Cuando contar es revolucionario

Publicado por

Lara Villalón

@vm_lara

Periodista (Barcelona, 1992). Vive en Estambul.

Publicado el 26 Nov 2018

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Manifestación del 25N en Estambul (Nov 2018) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Estambul | Noviembre 2018 |

“No nos callamos. No tenemos miedo. No obedecemos”, gritan un millar de mujeres en una calle céntrica de Estambul. “Mujer, vida, libertad”, cantan con alegría. Aparece un grupo de mujeres dando carteles a sus compañeras. “Nos somos familias. Somos mujeres”. Otras han preparado sus lemas personales en casa. “¿Quién coño es el hombre dominante?”, grita un cartel. O: “Mujeres, no hagáis la comida. ¡Haced la revolución!”

La protesta se convierte en un mar de colores, de cánticos y danzas. Se dispone a avanzar por la avenida Istiklal, pero un cordón de policía con casco y escudos lo impide. “Podéis protestar aquí pero no podéis marchar”, advierte el jefe de policía a un diputado opositor que se ha unido a la no-marcha. La avenida se convierte en una calle estrecha a causa de la multitud. La policía avanza. Las mujeres también. La policía tira gas lacrimógeno. Las mujeres siguen allí, gritando cánticos contra la violencia machista.

No solo las mujeres. Tampoco faltan hombres en esta protesta. También ellos levantan señales moradas con frases como “Defendemos la vida” o “Aplicar la ley 6284” que define la violencia machista. Son menos, pero están ahí.

Y no solo en la calle. “¡Qué bien! Me alegra ver a varios chicos en esta sala”, comenta Gülsüm Kav al iniciar una conferencia en una universidad de Estambul. Esta mujer de 47 años y de rostro enérgico lleva años envuelta en una maratoniana gira en universidades, sindicatos y ayuntamientos para llevar a cabo un acto revolucionario en Turquía: contar. Contar a las mujeres qué derechos tienen como ciudadanas y mostrar a todos el alcance de la violencia machista en el país.

Gülsüm creó en 2010 la plataforma “Pararemos los asesinatos de mujeres” (Kadin cinayetlerini durduracagiz). Fue tras la muerte de Münevver Karabulut, una joven de 17 años a la que asesinó y decapitó su novio en un “crimen pasional”, tal y como dijo la prensa entonces. El caso creó un gran revuelo mediático. “Los padres (de Karabulut) deberían haber cuidado de su hija”, declaró el entonces primer ministro y ahora presidente, Recep Tayyip Erdogan.

“Turquía tiene buenas leyes para proteger a las mujeres, el problema es que no se aplican”

En aquel momento, la intención de Gülsüm era empujar a los medios para que dejasen de asociar los feminicidios a “crímenes pasionales”, “asuntos de pareja”, “cuestiones de honor”. Ahora se ha rodeado de un ejército de activistas para recopilar datos sobre las mujeres asesinadas en el país. El gobierno turco no publica datos oficiales sobre feminicidios, por lo que la plataforma de Gülsüm dedica horas a investigar en la prensa y en entidades locales las historias de las mujeres que faltan. Mujeres asesinadas por sus maridos, por sus novios, por sus exparejas, por su padres o hermanos. O también por pretendientes o por hombres que se creían con derecho de exigir sexo a una mujer que ni siquiera conocían.

En este país de 80 millones de habitantes, cada año mueren entre 260 y 290 mujeres a manos de sus parejas, familiares o conocidos por motivos machistas. Eso al menos dicen las cifras del medio digital Bianet, que recopila desde 2010 los casos que aparecen en la prensa. Pero probablemente, no toda muerte llegue a los diarios, y hay muchos casos en los que los motivos solo se pueden intuir. Los datos de la Plataforma Kadin cinayetlerini durduracagiz, que llegan más lejos que los titulares de la prensa, dibujan un panorama aún más preocupante: si en 2015 contabilizaban 303 asesinatos, en 2016 eran 328 y el año pasado ya 409. En lo que va de año, 337 mujeres han sido asesinadas por su condición de ser mujeres, según la Plataforma.

Esta organización feminista cree que la violencia aumenta porque las instituciones fallan en la aplicación de medidas preventivas y de protección. “Turquía tiene un buen código de leyes para proteger a las mujeres, el problema es que no se aplica”, comenta la abogada Ipek Bozkurt. Esta letrada señala que del total de artículos legislativos solo se aplican dos de forma correcta. “Cuando una mujer llama al 155 pidiendo ayuda, la policía viene, pero en muchas ocasiones aparece tarde. Los juzgados dictan con facilidad órdenes de alejamiento. Si el hombre la quebranta, hecho que ocurre a menudo, deben aplicarle una multa, pero en la mayoría de casos no se hace”, denuncia.

