Devotos por la fuerza

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 26 Ene 2019

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Rahaf es una chica saudí cuyo problema ha causado un clamor en numerosos medios de comunicación del mundo. Rahaf llegó a Tailandia a principios de este mes, huyendo de su familia y de las leyes saudíes que la amenazan con los castigos más espantosos porque ella abandonó el islam.

Al margen de nuestra postura personal respecto a la cuestión de abandonar una religión o cambiar de fe, ¿nos damos cuenta del terror psicológico al que nos someten la mayoría de nuestros Estados? Cuando decidimos, como Estado o como sociedad, castigar a una persona porque ha abandonado su religión o porque ha adoptado otra, ¿qué conllevan este concepto? Simplemente, lo que pedimos a la gente es que sea hipócrita.

Si una persona llega a una convicción que le empuja a abandonar la religión en la que ha nacido, o en abrazar otra, y nosotros, por la ley y como sociedad, se lo prohibimos, no vamos a cambiar su convicción, ni vamos a convencerla de que mantenga esa religión de nacimiento…. Lo único que hacemos es imponerle la obligación de ser hipócrita y de ocultar su convicción verdadera.

¿Qué es lo más importante en la fe? ¿Creer realmente, como individuo, en algo, o fingir ante los demás que se cree en algo?

No podemos obligar a nadie a ser devoto, ni mediante las leyes, ni prohibiendo ni matando

Por otra parte, ¿por qué, como musulmanes, nos alegramos cuando un cristiano se convierte al islam, le aplaudimos, y lo convertimos en héroe… pero rechazamos que pueda ser al revés?

Desde nuestro punto de vista, y según nuestras convicciones religiosas, el islam es la religión verdadera. Por lo tanto consideramos que hemos ganado algo cuando una persona de otra religión se convierte al islam. Aunque el asunto solo le atañe a esa persona, y no constituye una ganancia para nadie más.

Pero ¿nos imaginamos que el entorno de esa persona, por ejemplo, la machaque por su decisión, porque allí están todos muy convencidos de que su religión original es la verdadera? Porque cualquiera que esté realmente adepto de su fe pensará que es la verdadera: si no fuera así, la abandonaría. Y la devoción es algo personal que debemos aprender a respetar.

Lo fundamental es que una persona esté convencida de su fe, la original o la nueva, no que nos satisfaga a los demás por las formas.

En resumen, no podemos obligar a nadie a ser devoto, ni mediante las leyes, ni con prohibiciones ni matando. La fe es una libertad personal. Y la ausencia de la fe lo es también. Si no aceptamos eso, construiremos sociedades como esta en la que vivimos ahora: sociedades en las que abundan las prédicas religiosas y se derrumban los valores de verdad.
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© Sanaa El Aji | Primero publicado en MC Douliya · 14 Ene 2019 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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