Fuerte como la muerte

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 3 Jun 2018

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Oh, Gaza. Fuerte como la muerte es el amor.

Yo amaba Gaza. Esto es un juego de palabras. El cantar de los cantares bíblico dice que el amor es fuerte como la muerte. Fuerte en hebreo se dice Aza. Y Aza es también el nombre hebreo de Gaza.

Pasé muchas horas felices en Gaza. Tenía muchos amigos allí. Desde el doctor izquierdista Haidar Abd al-Shafi hasta el islamista Mahmud al-Zahar, que es ahora ministro de Exteriores con Hamás.

Estuve allí cuando Yasser Arafat, hijo de una familia de Gaza, volvió a casa. Me pusieron en la primera fila de una recepción en la frontera de Rafah, y esa misma noche, Arafat me recibió en un hotel en la costa de Gaza y me hizo sentarme a su lado en la tribuna durante una rueda de prensa.

En todas partes de la Franja de Gaza me encontraba con una actitud amigable, fuese en los campos de refugiados o en las calles de la ciudad de Gaza. En todas partes hablábamos de la paz y del lugar de Gaza en el futuro Estado de Palestina.

Vale, pero ¿qué pasa con Hamás, esa terrible organización architerrorista?

Rabin exilió a 45 destacados islamistas de Gaza a Líbano, donde no los dejaron entrar

A principios de la década de 1990, el primer ministro Yitzhak Rabin exilió a 45 destacados islamistas de Gaza a Líbano. Los libaneses no los dejaron entrar, de manera que vegetaron durante un año al aire libre en la frontera.

Nosotros protestamos contra la expulsión y montamos una tienda frente a la oficina del primer ministro en Jerusalén. Allí nos quedamos 45 días con sus noches, incluyendo algunos días de nevadas. En este campamento hubo judíos y árabes, también árabes israelíes islamistas. Pasábamos los largos días y noches entregados a debates políticos. ¿Sobre qué? Sobre la paz, desde luego.

Los islamistas eran personas simpáticas y trataban a mi mujer, Rachel, con una educación exquisita.

Cuando a los exiliados se les permitió finalmente volver a casa, se hizo una recepción para ellos en el auditorio más grande de Gaza. Me invitaron, junto a un grupo de compañeros. Me pidieron dar un discurso (en hebreo, por supuesto) y después me invitaron a un banquete.

Sharon retiró el Ejército y a los colonos y entregó la Franja a… ¿a quién? A nadie

Cuento todo esto para describir la atmósfera en esa época. Cuando yo hablaba, siempre subrayaba que era un patriota israelí. Abogó por la paz entre dos Estados. Antes de la primera intifada (que empezó el 9 de diciembre de 1987, Gaza no era un oscuro lugar de odio. Ni mucho menos.

Masas de obreros cruzaban cada mañana los puntos de control fronterizos para trabajar en Israel, al igual que lo hacían los comerciantes que vendían sus productos en Israel, o cruzaban el país para viajar a Jordania o para recibir mercancías en los puertos israelíes.

Bien, ¿cómo conseguimos – nosotros, el Estado de Israel – convertir Gaza en lo que es hoy?

En verano de 2005, el entonces primer ministro, Ariel Sharon, decidió cortar todos los lazos con la Franja de Gaza. ‘Arik’, siempre soldado en el alma, decidió que el coste de ocupar la Franja era mayor que los beneficios. Retiró el Ejército y a los colonos y entregó la Franja a… ¿a quién? A nadie.

¿Por qué no la entregó a nadie? ¿Por qué no a la OLP, que ya estaba reconocida como Autoridad Palestina? ¿Por qué no en el marco de un acuerdo? Porque Arik odiaba a los palestinos, a la OLP y a Arafat. No quería tener que ver nada con ellos. Así que simplemente abandonó la Franja.