“La familia antes siempre se oponían a que la mujer se divorciara, por encima de todo”

Ipek señala también que la sociedad aún arrastra muchos prejuicios en el tema de la violencia machista. Las mujeres sienten vergüenza y miedo de ir a la policía a denunciar o al hospital a pedir un parte médico de lesiones. Además la policía sigue sin saber tratar este tipo de casos cuando la mujer se decide a denunciar. “Hay muchos errores en el interrogatorio. Aún existe esta tendencia de presionar a la mujer para que no denuncie, quitarle importancia a los problemas que pueda tener con su pareja. Esto es muy peligroso”, comenta Ipek.

La organización también alerta sobre la falta de un código de actuación policial común en todo el país. “Hay mucha desorganización. En Eskisehir (noroeste del país) tenemos varios casos donde la policía ha actuado de forma correcta. En cambio en Antalya (costa del Egeo) la policía acudió a un domicilio donde escuchaban gritos de una mujer. No quisieron derribar la puerta a la fuerza. Ni siquiera después de oír disparos”, comenta Gülsüm.

Pese a los errores institucionales, ambas abogadas coinciden en que sí han notado un cambio positivo en los últimos años. Las familias cada vez apoyan más a las mujeres que sufren violencia machista y las animan a alejarse de sus parejas. “Antes siempre se oponían a que la mujer se divorciara, por encima de todo. Las cosas están cambiando, pero los cambios no vienen empujados por las instituciones: vienen de la propia sociedad. Incluso muchas familias de mujeres asesinadas nos informan de otros casos o apoyan a otras víctimas”, comenta Gülsüm.

En el caso de que las medidas de protección fallen y un hombre mate a una mujer, los juzgados también cometen errores en la aplicación de la sentencia, asegura la organización. “Los tribunales criminales tienen tendencia a reducir la sentencia por asesinato con argumentos absurdos. ‘Ella me provocó’, ‘me insultó’, ‘me puso los cuernos’… o porque se arrepienten. También hay casos en los que se reduce la pena por buena conducta durante el juicio o por rezar de forma habitual”, enumera Gülsüm.

Leyes y medidas

La legislación turca es más severa que la española en el caso de asesinato: cadena perpetua sin libertad condicional. Mostrar arrepentimiento durante el juicio puede reducir la pena a cadena perpetua con libertad condicional, a veinte años de prisión o menos. La Plataforma ha detectado casos en los que la pena se rebajó a menos de tres años e incluso solo meses de prisión. “También hemos visto casos de cambio de testimonio para poder acogerse a amnistías de presos que anunciaba el gobierno. Nosotras apoyaríamos una posible reducción de pena si vemos que el autor del crimen llamó a una ambulancia rápidamente, que intentó ayudarla. Pero no porque ella lo insultara. Es absurdo”, señala la abogada.

Con apretar un botón, la aplicación móvil KADES manda la localización de la solicitante a la policía

El Ministerio de Familia – su propio nombre indica en parte qué anda mal en la protección a la mujer, opinan muchas activistas – anunció recientemente un paquete de medidas para formar a 15.000 funcionarios turcos en materia de protección contra la violencia machista y la creación de nuevos refugios para mujeres. Además en marzo también lanzó una aplicación móvil, KADES, con un botón de emergencia que manda de forma instantánea la localización de la solicitante a la policía. “Con suerte, veremos que esta aplicación ha protegido a muchas de nuestras mujeres”, dijo el ministro de interior, Süleyman Soylu. Detalló que unas 34.400 usuarias ya se han descargado la aplicación y que gracias a ello se ha conseguido reducir los asesinatos de mujeres un 39% en los primeros cuatro meses de 2018, aunque este último dato no se ve respaldado por las cifras de la Plataforma.

Organizaciones feministas dan la bienvenida a cualquier iniciativa del gobierno, aunque denuncian que aún no han notado cambios institucionales. “Me parecen bien las medidas. Cualquier avance siempre es positivo, aunque no creo que se resuelva la violencia con una aplicación móvil. Me parece más una medida para taponar la herida que para prevenir o curarla”, comenta Selin, miembro de una organización feminista en Estambul.

Asli Sakalli, que trabaja en el refugio de mujeres autogestionado “Techo morado” (Mor Çati) cree que el gobierno aplica medidas de forma lenta y que falta organización a nivel local. “Cada ayuntamiento tiene margen para decidir en qué proyecto quiere invertir. Por ejemplo, nosotras no recibimos ayuda del gobierno, pero sí de algunos ayuntamientos”, señala Asli. La plataforma “Pararemos los asesinatos de mujeres” coincide en este punto, al señalar que no reciben fondos del gobierno pero que muchos ayuntamientos ceden su espacio para reuniones e iniciativas de la asociación.

