El falso enemigo

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 18 Mar 2018

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A finales de 1941,
los japoneses atacaron Pearl Harbor y declararon la guerra a Estados Unidos. Los nazis, aliados de Japón, y sus satélites, hicieron lo propio inmediatamente.

Hay un chiste que cuenta que el embajador húngaro en Washington fue a entregarle la declaración de guerra al secretario de estado Cordell Hull, que decidió burlarse un poco de él.

-Hungría, Hungría… ¿Son ustedes una república? -le preguntó.

-No, señor secretario, somos una monarquía -respondió el embajador

-¿En serio? ¿Cómo se llama su rey?

-No tenemos, solo tenemos un regente, el almirante Horthy.

-¿Así que un almirante? ¿Poseen ustedes una armada potente?

-No. De hecho, no tenemos armada pues no somos una nación costera (Horthy había ascendido a almirante en tiempos del imperio austrohúngaro, que sí la tenía, aunque era de reducidas dimensiones).

-Qué curioso. Una monarquía sin rey y un almirante sin armada. ¿Por qué quieren declararnos la guerra entonces? ¿Acaso tienen algo contra nosotros?

-No. Tenemos algo contra Rumanía.

-¿Y por qué no les declaran la guerra a ellos?

-¡Imposible! ¡Son nuestros aliados!

Cada vez que Binyamin
Netanyahu empieza con sus escalofriantes amenazas contra Irán me acuerdo de este chiste. El enfrentamiento con Irán está en la cabecera de su agenda. Netanyahu nos advierte de los intentos por parte de Irán de producir armas nucleares e implícitamente amenaza a los iraníes con nuestro arsenal nuclear “secreto”.

¿Por qué?

Las guerras entre naciones se deben a conflictos de intereses. ¿Hay alguno entre Irán e Israel?

Quién sabe. Por más que busco el motivo de ese conflicto a vida o muerte, no lo encuentro. Nada. Niente.

Las guerras entre naciones se deben a conflictos de intereses. ¿Hay alguno entre Irán e Israel?

Ninguno en absoluto.

Israel tiene un conflicto con los países árabes, que se niegan a reconocer su existencia y a normalizar sus relaciones hasta que no haya paz entre Israel y el pueblo palestino. Israel se encuentra ahora mismo prácticamente en guerra con Siria y Hizbulá.

Irán quiere convertirse en la potencia musulmana dominante en la región. Por lo cual está prácticamente en guerra con Arabia Saudí, que persigue el mismo fin, y con sus satélites. Se diría que entre Israel e Irán se da una coincidencia de intereses.

De hecho, no hace tanto tiempo existía una sólida (aunque no oficial) alianza entre ambos países. Era en tiempos del sah. Los israelíes actuaban a su antojo en Irán. Irán era la base de las numerosas actividades políticas y militares israelíes en el Kurdistán iraquí. El Shabak, los servicios secretos israelíes, entrenaba a los servicios secretos iraníes, el temible Savak. Estados Unidos aparte, Irán era el mayor aliado de Israel.

¿Qué pasó? Que en Irán hubo un cambio de régimen, por supuesto. El sah fue derrocado y llegaron los ayatolás. Los ayatolás son líderes religiosos. Maldicen al estado judío en nombre del islam chií.

Sin embargo, la ideología política no puede reemplazar a los intereses básicos de un estado, que suelen basarse en hechos objetivos, principalmente geográficos. Incluso las guerras religiosas del siglo XVII se debieron principalmente a intereses nacionales. La religión era sobre todo un pretexto.

Los intereses nacionales no cambian cuando cambia el régimen.

Los ayatolás no pusieron peros a la ayuda israelí cuando los intereses de Irán estaban en juego

El ejemplo más claro es Rusia. Cuando la revolución bolchevique reemplazó a los zares, la política exterior no cambió. Cuando el régimen comunista se vino abajo y el poder acabó finalmente en manos de Vladimir Putin, la política exterior siguió más o menos como si nada.

Y por supuesto, los ayatolás no pusieron ni un pero a la ayuda israelí cuando los intereses vitales de Irán estaban en juego. Durante la guerra Irán-Iraq, Israel proporcionó armas a los ayatolás. Sucedió casi abiertamente durante la así llamada “crisis de los rehenes” de 1979-81. Estados Unidos envió armas a Israel e Israel se las reenvió a Irán a cambio de la liberación de los rehenes. Mi amigo Amiran Nir, por entonces un cargo de los servicios secretos del gobierno, viajó a Teherán para entregarlas.

La noción de que Irán podría atacar a una potencia nuclear como Israel arriesgándose a provocar con ello su propia aniquilación es ridícula.

Irán es heredero de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, casi tan antigua como Egipto. Comparado con ella, la civilización judía es una hermana menor. De hecho, hay muchos expertos que opinan que la religión judía debe mucho a la civilización iraní.

