Día mundial del fascismo religioso

Publicado por

Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 25 Feb 2019

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Día mundial del hiyab...

Una iniciativa lanzada por algunas personas, en solidaridad con las mujeres que sufren opresión por llevar el hiyab. Pues, perfecto… Es bonito mostrarse solidario con todas las personas perseguidas por su creencia o su vestimenta. Pero, ¿no debemos pensar por ejemplo en un día mundial para las millones de mujeres que son víctimas de persecución… por no usar el hiyab?

De vez en cuando, y de manera periódica, las ramas de las organizaciones islámicas lanzan campañas que alientan a las mujeres a llevar el hiyab. Todas son copias repetidas de la campaña “El hiyab es mi castidad”, a través de la cual intentan vendernos el vínculo directo entre el hiyab y la religiosidad, entre la moral y el hiyab.

Por lo que quizás en el tema de hiyab y las campañas de propaganda directa e indirecta debemos detenernos en dos puntos principales:

Primero podemos ponernos de acuerdo en el principio básico de que la opresión, en todos los casos, es inaceptable. Por lo tanto, rechazamos toda opresión a las mujeres veladas.

Las chicas que deciden quitarse el pañuelo están sometidas a una terrible presión social

Pero, ¿por qué los activistas de las campañas de “El hiyab es mi castidad” y los de otras similares, no discuten la persecución que sufren las millones de mujeres que se niegan a usar el velo? ¿Estamos olvidando que países como Irán, Arabia Saudí, partes de Afganistán y otros lugares ni siquiera otorgan a las mujeres el derecho a elegir, porque todas están obligadas a usar el hiyab?

En otros países, como Marruecos, Egipto o Iraq, el velo no se impone a las mujeres. Pero una percepción no proclamada en estos países es que las chicas sin velo son menos virtuosas que las mujeres con velo. Que solo las mujeres veladas son “puras” y “castas”. Las chicas y mujeres que deciden quitarse el pañuelo están incluso sometidas a una terrible presión social. A veces, en los casos en que son famosas, se ven sometidas a campañas atroces en los sitios sociales.

Mi colega Mansour al-Hajj, en un artículo publicado en el sitio web al-Hurra, ha destacado varios casos de familias musulmanas en Canadá e Italia que asesinaron a sus hijas, cuando estas rechazaron ponerse el hiyab, o les impusieron duros castigos físicos y maltrato psicológico.

Entonces, ¿llevar el hiyab será una libertad personal? ¿Y quitárselo o rechazar ponérselo será un crimen que expone a las mujeres a violencia verbal y física?

El segundo punto que merece un debate pausado trata de la cuestión de la libertad individual en relación con el hiyab. ¿Hasta qué punto se puede considerar el hiyab como libertad individual cuando a las mujeres se les somete a un lavado de cerebro a lo largo de los años por parte de predicadores varios, instituciones religiosas y canales de satélite, pero también a través de una educación social que convierte el velo en un valor simbólico supremo y lo vincula directamente con la moral?

Muchas usan el hiyab solo porque sienten que son una nota discordante en su entorno

Hay millones de mujeres en nuestras sociedades a las que no obliga ni la ley, ni el marido, ni el padre ni el hermano a usar hiyab; sin embargo, han comprendido que el velo les puede ayudar a obtener una imagen positiva de mujer “respetable” y “virtuosa”. Hay quien evita así los celos del marido, hay quien reduce (aunque sea relativamente) la posibilidad de ser objeto de acoso sexual en la calle, y hay quien se lo pone para convencer a un futuro marido y ser elegida (puesto que nuestras comunidades siguen relacionando el velo con la virtud).

También hay muchos casos de mujeres que se han puesto el hiyab bajo coacción social indirecta, encontrándose en un entorno familiar o profesional que incluye solo a mujeres con velo. Muchas usan el hiyab solo porque sienten que son una nota discordante en su entorno y porque no siempre tienen la capacidad psicológica e intelectual para ejercer su derecho a ser diferentes. De manera que se ponen el velo para que puedan diluirse en la comunidad y parecerse a las demás…

Por lo tanto, cuando una mujer dice que se ha puesto el hijab por elección propia, podemos creerle y pensar que no la han obligado su marido, hermano ni padre, y a menudo será cierto. Sin embargo, hay docenas de mecanismos sociológicos, psicológicos, educativos y de información asociados a la educación, que contribuyen significativamente al proceso de toma de decisiones, ya sea por intimidación (abuso verbal y acoso) o por instigación (creando una imagen ideal de mujeres con velo).

Por otro lado, incluso si consideramos que el uso del hiyab es una libertad personal, debemos aceptar que no ponérselo o quitárselo es también una libertad individual. No es aceptable que los fundamentalistas defiendan la libertad de llevar el velo y nieguen la libertad de elegir otro atuendo diferente.

¿O es la libertad personal, una vez más, aceptable solo si viene pintada con los colores de grupos e ideas extremistas?

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra · 7 Feb 2019 | Traducción del árabe: Lubab Khansa

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