Lenguaje corporal

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 6 Jun 2019

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Rutu Modan
Jamilti y otras historias

Género: Novela gráfica
Editorial: Astiberri
Páginas: 176
ISBN: 978-84-1625-148-3
Precio: 18 €
Año: 2016
Idioma original: inglés
Traducción: Lorenzo F. Díaz y Eulàlia Sariola
Título original: Jamilti and other stories

Muerto a cuchilladas tras el mostrador, con unas bragas en la cabeza. ¿Quién será el asesino? ¿Se imaginan ustedes que todo es por un concurso en el que mamá ganó una tostadora? Este piloto con el avión que va sobrevolando el kibutz desde hace una hora ¿es el novio desaparecido de la chavala rubia o un peligroso kamikaze? ¿Correr a ponerse a cubierta o escribir Bienvenido cariño en la arena? Y cuéntame otra vez cómo fue lo del incendio del hotel en el que murieron papá y mamá, y Lola se quedó sin cola. Pero entonces ¿por qué te enrollas con Alex? Dudas de una adolescente con una hermana demasiado mayor.

Rutu Modan (Ramat Gan, Israel, 1966) traza a sus personajes con una línea clara, pero siempre en el borde de la caricatura. En el borde desde el otro lado, quizás. Pero no solo los personajes: también las historias tienen esa cualidad de ser cotidianas y absurdas, realistas e inverosímiles al mismo tiempo. Podría ocurrir de verdad que a un cantautor israelí con ínfulas lo inviten desde Inglaterra a un concierto y se encuentre con un club de fans que consiste en una señora divorciada. Podría ocurrir que una enfermera le haga el boca a boca a un chaval destrozado por un atentado suicida sin saber que ese chaval es el autor del atentado. Y que le diga: yamilti…

Jamilti (pronunciar Yamilti) es una antología de cuentos gráficos breves de Rutu Modan, escritos (o dibujados) durante varios años y recogidos en 2008. Convencen y fascinan por una especie de frescura gamberra, por un trazo despreocupado pero seguro y preciso y con un gran amor por caracterizar el ambiente, por un ritmo dinámico y directo. Pero sobre todo por el lenguaje corporal de los personajes: es ahí donde reside toda la historia.

Aquí no encontraremos preciosismo, no hay rastro de ese lirismo – largas secuencias de viñetas en silencio, detalles y detallitos en zoom, paisajes abrumadores, claroscuros de reflexión – que caracterizan a muchos autores de la novela gráfica desde que los tebeos pasaron a llamarse (merecidamente) novela gráfica. Rutu Modan no gasta espacio: va al grano con la historia. Es en dibujo lo que son en palabra los grandes del cuento corto anglosajón, digamos Roald Dahl para nombrar al mejor.

No hay claroscuros de reflexión, dije, pero quise decir que no los hay intercalados visualmente: sí se forman en la mente del lector después de la devorar la última viñeta, como ocurre con todo buen cuento. Quizás el mejor ejemplo es la historia que da título a la colección, Jamilti, una palabra que significa “guapa mía” en árabe. Miramos la cara de la enfermera, taza de té en manos, y podemos imaginar toda la vida que viene detrás de esa viñeta final. La boda. El novio que no se entera de nada. ¿Alguien se casaría con un novio del que ya sabe que no se entera de nada?

Hay relatos incómodamente distópicos como la del cirujano plástico que se dedica a convertir a todas las mujeres que acuden a su consulta en copias de su amor perdido (hay sorpresa final), y hay alguno de risa socarrona, como la de esa otra consulta, donde una señora divorciada ofrece terapias que curan todo mal mediante la electricidad de sus manos (nunca falta clientela capaz de creer en esas cosas)… hasta que una queda electrocutada. Ay, pero había que fijarse en ese ventilador al lado del diván y en la cara de la hija que hace de asistente y aún odia a la zorra que le quitó el marido a su madre…

“Grotesca calamidad” es el término con el que la prensa inglesa ha definido el ambiente que respiran las historietas de Rutu Modan, y no se me ocurre mejor forma de resumirlo. Pasen y lean, ríanse, reflexionen. Y que no les pase lo que dicen, al final, de la asesina de las bragas: “Esta niña nunca ha tenido humor”.
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