Kaya, la perra real

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 4 Nov 2018

Publicidad

opinion

 

El espectáculo es casi estrambótico. Un partido político que se niega a admitir nuevos militantes. Y no se trata de unos cuantos individuos, sino de decenas de miles. Y no hablamos de un partido cualquiera, sino del Likud (“Unificación”), la principal fuerza de la coalición en el poder en Israel.

¿Les resulta raro? Sin embargo, no deja de observarse método en esta locura. Puede que pronto se juzgue el asunto ante el Tribunal Supremo israelí.

Los actuales líderes del partido, Binyamin Netanyahu y sus socios, temen que esos nuevos militantes sean en realidad colonos de los territorios ocupados que pretendan hacerse con el control del Likud y al mismo tiempo mantenerse fieles a sus partidos, más extremistas aún.

Uno de los actuales diputados del Likud ha presentado en la Knesset un proyecto de ley que bien puede ser único en el mundo. Procede del temor a que los nuevos militantes del partido no voten al partido en las elecciones generales. Para contrarrestar esa posibilidad, el proyecto de ley establece que cuando un nuevo militante ingresa en la formación, su nombre se elimine del censo de votantes de las elecciones generales y su voto se asigne al Likud.

Se trata de una medida manifiestamente inconstitucional, pues anula el voto secreto. Probablemente el consejero legal de la Knesset bloqueará el proyecto. De no ser así, acabará en el Tribunal Supremo.

Todo esto demuestra que el Likud es un ave de extraño plumaje. Eso tampoco es nuevo.

Hace años, un conocido periodista francés me pidió consejo durante la campaña electoral en Israel. Le recomendé que asistiera a un mitin de Menachem Begin.

A su regreso, estaba perplejo. “No lo entiendo”, exclamaba. “Cuando hablaba de los árabes parecía un fascista rabioso. Cuando hablaba de asuntos sociales sonaba a liberal moderado. ¿Cómo encaja una cosa con la otra?”

“Begin no es un gran pensador”, le expliqué. “La totalidad de la ideología del Likud proviene de Vladimir Jabotinsky”.

La totalidad de la ideología del Likud proviene de Vladimir (Ze’ev) Jabotinsky

Vladimir (o Ze’ev) Jabotinsky fue el fundador del partido “revisionista”, padre del partido Herut, que a su vez es el padre del actual Likud. Nació en Odessa, Ucrania, en 1880. De joven fue periodista en Italia, un país que había alcanzado su libertad no mucho antes.

El movimiento de liberación italiano era una mezcla poco habitual de patriotismo extremo e ideas sociales de corte liberal, algo que marcó para siempre la postura política de Jabotinsky.

Era un hombre de personalidad cautivadora y grandes y variados talentos. Escribió una novela (sobre Sansón, el héroe bíblico), tradujo al hebreo los poemas de Edgar Allen Poe, compuso canciones, era un magnífico orador, un periodista brillante y mucho más. En la Primera Guerra Mundial colaboró en la formación de los batallones judíos del Ejército Británico y sirvió como oficial de rango menor en la conquista de Palestina.

Pocos años después, los británicos dividieron Palestina y establecieron el emirato árabe de Transjordania. Jabotinsky se opuso y fundó el ultrasionista “Partido Revisionista” que exigía la “revisión” de tal medida.

Jabotinsky despreciaba a los adustos “pioneros” socialistas, que dominaban la comunidad sionista en Palestina y lo odiaban. Sospecho que no sufrió demasiado cuando los británicos lo expulsaron del país. Ben Gurión lo tildaba de “fascista”, a pesar de que, Jabotinsky, como amante de Italia, odiara a Mussolini.

Durante esos años, Jabotinsky se convirtió en un agitador trotamundos que escribía un artículo semanal que yo leía con devoción. Admiraba la claridad y la lógica de su estilo. Su movimiento tuvo gran aceptación en algunos países, especialmente en Polonia.

En Palestina, los seguidores del movimiento revisionista de Jabotinsky siguieron siendo una pequeña minoría aislada. Sin embargo, cuando se desató la violencia entre árabes y judíos, el movimiento fundó una organización armada clandestina, el Irgun. Jabotinsky era su comandante en jefe nominal. Yo ingresé en sus filas cuando apenas tenía quince años, y lo hice sobre todo por él.

En 1939, partidarios de Jabotinsky procedentes de todo el mundo se reunieron en Varsovia. Soplaban aires de guerra, pero Jabotinsky proclamó que el conflicto era imposible. Según él, el armamento moderno era demasiado mortífero. Cuando uno de sus seguidores polacos, un joven llamado Menachem Begin, se atrevió a contradecirle, el líder replicó con acritud: “Caballero, si yo compartiera sus convicciones, me arrojaría al Vístula”.

