«Judíos y árabes vivimos aparte, y es una tragedia»

Rutu Modan

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 28 Ene 2019

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Rutu Modan (Granada, 2018) | © Antonio Casas / Fund. Tres Culturas

Deambula por los circuitos del TresFestival de Granada – aquella cita mediterránea bienal y primaveral de la Fundación Tres Culturas – con una expresión entre soñolienta y ensimismada, a menudo café en mano. No rehuye las entrevistas, pero tampoco parece sentirse demasiado cómoda en ellas, más bien a la defensiva. Algo no tan raro entre los escritores israelíes que visitan España: a un autor de Tel Aviv siempre se le pide opinar de guerras, así haga ilustraciones para niños.

Para niños es precisamente la última obra de Rutu Modan (Tel Hashomer, Israel central, 1966), que se apila en la mesita de firmas: La cena con la reina, un cuento irreverente sobre los buenos modales en la mesa. Pero también está Metralla (2015) y el gran beso en primer plano que cubre la portada de Jamilti y otras historias (2016). Ahí empieza la intriga: Jamilti no es hebreo. Significa Linda mía y es una palabra árabe.

Para quienes no hayan tenido oportunidad de leer la historia, Rutu Modan la resume: Acaba de tener lugar un atentado terrorista. Hay un hombre tirado por el suelo, muriéndose. Una mujer acude a socorrerlo, se arrodilla a su lado. “Le mira a los ojos, es un momento muy breve, es una historia de amor que dura tal vez 20 segundos. Luego todo se ha acabado, él ha muerto. Y después, ella averigua que él era el terrorista. Pero recuerda ese instante…”

¿Una historia de amor a través de los frentes de guerra pero, además, con el enemigo mortal?

«Podríamos ser amigos o amantes, y no lo somos a causa de la ocupación»

Era en la Segunda Intifada, había muchas bombas, todos los días estallaba una bomba en alguna parte. Y para mí era el momento de contar esa historia: recordar que hay personas en ambos bandos. Contar cómo echamos de menos a esas personas que, si las conociéramos, quizás podríamos querer. Podríamos ser amigos o amantes, lo que fuera, y no lo somos a causa de esta tragedia, la guerra, el malentendido, la ocupación y todo eso. El cómic era una gran manera de mostrarlo: porque en una viñeta puedes mostrar algo y en la siguiente cambia, de golpe.

En gran parte de la literatura israelí, por ejemplo en Amos Oz, el otro, los palestinos, son a menudo una amenaza abstracta, bienvenida para crear una tensión dramática, pero sin perfil ni carácter propio. ¿Está cambiando esto?

Creo que no soy la mejor persona para hablar de literatura israelí. Conozco algo de ella, pero no soy experto para disertar sobre la imagen de los palestinos en la literatura israelí.

Pero puede tener alguna opinión. ¿En el arte en general?

Depende del libro. Creo que es difícil de juzgar desde un par de libros que uno haya leído traducido en otro idioma. Para la traducción suelen escoger libros que hablen de conflicto. Depende del autor, pero entiendo lo que dice. La gran tragedia es la división entre estos dos pueblos, estas dos naciones, que casi no se encuentran, excepto cuando hay una guerra, una situación de guerra. Es muy raro encontrarse a alguien del otro bando. Yo vivo en Israel desde hace cincuenta años..

¿En qué ciudad?

En Tel Aviv. Y es muy raro que tenga la oportunidad de tener una relación, cualquier tipo de relación, con un palestino. El sistema educativo está dividido, y no únicamente porque los judíos quieran. Los árabes también lo quieren tener dividido: quieren tener la posibilidad de estudiar en árabe, aprender sobre su cultura… No hay una ley que prohíba ir al mismo colegio, pero los padres prefieren los colegios aparte.

Se está refiriendo ahora de los palestinos ciudadanos de Israel. Es decir de la gente que vive en el mismo barrio que usted.

«Palestinos y judíos no vivimos en el mismo barrio, y creo que es una gran tragedia»

No, es que no vivimos en el mismo barrio. Y creo que eso es una gran tragedia. Porque la ley no lo dice, no hay legislación que lo prohíba, como en la Alemania fascista: usted no tiene derecho a vivir en tal o tal lugar, no. Todo está permitido, pero la mayoría de la gente, tanto los judíos como los árabes, eligen vivir aparte, educar a sus hijos en colegios distintos, en idiomas diferentes. Yo no hablo árabe.

De tener contacto con los residentes de Cisjordania ya ni hablamos ¿verdad?

No, desde luego no estoy hablando de los Territorios, allí no hay ninguna conexión. Yo no voy nunca a los Territorios, pero ¿qué es lo que hay allí? Soldados y colonos. Y estos no quieren contacto con los palestinos. Pero incluso dentro de Israel, solo se tiene una oportunidad de contacto en la Universidad, y depende mucho de la ciudad. En Tel Aviv se ve muy poco. Yo tengo algunos estudiantes palestinos, pero muy pocos.