Pero la naturaleza tiene horror al vacío. En Gaza se formó una autoridad palestina. Se celebraron elecciones democráticas y Hamás ganó en toda Palestina. Hamás es un partido religioso-nacionalista que originalmente recibió apoyo de los servicios secretos israelíes (el Shin Bet) para socavar a la OLP. Cuando la OLP no aceptó los resultados de las elecciones, Hamás tomó el poder en Gaza por la fuerza. Así se estableció la situación actual.

Durante todo este tiempo, aún teníamos una opción positiva.

Gaza se podría haber convertido en una isla floreciente, con puerto marítimo, una segunda Singapur

La Franja de Gaza se podría haber convertido en una isla floreciente. Los optimistas hablaban de una segunda Singapur. Hablaban de un puerto marítimo de Gaza, con las debidas inspecciones de las mercancías importadas bien en la propia Gaza, bien en un puerto neutral en el extranjero. Se construyó un aeropuerto de Gaza, con las inspecciones de seguridad apropiadas, y se llegó a utilizar antes de que fuera destruido por Israel.

¿Y qué hizo el Gobierno israelí ante esta opción? Desde luego, todo lo contrario.

El Gobierno sometió la Franja de Gaza a un bloque estricto. Cortó todas las conexiones entre la Franja y el resto del mundo. Las mercancías solo podían entrar desde Israel, ye Israel aumentaba o reducía la importación de productos de necesidades básicas a voluntad. El asunto del barco turco Mavi Marmara, que fue asaltado de manera sangriento cuando se dirigía a las costas de Gaza, subrayó el aislamiento total.

La población de Gaza ha alcanzado ahora unos dos millones. La mayoría son refugiados de Israel, que fueron expulsados de sus tierras durante la guerra de 1948. No puedo decir que yo sea inocente: mi unidad del ejército combatía en el sur de Palestina. Yo vi lo que estaba pasando. He escrito sobre ello.

El bloqueo creó un círculo mágico. Hamás y otras organizaciones más pequeñas (y más extremistas) llevaban a cabo actos de resistencia (o “terrorismo”). El Gobierno israelí reaccionaba intensificando el bloqueo. Los gazatíes respondieron con más violencia. El bloqueo se volvió peor. Y así sucesivamente, hasta ahora, hasta esta misma semana.

¿Qué pasaba con la frontera meridional de la Franja? Extrañamente, Egipto colabora con el bloqueo israelí. Y no solo por la simpatía mutua entre el dictador militar egipcio, Abd al Fatah al-Sisi, y los dirigentes israelíes. También hay una razón política: el régimen de Sisi odia a los Hermanos Musulmanes, la oposición interna en Egipto, que está prohibida y a la que se considera la organización madre de Hamás.

El régimen de la OLP en Cisjordania también colabora con el bloqueo israelí contra Hamás, que es su principal rival en el escenario político palestino.

De esta manera, la Franja de Gaza se queda casi completamente aislada, sin amigos. Salvo algunos idealistas dispersos por el mundo, que son demasiado débiles como para cambiar las cosas. Y, desde luego, están Hizbulá e Irán.

Ahora predomina una especie de equilibrio. Las organizaciones gazatíes llevan a cabo actos violentos, que no infligen verdaderos daños al Estado de Israel. El Ejército israelí no tiene ganas de volver a ocupar la Franja. Y entonces, los palestinos descubrieron un nuevo arma: la resistencia no violenta.

La resistencia no violenta se murió junto al niño al que dispararon en brazos de su padre

Hace muchos años, un activista árabe-americano, alumno de Martin Luther King, llegó a Palestina para predicar este método. Nadie se lo compraba, y regresó a Estados Unidos. Luego, al principio de la segunda intifada, los palestinos probaron este método. El ejército israelí respondió con fuego real. El mundo vio la imagen de un niño pequeño al que dispararon en brazos de su padre. El Ejército negó su responsabilidad, como hace siempre. La resistencia no violenta se murió junto al chaval. La intifada se cobró muchas víctimas.

La verdad es que el Ejército israelí no tiene respuestas para la resistencia no violenta. En una campaña así, todas las cartas están en manos de los palestinos. La opinión pública mundial condena Israel y alaba a los palestinos. Por eso, la reacción del Ejército es disparar, con la intención de inducir a los palestinos a cometer acciones violentas. Con la violencia, los militares saben tratar.

