«Barcelona es una ciudad que se vende muy barata»

Llucia Ramis

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 17 May 2018

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Llucia Ramis (Sevilla, May 2018) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Sevilla | Mayo 2018

De Palma de Mallorca, y de 1977. Periodista y escritora, empezó en medios como Diario de Mallorca o El Mundo, y también en radio y televisión: COM Ràdio, RAC 1 e IB3… Autora de títulos como Todo lo que una tarde murió con las bicicletas o Egosurfing –que le valió el premio Josep Pla– vive un momento dulce con la salida a la luz en castellano de Las posesiones (Libros del Asteroide), novela con la que conquistó el Llibres Anagrama, y la reedición de Cosas que te pasan en Barcelona cuando tienes 30 años (Barrett). Recientemente visitó la Feria del Libro de Sevilla, donde habló con MSur de ambos títulos y, especialmente, del convulso momento que vive Cataluña.

Ser mallorquina, ¿es una forma excéntrica de ser catalana?

¡Y belga! [risas] Hombre, lo que está pasando en Cataluña se vive de una forma especial, no somos hermanos pero sí primos. Hay una comprensión mayor en Mallorca, pero no sé si sería la misma en Galicia y el País Vasco. Ves tolerancia por los dos lados, se intenta entender a unos y otros. Llevo 23 años viviendo en Barcelona, más de la mitad de mi vida, y siento esa proximidad, y además me consienten cosas que no le consentirían a una catalana. Además, tengo un acento exótico, me tratan un poco como una mascota… Cuando expreso mis ideas políticas, dicen: “Déjala, pobrecita, es mallorquina, no sabe lo que hace”.

Es curioso que nunca encuentro esa afinidad entre los naturales de las distintas islas baleares. ¿No existe esa comunidad fuera de la geografía política?

«Somos de Mallorca, de Menorca, de Ibiza, pero no baleares»

No existe. Somos de Mallorca, de Menorca, de Ibiza, pero no baleares. Y cada uno muy orgulloso de su isla. Habrá quien te diga que son catalanes, pero la mayoría son solo de su sitio. Creo que todo esto se solucionaría si en todos los centros educativos de España hubiera una asignatura obligatoria para aprender cualquiera de las lenguas oficiales. Cuando se ve que esa lengua coincide con la tuya de una manera natural, que no implica que tú tengas una ideología, sería todo muy fácil. A veces me han dicho ‘Qué valiente, que metas frases en catalán en tus novelas’. ¿Cómo qué valiente? ¡Yo hablo en catalán con mis hermanos! Para mí es muy natural cambiar de lengua, en una misma conversación podemos alternar frases en una u otra lengua.

Ha dicho que todos sus amigos de hace 15 años se marcharon de Barcelona. ¿Por el turismo, por el clima independentista…?

Se fueron por el turismo, pero ahora están de regreso. Yo misma me fui a Argentina en 2011, volví para arreglar mis papeles y entonces murió mi abuelo, encontré trabajo aquí… Pero hubo una estampida con la crisis. Muchos se fueron a París, a Irlanda. No había trabajo, y compartir piso con 30 años, en tu propia ciudad, es complicado.

¿Se puede amar una Barcelona invadida por gente en bermudas y pamelas?

«Los que queremos Barcelona también la odiamos, por lo que se mueve en ella»

Los que queremos Barcelona también la odiamos, no por ella en sí, sino por lo que se mueve en ella. Es una ciudad que se vende muy barata, y a veces parece una de esas mujeres que se opera y se pone botox y se parece a todas las mujeres operadas por el mismo cirujano. Es también una madame que nos prostituye a todos de alguna manera. Parece que hay más derechos para los turistas que para quienes vivimos allí.

Hace 20 años, el mundo sabía cómo era Cataluña a través de escritores en castellano como Mendoza, Marsé, Vázquez Montalbán, Terenci Moix (que también nos contaba cómo era el antiguo Egipto)… ¿Está el catalán ocupando ese espacio, qué Cataluña está contando?

No, no creo que haya más autores catalanes. Está Quim Monzó, Sergi Pàmies, Jaume Cabré…

Pero cuentan cosas que pasan fuera de Cataluña, o que podrían pasar en cualquier lugar…

Bueno Pàmies tiene un libro que se titula La gran novela sobre Barcelona… No sé, de todos modos con lo que está pasando se van a escribir muchos libros, no sé si en el último Sant Jordi había 200 y pico sobre el procés…

¿Ayudan a entender lo que está pasando?

«No hay una voluntad de entenderse, y todo lo que digas será utilizado en tu contra»

Yo trato de entender a todo el mundo. Hay a quien le molestan los lazos amarillos, las caceroladas… A mí, ni una cosa ni otra. Es una situación complicada, hay que ir con cuidado con lo que dices, porque te pueden buscar el titular fácil… Creo que hay un interés en que no exista la comunicación, así se puede tirar de las emociones, de interpretaciones… No hay una voluntad de entenderse, y todo lo que digas será utilizado en tu contra. Es un “y tú más” permanente, estrategias políticas que me sabe mal que lleguen a la sociedad. No estamos en Bélgica. Allí están mucho peor. En Cataluña aún no hemos visto a gente que no se hable por estas cuestiones.