¿Y este abismo no se va cerrando poco a poco?

No. Quizás un poquito, pero no mucho.

¿Por qué es tan difícil?

Tiene que ver mucho con la política. No solo es por miedo. Hace unos años conocí a un autor palestino, ciudadano israelí, que vivía en alguna parte del norte, en Haifa o Acre o por ahí. Quería escribir una novela gráfica junto conmigo, utilizando mis historias. Yo estaba muy contenta con la idea, le dije que sí, vayamos a hacerlo. Y luego él dijo que no. Porque acababa de ganar un premio muy importante en un país árabe, y si firmaba un libro conmigo, lo iban a boicotear.

Ya, el rechazo a la “normalización”.

Sí, eso es política. Y a mí parece estúpido. No por mí, no me importa no hacer esa novela, pero no entiendo, realmente no entiendo cuál es el sentido de boicotear el arte. ¿Me lo puede explicar…? No soy estúpida, me lo han explicado cien veces, pero nunca lo entenderé, nunca entenderé qué efecto positivo tiene un boicot así.

Hay más fracturas en Israel: la que separa a los asquenazíes, es decir europeos, de los mizrajíes (también llamado sefardíes), es decir los judíos provenientes de países musulmanes. ¿Este abismo también sigue o se ha superado ya?

«La cultura asquenazí se consideraba ‘la cultura israelí’,pero eso está cambiando mucho»

Sigue ahí, pero la cosa está mejorando. Hay un gran cambio en la cultura israelí, y esa fractura se cierra más rápidamente que la que hay entre árabes y judíos. Pero sigue ahí. Estas cosas tardan mucho. Hay un gran cambio en los últimos treinta años, pero todavía falta. Y cuando un abismo se cierra es cuando más conflicto hay. Porque cuando dos comunidades están realmente separadas, puede que la gente se odie mutuamente, pero no se encuentran. Cuando el abismo empieza a cerrarse, y la gente empieza a estar en los mismo lugares, a pelearse en la misma plaza, entonces todo el odio sale a la luz y se ven los choques, pero es una señal de que la fractura se supera.

Cuando nos hablan de cultura judía, pensamos en el violonista, el personaje del gueto europeo… Pero la mitad de la población de Israel es mizrají, viene de un contexto cultural totalmente distinto. ¿Se ha hecho en Israel el trabajo de integrar su legado artístico en lo que se percibe como identidad judía?

Otra vez creo que no soy la persona adecuada para responder… ¿Qué sé yo? No soy del Ministerio de Educación. Puedo hablar del problema asquenazí-mizraji, pero ¿a quién represento? Soy de una familia asquenazí, y soy muy consciente de esa lucha, de la discriminación que sufrieron los mizrajíes de mano de los asquenazíes, porque los asquenazíes eran los primeros que llegaron, y trataron realmente mal a los mizrajíes. La cultura asquenazí se consideraba ‘la cultura israelí’. Y eso ahora está cambiando mucho. Pero no creo que yo represente nada en esto ¿Qué quiere de mí?

No estaba mirando el tema tanto como un conflicto, más bien como lector.

Pues igual intente formularla de otra manera. ¿Cómo sería la pregunta?

Cuando cojo un libro de un escritor israelí, o veo un filme, la historia de sus personajes, su procedencia, sus referencias culturales o familiares, siempre se ubican en Europa. Me pregunto, o le pregunto a usted, cuánto hay hoy día en la literatura o el arte israelí donde los personajes tengan un pasado marroquí o yemení.

Depende del artista y del contexto del que viene. Tenemos a muchos mizrajíes: Eli Amir, Sami Michael, Dorit Rabinyan, Ronit Matalon, Orly Castel-Bloom… son solo algunos nombres que se me ocurren de escritores muy establecidos. Hay que escribir sobre lo que uno conoce, la propia historia. Yo no puedo escribir como mizrají. Cuando quieres escribir, no pienses: ya hay suficientes escritores asquenazíes, así que no hace falta que escriba yo. Si quieres escribir, escribes. Si quiero dibujar, dibujo. Y dibujo mi experiencia.

No estaba cuestionando el derecho de cada uno de crear lo que siente. Pero en el panorama resultante domina el legado asquenazí.

Tal vez fuese un problema socioeconómico de la sociedad: la gente que decide ser artista a menudo viene de un contexto con condiciones socioeconómicas más seguras, unas que les permiten al menos soñar con ser artista. Gente más bien de clase media, aunque no lo llamaría clases…

De ingresos medios, digamos.

«La sociedad judía no era de clases; se podía subir o bajar, dependía de lo que estudiaras»

Si. Creo que no es tanto una cuestión de clases: la sociedad judía nunca era una sociedad de clases. Siempre se trataba de problemas económicos, se podía pasar de una clase a otra, no era como la sociedad europea antes, donde se nacía en una clase y se quedaba uno ahí. La sociedad judía era más flexible, se podía subir o bajar, dependía de lo que estudiaras… aunque desde luego el dinero tiene mucha influencia en todas partes.