La resistencia no violenta es un método muy difícil. Exige una enorme fuerza de voluntad, un autocontrol estricto y una superioridad moral. Estas cualidades estaban presentes en la cultura india, que dio a luz a Gandhi, y en la comunidad negra estadounidense de Martin Luther King. No hay una tradición de este tipo en el mundo musulmán.

Por eso es doblemente admirable que los manifestantes de la frontera de Gaza encuentren ahora este poder en sus corazones. Los sucesos del Lunes Negro, el 14 de mayo, sorprendieron al mundo. Las masas de seres humanos desarmados, hombres, mujeres y niño, afrontaron a los francotiradores israelíes. No sacaron armas. No “asaltaron la valla”, una mentira difundida por el gigantesco aparato de propaganda israelí. Se colocaban frente a los francotiradores y morían.

La acción violenta solo entrega munición a la propaganda israelí

El Ejército israelí está convencido de que los habitantes de Gaza no superarán la prueba y que volverán a utilizar la violencia inútil. El martes pasado parecía que esta evaluación era correcta. Una de las organizaciones de Gaza llevó a cabo una “acción de venganza”, lanzando más de cien proyectiles de mortero hacia Israel sin causar ningún daño real. Era un gesto inútil. La acción violenta no tiene la más mínima posibilidad de perjudicar a Israel. Solo entrega munición a la propaganda israelí.

Cuando uno se pone a pensar en la lucha no violenta debería recordar Amritsar. Es el nombre de una ciudad de la India, en la que soldados bajo comando británico abrieron en abril de 1919 un fuego mortífero contra manifestantes no violentos indios. Dispararon sin cesar durante 10 minutos. Mataron a al menos 379 personas y dejaron heridas a unos 1200. El nombre del comandante, el coronel Reginald Dyer, entró en los libros de Historia, para su eterna vergüenza. La opinión pública británica estaba chocada. Muchos historiadores creen que esto fue el principio del fin del gobierno británico en la India.

El Lunes Negro de la frontera de Gaza me recuerda este episodio.

¿Cómo acabará todo esto?

Hamás ha ofrecido una hudna de 40 años. Una hudna es un armisticio sagrado que ningún musulmán debe romper.

Ya he hablado antes de los cruzados, que se quedaron en Palestina casi 200 años (más que nosotros, por el momento). Concluyeron varias hudnas con los Estados musulmanes enemigos a su alrededor. Los árabes siempre los cumplían meticulosamente.

Quiero pedir perdón al pueblo de Gaza, en mi nombre, y en el nombre de Israel, mi país.

La cuestión es: ¿Es el Gobierno israelí capaz de aceptar una hudna? Después de incitar a las masas de sus seguidores e insuflarles odio mortal contra el pueblo de Gaza en general y contra Hamás en particular, ¿se atreverá a aceptar?

Cuando a los habitantes de la Franja de Gaza se les asfixia, sin medicinas, sin suficiente comida, sin agua potable, sin electricidad, ¿no caerá nuestro Gobierno en la trampa de la ilusión y creerá que Hamás ahora se derrumbará?

Eso, desde luego, no sucederá. Como nosotros mismos cantábamos cuando éramos jóvenes: “Ningún pueblo se retira de las trincheras de su vida”.

Como los propios judíos demostraron durante siglos, no hay un límite para las condiciones que un pueblo puede soportar cuando está en juego su existencia.

Es lo que nos enseña la Historia.

Mi corazón está con el pueblo de Gaza.

Quiero pedirles perdón, en mi nombre, y en el nombre de Israel, mi país.

Deseo ver el día en el que todo cambie, el día que un Gobiero más sabio acepte una hudna, abra la frontera y permita al pueblo de Gaza volver al mundo.

Ahora, también, amo Gaza, con el amor que la Biblia dice que es tan fuerte como la muerte.

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 2 Junio 2017 | Traducción del inglés: Ilya U. Topper

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