El imperio económico de los militares

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Publicado el 7 Jun 2018

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Tanque en El Cairo (2011) | © Eva Chaves / M’Sur


El Cairo | Marzo 2018

“Gobierne quien gobierne en Egipto, siempre estará el Ejército” es una frase recurrente en el país del Nilo. El poder de las fuerzas armadas en el país árabe siempre ha sido grande, pero tras la llegada del exmariscal Abdelfatah Sisi al poder, las empresas militares han extendido sus tentáculos a prácticamente todas las industrias y sectores económicos del país, fuera del escrutinio parlamentario y envueltos en el secretismo más absoluto.

“Sisi es aún más dependiente de las fuerzas armadas de que lo era Mubarak”

“El papel del Ejército en Egipto hoy día es más completo de lo que ha sido en toda su historia. Participan profundamente en la economía, en el Gobierno, en los medios, en la educación, en el Sistema de Salud… El Ejército está básicamente dirigiendo el país”, apunta el profesor Robert Springbob, uno de los mayores expertos internacionales en las fuerzas armadas egipcias. Si ya bajo el anterior presidente, Hosni Mubarak, su poder era enorme, la revolución de Tahrir en 2011 no lo redujo, y tras el paréntesis del gobierno del islamista Mohamed Morsi (2012-2013), la llegada de Sisi solo lo ha impulsado.

“El Ejército ha sido siempre una institución muy poderosa; con Mubarak estaban apartados de ciertos sectores, se pusieron nerviosos sobre su futuro y lo que pasó en 2011 y 2013 les ofreció la oportunidad de reasegurarse”, explica Springbob.

“Sisi es aún más dependiente de las fuerzas armadas de que lo era Mubarak”, apunta por su parte Fawaz Gerges, analista y profesor de la London School of Economics. Pese a su pasado militar, durante sus 30 años de mandato Mubarak cultivó también su “persona política” y otros grupos de poder. “Sisi, que desdeña la política civil, se ha negado a crear partido, y al aumentar el papel de los militares en la economía, ha eliminado oportunidades para importantes actores del sector privado”, continúa.

Desde 2013, el Ejército ha aumentado dramáticamente su participación en la economía

El vasto imperio de empresas militares mueve miles de millones de dólares al año en industrias y negocios tan variados como la propiedad de terrenos, colegios y hospitales privados, empresas farmacéuticas, alimentación, distribución de combustibles, transporte y carreteras, embotellamiento de agua mineral, edificios residenciales o eléctricas. El Gobierno de Sisi cifra el porcentaje de los negocios de las Fuerzas Armadas entorno al 2% del PIB, pero investigadores independientes lo alzan hasta el 35, 40 o incluso 60% de la economía egipcia.

Según un informe de Transparency Internacional publicado en marzo, el presupuesto anual de las Fuerzas Armadas es de unos 4400 millones de dólares. La propia Constitución mantiene protege el secreto del presupuesto estatal del Ejército, que no solo incluye a empresas directamente propiedad de la institución, sino también contratos privados de militares o exmilitares. Consecuentemente, también los beneficios quedan en secreto.

Cuatro organismos

Cuatro organismos militares, afiliados al Ministerio de Defensa y Producción Militar, se reparten el pastel de la economía egipcia: la Organización de Proyectos de Servicios Nacionales, que manufactura y vende desde cemento a gasolina, pasando por pasta y agua embotellada, la Organización Árabe para la Industrialización, que produce no sólo equipamiento y vehículos militares, sino también automóviles de lujo civiles, teléfonos inteligentes y paneles solares, la Organización Nacional de Producción Militar y la Autoridad de Ingeniería de las Fuerzas Armadas.

A golpe de decreto, el Gobierno de Sisi ha abierto el abanico de posibilidades para el Ejército, eximiendo de impuestos a decenas de instalaciones militares o permitiendo al Ejército formar empresas para la propiedad de terrenos con inversores locales o extranjeros, otorgando al estamento militar una parte de los ingresos y permitiéndoles conservar la propiedad de la tierra, o la construcción y mantenimiento de carreteras, a las que las empresas militares acceden normalmente sin concurso público. “Desde 2013, el Ejército ha aumentado dramáticamente su participación en la economía”, asegura Springbob.

La competencia desleal del Ejército frena el desarrollo de una economía sólida en Egipto

La omnipresencia del Ejército en todos los ámbitos de la economía egipcia ahoga al empresario privado, pues el Ejército es mucho más competitivo: además de controlar gran parte de los terrenos del país, carecer de impuestos en muchas de sus actividades y tener mano en contratos públicos preferenciales, cuenta con una inacablable mano de obra en los miles de jóvenes obligados a cumplir con el servicio militar obligatorio.

Esa competencia desleal es uno de los factores que frena el desarrollo de una economía sólida en Egipto, un país en crisis desde hace años, pero especialmente desde el golpe de Estado de Sisi en 2013, tras el que se intensificaron los atentados terroristas. Decenas de grupúsculos contrarios al régimen de Sisi encontraron refugio en el Sinaí, siendo el más destacado la rama local del Daesh, Wilayat Sina (Provincia del Sinaí).

Este grupo ha sido responsible de los mayores atentados de los últimos años en el país: contra una mezquita sufí en el Sinaí en noviembre de 2017 (más de 300 muertos), sendos ataques en Domingo de Ramos de 2017 contra iglesias en Tanta y Alejandría (53 muertos), atentado contra una iglesia en el corazón del patriarcado copto en El Cairo en diciembre de 2016 (28 víctimas) o el atentado bomba contra un avión ruso en noviembre de 2015 (224 muertos).