¿Usted no quiere decir solo en Israel sino en general en la historia judía?

Exacto. Incluso en la Biblia. No se nace en una clase fija. Claro que había clases, las hay siempre, pero eran más flexibles.

¿Quizás porque tener estudios daba tanto prestigio que superase el aspecto económico?

Sí, estudiar siempre era importante. Incluso hace dos mil años, todo el mundo tenía que aprender a leer y escribir… si eras chico. Las chicas no. Pero si eras chico, daba igual de qué clase eras: tenías que aprender a leer y escribir. Y eso me gusta. Volviendo a lo anterior: Claro que Camus era muy pobre y se hizo escritor. Pero normalmente, los artistas vienen de una clase media, de un sector con seguridad económica. Y como ahora el abismo económico es menos pronunciado, la cultura mizrají está cada vez más presente en la sociedad israelí. Hay escritores, músicos, cine, están en TV…

Hay famosos cantantes yemeníes en música, por supuesto. ¿Fue por donde mejor llegaba esta cultura?

En música hay muchos nombres, y llevan ya bastante tiempo.

Otra pregunta, que no sé si usted es la persona adecuada… Preguntaría por el idioma hebreo, pero usted más bien dibuja.

Pero también escribo los diálogos, y este tema me gusta. Adelante.

¿Cómo funcionó el proceso de convertir una lengua muerta, limitada durante siglos a un contexto sagrado y formal, en un idioma coloquial de uso en la calle?

«No estoy segura de que el sionismo fuese una buena idea… pero revivir el hebreo fue un regalo»

Eso es uno de los milagros de Israel y su cultura. No sé si ha ocurrido en otros sitios. Estaba la Biblia y el Talmud, algunas cosas más, estaba la lengua básica y la gramática, pero se necesitaba gente loca que creara palabras nuevas, y otra gente que decidiera aprenderlo y transmitirlo. Eso era el idealismo de esa loca idea que es el sionismo. Incluso si yo digo que no soy sionista, o no me gusta la idea, no estoy muy segura de que fuese una buena idea… pero revivir el hebreo fue como un regalo. Porque es una lengua bella, como toda lengua, pero como la hablo y me siento cercana, la amo muchísimo. Es fascinante que sea posible preservarla, hablarla ahora, porque te conecta a ese pueblo que la habló una vez en el pasado.

Imagino que hubo que rebajar el idoma, de su uso sacralizado, para que pudiera adaptarse al uso cotidiano, a los chistes, como jerga… ¿Sigue este proceso?

Y tanto que sigue. Creo que el hebreo es uno de los idiomas que más están cambiando. Precisamente porque estaba limitado por intervalo en que no se hablaba, y luego hubo un proceso muy rápido de inventar palabras, de gente que se sumaba. Los idiomas no paran de inventarse, y tengo entendido que el hebreo cambia más rápido que otros. Es muy vivaz.

Etgar Keret me dijo que la primera generación de escritores, como Amos Oz, respetaron el idioma tanto que su estilo es muy formal, pero que él pertenecía a una segunda generación, que ya no tenía tanto cuidado, y era más fácil escribir.

Creo que el idioma hebreo de Amos Oz tampoco es el mismo que el de la primera generación de escritores en hebreo, en los años 20. En literatura, una generación no son 25 años, sino que pueden ser cinco, diez, quince… La generación anterior a Oz usaba muchísimas citas de la Biblia y el Talmud. Porque la mayoría estudiaba ese material. No soy experta en esto, pero Amos ya es más coloquial que, por ejemplo [Avraham] Shlonsky o los escritores anteriores. Ya está introduciendo la jerga. Es un proceso. No distingo entre registro alto y registro bajo, para mí todo es hebreo. Me gusta en todos sus aspectos.

En árabe, que también tiene una historia de idioma sagrado, la dicotomía entre el idioma formal y el hablado en la calle es tan grande que se trata de distintos idiomas. No se puede reflejar un diálogo realista en el idioma escrito.

Sucede algo un poco similar en hebreo: la distancia entre la lengua escrita y la hablada es más grande que la que existe en inglés. No son idiomas distintos, pero la distancia está ahí, solo domino hebreo e inglés, pero veo que en inglés ambas formas están más cercanas. Cuando escribes hebreo se suelen emplear algunas palabras que no usarías al hablar. Pero si en árabe es tan diferente, tal vez sea por eso no tengan tantos cómics en árabe. Porque en el cómic sería un gran problema: se utiliza solo el lenguaje hablado.

Creo que en el cómic árabe se emplea siempre el habla local, el coloquial.

Sí, no hay otra manera de hacer cómic.

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© Ilya U. Topper  | Especial para M’Sur

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