Mayo se acabó

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Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones de sanidad publica y personas con discapacidad.

Publicado el 2 Jun 2018

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“Lejos de ser violencia gratuita, nuestros actos se centran en los símbolos del Estado y del capitalismo. El mobiliario urbano (…) representa sobre todo la organización espacial impuesta unilateralmente por el Estado para canalizar la sociedad que pretendemos transformar.”

Así se expresa en el diario Libération una persona reivindicándose del Black Bloc, un movimiento ultra que ha desatado en París una ola de violencia espectacular que ahogó la tradicional manifestación sindical del primero de mayo de 2018.

Daniel Cohn-Bendit (“Quiero echar abajo al capitalismo”) es ahora hincha de Macron

Se han cumplido los cincuenta años de la legendaria huelga general y de la revuelta estudiantil de mayo 68, que hizo creer a muchos – entre ellos al gobierno francés – que se iniciaba una revolución. El relato del Black Bloc, derrocando al capitalismo destrozando paradas de autobús y alumbrados de calles, se hace eco de lo que proclamaban en m ayo de 68 jóvenes figuras revolucionarias surgidas en las universidades, y que hoy en día siguen mimadas por los medios.

El más famoso, Daniel Cohn-Bendit, declaraba en 1969 en el diario Le Monde (equivalente francés de El País): “Quiero echar abajo al capitalismo”. De nacionalidad alemana, había sido expulsado de Francia en junio 68, y a la pregunta de “¿Cómo ha entrado usted en Francia?” respondió: “Anduve por el bosque, luego fui en coche y llegué a París sin problema. Cualquiera puede entrar en Francia con la ayuda de una organización revolucionaria, y yo disponía de tal ayuda.” Vamos, el Che y Fidel juntitos. Hoy es un hincha de Macron, y la verdad es que tardó pocos años en pasarse al liberalismo e integrarse en la elite dirigente europea, transitando por el movimiento verde alemán y francés para recorrer tal camino.

El camino de Cohn-Bendit es el que han emprendido todas las figuras del movimiento estudiantil de mayo 68 –con la destacada excepción de Alain Krivine, trotskista ayer, trotskista hoy, trotskista siempre– . De ultrarrevolucionarios han pasado a ser partidarios de Tony Blair, defensores de los tratados ultracapitalistas europeos y de las aventuras de EEUU y la OTAN en Yugoslavia, Iraq, Siria, Libia… y pronto en Irán.

Los jóvenes del Black Bloc arrestados: una nomina de 4000 €, hijos de médicos…

Los primeros integrantes del Black Bloc arrestados y presentados al juez estos días no son chicos de barrios populares: uno trabaja en una empresa de consultoría con una nomina de 4000 euros al mes, otra es hija de un investigador científico, otro de padres médicos, etc. Se parecen a los hijos de “bonne famille” que en mayo 68 tiraban adoquines a los policías antidisturbios (CRS) y los tachaban de nazis (“CRS – SS”). Por eso no debemos preocuparnos por el devenir de esos Black Bloc: siguiendo la senda de sus famosos antecesores en revolución y guerrilla urbana, formaran pronto parte de la elite de servidores del capitalismo.

En mayo 68, el primer ministro, Georges Pompidou (siendo presidente de la República el general De Gaulle), sabia que esos “revolucionarios”, admiradores de Mao y de la Revolución cultural china, eran hijos de la burguesía cuyos padres formaban parte de la elite dirigente. Por eso cuidaron de que la policía no matara a nadie. No tuvieron tanto cuidado con las decenas de manifestantes argelinos matados y tirados al Sena por la policía en octubre 1961, tampoco con los comunistas muertos en el metro Charonne en febrero 1962 – cierto que ese ultimo crimen provocó la mas grande manifestación vista entonces en París desde la derrota de Hitler, obligando al gobierno a acelerar el fin de la guerra de Argelia.

El diario Libération es un ilustre hijo de mayo 68: fue fundado en 1973 por Sartre y el núcleo de aquellos jóvenes maoístas. En pocos años Libé se pasó de la ultraizquierda a la socialdemocracia (Sartre se fue en 1974) y mas tarde al ultraliberalismo “europeísta”. Pero siempre ha tenido algo de cariño hacia los movimientos terroristas europeos, el de Baader en Alemania, Brigate Rosse en Italia, ETA en España… Mas tarde ha defendido al FIS argelino y ha dado crédito en Francia al negacionismo islamista en plena ola de crímenes de masas del GIA en Argelia. Es lógico que vea los chavales de Black Bloc con el cariño del abuelo hacia sus nietos.

