Hijo de perra

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 25 Mar 2018

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Cuanto más se acerca el fin del mandato de Mahmoud Abbas, más radicales se vuelven sus palabras.

Recientemente pronunció la expresión “Ojalá te quemen la casa” refiriéndose a Donald Trump.  Se trata de una expresión despectiva muy común en árabe que carece de la fuerza que tiene en español. Pero incluso en árabe, no es común dirigir estas palabras a un jefe de estado.

Esta semana Abbas ha hablado acerca de David Friedman, el embajador de Estados Unidos en Israel, y le ha llamado “hijo de perra”. También este insulto suena menos fuerte en árabe que en español, pero no deja de ser un lenguaje poco diplomático.

No se puede decir que Friedman no lo merezca, aunque como amante de los perros que soy, desearía que Abbas hubiera elegido otro animal.

Friedman es un judío de los de kipá en la coronilla, que se identifica completamente con los colonos más extremistas de los territorios ocupados. La verdad es que estaría mejor de embajador de Israel en Estados Unidos que de embajador de Estados Unidos en Israel.

Nombrar a un fascista judío como Friedman embajador de EE UU en Israel es pura desfachatez

Esto último también entrañaría sus problemas, pues Friedman ha aludido a los judíos estadounidenses liberales diciendo que son “peores que los kapos”. Los ‘kapos’, abreviatura de “policía del campo”, eran prisioneros que ayudaban a los nazis en los campos de concentración.

El nombramiento de semejante fascista judío como embajador en Israel es pura chutzpah: desfachatez. Los países normales se abstienen de nombrar embajadores a personas con intereses personales en los países a donde se les envía. Pero eso a Trump le da igual. Como le dan igual Israel y Palestina.

¿Qué le importa a Trump? Los votos en las elecciones estadounidenses.

Nombrar embajador en Israel a un judío ortodoxo puede asegurarle unos cuantos votos en la comunidad judía norteamericana. Normalmente los judíos estadounidenses votan al Partido Demócrata. ¿Por qué? Por costumbre. Desde hace generaciones, en Estados Unidos los nuevos inmigrantes votan a los demócratas. Los irlandeses antes de los judíos y los asiáticos después.

Sin embargo, la mayoría de los judíos seguirán votando a los demócratas a pesar de la kipá de Friedman. En la comunidad judía se oyen voces que acusan a sus líderes de dejar de lado las cosas que deberían preocuparlos, como el ascenso del antisemitismo, y de gastar toda su energía en apoyar al gobierno ultraderechista israelí.

Los fanáticos cristianos creen que Jesucristo retornará cuando todos los judíos estén en Tierra Santa

Para Trump esos millones de evangelistas son mucho más importantes. Estos fanáticos cristianos creen que Jesucristo retornará cuando todos los judíos estén congregados en Tierra Santa. No suelen mencionar que lo que esperan que pase después: que los judíos se convertirán al cristianismo. Los que se nieguen morirán.

¿Suena raro? Sin duda lo es. Pero el caso es que Trump necesita esos millones de votos, sin los cuales, para empezar, no habría ganado las elecciones. Se comporta de acuerdo con las creencias de esta secta.

El resultado es que el presidente de Estados Unidos ignora completamente los derechos y aspiraciones del pueblo palestino. Según él, a los palestinos no les queda otra que aceptar lo que se les ofrezca, como un perro que se come lo que su amo le arroje y encima menea la cola. ¿Y qué ofrece exactamente el amo Trump? Su plan de paz sigue siendo un misterio. No obstante, basta con saber que la persona al frente es su yerno judío, Jared Kushner.

La desesperación de Abbas es natural. Sabe que durante lo que le queda de mandato nada bueno espera al pueblo palestino.

Desde su surgimiento, la situación del pueblo palestino moderno nunca ha sido peor.

Los habitantes de Palestina comenzaron a sentirse nación con la caída del Imperio Otomano a finales de la Primera Guerra Mundial. Hay fotos de las manifestaciones de aquellos tiempos en las que ya aparece la bandera palestina negra, blanca, roja y verde. Hasta entonces a los palestinos se les consideraba “sirios del sur”. El vínculo se rompió cuando los franceses y los británicos se repartieron Siria y Palestina.

Desde entonces, son muchos los avatares por los que ha pasado el pueblo palestino. La llegada masiva de los sionistas, la Gran Rebelión Árabe de 1936, la resolución de partición de la ONU de 1947, el fin del protectorado británico, la guerra de 1948. La Nakba (Catástrofe), las distintas guerras con Israel, el ascenso y asesinato de Yasser Arafat, etc etc. Sin embargo, nunca su situación había sido tan desesperada como ahora.

Si bien es cierto que el corazón de los pueblos árabes, y de los pueblos musulmanes en general, sigue fiel a Palestina, no hay un solo gobierno árabe, ni musulmán, que no estuviera dispuesto a vender la causa palestina a cambio de sus propios intereses.

A lo largo y ancho del mundo hay mucha simpatía por los palestinos, pero no hay ni un solo gobierno dispuesto a levantar un dedo por ellos. Y para colmo, ahora el país más poderoso del mundo se ha enemistado con ellos.

Por si fuera poco, los propios palestinos están divididos entre la OLP en Cisjordania y Hamas en la Franja de Gaza. Esta división es tan ventajosa para el gobierno israelí que es difícil no sospechar su implicación el asunto.

Hay un acuerdo tácito de no contar a los habitantes de la Franja de Gaza; solo existe Cisjordania

Entre el río Jordán y el mar Mediterráneo viven actualmente 13 millones de personas, de los cuales aproximadamente la mitad son judíos y la otra mitad árabes. Es posible que los árabes sean ya una ligera mayoría, y esta continuará creciendo debido a su mayor índice de natalidad. Es algo que preocupa mucho a los demógrafos israelíes. De modo que para que el problema parezca menos aterrador, han “cercenado” la Franja de Gaza, fingiendo que sus dos millones de habitantes no pertenecen a Palestina.