El resultado fue una dramática caída del turismo y de los ingresos del país. En 2016, acuciado por la creciente crisis económica, el Gobierno egipcio se vio forzado a pedir un préstamo de 12.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional. Fue concedido en noviembre pasado a cambio de varias “urgentes reformas” como la liberalización del cambio de la moneda local o el recorte en los subsidios. Desde entonces, la libra egipcia se ha desplomado hasta perder el 60% de su valor, mientras la inflación alcanzó hasta el 34% en su pico más alto. Hoy día, se ha estabilizado en torno al 14,4%.

El Ejército recibió licencia del gobierno para fundar una compañía farmacéutica

El recorte de los subsidios a la gasolina, pero también al agua y otros servicios públicos, ha afectado especialmente a las clases más pobres del país, donde el 30% de la población viven por debajo del umbral de la pobreza. El precio de los carburantes, muy subvencionados, ha llegado a aumentar en un 80%, mientras que en varias ocasiones se han intentado cancelar los subsidios al pan y el azúcar, medidas que el Ejecutivo tuvo que cancelar ante el descontento generalizado.

Pero hubo más consecuencias. Las farmacias se quedaban sin medicidas por los altos costes de importación y decenas de madres salían a protestar por la subida de los precios de la leche preparada para bebés. Una vez más fue el Ejército el que se llevó los réditos: recibió licencia del gobierno para fundar una compañía farmacéutica y accedió a suministrar la leche preparada y otros productos subvencionados, “para evitar el monopolio de empresas” y como “deber nacional”.

Al mismo tiempo, Sisi ha lanzado varios “megaproyectos”, desde la ampliación en tiempo récord del Canal de Suez (que no ha dado el aumento de ingresos prometido, en parte por la desaceleración general del comercio internacional) al acuerdo millonario para la construcción de una planta nuclear rusa en la costa mediterránea, pasando por la construcción de megaciudades en el desierto como una nueva capital administrativa al este de El Cairo por un monto de 45.000 millones de dólares.

Con todo, las cifras macroeconómicas, excepto el desempleo, empiezan a reponerse: entre enero y septiembre de 2017, 5,9 millones de turistas visitaron egipto, un aumento del 55% del mismo periodo en 2016, cuando sólo 3,8 millones se acercaron al país de los faraones y pirámides. Aunque muy lejos todavía de las cifras previas a la revolución de 2011, cuando visitaron el país 14,7 millones de extranjeros (2010).el PIB creció el año pasado un 5,3%, comparado con el crecimiento del 2,1 de 2012/2013, según datos del Banco Central egipcio. Pero nadie sabe cuánto de esto dinero está, en última instancia, bajo el control de los militares.

“Las fuerzas armadas de Egipto expandieron su posición privilegiada en la economía del país bajo el presidente Sisi, han tomado el control total del sistema político y no están bajo ningún escrutinio significativo”, concluye el informe de Transparencia Internacional.

Anuar Sadat

«Si no estás con Sisi, estás contra Egipto»

Anwar Sadat | Cedida por oficina de campaña

Anuar Sadat, sobrino y tocayo del tercer presidente de Egipto, asesinado en 1981, era uno de los primeros candidatos a las elecciones presidenciales de marzo pero retiró su candidatura por el clima de “miedo e intimidación” contra su campaña. Recibe a este medio en su despacho en el barrio cairota de Heliópolis, con el dedo limpio de tinta, muestra de que todavía no se ha acercado a un colegio electoral.”No iré a votar. No quisimos ser parte de este teatro”, explica.

¿Por qué el presidente egipcio tiene miedo de la participación política?

Tiene una prioridad, que es luchar contra el terrorismo, y hay que concentrarse en ello y no hablar de derechos humanos. Y luego todas estas teorías conspiratorias de que hay países que quieren ver a Egipto como un Estado fallido, como Siria, Iraq… La situación se ha polarizado: si no estás con Sisi, estás contra Egipto. Y sí, nosotros estamos con Egipto, pero tenemos distintas opiniones.

¿El presidente pretende perpetuarse en el poder?

Se habla mucho de un cambio en la Constitución (que limita a dos los mandatos presidenciales), el modelo de China… Pero tendremos que esperar y ver. Es probable. No porque lo pida Al Sisi, sino porque lo pidan parlamentarios que dirán “Te necesitamos, no puedes irte”. Quizá en dos años, no ahora. Sería demasiado obvio.

¿Cree que la escasa presión internacional sobre Sisi le ayuda a mantenerse en la presidencia?

Europa y Estados Unidos lo ven como el “hombre fuerte” y tienen interés en cooperar en terrorismo, migración… Así que no están haciendo una gran presión. Es entendible, con lo que está pasando en la región. Y los europeos, así como los estadounidenses, necesitan un Egipto fuerte y unido, así que no presionan mucho. Y honestamente, creo que (el cambio de régimen) debe ocurrir desde dentro del país. Cuando hablamos de derechos humanos, de participación política, de justicia social… tiene que venir de nosotros, de nuestras instituciones: Parlamento, Justicia, sociedad civil… no deberíamos esperar a que Occidente haga nuestras tareas, tenemos que hacerla nosotros.

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