El Black Bloc reproduce al “movimiento autónomo” que tuvo mucho protagonismo en Italia en la década setenta, y que en París dejó su huella en 1979, en una hazaña similar a lo del Primero de Mayo de 2018: el destrozo “revolucionario” de todas las tiendas y del mobiliario urbano (seguramente ya capitalista) de la plaza de la Ópera, el día en que llegaba la inmensa manifestación de los obreros de la siderurgia opuestos al cierre de los altos hornos franceses. Estuve en esa manifestación (¡qué joven era!) y recuerdo la complacencia de los medios televisivos de Estado hacia los autores de destrozos, entrevistando a algún gilipollas diciendo las mismas estupideces que el Black Bloc de 2018.

En 1979, los sindicatos trincaron a unos “autónomos”… con documentación de policía

Recuerdo la evidente pasividad de la policía mientras eso ocurría, y después la carga de los antidisturbios en contra de toda la manifestación, bajando el Bulevar des Italiens con carretillas elevadoras: parecía esa antológica escena de la película Soylent Green, de Richard Fleisher, con Charlton Heston. Los mismos destrozos, la misma pasividad de los mandos de la policía, la misma mecánica de provocación y descalificación de las manifestaciones populares, los mismos “useful idiots” glorificándose en los medios de Estado.

Ese día de 1979 un grupo de esos provocadores atacó la sede del diario comunista L’Humanité (en ese barrio estaban entonces todos los periódicos de Francia). Pero en esos tiempos el “servicio de orden” comunista y sindical era fuerte y temible. Resistieron el embiste y en la reyerta trincaron a unos “autónomos” con documentación de policía, expuesta el día siguiente en conferencia de prensa. Viendo como un millar de Black Bloc han podido moverse en orden y a sus anchas en todo París, el recuerdo de 1979 se hace muy presente.

Ya vemos, de mayo 1968 a mayo 2018 algunas cosas no han cambiado. Otras si, y mucho.

En 1968, la manifestación tradicional del Primero de Mayo había sido inmensa, algo que sorprendió y emocionó a las organizaciones convocantes y a la propia gente en la calle (un sentimiento parecido al 8 de marzo de 2018 en España). Viendo como subía la revuelta estudiantil y como el gobierno se veía sumamente inquieto y a la defensiva, el sindicato CGT (equivalente a CC.OO.), entonces dominante en la clase obrera y tutelado por el partido comunista, lanzó una huelga general. Esa huelga cuajó inmediatamente y dejó Francia paralizada, produciendo rápidamente problemas de abastecimientos en gasolina y en productos alimenticios, cortes de electricidad y gas. Todas las fábricas de Francia estaban ocupadas, eso era tan potente como la huelga general de 1936, que consiguió las tres semanas de vacaciones pagadas. En aquellas semanas, hasta el servicio de escuchas telefónicas de la policía se puso en huelga.

La dirección del partido comunista francés consideraba a la extrema izquierda una enemiga

El 13 de mayo 68, décimo aniversario de la segunda conquista de poder por De Gaulle en 1958, la manifestación parisina mezcló estudiantes y obreros, en una marea humana que espantó al poder con el lema “Diez años ¡basta!”. Los Ministerios quedaron vacíos, y que De Gaulle salió a Alemania a encontrarse con generales del ejercito francés (tenia varias divisiones estacionadas en Alemania desde 1945 y hasta 1992: allí hice la mili).

Aquel día nació la mitología de la “convergencia de las luchas”: eso era la reivindicación de los lideres estudiantiles maoístas e izquierdistas, que pretendían entrar en las fabricas ocupadas a hacer mítines y liderar el movimiento obrero para “tumbar el capitalismo”. Pero la dirección del partido comunista francés consideraba a la extrema izquierda como una enemiga que favorecía las provocaciones fascistas y la derecha, veía esa agitación de “falsos revolucionarios” como contraria a los intereses de la inmensa mayoría de los estudiantes, y no iba a permitir que los activistas izquierdosos entraran en las fabricas. Y no entraron.

El PCF y la CGT tenían entonces la fuerza para liderar el movimiento obrero. Organizaron las negociaciones con el gobierno, primero secretas, con el joven Jacques Chirac, al que Pompidou mandó entrevistarse con el líder sindical comunista Henri Krazucki. Eso llevó a los famosos acuerdos de Grenelle (nombre de la calle donde esta ubicado el Ministerio de trabajo) con un incremento fuerte y generalizado de las nóminas y con ventajas sociales históricas, así como derechos nuevos para los sindicatos.

