Las tribulaciones de Soros

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 30 Sep 2018

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El multimillonario americano George Soros le está causando un montón de problemas a Binyamin Netanyahu.

En este preciso momento Netanyahu no necesita más problemas. Un enorme caso de corrupción relacionado con la compra de submarinos de fabricación alemana navega lenta e inexorablemente hacia él.

Soros es un judío húngaro, superviviente del holocausto. Recientemente, el partido gobernante en Hungría empapeló las calles de Budapest con cárteles en los que aparece su rostro acompañado de un texto de tono casi explícitamente antisemita. Su pecado fue apoyar a las asociaciones de derechos humanos de su antiguo país. También las apoya en Israel, aunque a menor escala. Por eso tampoco es del gusto de Netanyahu.

Todo esto provocó una situación embarazosa. En Budapest, Netanyahu iba a reunirse con su homólogo húngaro, Victor Orban, sobre el que recaen sospechas de un leve antisemitismo. Netanyahu lo considera un alma gemela derechista.

La historia no fue del agrado de la comunidad judía húngara. Exigió que Netanyahu pospusiera su visita hasta la retirada de los carteles. Finalmente, casi todos desaparecieron y Netanyahu se reunió con Orban. Sin embargo, el episodio ha puesto de manifiesto que los intereses del Estado de Israel y los intereses de las comunidades judías del planeta no son automáticamente los mismos, como querrían hacernos creer los sionistas.

Antes de la reunión húngara tuvo lugar otro incidente. Pocos días antes, en un evento público, Orban elogió al almirante Miklos Horthy, jefe del estado húngaro durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el país, al igual que el resto de la Europa oriental a excepción de Polonia, que fue ocupada, colaboraba con el régimen nazi.

¿Cómo se atrevió Orban a ensalzar a Horthy el día antes de la visita de Netanyahu?

Antisemita declarado, Horthy consiguió salvar la vida de miles de judíos, engañando a Hitler

En realidad, el papel de Horthy es todavía objeto de un apasionado debate. Antisemita declarado y persona de enigmático carácter, Horthy tuvo éxito donde los demás líderes europeos fracasaron: consiguió salvar la vida de miles de judíos, engañando y desobedeciendo a Hitler.

Uno de ellos fue una tía mía, casada en Berlín con un judío húngaro y posteriormente deportada por los nazis a Hungría, donde consiguió sobrevivir hasta su huida a Palestina. Otro fue “Tommy” Lapid, un nativo de Budapest que finalmente alcanzó la fama en Israel. Probablemente no habría sobrevivido de no ser por la artera actuación de Horthy.

No puedo resistir la tentación de interrumpir este artículo para contar un chiste histórico.

Después de Pearl Harbor, Hitler y su cuadrilla de colaboracionistas extranjeros declararon la guerra a Estados Unidos. El embajador húngaro recibió la orden de entregarle la declaración de guerra al secretario de estado, Cordell Hull, que decidió burlarse un poco de él.

-Hungría, Hungría… ¿Son ustedes una república? -le preguntó.
-No, señor secretario, somos una monarquía.
-¿En serio? ¿Cómo se llama su rey?
-No tenemos, solo tenemos un regente, el almirante Horthy.
-¿Así que un almirante? ¿Poseen ustedes una armada potente?
-No. De hecho, no tenemos armada pues no somos una nación costera (Horthy había ascendido a almirante en tiempos del Imperio austrohúngaro, que sí la tenía, aunque era de reducidas dimensiones).
-Qué curioso. Una monarquía sin rey y un almirante sin armada. ¿Por qué quieren declararnos la Guerra entonces? ¿Acaso nos odian por algo?
-No. Odiamos a Rumanía.
-¿Y por qué no les declaran la guerra a ellos?
-¡Imposible! ¡Son nuestros aliados!

Disculpen la interrupción. Vuelvo a Netanyahu.

Fue entonces cuando el gobierno de Netanyahu hizo dos cosas que ofendieron profundamente a muchos judíos, especialmente en los Estados Unidos.

Uno de ellas atañe al Muro de las Lamentaciones (hoy llamado ‘Muro Occidental’) de Jerusalén, el lugar más sagrado del judaísmo.

El Muro de las Lamentaciones se entregó a los ultraortodoxos a cambio de sus votos en la Knesset

Soy un ateo devoto, así que los santos lugares no me dicen nada. En este caso menos aún, ya que el Muro de las Lamentaciones no pertenece en realidad al Templo Judío reconstruido por Herodes hace cerca de 2000 años, sino que es solo uno de los muros de contención del gran montículo artificial sobre el que se asentaba.

La última vez que estuve allí fue en 1946. El imponente muro estaba flanqueado por un estrecho callejón que lo hacía parecer aún más alto. Tras la guerra de 1967, el barrio árabe fue totalmente derribado y dejó paso a una enorme plaza. El muro se entregó a los ultraortodoxos a cambio de sus votos en la Knesset. Se impuso la segregación de sexos, por supuesto.

Con el desarrollo del feminismo, la segregación se convirtió en un problema. Al final se halló una solución de compromiso: se reservó una pequeña parte del Muro para las oraciones “mixtas” de hombres y mujeres, así como para judíos “reformados” y “conservadores”, que apenas existen en Israel pero que constituyen la mayoría entre los judíos americanos.

Netanyahu, bajo presión de los ortodoxos, pretende ahora revocar dicho compromiso, lo cual ha causado gran irritación entre los judíos americanos.

Por si no fuera suficiente, Netanyahu quiere también eliminar el reconocimiento de las conversiones “reformados” y “conservadoras” al judaísmo y entregar a los ortodoxos la autoridad plena en materia de conversiones en Israel.

