Mujer contra mujer

Publicado por

Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 7 Dic 2018

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No podemos negar que las mujeres en nuestras sociedades sufren diversas formas de coerción y opresión, si bien en grado distinto según cada sociedad. Esto tiene que ver con las mentalidades y los sistemas de educación, pero también con la injusticia de de algunas leyes y de numerosos dogmas religiosos.

Y sin embargo… Aun siendo objetivos hay situaciones en las que las mujeres contribuyen a consolidar las percepciones tradicionales de siempre, e incluso las transmiten a las siguientes generaciones.

Alguien escribió una frase muy acertada que representa parte de lo que nos va mal: “En nuestras sociedades, las madres enseñan a sus hijas cómo protegerse contra el peligro de que las violen. Pero no enseñan a sus hijos varones cómo respetar a una mujer en la calle”.

Ellas defienden su independencia… pero consideran natural que sea el hombre el que pague

De la misma manera, cuando un caso de violación o acoso se difunde en las redes sociales, muchas chicas participan a la hora de cuestionar la la palabra de la víctima, en cargarla con la responsabilidad y en defender al acosador o violador.

También ocurre que nos encontramos a mujeres liberadas, modernas, que defienden los derechos de la mujer, sus libertades, su independencia… pero consideran natural que sea el hombre el que pague. Que sea el hombre el que deba comprar los regalos, quien deba pagar la factura del restaurante, quien deba procurar una vivienda y correr con los gastos de la boda… Y todo lo que pueda cambiar este reparto de tareas les parece un desprecio a su valor y su feminidad.

¿No saben esas mujeres que esta percepción consolida su subordinación y afianza el reparto de roles tradicional?

Luego también está la cuestión de por qué una mujer, de forma totalmente voluntaria, renuncie a su apellido tras casarse, incluso cuando vivimos en una sociedad que legalmente no obliga a las mujeres a hacerlo?

¿Cómo se puede considerar una chica moderna y consciente de sus derechos, y al mismo tiempo exigir al novio las arras, el pago de los gastos y la suma del divorcio… una serie de acuerdos que convierten la relación humana en un contrato comercial y a ella en una mercancía?

En el mismo orden de cosas, muchos – tanto hombres como mujeres – consideran que en una relación sana y sólida, necesariamente el hombre debe tener un nivel educativo superior al de la mujer. Y necesariamente, él debe ser más rico que ella, debe tener más edad que ella y si además puede ser más alto que ella, pues mejor. Ella, eso sí, debe ser más guapa que él. ¿Quién se ha inventado estos parámetros? ¿Podemos nosotros ajustar nuestras relaciones personales a un pliego de cargos tan preciso?

Hay muchos ejemplos que dejan claro que la cuestión de los derechos de las mujeres encuentra a veces su explicación en percepciones que consolidan las propias mujeres…

Pero esto no nos debe hacer olvidar que en otras muchas instancias, la mujer es víctima de una falta de equidad, víctima de una mentalidad patriarcal y víctima de leyes injustas. No podemos utilizar esta reflexión para acusar a las mujeres de ser las únicas culpables de su situación de desigualdad.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en McDouliya · 5 Nov 2018 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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