Pero Mayo 68 se cerró con una manifestación masiva en apoyo a De Gaulle, mostrando que la calle parisina no era solo de la izquierda. También se acabó la huelga general. De Gaulle convocó elecciones, en las que obtuvo el mayor éxito electoral de su vida política. Después de ese hito le pasó lo mismo que a su inspirador Clémenceau, apartado de la presidencia por la aplastante mayoría de diputados elegidos bajo su nombre en 1918: De Gaulle tuvo que dimitir en 1969 y Pompidou, apartado en 1968, se hizo con la presidencia de la República.

Los dirigentes socialistas que se subieron al carro del movimiento estudiantil pagaron carísimo la maniobra

En las elecciones generales de junio, con el triunfo de la derecha – que mostraba la verdadera orientación del país – se observó la consolidación del partido comunista como líder de la izquierda, mientras los dirigentes socialistas que se subieron al carro del movimiento estudiantil pagaron carísimo tal maniobra con la perdida de millones de votos. En 1969, el candidato presidencial socialista cosechó el peor resultado histórico de un socialista… hasta el desastre experimentado por Benoît Hamon en 2017. El candidato comunista obtuvo mas de 20%, un resultado nunca más alcanzado… hasta Mélenchon, que consiguió recuperar el espacio electoral comunista en 2017.

Cincuenta años después de 1968, el movimiento obrero ha desaparecido. El PCF es hoy un partido marginal y la CGT no tiene ni mucho menos la influencia de entonces. No es que haya desaparecido la clase obrera: hay millones de obreros menos, eso sí, pero siguen siendo una componente mayor de la población. Pero la clase obrera ha desaparecido como actor y sujeto político. El presidente Macron puede decir que “no son nada” (inaugurando una estación de cercanías, dijo que “en una estación se cruzan personas que tienen éxito y personas que no son nada”).

En 2018, 50 años después de 68, la extrema izquierda estudiantil parece haber reencontrado una dinámica. Pero si se mira atentamente el “movimiento estudiantil”, se puede ver que es extremadamente minoritario, e incapaz de sacar millares de estudiantes en la calle como los que solían verse en épocas anteriores: 68, 79, 86, 2006… Algunas universidades están bloqueadas, es decir que un numero suficiente de activistas impide – por la intimidación incluso – que se puedan organizar clases, consiguiendo vaciar totalmente esas universidades de estudiantes, que se quedan sin asignaturas por aprobar, y en casa. Algún grupo de activistas llegó a bloquear al centro de exámenes de París/Arcueil, que acoge desde hace cuarenta años a casi todos los estudiantes de la región para algún examen o concurso. Ese saboteo tiene consecuencias graves para decenas de miles de estudiantes, principalmente de origen popular.

68 impuso la reivindicación de la igualdad de las mujeres, la minifalda como revolución visible

Eso aisla a las fuerzas izquierdistas de la mayoría. Pero la izquierda que pretende representar a las clases populares – La France insoumise de Mélenchon y el PCF – corren a mostrar su apoyo a ese movimiento “estudiantil”, cuando en 68 sus antecesores lo denunciaban y lo mantenían aislado. Se han olvidado de la derrota que sufrieron en 68 los socialistas Mitterrand y Rocard, por haber intentado subirse al carro de la extrema izquierda.

Mayo 68 fue un momento performativo para la cultura, así como un momento de auge para la reivindicación feminista y de libertad sexual. Las mujeres francesas podían trabajar y abrir cuenta bancaria sin permiso de su marido desde apenas tres años, y podían acceder a la píldora anticonceptiva desde el año anterior. El derecho al aborto llegaría siete años mas tarde. La criminalización de la violación más tarde aún. La despenalización de la homosexualidad tardó todavía más.

68 impuso la reivindicación de la igualdad de las mujeres, la minifalda como revolución visible celebrando la reivindicación para las mujeres de poder ir por la calle y al trabajo sin esconder sus cuerpos, proclamando el derecho a ir libre sin ser acosada, la libertad sexual…

En 2018, el “movimiento estudiantil” organiza en las universidades bloqueadas conferencias “racializadas no mixtas” – es decir prohibidas a los blancos – y conferencias para alertar del “imperialismo gay”, que es cosa de blancos, ya que las “razas colonizadas” no tienen maricones como bien lo explica en un libro la líder de los “Indígenas de la República”, Houria Bouteldja. El sindicato estudiantil UNEF, hegemónico en 1968, pedía hace cinco años  la prohibición del velo en las universidades. Pero hoy elige como líder en La Sorbonaa  una islamista luciendo un perfecto hiyab.