Dado que en Israel no existe separación entre Estado y religión, basta con promulgar una simple ley. De hecho, las instituciones israelíes se están volviendo cada vez más religiosas. Tanto es así, que se ha acuñado una nueva palabra en hebreo: hadata, que a grandes rasgos significa “religiosificación”.

A las instituciones judías “reformados” y “conservadoras” en Estados Unidos no les importa la ocupación ni la brutal represión de los palestinos ni los asesinatos diarios. Apoyan al gobierno israelí contra viento y marea. Lo que sí les importa es el Muro y las conversiones. A menudo los no judíos se convierten al judaísmo para poder casarse con un judío, como es el caso de Ivanka Trump, así que se trata de un asunto relevante.

Parece haber una contradicción intrínseca en todo el asunto, y, de hecho, la hay.

Israel se define oficial y legalmente como “Estado judío y democrático”. Una nueva ley pretende eliminar lo de “democrático” de la fórmula y dejar a Israel solo como “Estado judío”. Muchos lo consideran el cuartel general del pueblo judío mundial. Netanyahu ha afirmado a menudo que se considera a sí mismo el líder y defensor de todos los judíos del planeta.

Siendo así, ¿puede haber conflicto entre los intereses de los judíos en cualquier sitio y el Estado de Israel?

Herzl, judío húngaro y fundador del sionismo, negoció con los líderes antisemitas de la Rusia zarista

La respuesta es que sí. Puede haberlo y de hecho lo ha habido desde el principio. Theodor Herzl, judío húngaro y fundador del sionismo, negoció con los líderes antisemitas de la Rusia zarista y de muchos otros lugares y les prometió ayudarles a librarse de sus judíos y trasladarlos a Palestina. Este interés común se encuentra en el fondo de diversas extrañas alianzas en distintos momentos de la historia.

Los antisemitas siempre han preferido a los sionistas. Adolf Eichmann escribió en su confesión que siempre consideró a los sionistas el “elemento más valioso” del pueblo judío. Etcétera etcétera.

Abraham Stern, alias Ya’ir, uno de los líderes clandestinos en la época de la Palestina británica, se escindió del Irgun y fundó un grupo nuevo, llamado la Banda de Stern por los británicos, cuya principal medida política era la cooperación con la Alemania nazi contra los británicos, basándose en el conocido principio de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Envió emisarios a las embajadas alemanas, si bien fue ignorado por Hitler. Acabó fusilado por los británicos.

En los primeros años de Israel, cuando David Ben Gurion visitó por primera vez Estados Unidos en calidad de primer ministro, sus consejeros le advirtieron que evitara el tema de la emigración para no incurrir en las iras de los judíos estadounidenses, cuyo dinero se necesitaba desesperadamente. Ben Gurion puso algún reparo, pero obedeció.

Por aquella época, un amigo mío escribió un texto humorístico acerca de una comunidad de judíos enormemente ricos que habita en una zona remota de África y es propietaria de todas las minas de diamantes del país. Israel no tiene dinero ni para comprar la harina del pan del mes siguiente, así que el Gobierno envía al más eminente experto en propaganda sionista. Conocedor de la situación desesperada que atraviesa su país, el hombre pronuncia el discurso más apasionado de su vida. No queda un ojo seco en toda la sala.

Al día siguiente recibe un mensaje: “Nos han conmovido tanto sus palabras que hemos decidido devolver todas las propiedades a los nativos y emigrar a Israel para convertirnos en pioneros”.

El objetivo declarado del sionismo es reunir en Israel a todos los judíos del mundo. El mismo Herzl creía que esto acabaría por suceder realmente, y escribió que una vez que la mayoría de los judíos estuvieran en Israel, solo ellos podrían llamarse judíos. Los que optaran por no emigrar dejarían de ser considerados judíos y pasarían a ser solamente alemanes, americanos y demás.

Espléndido. Pero si eso sucediera, ¿quién obligaría a Donald Trump y sus sucesores a vetar las resoluciones de la ONU que no fueran favorables a Israel? ¿Quién quedaría para luchar contra movimientos a favor del boicot de Israel, como el BDS?

La vida está llena de contradicciones. Nosotros también.

Las Aventuras húngaras de Netanyahu ni mucho menos se limitan a los affaires Orban y Horthy.

En Budapest participó en una reunión a puerta cerrada con los líderes de Hungría, Polonia, Eslovaquia y la República Checa. Algún idiota se olvidó de desconectar la línea con los periodistas que esperaban en el exterior, por lo que escucharon aproximadamente veinte minutos del discurso secreto de Netanyahu.

Ante sus almas gemelas semidemócratas ultraderechistas de Europa oriental, nuestro primer ministro desnudó la suya. Los gobiernos liberales de Europa occidental están “locos” por condicionar la ayuda a Israel a cuestiones de derechos humanos. Permitir la entrada a las masas musulmanas es un acto de suicidio. No se dan cuenta de que Israel es su último baluarte ante la invasión musulmana.

En Der Judenstaat, la biblia del sionismo, Theodor Herzl escribió: “Para Europa seremos una sección en Palestina del muro contra Asia, una avanzadilla de la civilización frente a la barbarie”.

Estas líneas se escribieron hace ciento veintiún años, en pleno apogeo de la era colonial. Repetirlas hoy en día es, parafraseando a Netanyahu, “de locos”.

Cuando Netanyahu y Orban se enfrentan a Soros por los derechos humanos, el que tiene las de ganar es Soros.

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© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 22 Julio 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

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