La situación ahora mismo es la siguiente: en Israel hay un acuerdo tácito de no contar a los habitantes de la Franja de Gaza.  No existen. Solo existe Cisjordania, que debe ser judaizada.

Las situaciones desesperadas tienen una única virtud: de ellas surgen nuevas soluciones.
Eso es precisamente lo que está pasando en el bando palestino. En lugar de esperar a que Abbas deje libre el puesto y se nombre a un nuevo líder, están surgiendo nuevas ideas.

Yasser Arafat me explicó en cierta ocasión por qué se había decidido por la opción de Oslo. “Lo habíamos intentado todo”, decía. “La lucha armada. La diplomacia. La guerra a gran escala. Todo falló. Así que nos decidimos por una nueva ruta: la paz con Israel.” El primer signo fue la invitación de Arafat a que me reuniera con él en Beirut.

Hoy está claro que Oslo fue un fracaso. Rabin fue asesinado y la ultraderecha se ha hecho con el poder

Hoy en día está claro que Oslo fue un fracaso. Yitzhak Rabin fue asesinado. En Israel la ultraderecha se ha hecho con el poder. Roba tierras y coloca a los colonos en ellas. El líder israelí odia a los palestinos y es un anexionista nato.

La ruta de la paz está bloqueada. La generación de Yasser Arafat y Mahmoud Abbas se halla al final de su recorrido.

Es el momento de la nueva generación. Puede que en cuestión de pocas semanas seamos testigos del comienzo de un nuevo capítulo de la historia de Palestina.

En la comunidad palestina siempre ha habido voces a favor de la paz. Nadie las ha escuchado porque en la tradición árabe las rebeliones siempre han sido violentas. Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela no eran musulmanes.

Parece que ahora la idea de la lucha no violenta levanta la cabeza. No tanto por su valor moral sino porque promete resultados.

En cuestión de semanas los palestinos iniciarán una campaña no violenta. Su objetivo es el retorno de los refugiados. Miles de palestinos marcharán hacia las fronteras de Israel, primero en la Franja de Gaza y después en otros lugares. No se enfrentarán con el ejército israelí ni romperán las barreras. Se limitarán a levantar tiendas de campaña en el lado palestino de la frontera y se quedarán allí durante mucho tiempo.

Es un método de eficacia probada. La aletargada causa palestina volverá a la vida de pronto. Periodistas de todo el mundo vendrán a informar. Los campamentos se convertirán en focos de la atención mundial. En Europa y el resto del mundo se levantarán campamentos en solidaridad con los palestinos. A los príncipes y emires de los países árabes les será difícil suprimir las manifestaciones de apoyo.

¿Y después? Dios es grande.

Desde mi punto de vista, el plan tiene un gran fallo: el objetivo oficial.

Si el movimiento de protesta se concentrara en el objetivo de la independencia palestina, el mundo le daría su bendición. Actualmente existe un consenso mundial a favor del estado palestino y el fin de la ocupación israelí. Esta opción cuenta con mucho apoyo también en Israel. “Dos estados” o un solo estado colonial, independencia u ocupación. La opción es clara.

Los refugiados palestinos están menos interesados en el retorno real que en la reparación moral

El problema de los refugiados es muy diferente. Durante la guerra de 1948, unos 650.000 palestinos fueron desplazados, ya fuera a causa del caos del conflicto o de las políticas deliberadas del gobierno de Israel. Hoy en día esas familias han crecido hasta los seis millones.

Algunos viven en Cisjordania y la Franja de Gaza, otros en los países circundantes a Israel y otros diseminados por todo el mundo. Algunos han comenzado una vida nueva en sus países de acogida y otros siguen siendo refugiados mantenidos por la comunidad internacional. Pero todos sueñan con la patria de sus antepasados.

Permitirles el retorno significaría el fin de Israel, el desplazamiento de millones de israelíes. Eso solo sería posible mediante la guerra. Es una idea que aterra a todos los israelíes.

¿No hay solución? Yo creo que sí. En cierta ocasión, después de una intensa reunión con refugiados palestinos, le dije a mi mujer: “¿Sabes lo que creo? Que esta gente está menos interesada en el retorno real que en la reparación moral. Lo que quieren es que Israel confiese y pida disculpas”.
A la hora de diseñar planes de paz, mi propuesta siempre se ha basado en tres puntos: 1º: Pedir perdón oficialmente. 2º: Permitir el retorno de un número simbólico de refugiados. 3º: Pagar reparaciones al resto.

En una situación de reconciliación, el retorno de medio millón de palestinos sería una cifra aceptable

¿A cuántos se les permitiría el retorno? Algunas veces se ha mencionado la cifra de cien mil. Yo creo que deberían ser más. En una situación de paz y reconciliación, incluso medio millón de palestinos, sumados al actual millón y medio de palestinos que ya son ciudadanos de Israel, sería una cifra aceptable.

Es una solución que discutí en su día con Yasser Arafat . Mi impresión es que estaba más o menos de acuerdo, aunque él consideraba el tema de los refugiados como una baza para negociar. No obstante, el de los refugiados ya no es el mayor problema en la ruta de la paz.

¿Por qué retroceder setenta años? ¿Por qué no concentrar la campaña palestina en un objetivo principal: el fin de la ocupación y un Estado Palestino al lado del estado de Israel?

La lucha no violenta es una excelente idea.

Me vienen a la cabeza las palabras del difunto Abba Even: “Las naciones y los Estados siempre hacen lo correcto una vez que han agotado las demás posibilidades”.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 25 Mar 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

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