Ser mujer en la nueva Turquía

Al margen de las medidas institucionales, a las organizaciones feministas les preocupa cómo el gobierno del islamista Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) considera el rol de la mujer en la sociedad turca. En más de una ocasión, el presidente, Recep Tayyip Erdogan ha dejado claro que no se puede separar a la mujer de la maternidad: “Una mujer por encima de todo es una madre”, “Una mujer que decide no ser madre está negando su feminidad”, “No se puede liberar a las mujeres destruyendo la noción de familia”, y una larga lista de comentarios similares. “Este tipo de declaraciones afectan a las mujeres de forma directa. Si un ministro dice que no te puedes reír en público, un hombre golpeará a su mujer si lo hace. Un policía no te va a creer si dices que te han atacado si resulta que vestías una falda corta”, lamenta Ipek Bozkurt.

“Dicen que la ley de protección de mujeres amenaza los valores turcos y quiere destruir la unidad familiar”

Pese a que el Gobierno dice estar decidido acabar con la lacra de la violencia, su relación con las plataformas feministas es al menos ambigua, como se vio el mismo día del 25 de Noviembre. La consigna “No somos familias. Somos mujeres” ya indicaba una crítica al las posturas ideológicas del Ministerio de Familia. Y aunque el lema repetido “Aplicad la 6284” (ley de protección contra la violencia) no era especialmente subversivo, la policía no permitió que las mujeres avanzaran por la calle, si bien por otra parte la breve carga con gas lacrimógeno se quedó en un amago que no forzó una estampida. “Actúan con violencia en una manifestación contra la violencia. Si cuentas esto en tu país no se lo van a creer”, comenta Semra, una profesora que acudió a la protesta con su hija.

Poco después el ministro de interior, Süleyman Soylu, declaró que había organizaciones terroristas en esa marcha que quisieron aprovecharse de las mujeres y por eso la policía se vio forzada a atacar.

Este tipo de discursos se difunden ampliamente en los medios generalistas del país, en su mayoría cercanos al gobierno del AKP, que ante el drama se quedan a menudo en un titular de “asesinato salvaje” (o incluso “Terrible fin de una historia de amor”), sin fomentar un verdadero debate sobre la violencia machista, relegado a medios minoritarios. “Desde que los medios alternativos se hacen eco de nuestros datos sobre la violencia de género nos atacan mucho en los medios pro-AKP. También vemos que hay una especie de propaganda contra la ley 6284, la que protege a las mujeres contra la violencia. Dicen que esa ley amenaza los valores turcos, la cultura y quiere destruir la unidad familiar. No es verdad. Incluso instituciones europeas han valorado positivamente esta ley”, comenta la abogada Ipek Bozkurt.

A Gülsüm en cambio, le preocupa que la promoción de un modelo concreto de mujer en los medios pueda mermar las aspiraciones de cambio de muchas mujeres en Turquía que actualmente no trabajan y que dependen sus maridos. Según datos del Instituto oficial de Estadística turco, solo una de cada tres mujeres participa en el mercado laboral. Al menos el 63% de las mujeres que trabajan están solteras, mientras que la cifra desciende al 30% cuando se casan y tienen hijos en un país donde no es habitual el uso de guarderías (apenas un 2,4% recurre a ellas).

Unas once millones de mujeres nunca han llegado a acceder al mercado laboral. Son ciudadanas casadas que dependen económicamente de sus parejas. “Estas mujeres son completamente ignoradas por el gobierno. No buscan trabajo, no forman parte del sistema. Esto las deja en una situación de gran debilidad ante el marido y unas instituciones que fallan. Si tenemos a 11 millones de mujeres que se sienten débiles, claro que la violencia aumenta”, advierte Gülsüm.

Tanto ella como Bozkurt han observado una ralentización de las políticas desde el golpe de Estado del 15 de julio de 2016 y el año y medio en el que Turquía ha vivido bajo el estado de emergencia. “Además, con el cambio de sistema parlamentario a presidencialista, las cosas no están funcionando aún de forma correcta. Es muy difícil tirar adelante con cualquier tipo de iniciativa. También con varios diputados en prisión… en un momento de gran tensión política es casi natural que los derechos de la mujer sean algo secundario”, comenta Ipek.

“Pero por otra parte también vemos que cuando aumenta la presión, también aumenta el activismo de las mujeres”, añade. Muestra imágenes de la concentración de las protestas feministas en una veintena de ciudades el día 25N. “Juntas, fuertes”, gritan las mujeres.

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