Ciro “el Grande” fundó el mayor imperio que el mundo había visto hasta entonces. Creó un sistema tolerante y progresista. Liberó al pueblo judío de los babilonios y lo envió de vuelta a Jerusalén. Ese “retorno a Sion” fue, según muchos expertos, el verdadero comienzo del judaísmo.

Es cierto que todo eso pasó hace mucho, mucho tiempo. Pero, como he dicho antes, los intereses nacionales tienen una vida muy larga.

¿Por qué nos maldicen los iraníes hoy en día? ¿Por qué desean que llueva fuego y azufre sobre nuestras cabezas?

Es muy sencillo. Para los iraníes el odio a Israel es un medio para la consecución de sus auténticos fines.

Netanyahu ha hecho del odio a Irán un instrumento político

El verdadero objetivo de los iraníes es conseguir el poder sobre todo el Oriente Medio musulmán. Lo están llevando a cabo de modo sistemático y están teniendo mucho éxito. La lógica es la siguiente: el mundo musulmán odia a Israel. El Oriente Medio árabe odia a Israel. Por lo tanto, el odio a Israel puede ser un eficaz instrumento político.

Curiosamente, Binyamin Netanyahu ha adoptado la misma lógica, solo que al revés. Donald Trump odia a los ayatolás. En Occidente, muchos los temen. Así que Netanyahu ha hecho del odio a Irán un instrumento político. Viaja por el mundo vendiéndolo de puerta en puerta. Es el tema principal de sus apasionados discursos en las Naciones Unidas, en el Congreso estadounidense y en la AIPAC (American Israel Public Affairs Committee).

También es un remedio muy eficaz para sus problemas personales. Netanyahu está metido hasta el cuello en varios casos de corrupción, enormes comisiones incluidas. Sus admiradores están dispuestos a dejarlo pasar porque él es el único baluarte contra el terrible peligro de la aniquilación a manos de ayatolás que cabalgan sobre misiles nucleares.

Como el presidente Trump también está en contra de los iraníes y quiere retirarse del acuerdo internacional en virtud del cual Irán se comprometía a suspender la mayor parte de su programa nuclear a cambio de las adecuadas concesiones, las diatribas antiiraníes de Netanyahu aseguran la afinidad entre ambos.

Últimamente los iraníes han estado montando bases en Siria y el Líbano, cerca de la frontera con Israel. Las fuerzas aéreas israelíes los bombardean de vez en cuando y nos enseñan las fotos de sus éxitos. Estos ataques aumentan la credibilidad de Irán a ojos de los árabes. Todo el mundo contento.

Sin embargo, la situación es muy peligrosa. Está basada en un conflicto árabe-israelí que puede estallar por varios motivos en cualquier momento. Los “expertos militares” israelíes profetizan el pronto estallido de una nueva guerra árabe-israelí, probablemente contra Siria y Hizbulá. Esta semana se han probado las alarmas antiaéreas por todo el país.

La cooperación entre saudíes e israelíes en la guerra de Yemen es altamente secreta

La mejor manera de evitarla es firmar la paz con el mundo árabe. Ello implica firmarla primero con los palestinos.

Netanyahu nos dice orgullosamente que ha logrado una importante victoria, la cooperación con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes, que se encuentran actualmente enfrascados en una guerra con los insurgentes yemeníes que a su vez disfrutan del respaldo iraní. No parece que los saudíes vayan a ganar la guerra pronto.

Esta cooperación entre saudíes e israelíes es altamente secreta. El príncipe heredero saudí, un dictador muy joven y con muy poca experiencia, no puede reconocer que existe porque la población árabe en todas partes, incluyendo su propio país, ve a Israel como su archienemigo.

Deberían aconsejar a Netanyahu que firme la paz con los palestinos mientras Abbas siga con vida.

Ningún país árabe puede firmar una paz duradera con Israel mientras Israel ocupe toda Palestina y someta a los palestinos a un cruel régimen de ocupación. El viejo plan de paz saudí debe andar tirado por alguna parte, pero el gobierno israelí lo ignora totalmente.

Es cierto que Israel ha firmado acuerdos de paz con Egipto y Jordania, pero entre nosotros y esos países no existe nada que se parezca lo más mínimo a una paz duradera. El entusiasmo inicial se evaporó hace ya tiempo y los gobiernos tanto de Egipto como de Jordania han reducido las relaciones al mínimo, conscientes de que sus pueblos detestan a Israel.
Simplemente, no hay forma de pasar por alto a los palestinos.

Los auténticos aliados de Israel deberían aconsejar a Netanyahu que firme la paz con los palestinos mientras Mahmud Abbas (Abu Mazen) siga con vida. Dentro de dos semanas cumplirá 83 años y no anda bien de salud. Abbas es un firme defensor de la paz. No tiene sucesor claro y puede que el que venga detrás sea mucho menos moderado.

Pero a Netanyahu le da igual. La paz es la última de sus preocupaciones. Está mucho más comprometido con el eterno conflicto con los árabes y con los iraníes.

Después de todo, ¿qué sería la vida sin enemigos?

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 17 Mar 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

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