Dictaduras en la romana

Publicado por

Nuria Tesón

Publicado el 17 Feb 2019

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A los periodistas se nos sobreentiende una capacidad tal de abstracción de lo que sentimos y opinamos al ejercer nuestro trabajo que a veces creo que esa condición se parece más a un superpoder que a una cualidad profesional. Aunque sea una responsabilidad. Es como un peso de aquella romana que usaba mi abuela en el mercado de abastos de Zamora. Tan precisa y delicada que su manejo requiere maestría. El equilibrio de las dos masas era la clave. El instrumento, pesado y rudimentario, requería destreza y fuerza, pero además honestidad, pues de un uso hábil dependía el resultado, que se podía manipular.

Algo parecido a lo que ocurre con la objetividad. De ese contrapeso que inclina la balanza a un lado u otro depende que el ciudadano reciba una información que le permita hacer un juicio de valor adecuado o no; que lo que lee, ve, escucha o comparte en las redes no sea sesgado (a lo peor, mentira). O al menos será su responsabilidad una vez que ha sido expuesto a lo más cercano a la verdad que el periodista ha sido capaz de transmitir. Sin manipulaciones. Sólo con el filtro ligero que tamiza los hechos y la información para hacerlos inteligibles para el ciudadano: el más y el menos ilustrado en la materia.

El aniversario de la revolución egipcia me recuerda lo necesario que es que mantengamos calibrado ese superpoder que es la honestidad (me permitirán que use este término en detracción de la objetividad que considero una falacia).

 

Aprendí mucho de lo que debe ser un periodista durante los 18 días de protestas contra la dictadura de Mubarak y los años que siguieron. Escribía entonces para El País. Aquellos días me pusieron a prueba como informadora en una de las situaciones más hostiles que recuerdo. Pero también como ser humano. Las guerras son terribles, pero las dictaduras son un conflicto constante en el que siempre gana el mismo. Son una cárcel perpetua de las ideas y los principios. No es el cuerpo lo que se constriñe, que también, sino cualquier instinto, estímulo, deseo, sueño, inquietud, pensamiento que no se alinee con la versión oficial.

En aras de la seguridad, la estabilidad, la bonanza económica se puede justificar todo: asesinatos en masa…

Finalmente muchos, por ese instinto tan natural, tan humano, de supervivencia prefieren ponerse las orejeras. En aras de la seguridad, de la estabilidad, de la bonanza económica se puede justificar todo: asesinatos en masa, detenciones en masa, condenas a muerte en masa… Otra característica de las dictaduras es la desmesura. No vale con forzar al exilio a los opositores, hay que encarcelarles, no vale con encarcelarles, hay que torturarles, no vale con torturarles, sus familias y amigos deben sufrirlo…

Hace unos días falleció el padre de un cómico de 25 años, Shadi Abu Zaid que lleva en la cárcel desde mayo por ese delito que es reírse de la vida, aunque se le acusa de terrorismo. No se le dejó visitarle en el hospital, pero el día del funeral se le escoltó hasta el féretro, se le sujetó y palmeó mientras daba su adiós. Sus carceleros parecían incluso compungidos mientras lo zarandeaban imponiendo su presencia: que a nadie le pase desapercibida la magnanimidad del régimen; que a nadie le pase desapercibida la ubicuidad del régimen.

El refuerzo positivo tras el abuso es fundamental para lograr que la víctima lo justifique. La fina línea de la moral se pinta arriba o abajo para hacer más llevadero el duelo de los principios, de los valores, de las ideas enajenadas. Así que diría que además de sobre periodismo, aquel enero de 2011, aprendí lo que debería ser la base para construir cualquier sociedad democrática: Justicia, Igualdad, Libertad.

El 11 de febrero se cumplen ocho años de la caída de Mubarak. Hace 6 años que gobierna un nuevo dictador, Abdel Fatah el Sisi. Ha encerrado a más de 60.000 prisioneros políticos; comandaba las fuerzas que mataron a 800 manifestantes en el desalojo de una protesta islamista tras el golpe que lideró en 2013; justifica los asesinatos extrajudiciales de supuestos terroristas para evitar críticas internacionales si los condena a muerte; las desapariciones forzosas han aumentado exponencialmente; ha bloqueado más de 500 páginas webs, entre ellas las de Human Rights Watch y Mada Masr, uno de los pocos medios independientes que sobrevive a su cruzada contra la libertad de expresión; y encerrado más periodistas que su predecesor en 30 años. Esto último si no lo más importante es fundamental para entender el Egipto de 2019.

Macron subrayó que las libertades deben ir de la mano de la estabilidad, pero que los contratos de armas son otro asunto

Se erradica cualquier voz discordante. Se silencia a los testigos. Y nosotros colaboramos. Sólo en los últimos dos años Francia y Egipto han firmado contratos armamentísticos por valor de 6.000 millones de dólares. Durante su reciente visita el presidente francés Emmanuel Macron decidió abogar por los derechos humanos en Egipto después de encendidas críticas a esta postura. Subrayó que las libertades deben ir de la mano de la estabilidad, pero que los contratos de armas eran otro asunto. En 2015-2016 Gran Bretaña dio 2 millones de libras en ayuda y fondos de defensa a proyectos de seguridad que incluían apoyo a la policía, el sistema de Justicia penal y el tratamiento de jóvenes detenidos. Hasta 2016 el régimen de Al Sisi fue el mejor cliente del mercado de armas español fuera de la UE y la OTAN.

En la romana, la masa del cuerpo a medir se contrarresta con la del peso del pilón que se desliza por una barra milimetrada. En este mercado de la política global los informadores debemos ser conscientes de que sociedades como la egipcia requieren que seamos ese contrapeso, que expongamos su realidad, que colguemos la dictadura en la romana y forcemos a nuestros gobiernos a reconocer que no dan la talla. Y a actuar en consecuencia. Lo ponen de manifiesto las protestas en Venezuela y Sudán, aunque sobre la última apenas se nos ha informado.

En Egipto ocho años después, si bien no cambió el régimen, ha cambiado el país: algunos egipcios se pueden vendar los ojos, pero no están ciegos. Su hartazgo es comprensible, excusable. Con el paso de los años las dictaduras se filtran bajo la piel hasta que apenas las notas. Y te van comiendo por dentro. Requiere una fuerza, un valor y una convicción ingentes seguir luchando y Egipto me ha regalado a personas de increíble altura moral y política a quien admirar y respetar por ello. Son esos capaces de seguir alzando la voz mientras se les diezma, los que me recuerdan la importancia de mantener calibrado ese superpoder. La romana.

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