A pesar de todo, la Segunda Guerra Mundial estalló de verdad. Jabotinsky huyó a los Estados Unidos, donde murió de un infarto a los 59 años. Begin, que no se había arrojado al río, llegó finalmente a Palestina y fue nombrado comandante en jefe del Irgun, que pasó a convertirse en una de las organizaciones terroristas de mayor éxito en el mundo.

Cuando nació el Estado de Israel, Begin se convirtió en el líder de la oposición y un demócrata pedante. Se deshizo del partido “revisionista” y creó su propio partido, el Herut (“Libertad”), a cuyo frente perdió ocho elecciones consecutivas.

Cuando por fin llegó al poder en 1977, sorprendió al mundo firmando la paz con Egipto, el más poderoso de los países árabes. A mí no me sorprendió en absoluto.

La ideología de Jabotinsky tenía carácter geográfico: “Israel en ambos lados del Jordán”

Begin carecía de la brillante personalidad de Jabotinsky. Era un fiel seguidor del líder. La ideología de Jabotinsky tenía carácter geográfico: “Eretz Israel en ambos lados del Jordán”. El mapa no incluía la península del Sinaí, así que Begin no tuvo problema en devolvérsela a Egipto, como tampoco incluía los Altos del Golán, que Begin habría devuelto a Siria sin dudarlo.

Con el tiempo, Begin y los suyos acabaron por olvidarse de la otra orilla del río Jordán. Seguían cantando la canción compuesta por Jabotinsky (“El Jordán tiene dos orillas, la de este lado es nuestra y la del otro también”), pero la realpolitik es más fuerte que las canciones. Hoy en día el reino de Jordania es uno de los más importantes aliados de Israel, e Israel lo ha salvado de la desaparición en varias ocasiones.

No obstante, la reivindicación de que tanto Cisjordania como Jordania pertenecen al Estado Judío ocupa un lugar destacado en el programa del Likud. Hace tiempo que todo el mundo se ha olvidado de eso… hasta esta semana.

Los asesores de Binyamin Netanyahu, que andan luchando por evitar que los “nuevos militantes” se adueñen del partido, exigen que estos declaren su total aceptación del programa del Likud al completo, incluyendo la reivindicación de que Jordania pase a formar parte del territorio israelí.

En lo que a personalidad se refiere, Netanyahu está muy por debajo de Begin, al igual que Begin estaba muy por debajo de Jabotinsky. Jamás hubo el más mínimo indicio de mala conducta personal en la trayectoria de Begin, famoso por su modesto estilo de vida, después de años de arriesgar su vida en cada momento. A Netanyahu lo rodea el hedor de la corrupción. Hay varias investigaciones abiertas contra él y contra su mujer, Sarah, cada una de las cuales pueden hacerle acabar entre rejas.

A Jabotinsky se le habrían revuelto las tripas.

Sin embargo…

Hay un chiste judío que habla de la muerte de un ricachón del gueto. De acuerdo con la costumbre, alguien debe pronunciar un panegírico que lo presente de manera positiva, pero no hay forma de encontrar a nadie que cumpla con la tradición. Después de mucho buscar, finalmente un hombre se presenta voluntario.

Bibi lleva 12 años en el poder y se comporta como si fuera el rey, con príncipe heredero

“Todos sabemos que el rabino Moshe era una persona despreciable”, dice, “estaba forrado y era mezquino y cruel. ¡Pero comparado con su hijo era un ángel!”

En Israel sucede hoy algo parecido. El protagonista es Ya’ir, el hijo mayor de Netanyahu, de 26 años.

Bibi lleva 12 años seguidos en el poder y se comporta como si fuera el rey. Por su parte, “Sarah‘le”, su esposa, se comporta como si fuera una reina al estilo de María Antonieta. El pueblo llano llama a Ya’ir “el príncipe heredero”.

Un príncipe bastante díscolo, por cierto. Vive en casa de sus padres y se comporta como un niño malcriado. Va a todas partes acompañado de un séquito de guardaespaldas cuyo sueldo corre a cuenta del Estado. No tiene empleo conocido. Y se ha hecho tristemente célebre durante los últimos días.

A la manera de Donald Trump, Ya’ir se dedica a vomitar improperios por internet en todas direcciones. Por ejemplo, llama a The New Israel Fund, una organización que apoya a los grupos de izquierdas, la “Nueva Fundación por la Destrucción de Israel”.

Su última aventura atañe a la norma municipal que obliga a los dueños de perros a retirar los excrementos de sus animales en los espacios públicos. Ya’ir iba paseando a la perra real, la ahora famosa Kaya, sin recoger sus excrementos de la vía pública, cuando una señora le increpó y le exigió que cumpliera con el reglamento. Ya’ir le respondió con un gesto obsceno, que la mujer fotografió al instante.

Jabotinsky, Begin, Bibi, Ya’ir – quelle difference!

·

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 26 Agosto 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

¿Te ha interesado esta columna?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación únicaQuiero ser socia



manos

Post relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *