Cruzada de halcones contra Irán

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Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la sección internacional del diario El Confidencial , después de una década como corresponsal en Asia y el Mediterráneo, los últimos cinco años en Turquía.

Publicado el 21 May 2019

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Las señales están ahí: en las últimas dos décadas, la probabilidad de una confrontación armada entre EEUU e Irán nunca había sido tan alta. Quizás, en parte, porque John Bolton nunca había tenido tanto poder. Y desde hace meses, el asesor de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump solo le susurra una cosa al oído: Irán, Irán, Irán.

La semana pasada, el secretario de Defensa en funciones, Patrick Shanahan, entregó, a petición de la Casa Blanca, un plan para enviar hasta 120.000 soldados a Oriente Medio en caso de que Irán prosiga con su programa nuclear o ataque a las fuerzas estadounidenses en la región, según el ‘New York Times’. Horas después, el ‘Washington Post’ lo confirmaba por su cuenta, asegurando que ese no era sino uno de los múltiples escenarios que se barajaban para el uso de la fuerza contra Irán “en caso necesario”.

John Bolton parece ansioso por poner en marcha la maquinaria de guerra

Esto sucede en un contexto cada vez más tenso tras la imposición de nuevas sanciones por parte de EEUU, la designación de la Guardia Revolucionaria de Irán —conocida como Pasdaran— como organización terrorista y la retirada iraní de varios apartados del acuerdo nuclear un año después de la salida unilateral estadounidense. La guinda de la incertidumbre la puso el envío del portaaviones USS Abraham Lincoln y un grupo de bombarderos de ataque a Oriente Medio por las presuntas “amenazas creíbles” de milicias respaldadas por Irán contra las tropas estadounidenses. Todo ello en poco más de un mes.

Por si fuera poco, Arabia Saudí ha denunciado el sabotaje de varios barcos petroleros en un puerto emiratí, del que EEUU ha acusado a Irán, y ha sufrido un ataque con drones contra un oleoducto por parte de las milicias huthíes de Yemen, también respaldadas por Teherán. Algunos analistas lo ven factible, ya que para Irán sería una forma de mostrar músculo sin llegar a provocar una respuesta armada, como sin duda sucedería si ataca directamente a soldados estadounidenses o cierra el estrecho de Ormuz, vital corredor petrolero.

El complot de los halcones

El Gobierno iraní, en todo caso, lo niega vehementemente, y asegura ser víctima de un complot de la ‘línea dura’ tanto en la Administración Trump como entre sus enemigos regionales, Israel, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. En estos países, el liderazgo parece haber experimentado una alineación astral a favor de una intervención armada: a la victoria de Benjamin Netanyahu en las elecciones israelíes del mes pasado —cuyas posiciones al respecto son bien conocidas— se suma el ascenso de los príncipes herederos de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman, y de Abu Dhabi, Mohamed bin Zayed, los arquitectos de la intervención militar en Yemen y estridentes partidarios de una acción firme contra Irán. Y Bolton. Un John Bolton que parece ansioso por poner en marcha la maquinaria de guerra.

El problema es que parte de la información en que se basa la argumentación estadounidense es falsa o exagerada. Este martes, el mayor general británico Cristopher Ghika, segundo comandante al mando de la operación Inherent Resolve (la coalición internacional contra el Estado Islámico en Oriente Medio), contradijo públicamente a las autoridades estadounidenses.

“No ha habido un incremento de la amenaza de las fuerzas respaldadas por Irán en Iraq”

“No, no ha habido un incremento de la amenaza de las fuerzas respaldadas por Irán en Iraq y Siria. Somos conscientes de su presencia, claramente, y los monitorizamos junto a un enorme rango de otros grupos, porque es el entorno en el que estamos metidos. Estamos monitorizando a las milicias chiíes, y si el nivel de amenaza parece aumentar incrementaremos nuestras medidas de protección de la fuerza de forma acorde”, dijo Ghika en una videoconferencia desde Bagdad con periodistas estadounidenses.

Lo mismo cabe decir del envío del USS Abraham Lincoln al Golfo. Expertos militares afirman que un despliegue así no se improvisa en unas pocas horas y probablemente estaba planificado desde hace meses. Muchos señalan a Bolton, quien lleva años esperando la oportunidad para librar su propia batalla.

El Bolton que mece la cuna

Porque en toda esta escalada, Bolton es la pieza clave. Fue él quien pidió el plan del despliegue de los más de 100.000 soldados, y quien lleva más de un año agitando el avispero en el despacho oval en busca de una acción contundente contra Irán. No faltan ‘halcones’ de la Administración Trump deseando dar un escarmiento a Teherán: el secretario de Estado, Mike Pompeo, el secretario de Defensa, James Mattis, y el antecesor de Bolton en el cargo, el general H.R. McMaster. Pero ahora es Bolton quien realmente está moviendo los hilos.

Desde su nombramiento como asesor de Seguridad Nacional, ha dejado claro que la opción bélica contra el régimen de los ayatolás ha sido una de sus prioridades. En septiembre del año pasado, después de un ataque menor con morteros por parte de una milicia chií contra una base estadounidense en Irak en la que no hubo bajas, Bolton hizo saltar todas las alarmas en el Pentágono y el Departamento de Estado al solicitar planes para una operación punitiva en territorio iraní. Según el Wall ‘Street Journal’, el diario que destapó la historia este enero, el asesor de Seguridad Nacional llevó a cabo una serie de reuniones para discutir una contundente respuesta estadounidense, incluyendo un ataque en territorio iraní.

Bolton ha sido uno de los asiduos al congreso anual de los Mojahedin-e Khalk en Francia.

Bolton va en serio, y no es la primera vez que muestra sus cartas. En los últimos años, ha escrito una serie de artículos abogando por una operación militar para interrumpir el programa nuclear de Teherán. En el más célebre, publicado en el ‘New York Times’ en marzo de 2015, alegaba que el acuerdo que entonces negociaba el Gobierno de Barack Obama no serviría para detener a los iraníes y que acabaría desatando una carrera nuclear en todo Oriente Medio.

En el texto, afirmaba: “La incómoda verdad es que solo una acción militar como el ataque de Israel en 1981 contra el reactor de Osirak en el Irak de Sadam Husein y la destrucción en 2007 de un reactor sirio diseñado y construido por Corea del Norte pueden conseguir lo que es necesario. Nos queda terriblemente poco tiempo, pero un ataque aún puede tener éxito”. Luego añadía: “Una acción así debería combinarse con un vigoroso apoyo estadounidense a la oposición de Irán, con el objetivo de un cambio de régimen en Teherán”.

Y eso es exactamente lo que el hoy asesor de Seguridad Nacional ha estado haciendo en este tiempo, estrechando lazos con grupos como los Mojahedin-e Khalq —la organización disidente iraní MeK, que financió la campaña del eurodiputado de Vox Aleix Vidal-Quadras—, que posee una importante infraestructura de espionaje y sabotaje dentro del país. Durante años, Bolton ha sido uno de los asiduos al congreso anual de los MeK en Francia. Y aunque dadas las responsabilidades de su nuevo cargo evitó asistir a su última edición, no se privó de publicar un vídeo desde la cuenta oficial de Twitter de la Casa Blanca en el 40º aniversario de la Revolución iraní en el que advertía a los ayatolás: “No creo que vayáis a tener muchos más aniversarios que disfrutar”.

Una larga lista de deseos

En ese sentido, Irán no es sino uno más de los muchos países en la larga lista de deseos de Bolton. Y en su empeño, este veterano diplomático parece no dudar en retorcer la realidad. En 2002, distorsionó información de inteligencia para convencer a otros miembros de la Administración de que Cuba poseía un programa de armas biológicas, en un intento de meter la isla entre los objetivos de la ‘guerra contra el terror’.

En 2003, mintió deliberadamente sobre las armas de destrucción masiva de Irak. Y tras el hiato de la presidencia demócrata, ha regresado con renovado ímpetu: tras abogar por un ataque preventivo contra Corea del Norte, trató deliberadamente de sabotear las conversaciones con Pyongyang al hacer referencia al “modelo libio” de desnuclearización, a sabiendas de que el mayor temor de los norcoreanos es acabar como el régimen de Muamar al Gadafi por deshacerse de sus armas nucleares.

Una guerra contra Irán le da a Trump la oportunidad de hacer lo contrario que Obama

Además, según el ‘Washington Post’, Trump está molesto con su equipo, especialmente con Bolton, al considerar que le tomaron el pelo respecto a Venezuela asegurándole que el Gobierno de Nicolás Maduro caería rápidamente con apenas un poco de presión adicional. Pero si una intervención armada contra Venezuela o Corea del Norte va contra todos los instintos de un presidente que ha demostrado sus preferencias aislacionistas, un conflicto con Irán podría ser diferente, aunque solo sea porque le da a Trump la oportunidad de hacer lo contrario que Obama, otra de sus obsesiones.

Bolton, en el ocaso de su carrera política, sabe que probablemente no tendrá otra oportunidad para conseguir ‘su’ guerra, y está haciendo todo lo posible por llegar hasta el final. En las últimas horas, el Departamento de Estado ha ordenado a todo el personal no esencial de la embajada y los consulados estadounidenses en Iraq que abandonen el país, y la legación en Beirut ha instado a sus compatriotas a mantenerse alerta ante el incremento de las tensiones.

La posibilidad de un conflicto armado es lo suficientemente real como para que este miércoles el Washington Post le haya dedicado un editorial y varios artículos de opinión al asunto. También el secretario de Exteriores británico, Jeremy Hunt, ha expresado su preocupación al respecto. Las perspectivas no son buenas.

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