En la ultima manifestación anti-Macron de mayo 2018, activistas izquierdosos pretendiendo representar los barrios populares se pusieron en primera fila cantando “Todo el mundo odia la policía”. Hasta aquí eso suena como el clásico “CRS-SS”. Pero también cantaban “Solidaridad con las mujeres veladas”, cuando en 68 crecía el movimiento de liberación de la mujer, el MLF.

El 68 se manifestó con una creatividad inaudita y una estética maravillosa de la palabra

También el 68 se manifestó por las calles con una creatividad inaudita, un humor y una estética maravillosa de la palabra y la imagen que se apoderó de las paredes, de las revistas y del imaginario. Un fuerte viento de liberación cultural afortunadamente muy diferente de la revolución cultural china, idealizada por esos jóvenes.

En 2018, las universidades bloqueadas, especialmente la de Tolbiac y la de Saint-Denis, han sido literalmente saqueadas, apareciendo cubiertas de pinturas reivindicativas grotescas y feas con ganas. La antítesis total de la estética de 68 (y del respeto de entonces a las universidades). Los “lideres” de Tolbiac dieron en abril una conferencia de prensa que parecía una parodia, disfrazados como tíos de ETA y con un perro como portavoz. Yo he tardado en aceptar que no se trataba de un happening surrealista o un homenaje a Guy Debord: pues no, esos chicos iban en serio.

Mención especial se merece la situación de la universidad de Saint-Denis. Empezó como una iniciativa revolucionaria de estudiantes y profesores después de mayo 68, instalándose en diciembre de aquel año en unos locales situados en el bosque parisino de Vincennes. Fue autorizada como universidad de Estado en 1971, y allí dieron cursos las leyendas intelectuales de esos tiempos que eran Michel Foucault, Gilles Deleuze, Felix Guattari, Hélène Cixous, Julia Kristeva…

Allí se inventó el sistema de “unidades de valor” para aprobar asignaturas, luego generalizado en Francia. Se permitió acceder a la universidad a personas sin bachillerato – entonces mayoritarias en las clases populares – y se inventaron carreras de cine, psicoanálisis, artes gráficos, teatro, urbanismo, etc.Icono de la ambición intelectual de las corrientes de extrema izquierda, hiperpolitizada, la “antiuniversidad” fue trasladada en 1980 a la ciudad de Saint-Denis, entonces bastión del partido comunista. Allí se ha ido desarrollando, creando por ejemplo un importantísimo centro de enseñanza a distancia, otro instrumento para permitir el acceso a la universidad a gente de origen trabajadora y extranjera.

Los bloqueadores han destrozado la totalidad de las instalaciones en la universidad ocupada

La universidad “de Vincennes a Saint-Denis” lleva semanas bloqueada, con lideres venidos de La Sorbonne, propugnando una ocupación con centenares de inmigrantes llegados de los campamentos parisinos, con la promesa de obtener documentación y hasta la nacionalidad francesa.

Los bloqueadores se han instalado en el departamento de artes gráficas, el mas prestigioso de la universidad, donde han destrozado la totalidad de las instalaciones, con algún “líder estudiantil” proclamando su desprecio por los que hacen dibujitos. También han destrozado otros departamentos, y hasta han reventado la caja fuerte del Instituto francés de geopolítica… vamos, algo que no saben hacer activistas estudiantes clásicos.

El departamento de enseñanza a distancia no está en condiciones de organizar los exámenes de final de curso. Si no lo consigue, tendrá que devolver el dinero de las inscripciones a los miles de estudiantes a distancia del mundo entero, y claro, nadie se va a querer inscribir en septiembre. Entonces el departamento quedará arruinado y desaparecerá.

Cincuenta años mas tarde, sin que el gobierno tenga que mover un dedito, los nuevos “revolucionarios” que dominan el activismo estudiantil están metódicamente destrozando la más concreta y prestigiosa herencia del 68 francés.

Mayo se acabó.

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© Alberto Arricruz |  31 Mayo 2018 · Especial para M’Sur

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1 comentario en “Mayo se acabó

  • Maria Victoria Rodriguez Peña opina:

    ¿En qué libro dice eso Houria Bouteldja? Me interesa para investigarlo, me parece peligrosísimo.

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