Nueva Zelanda: ¿solidaridad selectiva?

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Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario Nichane en 2006 con un reportaje sobre chistes irreverentes, por el que se le condena a tres años de cárcel (con pena suspendida). Continúa publicando en diversos medios marroquíes y hasta 2017 fue columnista del diario arabófono Al Ahdath Al Maghribia, uno de los diez periódicos más vendidos de Marruecos.

Publicado el 2 Abr 2019

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El mayor crimen que podemos cometer contra los que murieron en el ataque terrorista en Nueva Zelanda es solidarizarnos con ellos por ser musulmanes y/o por haber sido asesinados en una mezquita.

Las víctimas fueron asesinadas en nombre de un horrible radicalismo extremista y nuestra solidaridad con ellos debe ser, primero y ante todo, porque son seres humanos. Que nos solidaricemos con ellos como lo haríamos con las víctimas de cualquier tipo de terrorismo, ya sea en Iraq, en Francia, en Siria, en Yemen, en Bélgica, en Estados Unidos o en cualquier otra parte del mundo. Sencillamente, porque nadie tiene el derecho de quitarle la vida a otra persona, ni en nombre de una creencia religiosa ni en nombre del paraíso (ya sea en la Tierra o en el Cielo). Despojar a alguien de su vida solo es sinónimo de muerte y terrorismo.

¿Acaso por ser musulmanes merecen las víctimas de Nueva Zelanda más solidaridad que las víctimas de Madrid, París o Bruselas? ¿Qué clase de lógica es esa?

¿Cuándo vamos a aprender que la solidaridad con las víctimas de terrorismo, todas ellas, debe ir aparte de la religión y la ideología? El español cristiano o judío que salió por la mañana a trabajar y murió en un ataque terrorista no se diferencia en su ‘humanidad’ del musulmán que rezaba en la mezquita de Nueva Zelanda o de Iraq, asesinado por un terrorista musulmán o cristiano.

Cuidado con el extremismo de solidarizarnos solo con los de nuestra misma religión

La mujer belga que fue asesinada en el aeropuerto no se diferencia en su ‘humanidad’ ni en los detalles de su vida de la musulmana a la que el Daesh degüella o apedrea hasta la muerte. La abogada iraní condenada a 33 años de cárcel y 148 latigazos por quitarse el velo en el juzgado y apoyar a las que se lo quitan no se distingue de la cristiana o la judía o la francesa que asistía a una fiesta en la sala Bataclan y fue asesinada en un acto terrorista, ni tampoco se diferencia de las dos turistas degolladas en Marrakech.

Todas ellas tenían sueños y proyectos sencillos: comprar un regalo para su madre la próxima semana, ir de excursión con los niños el domingo, salir a cenar con el novio o la novia al día siguiente, etc.
Pero el terrorismo les impidió vivir esas pequeñas cosas que vivimos a diario y que tal vez ya no podremos hacer solo porque un loco extremista en Casablanca, en Beirut o en Washington ha decidido que merecemos la muerte por ser diferente a él en etnia o en religión.

Así que tengamos cuidado con el otro extremismo que cometemos. Ese que practicamos cuando nos despojamos de la solidaridad y los sentimientos humanos que sentimos hacia otros porque son diferentes en religión. O cuando nos solidarizamos con aquel que es de nuestra misma religión, aunque esté muy lejos de nosotros.

Las redes sociales se llenan de frases como: “¿Y qué pasa con las víctimas de guerra de Yemen, Siria, Iraq…?”

Cuando el perpetrador de un ataque terrorista es musulmán y se alzan voces de musulmanes en solidaridad con las víctimas, aparecen también otros musulmanes con diferentes justificaciones en contra de dicha solidarización. Justifican la muerte porque “el gobierno del país al que pertenecen las víctimas había apoyado la guerra en Iraq”; conspiran y elucubran sobre si el asesino era realmente musulmán o si no habrá sido un invento del perverso e infiel occidental que va en contra de nosotros y nuestra religión; o “porque estaban en una discoteca”; o demás alegatos que implícitamente autorizan o aceptan el asesinato.

Las redes sociales se llenan de frases como: “¿Y qué pasa con las víctimas de guerra de Yemen, Siria, Iraq o Palestina?”, “¿Y qué pasa con las atrocidades a las que están sometidos los musulmanes en Birmania…?”

Sabes que tú, como persona, puedes solidarizarte con los coptos egipcios que son objeto de atrocidades, con las víctimas del ataque terrorista de Nueva Zelanda, con las víctimas francesas, belgas y españolas y de todas partes del mundo. Puedes solidarizarte con ellos en nombre de la humanidad, fuera de juicios morales, de creencias religiosas, de la mentalidad de las trincheras y de la discriminación étnica, religiosa o tribal.

Por poner otro ejemplo, en cuanto se extendió la noticia de los ataques terroristas a las dos mezquitas en Nueva Zelanda, empezaron las preguntas extremistas en las redes sociales: “¿Veremos a occidente solidarizarse con las víctimas?”. Como si el objetivo no fuera el unirnos todos contra el terrorismo sino el buscar nuevas fórmulas del lenguaje victimista, de quien cree que todo el mundo conspira en su contra. ¿Qué va primero, el solidarizarte con la víctima o el preguntarte y suponer la falta de solidaridad del otro con ella?

Dejemos de justificar el terrorismo cuando el asesino sea de ‘los nuestros’

¡Solidarízate con las víctimas…! Expresa tu rechazo a la injusticia y al terrorismo. No importa que seas el único en hacerlo, lo importante es que en tu solidaridad seas realmente ‘humano’.

Luego resulta que la postura de la presidenta del gobierno de Nueva Zelanda es de una enorme nobleza y humanidad, así como también la de los miles de ciudadanos neozelandeses. Se escuchó la llamada a la oración en numerosas mezquitas, se repartieron rosas, se invitó a que las mujeres se pusieran velo el viernes, día de la oración musulmán, en solidaridad con los musulmanes, y se organizaron diferentes formas de solidaridad con las comunidades musulmanas en Nueva Zelanda y las familias de las víctimas… Los ‘escépticos’ de las redes sociales se quedaron mudos, claro.

Dejemos de solidarizarnos de manera selectiva, dejemos de cargar a las víctimas con la responsabilidad de su muerte por ser diferentes a nosotros en religión. Dejemos de justificar el terrorismo cuando el asesino sea de ‘los nuestros’.

Mejoremos nuestra humanidad, la nuestra y no la de otro, que sintamos lo que sintieron las víctimas en su último momento, preguntándose cuál fue el pecado por el que morían…

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Hurra · 21 Marzo 2019 | Traducción del árabe: Carmen Gómez Orts

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