido Comunista, mayoritariamente árabe pero que incluye algún judío (uno de ellos miembro del Parlamento), el Partido Balad, laico y nacionalista, y por último el religioso Partido Islámico.

No puede haber un gobierno de izquierdas sin el apoyo de los diputados árabes de la Knesset

¿Cómo es posible que agrupaciones tan diversas se hayan asociado en una lista conjunta? El arquitecto de semejante logro no es otro que Avigdor Lieberman, ese gran enemigo de los árabes del que hablábamos más arriba, que, aprovechando que los tres partidos eran pequeños, decidió deshacerse de ellos subiendo la barrera electoral. Sin embargo, antes que morir solos, los tres partidos optaron por sobrevivir juntos. La Lista Conjunta representa a la gran mayoría de los ciudadanos palestinos de Israel, que constituyen más del 20% de su población. Por extraño que parezca, uno de cada cinco israelíes es árabe.

Matemáticamente, no puede haber un gobierno de izquierdas sin el apoyo de los diputados árabes de la Knesset. Yitzhak Rabin no habría sido primer ministro y los Acuerdos de Oslo nunca habrían existido sin el apoyo “exterior” del bloque árabe.

¿Por qué, pues, no pasaron a formar parte del gobierno de Rabin? Porque ambas partes temían perder votos. Muchos judíos no conciben un gobierno en el que haya árabes, y muchos árabes no conciben que sus representantes compartan “responsabilidad colectiva” con un gobierno que se dedica sobre todo a luchar contra los árabes.

Esto no ha cambiado. Es muy improbable que los árabes se unan a un gobierno de Gabbay incluso si se les invitara, y más improbable aún que reciban tal invitación.

¿Para qué sirven, entonces, tales declaraciones? Gabbay no es tonto. Ni mucho menos. Cree que haga lo que haga, tiene a los árabes en el bote. Jamás se unirán a un gobierno del Likud. Por lo tanto, lo que pretende con sus declaraciones abiertamente antiárabes es atraerse el voto de la derecha.

Yitzhak Herzog, su predecesor, lamentaba públicamente en cierta ocasión que tanta gente pensara que el Partido Laborista estuviera compuesto de “amiguitos de los árabes”. Horrible.

Si alguien aún esperaba que esto no fuera más que una anomalía excepcional, Gabbay ya se ha ocupado de sacarlo de su engaño. Aquello era solo el primer golpe.

Lo que Dios prometió a los judíos fue toda la tierra entre el Éufrates y el Río de Egipto

Gabbay se ha quejado de no contar con “socios para la paz”. Este es el eslogan más peligroso de los populistas. “No tener socio” implica que esforzarse para conseguir la paz no sirve de nada. Nunca la habrá. Jamás.

También ha dicho que Dios prometió a los judíos toda la tierra comprendida entre el mar Mediterráneo y el río Jordán. Eso no es correcto pues lo que Dios prometió a los judíos fue toda la tierra entre el Éufrates y el Río de Egipto. Dios nunca cumplió esta promesa.

La semana pasada Gabbay dijo que en cualquier acuerdo de paz futuro con los palestinos no se evacuará ni un solo asentamiento judío en Cisjordania.

Hasta ahora, entre los activistas por la paz israelíes y palestinos siempre había existido un acuerdo tácito en virtud del cual la paz estaría basada en un intercambio limitado de territorio. Los grupos de asentamientos construidos cerca del límite de la zona verde, los llamados “bloques de asentamientos”, permanecerían en Israel, que a cambio cedería una parte equivalente de su territorio a los palestinos, en la Franja de Gaza, por ejemplo. Quedarían así unas docenas de asentamientos “aislados” en Cisjordania, habitados en su mayoría por ultraderechistas fanáticos a los que habría que evacuar por la fuerza.

Las últimas declaraciones de Gabbay implican que después del acuerdo de paz, estas islas de extremismo racista seguirían donde están. Los palestinos jamás aceptarán algo así, lo cual hace que la paz sea imposible incluso a nivel teórico.

En general, Gabbay está a favor de la “solución de los dos estados”, aunque bajo ciertas condiciones. La primera es que el Ejército de Israel tendrá libertad de actuar en todo el Estado Palestino desmilitarizado. También ocupará posiciones a lo largo del río Jordán, convirtiendo así al “Estado” Palestino en una especie de enclave.

El Partido Laborista siempre fue nacionalista, militarista, de izquierdas solo en su programa social

Estamos ante un “plan de paz” en el que nadie quiere participar. Gabbay es demasiado listo para no saberlo. Pero lo que sucede es que en realidad nada de esto está dirigido a los oyentes árabes. Se trata de atraerse el voto de la derecha israelí. Parece una idea sólida, ya que un gobierno de “centroizquierda” liderado por el Partido Laborista necesita los votos de la derecha o de los estamentos religiosos. Sin embargo, no lo es.

No hay ni la más mínima posibilidad de que un número significativo de votantes de derechas se pasen a la izquierda ni siquiera con alguien como Gabbay al timón. Los derechistas detestan al Partido Laborista. No es nada nuevo. Lo odian desde hace generaciones.

El Partido Laborista tiene cien años de vida. Es la fuerza política que condujo a la creación del Estado de Israel, después de lo cual estuvo en el gobierno durante cerca de treinta años. Su poder era inmenso. Muchos lo acusaron de tendencias dictatoriales. Yo también.

Durante aquellos años la principal ocupación del liderazgo sionista fue disputarles a los palestinos la posesión del país. Siempre fue un partido de corte nacionalista, incluso militarista, minorías aparte. Era de izquierdas tan solo en su programa social. Instauró el movimiento de los obreros judíos, un poderoso sindicato llamado el Histadrut, los kibbutz y muchas más cosas.

Todo este entramado social se ha degenerado desde entonces. La corrupción se volvió endémica y se descubrieron incontables escándalos, la mayor parte de los cuales los destapó mi revista. Cuando la derecha llegó finalmente al poder con Menachem Begin en 1977, el Partido Laborista era ya un cadáver político. Desde entonces ha cambiado de nombre en muchas ocasiones, el actual es “Bando Sionista”, pero su influencia ha ido disminuyendo cada vez que se han celebrados elecciones.

Ahora ha entrado en escena Avi Gabbay en el papel de salvador con la panacea de sus declaraciones nacionalistas. Ni lo sueñen.

¿Tiene salvación el partido Laborista? Lo dudo.

Como diputado de la oposición tienes un buen salario y una oficina, y no tienes responsabilidades

En las últimas elecciones, después de un malestar social espontáneo, pareció surgir una nueva oportunidad. Algunos líderes jóvenes, hombres y mujeres, que nadie sabía de dónde habían salido, ingresaron en el Partido Laborista y ocuparon escaños en la Knesset. Se trataba de auténticos izquierdistas y activistas por la paz. Sin embargo, por algún motivo sus voces se han ido oyendo cada vez menos. En lugar de servir de inspiración al partido, el partido los ha sometido a ellos. Ahora ya no parece haber remedio.

La pregunta nunca formulada es ¿Quiere el partido asumir el poder realmente? Aparentemente la respuesta es que sí, claro. ¿No es ese el objetivo supremo de la actividad política?

Yo, por mi parte, lo dudo. La de un parlamentario de la oposición es una existencia llena de comodidades. Lo sé porque pertenecí a la oposición durante diez años. La Knesset está muy bien. Los ujieres te miman todo el tiempo, tienes un buen salario y una oficina; si no te las buscas tú mismo, no tienes responsabilidades. Evidentemente, tienes que esforzarte por ser reelegido cada cuatro años. Así que, a no ser que quieras llegar a ministro, con todo el trabajo, las responsabilidades y la exposición al público que el cargo conlleva, lo único que tienes que hacer es no moverte del sillón.

¿Cuál es la conclusión práctica? Hay que olvidarse del Partido Laborista y crear una fuerza política nueva.

Necesitamos líderes jóvenes, carismáticos y resueltos, con objetivos definidos, y que sean capaces de resucitar el bando de la paz.

No estoy de acuerdo con la imagen de un electorado dividido entre una mayoría de derechas y una minoría de izquierdas con los ortodoxos a un lado y los árabes al otro.
Creo que lo que existe es una minoría de derechas y una minoría de izquierdas. Entre las dos hay una enorme masa de gente que espera un mensaje y que desea la paz, a los cuales les han lavado el cerebro para que crean que la paz es imposible, que no hay “socios para la paz”.
#Necesitamos empezar de cero.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 21 Oct 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente.

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1 comentario en “Empezar de cero

  • Luciano Tanto opina:

    bien informado (protagonista), a menudo arbitrario, siempre honesto. solo faltaría que fuera ecuánime.

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