Pero le irrita que hayamos llegado hasta aquí…

Lo que me cabrea es que por culpa de esto no nos sentimos concernidos por una falta de libertades que nos afecta a todos, y que hace que sean condenados por terrorismo Pablo Hasel o Valtonyc.

¿Y la corrupción, tan presente en Las posesiones?

Cuando vas en contra de la corrupción, te acusan de ir contra el sistema. Eso es lo que me parece preocupante, ha sido el gran silencio de nuestra Historia. Sí, salen algunos titulares, Cifuentes y compañía, pero nunca se ha hablado de lo que significa la corrupción en nuestro día a día, aunque está por todas partes: desde el vecino que te quita unos metros para urbanizar ilegalmente, hasta el socio que intenta utilizar tu empresa para hacer un negocio. No está bien visto, pero tampoco mal visto. Cuando el padre de la narradora de mi novela intenta ir contra la corrupción, se va descolgando, lo etiquetan de antisitema. Para mí es una especie de carcoma que se come los cimientos de la democracia, y que en los momentos críticos resurge.

¿Cree que ha evolucionado en los últimos años?

«La vergüenza es natural, pero se puede manipular: mira la Iglesia…»

Lo curioso es que en el 93 la corrupción no era tan abierta, y en 2007 tampoco… Cada vez somos más descarados, porque cada vez hay más casos, y cada vez se banaliza más. La vergüenza es natural, pero se puede manipular. Mira la Iglesia, promueve el pudor, la vergüenza por una serie de actos, del desnudo… La economía es todo lo contrario, te invita a que no tengas vergüenza por trepar, pisar a otro, robar… Con la excusa de que en momentos de crisis como este, nos salva la economía sumergida. ¡Pero no estaríamos así si no existiera la economía sumergida! Cosas así te convierten en una antisistema.

La decadencia del periodismo, ¿es algo nuevo, o forma parte del oficio ser quejica?

Siempre ha sido así, y siempre ha habido intereses, siempre se ha vendido a unos y a otros. Y hay mucho chantaje. El problema es que, cuando más medios hay, en el momento teóricamente idílico del periodismo, nadie cree en él. Se dan cuenta del poder que podría tener la buena información, pero ¿cómo lo hacen? Que cada uno se responsabilice de lo que publica. Pero te vas a una guerra y te pagan una miseria por ello, así que nadie se juega la vida por contar lo que pasa en el frente. La información tal vez sea gratis, pero la información elaborada y contextualizada es carísima. El poder lo que quiere ahora es que dejemos de creer en algo que es esencial, y es muy fácil de generar la duda. Yo tuve una pareja que conocía a toda la mafia rusa de Barcelona, ¿cómo quieres que lo publique? Mañana matan a mis padres, me matan a mí…

¿Y la digitalización, qué papel ha jugado? Günter Wallraff suele decir que si la prensa de papel no existiera, este sería el momento de inventarla…

«Es el momento de recuperar la confianza en algunos medios de comunicación»

Creo que es el momento de recuperar la confianza en algunos medios. De conseguir gente capaz de invertir en tu medio porque se fía de la información que tú le estás dando. El periodismo está en peligro de muerte, pero por reacción creo que vamos a volver a esa vía, porque necesitamos fiarnos de alguno. Muchos están recuperando esa confianza. La publicidad ya no será el sistema de financiación…

¿Es posible tomar distancia cuando se habla de familia, por mucho que se insista en que todo es ficción?

«Les di a mis padres el manuscrito y les prometí que no lo publicaría si no querían»

Cuando publiqué en catalán Cosas que te pasan… dos amigos se cabrearon mucho, me dijeron que los había usado como marionetas. Se reconocían, pero aseguraban que nunca habrían actuado así. Entonces me dije que no volvería a hacer eso. Los amigos con un par de cenas te perdonan, pero la familia no. Aquí no hay trapos sucios ni ajustes de cuentas, pero claro que me inspiro en la separación de mis padres, y me daba miedo despertar algunos fantasmas. Les di a mis padres el manuscrito y les prometí que no lo publicaría si no querían. No soy Knausgård. Mi padre, lo primero que me dijo, es que no quería saber nada, hasta que le expliqué que el personaje era una especie de Quijote del siglo XXI, y se animó a contarme más cosas… En todo caso, buscas la trascendencia del hecho, un retrato de la sociedad.

¿Se traduce a sí misma?

Casi siempre, sí. Con Cosas que te pasan… no, porque no me daba tiempo. La hizo Jenn Díaz.

¿Se pierden muchas cosas en el trasvase de una a otra?

Voy cambiando todo el rato. Algún día alguien descubrirá que son dos libros distintos, el castellano y el catalán [risas]. Como tengo la posibilidad de corregir…

¿Y hay temas que le vayan mejor al castellano o al catalán?

Las palabrotas suenan mejor en castellano. Cuando llegó TV3 en los primeros 80, emitieron la serie Dallas y hay un momento en que JR le dijo a su mujer “Sue Ellen, ets un pendó”. Fue un impacto, todo el mundo escandalizado, ¡lo que le ha dicho! Era la primera vez que oíamos eso en catalán.

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